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    Juan Manuel Olarieta

    La ley de la contradicción es la más importante de la dialéctica, decía Lenin, porque explica el movimiento, el cambio, el desarrollo y las metamofosis de todos los fenómenos naturales, sociales y culturales. Una contradicción es una manera moderna de aludir a los viejos principios clásicos del pensamiento “unitas complex” o “pluribus unum” o, lo que es lo mismo, uno se divide en dos y dos forman uno.

    Las contradicciones ponen de manifiesto la complejidad de aquello que, a primera vista, parece simple o sencillo. La unidad no es uniformidad ni homogeneidad; un análisis más profundo de cualquier unidad siempre acaba encontrando que se compone de elementos diversos, complejos e incluso opuestos.

    La burguesía habla de la existencia de una “clase media” que es una proyección de sí misma y de su mediocridad. Quiere dar a entender que la sociedad es una masa homogénea de personas, como si no hubiera contradicciones ni antagonismos entre ellas. A lo sumo, sólo es capaz de establecer diferencias sociales por una escala progresiva de ingresos.

    En ocasiones la ley de la contradicción se concreta aludiendo a “la unidad y la lucha de contrarios”, en donde la lucha se considera más importante que la unidad. Esta concepción procede de que hoy los marxistas son casi los únicos herederos de aquel tipo de concepciones científicas y las aplican a la lucha de clases como si fuera un continuo enfrentamiento entre dos sectores de la sociedad que no tienen nada que ver entre sí.

    Nuestro adversario siempre nos parece algo exterior, extraño o ajeno a nosotros mismos. De ahí que hablemos también de contradicciones “internas” y “externas” para conceder más importancia a las primeras que a las segundas. Sin embargo, si las contradicciones fueran “externas” no formarían parte de ninguna unidad o no estarían unidas entre sí.

    A veces esa exposición deficiente de las contradicciones conduce a sostener que la lucha de clases enfrenta a dos partes de la sociedad “desde fuera”. Por eso se suele hablar de contradicciones interburguesas o en el interior mismo de la burguesía.

    Esa concepción opone la lucha a la unidad como si ambas cosas fueran diferentes. Parece que algo que está unido no se puede enfrentar, cuando sucede justamente al revés: los opuestos se pueden enfrentar precisamente porque están unidos, porque forman una unidad.

    En ese sentido todas las contradicciones son internas, lo cual exige aclarar, además, que cuando la dialéctica habla de lo interno no se refiere a lo que está “dentro”. Por ejemplo, una manzana no madura sólo por su propio desarrollo interior sino que está indisolublemente unida al árbol, que —a su vez— está unido a la tierra tanto como al aire y al sol. La manzana y el árbol forman una unidad indisoluble con la tierra, el aire y el sol.

    El proceso de oxidación de una viga de hierro tampoco es consecuencia de algo que está en su interior sino en el exterior: del contacto con el oxígeno ambiental que hay fuera de ella. Por lo tanto, a ciertos efectos, una viga no se puede analizar aisladamente, ya que también forma parte (una unidad) con lo que le rodea.

    Se pueden poner múltiples ejemplos de lo mismo. En casi todos los países el Ministerio de Asuntos Exteriores se llama así porque consideran que las relaciones internacionales son externas al propio país. Pero, ¿cómo calificar a la base naval de Rota? Suena extraño considerar como “externos” a la ONU, la Unión Europea, la OTAN o el Fondo Monetario Internacional.

    En cualquier análisis, las ciencias (y por lo tanto los marxistas) padecen una tensión que está perfectamente explicada por los oximorones que antes he mencionado: “unitas complex” y “pluribus unum”. Por un lado, ninguna ciencia es capaz de poner encima de la mesa todos los factores y condicionantes que influyen sobre un determinado fenómeno porque, como decía Engels, “todo influye y es influenciado por todo”. Pero las ciencias no pueden trabajar con “todo”, por lo que escogen un resumen de la realidad y de los hechos. En los laboratorios los experimentos son un esquema simplificado de la realidad, no la realidad misma.

    La tendencia heredada del siglo XIX, que algunos científicos califican erróneamente como la “navaja de Occam”, es un deslizamiento hacia la simplicidad y, a veces, hacia el simplismo típico de las ideologías anglosajonas.

    El otro polo son ese cúmulo de concepciones llamadas a veces “holísticas” y —más recientemente— defensoras del “pensamiento complejo” que ponen de manifiesto las limitaciones de ciertos modelos o concepciones excesivamente lacónicas, cayendo muchas veces, por su parte, en abstracciones vacías, de esas que lo dicen todo y no dicen nada.

    En cualquier caso, toda teoría se fundamenta en una simplificación de la realidad, en modelos y sistemas, de tal manera que las contradicciones que toma en consideración las considera como “internas”, mientras se olvida de las demás o las considera “externas” o menos importantes que las anteriores.

    Así es muy corriente creer que en un país lo realmente relevante son los “asuntos internos” o domésticos, mientras que las relaciones “exteriores” desempeñan un papel subordinado o no influyen tanto como las otras. La historia ha demostrado mil veces que esa concepción también es errónea. Cuando en los años noventa Yugoeslavia desapareció del mapa político, no fue sólo por factores “internos”.

    Ese tipo de exposiciones que divide las contradicciones en internas y externas es bastante artificiosa, sobre todo si no se maneja con cuidado porque a unos efectos, en función de lo que se pretenda analizar, unas contradicciones serán internas, mientras que serán externas a otros.

    Es algo que provoca numerosas y estériles discusiones porque algunos no se dan cuenta de que están simplificando los hechos, mientras que otros seleccionan determinados hechos, cuando quizá tendrían que haber seleccionado otros más relevantes.

    El análisis de las contradicciones sirve para profundizar en el conocimiento de cualquier fenómeno, no sólo los sociales y culturales, sino también los naturales. Debe mostrar la complejidad que hay en ellos, aún cuando a simple vista parezca que se trata de cosas simples y sencillas. Pero sobre todo debe servir para estudiar su movimiento y su evolución, que es siempre —necesariamente— algo complejo. A la humanidad no sólo le interesa constatar el hecho de que las cosas cambian sino —sobre todo— saber hacia dónde cambian, para lo cual hay que averiguar primero por qué cambian.

    Muchas veces oímos eso de que no se debe simplificar, que las cosas son más complejas de lo que decimos. Es verdad. Cualquier análisis siempre se puede matizar y estirar tanto como se quiera. Pero el proceso inverso es igualmente cierto. Los marxistas lo llaman “la contradicción principal”. En todos los fenómenos hay determinadas contradicciones que son más relevantes que otras, las influyen y las condicionan. Por lo tanto, la complejidad no sólo se puede sino que se debe resumir en sus aspectos más importantes, como ese de que toda la historia de la humanidad no es más que la historia de las clases sociales y de la lucha entre ellas.

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    Cuando una persona camina a orillas del Mar Negro disfrutando de las vistas que ofrece la costa de Crimea, no se imagina la cantidad de secretos que esconden esas aguas. Barcos y cazas soviéticos perecieron en sus aguas y sus restos siguen sumergidos ahí, así como una colección de estatuas soviéticas en el lecho marino.

    En la Península de Crimea, se encuentra un cabo denominado “Bolshoi Atlesh” desde el que parten aficionados al submarinismo para contemplar la belleza de este museo subacuático. A unos 100 metros de la costa y a una profundidad de 12 metros se encuentran 50 estatuas de la época soviética.

    Lo primero que se viene a la mente al contemplar este espectáculo es la pregunta ¿cómo habrán llegado ahí? Aquí viene la historia. Tras la destrucción de la Unión Soviética y la independencia de Ucrania, se procedieron a quitar las esculturas en homenaje a líderes soviéticos. El nacionalismo ucraniano quería borrar todo rastro soviético de los pueblos y ciudades de Ucrania.

    Vladimir Borumensky, era residente en Donetsk e instructor en un club local de submarinismo. En 1991, trasladó la primera estatua a Crimea. Se trataba de un busto de Lenin que instaló en una punta rocosa del cabo. Los vándalos lo habían destrozado y Vladimir decidió poner remedio a esto. Decidió trasladar la escultura mar adentro, lejos de las manos de bandidos y fascistas. Sólo a un amante de la escultura, del socialismo y del submarinismo se le hubiera ocurrido tal cosa.

    Cada año se organizaba un campamento para amantes del submarinismo y de las esculturas soviéticas, y fue así como poco a poco fueron llegando bustos de diversos lugares de lo que fue la Unión Soviética. Cada año los buceadores limpian los bustos y realizan un mantenimiento para que las esculturas estén en las mejores condiciones.

    http://www.culturabolchevique.com/2016/10/las-esculturas-sovieticas-bajo-las.html

     Stalin también descansa bajo las mismas aguas

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  • 04/22/17--10:42: Discusiones y verdulerismo
  • Bianchi

    El mago en que se está convirtiendo el factótum de este blog, Juan Manuel Olarieta, pues qué otra cosa es un mago sino aquel que descubre y revela lo que no vemos a primera vista, a diferencia de los prestímanos, trileros y echadores de cartas cuya función es ocultar y engañar con sus habilidades los sentidos (la vista, sobre todo) de las personas, de la gente, del personal, de las masas, siempre estuvo (los que le conocemos algo, un poco o lo suficiente) preocupado -y ocupado- por todo aquello que tiene que ver con la dialéctica, máxima expresión de la filosofía o amor al saber. No un saber por saber, como los grandes clásicos griegos, sino un saber transformador, revolucionario, paradigmático.

    Hay saberes revolucionarios de 360 grados, esto es, volver al punto de partida, con lo cual poco se avanza, y los hay de 180 grados, o sea, los giros copernicanos, los verdaderamente revolucionarios. Los que agitan la historia e impulsan la lucha de clases, la agudizan y no la concilian hasta llegar a una -que no veremos algunos, pero eso qué- sociedad sin clases, al comunismo. Preferimos que nos tilden de "utópicos" a ser "atópicos" dizque los que no encuentran acomodo "en ningún lugar" salvo la entropía permanente. Se podría, incluso, acusarnos a los dialécticos, a los materialistas dialécticos, de serlo malgrè lui, a pesar nuestro. Y, sin embargo, eppur si muove, otrosí: análisis de la situación concreta en su complejidad que incluye las contradicciones internas y externas, la unidad y lucha de los contrarios hasta llegar al segundo principio de la termodinámica o neguentropía que jamás se va a dar, eso sí que es una utopía donde todos insuflemos "soma" huxleyano en la tierra como los elegidos en el paraíso cristiano o mahometano o el nirvana nihilista budista, esa religión pagana. Sabemos, como decía el poeta comunista Paul Eluard (antes fue surrealista), que hay muchos mundos, pero todos están en este.

    De las discusiones siempre se saca algo en limpio con la condición de que quienes discuten tengan un objetivo claro y una meta a conquistar que, hoy por hoy, sólo están en condiciones de establecer los comunistas sinceros y no los de pacotilla y/o postizos. Discutir por discutir es propio de verduleros por ver quien vende en el mercado -nosotros- la mercancía más averiada sin que lo parezca. Que es lo que ocurre en la farsa del parlamentarismo donde se simula un contraste que, en realidad, es un tácito acuerdo en las reglas del juego que "otros" han establecido para que nosotros las "ritualicemos" -legitimemos- cada cuatro años eligiendo a quienes nos van a seguir explotando, mintiendo y engañando. ¿Es que estamos en contra de la "democracia", del parlamentarismo ("charlamentarismo", le llamaba Blasco Ibáñez a principios del siglo XX)?, nos dirán lacayos intelectualoides y plumillas áulicos pagados por sus amos burgueses. No. Nosotros estamos por la dictadura del proletariado, es decir, por las mayorías trabajadoras, y no por las minorías parasitarias. No hay mayor democracia, que sepamos.

    Los "ilusionistas", como los encantadores de serpientes, tratan de engañar al público -ya no somos "pueblo", somos "público" en la "sociedad del espectáculo" situacionista, un "espectáculotariado"- con sus juegos de manos -prestímanos, ya se dijo- buscando lucro personal mediante el engaño más o menos sibilino, estoy pensando en "Podemos", aquí no hay dobleces, mientras que el "mago" Olarieta nos "desilusiona", nos quita la "ilusión", en otras palabras: nos "desengaña", no nos engaña. De ahí que vaya de "duro" y hasta de aguafiestas para las almas bellas: no engaña a nadie porque empezö por no engañarse a sí mismo. Ni sus principios -y menos traicionarlos- comunistas. Estamos delante de un hombre a la griega manera, no de un sofista, que es lo que se estila. Y ello para medrar. Son los que hacen de la mentira una bella arte, como el gran Thomas de Quincey lo hacía del asesinato o de los fumaderos de opio (en el siglo XIX). Ahora el lerdismo rampante dirá que hacemos apología...

    Pongamos un ejemplo. Nuestros miles y miles y cientos de miles de lectores -y lectoras, que no se moleste nadie, usamos el pangenérico, para hacernos entender, eso es todo- se habrán topado, velis nolis, nolens volens, con algunas tertulias radiotelevisivas. Allí, el moderador, suele decir a los contertulios que no hablen todos a la vez"porque no se les entiende", el espectador no capta lo que quieren decir. Pasa otro tanto en el Parlamentillo español donde el Presidente -o Presidenta, como ocurre a la sazón con la esfinge actual- da el turno de palabra a los señores parlamentarios. Incluso el tiempo de intervención avisándoles cuando se pasan del mismo. Todo en orden. Eso es lo (políticamente) correcto, aparentemente. Eso es lo "dialogante". Pues bien, para mí tengo que el"diálogo" consiste en justamente lo contrario, esto es, en quitarse la palabra: esto es el diálogo. Esto es la discusión; lo demás, es un diálogo de besugos donde los besugos fingen dialogar. Se "dialoga" más en una taberna que en las Cortes españolas (y cuando nos dan imágenes de parlamentarios llegando a las manos lo pintan como algo "exótico", que pasa por ahí fuera, en países incivilizados o poco habituados a las reglas de las democracias "avanzadas", como la nuestra, por supuesto). En el siglo XIX hubo parlamentarios españoles que se desafiaron a duelo con pistola para lavar supuestos agravios. Hoy esto es impensable, se dirá. Es el "progreso", se dirá. Es un bluff, digo yo. Un teatrillo.

    Quitarse la palabra no es síntoma de mala educación ni mal versallismo, lo mismo en un bar que en un parlamento (de hecho así ocurría en la II República y nadie se escandalizaba. Las crónicas parlamentarias se hacían con acotaciones donde se ponía "aplausos", "pitos", "rumores", etc.). Lo vital de una discusión, insisto, es, no negar la palabra, sino quitarla -un diputado a otro desde los escaños- en pos del avance en la misma. Hay una excrecencia que son las "clases discutidoras", que eso es la burguesía actual donde te pongo de chupa de dómine y luego, cuando no nos ven, nos tomamos una birra en alegre camaradería y compadreo. Repito: un bluff.

    Pero, ¿qué esperábais en un país donde al general Sanjurjo -por cierto, antimonárquico como casi todos los generales golpistas de la guerra civil- se le rinden honores de general invicto en Melilla anteayer? No es demagogia: nos sobran ejemplos.

    Arrivederci.

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    Josep Renau (1907-1982) introdujo la técnica del fotomontaje político en el estado español. Fue ilustrador, cartelista, muralista, diseñador de las portadas de libros y revistas. Reunió todas estas cualidades pero no hizo de su obra un artefacto neutral. Militó en el PCE desde los años 30 y su trabajo fue un ejemplo de agitación política y cultural.

    Una muestra del legado de este artista y escritor valenciano puede presenciarse hasta el próximo 17 de julio en el Institut Valencià d’Art Modern (IVAM). Son más de 80 carteles, libros, manuscritos, fotomontajes y dibujos que integran la exposición “Josep Renau y la Segunda República”, y que ponen de manifiesto el compromiso político del autor con las ideas democráticas y antifascistas.

    Renau no sólo manifestó sus ideas en ilustraciones y fotomontajes. Así, durante los años de la guerra civil ocupó diferentes responsabilidades públicas, por ejemplo, la de director de Propaganda Gráfica del Comisariado General del Estado Mayor del Ejército Popular, a partir de 1938. El artista aplicó entonces la creatividad a la propaganda de guerra, “en el apoyo al soldado y la reflexión sobre los medios gráficos que podía utilizar”, informa la muestra del IVAM. Permaneció en el cargo, que implicaba el contacto con la Subsecretaría de Propaganda, hasta febrero de 1939, en Barcelona. A la época corresponde la serie “Los 13 puntos del presidente Negrín”, que se difundieron en carteles, folletos y revistas. El título y contenido de estos fotomontajes ponen de manifiesto la utilización del arte para apelar a la acción.

    El visitante puede apreciar estas ideas en “Liberación de nuestro territorio de las fuerzas invasoras italianas y alemanas” o en “Profunda reforma agraria que elimina el régimen feudal en el campo”. En plena guerra el ilustrador comunista diseñó también numerosos carteles y publicaciones para el ejército de la República, algunos de ellos con finalidad didáctica. Es el caso de las “Instrucciones militares al cabo y al sargento del ejército popular” o la “Cartilla Escolar antifascista”, cuyo proyecto correspondía a otro creador de la época, Mauricio Amster. Pero no toda la obra de Renau reviste contenido político. Las tintas planas y los dibujos geométricos caracterizan los diseños de carteles cinematográficos que realizó para la productora CIFESA, con la que firmó un contrato en exclusiva en diciembre de 1934. La modernidad de las composiciones se aprecia en los carteles de películas como “La Mujer X” (1935), interpretada por María Ladrón de Guevara y Rafael Rivelles; “El noveno huésped” (1934), con Genevieve Tobin y Donald Cook; o el último de los realizados para la productora, “Mi debilidad” (1936). “CIFESA fue una próspera productora independiente fundada en Valencia en 1932, que hacía filmes de acuerdo con los gustos populares”, destacan los paneles de la exposición. Un año después CIFESA empezó a distribuir en España, en régimen de exclusividad, las películas de Columbia Pictures, aunque después pasó realizar su producción propia.

    También firmó anuncios para la limpieza de los dientes: “Jo-Bo-Sil, excelente dentífrico”, que teóricamente dejaba los dientes “blancos como la nieve y fuertes como el acero”. Pero no todos los carteles cinematográficos de Renau se inscribieron en la propaganda comercial. Diseñó por ejemplo el de la película “El pueblo en armas” (1936), de la productora “Film Popular” que controlaban la UGT y la CNT de Valencia. Y de ahí, al diseño de la portada de libros y revistas, que figuran en las vitrinas de la exposición del IVAM. Muchos de los títulos remiten a las inquietudes del artista y los sectores progresistas de la época. “El dolor universal”, de Sebastián Faure (Biblioteca Estudios, 1933); “El Capital de Marx, al alcance de todos”, de Carlo Cafiero (Orto, 1933); “Jesuitismo y Masonería: Dos ideales opuestos”, de Matías Usero (Cuadernos de Cultura, 1932); “Lenin, J. Stalin” (Ediciones Europa-América); “El sindicalismo: historia, filosofía, economía”, de Marín Civera (Tipografía Pascual Quiles, 1931).

    En otras ocasiones Renau ilustraba obras de relieve literario: “Gabriel Miró: el escritor y el hombre”, de Juan Gill Albert (Cuadernos de Cultura, 1931). Y también textos que apuntaban contra las ideas más retardatarias: “Paternidad voluntaria. Profilaxis anticoncepcional”, de Hildegart (Orto, 1931); “La cópula. Antología de la felicidad conyugal”, de Van de Velde (Biblioteca de Estudios); o “Las religiones del mundo desenmascaradas”, de Matías Usero (Orto, 1933). En el número cinco de la revista “Orto” Josep Renau estampó uno de sus primeros fotomontajes políticos a doble página. Para esta publicación anarquista también diseñó portadas, al igual que en la revista “Estudios” y en otra de sociología, arte y economía de título elocuente:“Tiempos Nuevos”.

    Un Decreto con fecha del nueve de septiembre de 1936 designó al artista valenciano Director General de Bellas Artes. El titular del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes era en aquel momento Jesús Hernández, del PCE. Durante los dos años que permaneció en el cargo, el fotógrafo e ilustrador se centró en dos fines: la protección y difusión del patrimonio histórico-artístico español; y la propaganda cultural y política. La exposición del IVAM recuerda que Renau nombró director del Museo del Prado a Pablo Picasso, así como “el valor otorgado a publicaciones, folletos y otros medios gráficos para comunicar los avances de la República”. Otro hito del periodo fue la participación de España en la Exposición Universal de París (verano de 1937) o el II Congreso de Escritores Antifascistas celebrado en Valencia. Unos meses antes, Renau había publicado un montaje a dos planas en sendos números de la revista “Nueva Cultura”, con un gran titular que apelaba a la batalla contra el fascismo: “Testigo negro de nuestros tiempos”. En las ilustraciones aparecían calaveras y símbolos de la muerte, junto a un texto en el que se reproducían palabras de Hitler en “Mein Kampf”.

    “Todo aquel que desee sinceramente la victoria de la idea pacifista en el mundo, debe comenzar por poner toda su energía al servicio de la dominación del mundo por los alemanes”, decía el dirigente nazi. Pero no sólo se trataba de advertir ante la llegada de la bestia. Del contenido, la denuncia y la movilización en un contexto de guerra. Renau fue un innovador. En el número 127 de la revista “Estudios” (mayo de 1934) publicó uno de los fotomontajes de la serie “Diez Mandamientos”, de los primeros en los que introdujo el color. “No tomarás en vano a Dios por testigo”, invoca la composición. La imagen es la de un hombre que acaba de ser decapitado con un hacha; un telón entreabierto con Jesús de Nazaret crucificado anticipa el remate de la obra: una esvástica superpuesta al cristo. Unos años antes, en el número siete de la revista “Orto” (septiembre de 1932) anticipaba posteriores fotomontajes de denuncia social. “¿...? El Amor Humano” es como titula esta obra que atisba el amor del mañana: “Esa sangre –sangre oprimida, reprimida hoy- capaz de amar hasta extremos infinitos, debe derramarse aún a raudales para conquistar su derecho a amar”.

    Al frente de la Dirección General de Bellas Artes, el artista y militante comunista puso empeñó en la promoción internacional de la República. La muestra resalta la presentación, en el verano de 1937, del Pabellón Español en la “Exposition Internationale des Arts et Techniques pur la Use Moderne” de París. Los visitantes tuvieron la oportunidad de mirar el “Guernica”. Pero tampoco tuvo una importancia menor el edificio diseñado por Sert y Lacasa. Ni el papel que asumió Renau, “quien fue capaz de convencer a destacados artistas españoles residentes en París, como Picasso, Julio González o Miró para participar y significarse en la causa republicana”. Además diseñó algunos de los fotomontajes expuestos en el pabellón, que pretendían loar el avance en plena guerra del bando republicano. En el archivo personal de Josep Renau, que se halla en el IVAM, los investigadores han encontrado las imágenes empleadas por el autor para montajes sobre la agricultura o la orfandad.

    En el apartado de la muestra sobre el pabellón de París, se informa del proceso de realización del “Guernica”, “probablemente uno de los mejor documentados de la Historia del Arte”. Las fotografías de Dora Maar entre mayo y junio de 1937 recogen la evolución en la factura del cuadro, según Picasso avanzaba. En la exposición del museo valenciano puede apreciarse también el “Fotomontaje sobre papel Guernica-Picasso” de Renau (1979), así como el aguafuerte sobre papel “Sueño y mentira de Franco”, realizado en 1937 por el pintor malagueño.

    El pequeño recorrido por la obra de Renau termina destacando su labor en la protección del patrimonio artístico del Museo del Prado, entre otras pinacotecas, archivos y bibliotecas, antes de las primeras bombas aéreas sobre Madrid (noviembre de 1936). “Renau declaró que era lo más positivo que había hecho en su vida”, recuerda la comisaria de la exposición, Irene Bonilla. En “Arte en peligro- 1936-1939”, el ilustrador explica que en enero de 1939 “salí por los pelos de Barcelona. El Gobierno de la República y el de la Generalitat estaban ya en Girona (...) La totalidad de las cajas conteniendo las obras de arte cruzaron la línea fronteriza de los Pirineos antes de que ésta fuera totalmente ocupada (10 de febrero de 1939) por el ejército enemigo”. A continuación, relata las razones de la salvaguarda final del patrimonio: “No fue ninguna cadena de azares: se debió a la tensa solicitud que los sucesivos gobiernos de la República mantuvieron para la suerte de nuestro Patrimonio artístico y tesoro nacional”. El espectador puede acercarse a las fotografías sobre los efectos de las bombas en la Sala Velázquez del Museo del Prado, al poco de la evacuación; del bombardeo de Madrid; o del lienzo de El Greco “El martirio de San Mauricio”, que procedía de El Escorial y estaba presto para el control de llegada y evaluación.

    http://www.rebelion.org/noticia.php?id=225694


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    La represión contra los homosexuales en Chechenia ha llenado los noticiarios de los medios de comunicación en todo el mundo. Es un dardo directo contra Rusia y un intento —otro más— de desestabilizar sus fronteras en una región tan sensible como el Cáucaso, además de una continuación de la anterior campaña de 2013 contra la persecución de los homosexuales en la propia Rusia.

    La embajadora de Estados Unidos en la ONU, Nikki Haley, ha aprovechado para poner el grito en el cielo y en las principales capitales imperialistas se han sucedido las manifestaciones ante las embajadas rusas, como el viernes en Madrid, que han tenido un efecto multiplicador de la denuncia. Los movimientos LGTB que están dopados y subsidiados por los imperialistas se han sumado a la campaña como buenos mercenarios que son.

    El portavoz oficioso de la CIA, el Washington Post, publicó una entrevista con la periodista Elena Milashina, condecorada en 2013 con el Premio Internacional “Mujer Coraje” que otorga el Departemento de Estado a (casi) todos aquellos que defienden los derechos humanos (según y cómo). Es el colmo del periodismo: los periodistas entrevistando a otros periodistas (1).

    La campaña no puede cuadrar mejor contra el gobierno de un país islámico, Chechenia, a su vez sacudido desde hace muchos años por el terror yihadista. ¿Qué se puede esperar de los islamistas, de unos u otros? Algunos cretinos llegaron a hablar de gulag, de purgas, de prisiones secretas, de torturas, de otro Guantánamo y de que se había emprendido una “yihad” en el Cáucaso contra los homosexuales.

    Todo tuvo su origen en un artículo publicado el 1 de abril en el diario de la oposición rusa Novoya Gazeta en el que hablaba de una represión “masiva” contra los homosexuales en Chechenia. Se hablaba de 100 detenidos y tres muertos. Un bocado así tuvo un eco inmediato en los medios de siempre, del Deia a la CNN, pasando por los medios “progres”, que fue seguido de declaraciones indignadas de los políticos por ese tipo de situaciones que sólo ocurren en países como Rusia.

    El portavoz del gobierno checheno desmintió la información rotundamente y Nicolai Lilin publicó un vídeo en su muro de Facebook (2) en el que desautorizaba la campaña. Pero, como en el bombardeo de Siria, nadie pidió explicaciones, nadie realizó la más mínima comprobación de la noticia porque era funcional a lo que pretende el imperialismo.

    Ahora la organización Rusia Gay ha puesto una querella contra Novoya Gazeta por difamación y ocurre lo de siempre: a pesar de que la iniciativa procede de grupos homosexuales, tampoco nos han informado de ella porque se hubieran tenido que desmentir a sí mismos, ya que la campaña previa que habían orquestado era falsa, como no podía ser de otra forma.

    (1) https://www.washingtonpost.com/news/worldviews/wp/2017/04/15/she-broke-the-story-of-chechnyas-anti-gay-purge-now-she-says-she-has-to-flee-russia/?utm_term=.9ef513fa2d74
    (2) https://www.facebook.com/nicolai.lilin/videos/10154563157377825/

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    En 2004 el periodista David L. Robb escribió el libro “Operación Hollywood” en el que documenta las relaciones del Pentágono con Hollywood y la industria del cine. A cambio de dinero, el ejército presta helicópteros, tanques, instalaciones o portaaviones y, además, cambia, elimina y añade textos a los guiones originales, así como personajes, escenas, localizaciones...

    Las películas del Pentágono son muy conocidas: Top Gun, Forrest Gump, Armageddon, Jurasic Park III, Superman, Black Hawk, Transformers... Si el Pentágono invade cualquier país con sus tanques, Hoolywood invade cualquier pantalla con sus películas. Muchas personas escriben contra las agresiones militares, pero muy pocas sobre las agresiones ideológicas. Simplemente, porque no las consideran agresiones.

    En cada película la colaboración del Pentágono está valorada en varios millones de dólares, que es lo que cuesta alquilar un helicóptero de guerra, hacer volar un avión, reproducir un portaaviones nuclear en un estudio... Un acuerdo financiero con el Pentágono es imprescindible para rodar una película de presupuesto elevado.

    Es mucho más que censura; es la promoción activa de un cierto tipo de cine, que tiene poco que ver con el arte. En 1927 “Wings” (Alas), de William Wellman, fue la primera película rodada en colaboración con la Fuerza Aérea. Con el tiempo, en el Pentágono se creó un departamento espacial para gestionar la colaboración entre la ideología y la milicia.

    En la posguerra el departamento estuvo a cargo de un oficial, Don Baruch, que en 1949 firmó, junto con John Horton, también militar, el primer acuerdo de colaboración del Pentágono con la patronal de la industria cinematográfica.

    Para apreciar la intervención del Pentágono en una película hay que mirar a donde nadie mira: los títulos de crédito que aparecen al final. Entonces es posible que encuentre el nombre de Philip M. Strub, que no le dirá nada al lector.

    Desde 1989 el oficial Strub dirige el departamento de relaciones del Pentágono con la industria cinematográfica. Empezó a finales de los sesenta de relaciones públicas con la Marina y hoy es un personaje influyente en Hollywood, más que Julia Roberts, Schwarzenegger o Stallone. Cuando alguien quiere la colaboración del Pentágono para una película, lo primero que tiene que hacer es poner el guión encima de la mesa de Strub para que de el visto bueno al proyecto. Sin él la mayor parte de las películas más conocidas de Hollywod de los últimos años no hubieran llegado a las pantallas del mundo entero.

    Las películas de interés para el Pentágono son aquellos que contribuyen al reclutamiento de la carne de cañón, la tropa que luego envían a las guerras. La obra maestra de propaganda es “Top Gun”, de Tony Scott, que convirtió a Tom Cruise en una estrella del cine. “Top Gun logró que América amara la guerra”, tituló el Washignton Post (*). Cuando se estrenó en 1986, la Marina instaló mesas de reclutamiento en algunos de los principales cines que la proyectaban para aprovechar el tirón de los jóvenes que salían de verla, y no les fue nada mal: tras el éxito de “Top Gun”, obtuvieron la mayor cantidad de reclutas en muchos años.

    Naturalmente que la Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos prohibe este tipo de prácticas, pero allá ocurre como acá: todos los días se limpian el culo sucio con ese tipo de papeles.

    (*)  https://www.washingtonpost.com/opinions/25-years-later-remembering-how-top-gun-changed-americas-feelings-about-war/2011/08/15/ gIQAU6qJgJ_story.html


    Strub con su jefe, el criminal Donald Rumsfeld 

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    Ayer decenas de personas rodearon la sede del New York Times, en Manhattan, para denunciar las continuas mentiras que está divulgando sobre Rusia y Siria.

    Los manifestantes exigieron que el diario dejara de publicar noticias falsas, en primer lugar, las que afirman que hubo injerencia rusa en las elecciones presidenciales de Estados Unidos y las que acusan al gobierno de Siria de usar armas químicas.

    Los participantes de la protesta portaban pancartas con eslóganes como "El New York Times quiere una guerra con Rusia, los estadounidenses quieren la paz", "No se dejen engañar", "Lean la nueva mentira, es la misma que la de antes" y "El New York Times publica todas las noticias falsas".

    Asimismo, los manifestantes difundían materiales impresos en los que explicaban que el diario hace el juego a los que quieren impedir una cooperación válida entre Estados Unidos y Rusia.

    La protesta fue organizada por la Universidad Internacional Schiller y una de las sucursales del Tea Party de Nueva Jersey. Uno de los coordinadores de esta universidad, Dennis Speed, afirmó en un discurso que antes de que empezara la Segunda Guerra Mundial este diario publicaba materiales que calificaban de forma positiva a Adolf Hitler.

    Además Speed recordó que este diario divulgó datos ficticios sobre las armas de destrucción masiva que aseguraban que tenía Irak, con lo cual también es responsable de que Estados Unidos iniciara la guerra en este país de Oriente Medio en 2003.

    Asimismo, los participantes en la protesta citaban al experto en tecnología nuclear y profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts, Theodore Postol, que asegura que las afirmaciones sobre el supuesto uso de armas químicas por las autoridades sirias son deliberadamente falsas.

    El dirigente de la filial del Tea Party de Nueva Jersey, Frank Cotton, precisó que el New York Times publica sistemáticamente noticias falsas y que es "una herramienta potente para 'lavar el cerebro' y divulgar las visiones globalistas". "Este medio se manifiesta contra la soberanía de los países", recalcó Cotton, que añadió que es solo el principio de una serie de manifestaciones que realizarán contra este medio.

    https://actualidad.rt.com/actualidad/236642-protestas-nueva-york-noticias-falsas-rusia-siria


    Una portada del New York Times haciéndose eco de las tesis hitlerianas

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    El 5 de abril la Rada (Parlamento) ucraniano aprobó una ley para rehabilitar a los ucranianos que lucharon con los nazis en contra de la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial, a quienes considera como “represaliados políticos”.

    La ley también incrementa las pensiones de que quienes combatieron en las filas de la Organización de los Nacionalistas Ucranianos, una organización calificada hoy como “independentista”, una expresión fraudulenta ya que su “independentismo” se enfilaba contra la Unión Soviética, mientras era instrumentalizada por el III Reich.

    El texto de la ley fue presentado por el diputado Jurij Schuchewitsch, hijo del comandante del mismo nombre en las tropas que combatieron con los nazis, hoy consideradas como “víctimas del régimen bolchevique totalitario”. Un presupuesto público ruinoso y subvencionado por los imperialistas incrementa las pensiones en un 25 por ciento para los que estuvieron en la cárcel y en un 12 por ciento a los que huyeron al exilio.

    Es, pues, un fascismo subvencionado que, como en España, se nutre de una burda falsificación de la historia en la que han participado los 258 diputados. Nadie se ha opuesto a la ley; nadie ha lanzado la menor objeción. Algunos diputados han recordado que sus familiares fueron enviados “a Siberia” a causa de la represión política.

    No hay que sorprenderse del ascenso del fascismo en toda Europa. Alguien está subvencionando su auge, alguien les protege, les encubre y les rearma en el nombre de la lucha contra el “expansionismo” ruso. “El fascismo avanza si no se le combate”, recuerda una vieja consigna. Las consecuencias de ello las pagaremos dentro de muy poco tiempo y no se librará nadie.



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    La moda tiene muy poca espontaneidad. Desde luego que los creadores de tendencias en la manera de vestir son modistos individuales, pero hacer que una prenda se difunda masivamente requiere algo mucho más importante: que alguien la difunda.

    La vestimenta de los integristas islámicos, sobre todo la femenina, la ha impuesto el imperialismo a través de sus cómplices del Golfo y quien no quere caer en dichas zarpas tiene que hacer un esfuerzo propagandístico importante para contrarrestarla.

    Es el caso del gobierno de Tayikistán, un país de mayoría musulmana que desde 2015 trata de frenar la ola integrista, empezando por la prohibición del único partido islamista que había, llamado “Renacimiento”, al que ha catalogado como organización “terrorista”.

    Luego ha seguido haciendo algo parecido con el ropaje, el hiyab y el velo femenino, para lo cual ha impulsado una campaña en favor de la vestimenta más tradicional del país.

    Hay que agradecérselo al gobierno tayiko porque la ropa tradicional Atlas, en seda o en algodón, no puede ser más colorida y ha sido elevado a la categoría de prenda oficialmente recomendada para “inculcar patriotismo en la población, así como un estilo nacional”.

    El gobierno tayiko se considera, pues, ajeno a las vestimentas integristas, a pesar de ser una país islámico. No las consideran desde el punto de vista religioso sino nacional. Son extranjeras.

    El presidente Emomali Rahmon ha dicho que en Tayikistán las mujeres jamás han portado vestimenta de color negro, “ni siquiera para los funerales”, por lo que ha ordenado el cierre de las tiendas que venden ropa integrista. Por su parte, los hombres están obligados a afeitarse las barbas.

    Tayikistán es un pequeño país de Asia central fronterizo con Afganistán, con el que comparte muchas afinidades, y es una de las más importantes fuentes de reclutamiento que tienen los yihadistas, especialmente el Califato Islámico.

    El gobierno calcula que hay 1.000 tayikos combatiendo en las filas yihadistas y tras. Tras el desplome de la URSS se produjo una sangrienta guerra civil entre los comunistas y los islamistas, apoyados, armados y financiados por el imperialismo.

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    Por primera vez la semana pasada se publicaron los archivos de la Comisión de Crímenes de Guerra de la ONU. Se trata de las prácticas criminales nazis, tanto antes como en la propia Guerra Mundial.

    Se han expuesto en la Wiener Library de Londres y el catálogo ya se puede consultar en línea. Lo fue formando el doctor Alfred Wiener desde la llegada de los nazis el gobierno alemán en 1933. Al comenzar la guerra trasladó el archivo a Londres.

    Aunque alguno de los archivos se utilizó en los procesos de Nuremberg, se han mantenido en secreto durante más de setenta años, porque la verdad histórica es política, o sea, muy incómoda para quien ordenó que se ocultaran bajo llave: Estados Unidos.

    En 1945 había que transmitir otro mensaje distinto: el que el imperialismo necesitaba para sostener la Guerra Fría contra la URSS. En la posguerra Alemania dejó de ser un enemigo y se convirtió en un aliado. Al mismo tiempo había que reciclar a los nazis para que siguieran dirigiendo al país con un formato distinto. Se acabó el III Reich y empezó la República Federal Alemana.

    Algunos privilegiados, como Dan Plesch, director del Centro de Estudios Internacionales y Diplomáticos de Londres, tuvieron acceso a los mismos duranbte años. Con dicho material Plesch escribió su obra “Los derechos humanos después de Hitler. La historia perdida de la persecución de los crímenes de guerra cometidos por el Eje”.

    La historia de la posguerra no es sólo muestra el feroz acoso imperialista contra la URSS y la complicidad en el mismo de los imperialistas aliados a los viejos nazis de toda la vida, sino otro tipo de datos que ya se sabían o se sospechaban, pero que ahora resultan estridentes. Por ejemplo, los documentos demuestran que las potencias imperialistas no conocieron los crímenes de guerra cometidios por los nazis después de acabar con Hitler, sino antes.

    Pero hicieron caso omiso de ello porque el plan de los imperialistas siempre contó con el apoyo de los nazis para luchar contra la URSS, que si bien no fue su único enemigo, siempre fue el enemigo principal. El viraje a la Guerra Fría en 1945 no fue un cambio tan brusco, sino la continuación de la misma política por parte de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia.

    Al doctor Wiener no le preocupaban la represión nazi contra los comunistas, por lo que sus archivos reinciden en el tópico del famoso “holocausto”, manido hasta la saturación histórica. Parece que los nazis y la guerra fueron una lucha de los nazis contra los judíos, lo cual es un burda falsificación histórica, por más que se repita una y mil veces.

    No obstante, incluso en esos aspecto los archivos contienen documentos interesantes que podrían traserse a la actualidad. Como el gobierno británico conocía la persecución de los judíos desde el primer minuto, algunos plantearon la posibilidad de acoger a los refugiados que trataban de huir de Alemania, a lo que un ministro, Cranborne, se opuso en 1943 porque Inglaterra ya tenía demasiados refugiados y los judíos no constituían “un caso distinto”.

    Antes y durante la guerra, los judíos sólo tuvieron un país que les acogiera: la URSS. Los que no se quedaron a vivir en la URSS, lograron huir a a través de la URSS. Habrá quien piense de otra manera, poniendo encima de la mesa nombres de judíos ilustres que huyeron a otros países. Aquí nosotros hablamos de las masas y del proletariado judío, que son los que más nos importan.

    Más datos curiosos. Si el lector creía que en 1945 las exigencias de condenar a los criminales de guerra fascistas procedió de Estados Unidos, Gran Bretaña o Francia, se equivoca. Ni siquiera fue iniciativa de la URSS, que no hizo más que acoger las peticiones otros países asolados por los criminales fascistas, como Polonia o China.

    Si creía que la consideración de las violaciones y abusos sexuales como crímenes de guerra comenzó con la Guerra de los Balcanes, también estará equivocado por es algo que ya hicieron Polonia, Filipinas o Grecia.

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    El domingo, durante una reunión del Comité Central del PCPE, se produjo un fuerte enfrentamiento interno entre dos facciones enfrentadas que acabó en una escisión.

    La minoría escindida ha abierto una nueva página en internet (1) con las mismas siglas y eligieron al asturiano Ástor García como nuevo Secretario General en sustitución del anterior, el canario Carmelo Suárez, que se mantiene a la cabeza del otro grupo administrando el mismo sitio en internet (2).

    En unos y otros la escisión carece por completo de contenido ideológico o político. En el cruce mutuo de acusaciones no hay divergencias de línea política sino rencillas personales.

    Los escindidos califican a la mayoría de “grupo liquidador” por haber publicado la crisis interna que vive el referido partido, una decisión “irresponsable” según ellos.

    La otra parte utiliza términos parecidos, pero tampoco muestra ningún motivo de fondo sino que se limita a lamentar la falta de unidad interna y el trabajo fraccional y antipartido de los opositores, de los que anuncia su expulsión.

    Las juventudes CJC, que numéricamente tienen más afiliados que el propio partido, son la más afectadas por la escisión. Hace semanas decidieron por unanimidad “suspender” sus relaciones con la dirección del partido a pesar de lo cual participaron en la reunión del domingo.

    Aunque en una entrevista a Canarias Semanal el Secretario General habla de unos “problemas ideológicos”, en lo que se explaya realmente es que los escindidos “son gente que quiere prosperar, que quiere triunfar pronto. Por eso les ha entrado la prisa y se han echado a correr pensando que por ahí van a conseguir resultados exitosos a corto plazo” (3).

    El PCPE damos espectáculo gratuito en Facebook–escribe uno de los expulsados—. Tenemos todos los ingredientes: dos direcciones, dos páginas web, acusaciones cruzadas de fraccionalismo, traición, trostkismo, socialdemocracia y carrillismo. Enhorabuena: hemos conseguido ser una caricatura de nosotros mismos”.

    (1) http://www.partido-comunista.es/
    (2) https://www.pcpe.es/
    (3) http://canarias-semanal.org/not/20221/grave-ruptura-en-el-seno-del-comite-central-del-partido-comunista-de-los-pueblos-de-espana/

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    Darío Herchhoren

    Seguramente Giuseppe Tomasi de Lampedusa, autor de la novela "Il Gattopardo" nunca sospechó que su personaje el príncipe de Salina iba a ser tan mentado en materia política en todo el mundo.

    Esto viene a colación de las últimas elecciones francesas donde todo apunta a un triunfo de un "paracaidista" (porque cayó del cielo) llamado Macron, que se postuló a partir de un partido de reciente creación que se llama En Marcha.

    En esta elección había en liza cuatro candidatos que tenían posibilidades de pasar al ballotage o segunda vuelta, ya que ninguno de ellos iba a imponerse con la suficiente mayoría en la primera.

    La fascista Marine Le Pen partía como favorita, y había un candidato de izquierda Jean Luc Melenchon que pintaba bien en las encuestas, pero que fue derrotado. La primera minoría la conquistó Macron que deberá lidiar con Marine Le Pen por la presidencia de Francia.

    Los pronósticos auguran el triunfo de Macron, ya que todos los adversarios de la primera vuelta con la excepción de Melenchon, han llamado a los electores a votar por el primero.

    Lo que más llama la atención de todo esto es el hecho de que alguien sin un partido político consolidado, sin un discurso coherente, lleno de vaguedades y lugares comunes, haya logrado el favor de tantos franceses. Es interesante leer lo que dice Macron y compararlo con los discursos de Susana Diez, y se parecen como dos gotas de agua. Se trata de algo vacío y sin sustancia, que se queda en palabras huecas, y donde se adivina el intento indisimulado del trilero que solo quiere engañar al público.

    Pero Macron fue ministro de economía  de Hollande, y bastaría solo con eso para saber quién es, pero hay que rascar un poco más. Macron es egresado de la Escuela de la Administración Pública de Francia, que es el lugar donde se forman aquellos que conforman la élite gobernante francesa, y donde se prepara a la clase gobernante.

    Hay que destacar de Macron lo que se llama el discurso transversal; es decir un discurso que atraviesa a muchas clases sociales, que promete gobernar para todos los franceses. ¿Es ello posible? ¿Se puede gobernar para la clase obrera y para la burguesía al mismo tiempo? Seguramente no. Macron como el Gattopardo quiere cambiarlo todo, para que todo quede como está. Sabiamente, Melenchon es el único candidato que no ha llamado a sus seguidores a votar a Macron.

    Ello significa más de lo mismo, y una nueva frustración para la clase trabajadora francesa. Macron significa que un banquero gobierne Francia; y ¿que se puede esperar de un banquero? Que beneficiará al capital.

    Ni una palabra de la OTAN, ni de la intervención en Siria y en Libia. En cambio habla mucho de la continuidad de la UE y del Euro y, sobre todo, ni una palabra de las agresiones terroristas que viene sufriendo Francia por cuenta de los yihadistas, armados por sus amigos y socios de la OTAN. Sin duda el pueblo francés ha perdido el norte y lo pagará muy caro. Hollande y la vieja derecha francesa de la mano de Fillon están frotándose las manos. Todo cambiará pero todo seguirá igual.

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    Sin duda, el momento de mayor desesperación e impotencia del Gobierno republicano durante la Guerra Civil fue el golpe de Casado. Dentro del bando leal se emplearon los mismos subterfugios y excusas baratas para romper la legalidad republicana. En marzo de 1939, que el pueblo español hubiera logrado vencer a las fuerzas de la intervención nazi y fascista era ya prácticamente imposible, pero todavía se podía administrar la derrota. Los golpistas de Casado, sin embargo, esperaban poder rendirse ante Franco a cambio de que no hubiera represalias.

    Al final, no ocurrió ni una cosa ni otra. Los casadistas fueron a la cárcel y al pelotón de fusilamiento como los demás. Y la derrota no se pudo gestionar, no pudo haber evacuaciones ordenadas ni preparar la salida de muchos de los republicanos más destacados y comprometidos. Algunos de ellos, solamente pasaron de las cárceles de Casado a las de Franco.

    En ese momento histórico, en la huida precipitada hacia los puertos de Valencia, Gandía, Cartagena, Almería y Alicante, comienza el documental Espías en la arena de Pablo Azorín y Marta Hierro. Con la desesperación de los republicanos que huyeron a bordo de cargueros de fruta, como el Stanbrook, que se estuvo un mes en el puerto de Orán sin que les dejaran desembarcar. En Argelia fueron ocho mil los refugiados españoles, cuatro mil en Túnez y mil en el Marruecos francés. Y al igual que los que escaparon por los Pirineos, fueron a parar a campos de concentración, especialmente los que se consideraron “peligrosos izquierdistas”. Un trato que no esperaban como luchadores antifascistas.

    Con la ocupación nazi de Francia y ascenso de Petáin, su situación no hizo más que empeorar hasta que los aliados ejecutaron la Operación Torch, la invasión del norte de África. Los antifascistas españoles entonces fueron liberados, pero lentamente. Y los que habían trabajado en la inteligencia militar de la República o tenían preparación para ese tipo de misiones fueron reclutados por los estadounidenses. En la recientemente establecida OSS (Office of Strategic Services), matriz de la CIA, valoran a los españoles y brigadistas que han perdido la guerra civil por su probado compromiso antifascista.

    El documental se ha estrenado en Madrid, Valencia, Palma, Alicante y Málaga y seguramente este año se emita en RTVE e IB3. Marta y Hierro y Pablo Azorín venían de filmar Agente Sicre, el amigo americano, la biografía de Ricard Sicre, ilerdense que fue agente de los estadounidenses, obtuvo información de los nazis apresados durante la contienda y organizó una misión que iba a ser el preámbulo de la invasión de España por parte de los aliados: la Operación Banana.

    Los aliados querían conocer hasta qué punto estaba implicado Franco con el Eje. Los republicanos seleccionados tendrían que infiltrarse en España para informar sobre movimientos de tropas, lo que permitiría a los aliados anticiparse a una ofensiva contra sus ejércitos en el norte de África. Las misiones de los espías en cada ciudad recibieron nombres de frutas. En Barcelona, Operación Cereza; en Madrid, Limón; Cartagena, Naranja; Melilla, Albaricoque y Cádiz, Uva. La misión en su conjunto: Banana.

    Si los nazis hubieran penetrado con sus tropas en España, estaba previsto tomar Ceuta y Melilla para desde ahí bombardear los puestos de artillería y las comunicaciones de la península. En 1943, los cines estadounidenses proyectaron la película Inside fascist Spain para preparar a su población ante la llegada de un nuevo conflicto. Los documentalistas han conseguido imágenes de este film que nunca antes se habían visto en España. Franco a su vez construyó centenares de búnkeres en las costas.

    En julio de 1943, los espías españoles desembarcaron en Río de la Miel, en Málaga. Eran ocho hombres. Manuel Lozar, radiotelegrafista de la Marina de Guerra Republicana, Ignacio López, teniente radiotelegrafista de aviación, Pedro Royo, telegrafista de artillería antiaérea, Jaime Pérez Tapia, comandante de batallón de la 207 Brigada Mixta y Guillermo Garrido de las Heras, sargento del Tercer Batallón de la primera brigada de carros blindados. Junto a ellos, iban tres guías veteranos del ejército republicano que conocían el terreno, Joaquín Centurión, Francisco Bueno Ledesma y Luis Ruiz Aguayo, que tenían como objetivo conectar a la misión con el PCE de Málaga y redes clandestinas que pudieran darles apoyo y lugares seguros para cobijarse y esconder las radios.

    Llegaron a las cinco de la mañana. Escondieron su armamento en una cueva y se vistieron con trajes. A quien iba vestido en aquella época con cierto nivel no le paraban, dice el documental. Estuvieron siete meses transmitiendo información. Sobre los movimientos militares y sobre algo que les pilló de sorpresa, la situación en España era mucho más complicada de lo que les habían hecho creer.

    Les enviaron al matadero, sentencia uno de los entrevistados. Hablo con Pablo Azorín sobre este aspecto y explica: “En África los responsables norteamericanos y principalmente de Unión Nacional Española, organización pantalla del PCE, crearon un retrato de lo que ocurría en España que nada tenía que ver con la realidad con la que se toparon cuando desembarcaron en la costas de Nerja. Unión Nacional Española, organización que tenía que proporcionales apoyo en la península, simplemente no existía, la vigilancia y represión policial era extrema y fruto de ello el PCE se hallaba muy debilitado, asediado y penetrado por la policía y los delatores”.

    A la presión de la policía hubo que añadir que se quedaron sin dinero. Las importantes sumas que recibieron para llevar a cabo la misión tenían orden de entregárselas a un enlace del PCE enviado a Málaga desde Francia, Víctor Moreno, que a su vez se lo dio a un contacto del partido en Madrid. Los espías se quedaron sin dinero hasta para los gastos más elementales. Se les rompieron las radios, además, y podían transmitir pero no escuchar a los estadounidenses. Reclamaron fondos de lo entregado, pero el enlace del PCE no volvió a contestar sus demandas.

    Desesperados, decidieron arriesgarse y viajar a Madrid a contactar con el PCE. Lo logran, tras un mes intentándolo, con Apolinario Poveda Francisco y enlaces del PCE en Argel, a los que les transmiten su decepción y sentimiento de abandono. Pero a día de hoy no se conoce aún qué pasó con los fondos de la misión, según cuenta Azorín: “No tenemos ninguna evidencia de lo que ocurrió con el dinero que los agentes entregaron al enlace que el PCE envió desde Francia. En un principio pensamos que alguien se lo podía haber apropiado. Tras estudiar el momento que vivía el PCE en el 43 y 44, con una grandísima presión de la policía política, en el que el miedo, la tortura, los infiltrados y delatores acosaban al Partido Comunista, nos dimos cuenta de que la organización de este en el interior de España estaba totalmente descompuesta con enormes problemas de coordinación y comunicación entre los dirigentes y las células activas, sufriendo una gran precariedad de medios. Las necesidades económicas para mantener una organización en la clandestinidad son muy grandes, crearse una cobertura adecuada y moverse en un Estado policial militarizado consumía los escasos recursos económicos con gran celeridad”.

    Por otra parte, las intrigas políticas también condicionaron la misión. Los comunistas no querían colaborar con los americanos. Si en aquellos días estaban en el mismo bando, resulta extraño. Azorín tampoco tiene respuesta: “La verdad es que lo desconozco, intuyo que el PC quería, con cierta lógica, controlar y dirigir a sus militantes y evitar que fuesen utilizados como carne de cañón por otros. Es la misma directiva que el PCE dictó desde Moscú a todos sus militantes de no integrase en fuerzas regulares de los ejércitos aliados. Por ejemplo, los comunistas españoles tuvieron una fuerte presencia en la Resistencia Francesa en unidades ligadas al Partido Comunista Francés, pero inapreciable en el Ejército Francés Libre del general De Gaulle”.

    Otra desgracia fue que los ingleses, por medio de su embajador en Madrid, Sir Samuel Hoare, habían desarrollado otros planes para España. Por medio de una red de sobornos a los generales de Franco, detallados recientemente en el libro Sobornos (2016, Debate) de Ángel Viñas, pretendían asegurarse la neutralidad del país sin necesidad de intervenir. La Operación Banana podría poner en riesgo todos sus planes. No querían oír nada de agentes infiltrados. De hecho, desde febrero de 1943, la misión Blackbone ya estaba cancelada por el alto mando aliado. Con la neutralidad de España, la guerra finalmente no pasaría por la península.

    En marzo de 1944, la Brigada Político Social, a través de un delator infiltrado, Antonio Rodríguez López el Chato, los miembros de la misión son arrestados. Tras los interrogatorios, cayeron doscientas personas involucradas. Fue uno de los golpes más graves recibidos por el PCE en toda su historia. Pero para no tener problemas con los aliados, fueron juzgados por “auxilio a la rebelión”, en lugar de por espías, que es lo que eran. La instrucción del caso la llevó el coronel Enrique Eymar Fernández, famoso por solicitar favores sexuales a las mujeres de los presos que acudían a pedirle ayuda, como se detalla en Espías en la arena.

    Los aliados se lavaron las manos. A través de Luis Pérez Tapia, hermano de uno de los detenidos, el 13 de marzo en la embajada de Estados Unidos en Madrid recibió una petición de ayuda. En la instrucción que recibieron en el norte de África los agentes, se les dijo que si atravesaban dificultades acudiesen a la embajada a solicitar protección. El 22 de marzo de 1944 se envió desde la embajada en Madrid a Washington un despacho con detalles sobre la operación policial y las detenciones. La prueba de que el Gobierno americano conocía su situación y decidió abandonarlos a su suerte.

    El agente Salvador Rodríguez Santana y sus colaboradores José López Iglesias y Francisco Muriel Martín fueron fusilados en Melilla. Salvador Soler López, José Cerezo Fernández, Enrique Tirado Cobos, Antonio González Torres y Adolfo Pacheco Mateos, todos ellos  miembros del PCE que colaboraron con la operación, en Málaga. Manuel Lozar Feliz, Ignacio López Domínguez, Pedro Royo Sanz, Guillermo Garrido de las Heras, Víctor Moreno Cristóbal, junto a los militantes comunistas Jesús Carreras Olascoaga, Félix Pascual Hernández Piedecasas y José Vicente, en Alcalá de Henares. Carreras había asumido la jefatura del PCE en el interior tras las sucesivas caídas de Heriberto Quiñones y Jesús Bayón. Pascual Hernández era el responsable de las estafetas o puntos de enlace del partido.

    A Jaime Pérez Tapia, Francisco Alaminos y José Jiménez Martín les conmutaron la pena capital por treinta años de cárcel; salieron de prisión a principios de los sesenta. En un informe de la OSS, se califica a la Operación Banana como el mayor descalabro del espionaje aliado en toda la II Guerra Mundial, solo excusable por la inexperiencia de la agencia de espionaje americana en el momento de ponerla en marcha.

    Para los agentes reclutados solo hubo olvido. Azorín relata que desgraciadamente era previsible su destino: “Fue algo común a la mayoría de los agentes irregulares de la OSS. Pero, además, la mayoría de los republicanos españoles que participaron en la operaciones de la OSS en España militaban en el Partido Comunista. El advenimiento de la Guerra Fría, el posterior reconocimiento internacional y apoyo a la dictadura por parte de Estados Unidos, los convirtió en personajes incómodos a los que era mejor enterrar en el olvido. Si en su momento, cuando fueron hechos prisioneros, encausados y condenados a muerte, no se les ayudó ni reconoció, ¿qué beneficio puede obtener Estados Unidos en reconocer oficialmente a un grupo de comunistas españoles que sirvieron en su principal servicio de inteligencia militar?”.

    En los testimonios recogidos por el documental se explica que los americanos veían a los españoles como a una “panda”, más que como a unos compañeros. Los tenían como peones. Sin más. La madre de Manuel Lozar intentó pedir clemencia arrojándose al vehículo que trasladaba a la esposa de Franco, sin éxito. Ricard Sicre, coordinador de los espías desde África, quedó marcado por el fracaso de la operación, aunque, como cuenta su documental biográfico, luego volvió a España con una empresa de importación americana —fue el responsable de traer, entre otros productos, la Pepsi-Cola pero, tal y como confiesa su hijo, impactado por el mundo real en el que no contaban las personas ni los ideales—.

    Durante su investigación, Marta y Hierro y Pablo Azorín han tratado con familiares directos aún vivos de los represaliados. Ellos también sufren el olvido y el silencio, tal y como cuenta Azorín: “Los más mayores, ya muy pocos, que vivieron directamente la detención, cárcel y fusilamiento de su familiares y las cuatro décadas de dictadura, sufren todavía el trauma del silencio y del temor social sin haber tenido, hasta ahora, la ocasión de reconciliarse con ese pasado tan duro. Los más jóvenes no llegan a comprender ni aceptar que la memoria de sus familiares, defensores de la legalidad republicana y la democracia, sigan siendo ignorada por gran parte de la sociedad, que los juicios sumarísimos, carentes de toda garantía jurídica, por los que fueron condenados a muerte no sean declarados nulos y sus restos debidamente honrados, como todas las víctimas de la Guerra Civil y su larga posguerra, por una sociedad que en su conjunto se declara defensora de la democracia y enemiga del totalitarismo”.

    “Madre mía, madre mía... Muchachos, mi último adiós”, fueron las últimas palabras de Manuel Lozar en la cárcel antes de ser fusilado en las tapias del cementerio de Alcalá de Henares la mañana del 16 de enero de 1945, a menos doce grados, junto a siete personas más. Sus cuerpos están enterrados en las fosas comunes 38 y 39. El responsable de su destino, Dwight Eisenhower, abrazaba a Franco el 21 de diciembre de 1959 en Torrejón.

    http://www.jotdown.es/2017/04/los-olvidados-la-operacion-banana-franco/

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    El flamante nuevo jefe de Policía de Cantabria, Héctor Moreno García, fue condenado por torturas en 1994 e indultado por el PP de José María Aznar. La sentencia judicial de la Audiencia Provincial de Madrid nunca fue un lastre para la carrera de Moreno García, que continuó ascendiendo en la jerarquía policial hasta llegar a su actual destino. El caso de este comisario no es una excepción. Es más, la impunidad para los miembros de Cuerpos y Fuerzas de Seguridad denunciados y/o condenados por torturas es una práctica habitual en este país llamado España.

    Así lo atestigua, por ejemplo, José Manuel Sánchez Fornet, histórico líder del Sindicato Unificado de Policía, del que ya no forma parte. "Esto es lo habitual en la Policía desde al menos 1980, que es cuando yo entré. Los ascensos a agentes que han vulnerado los derechos civiles de los ciudadanos forman parte de la cotidianidad. El problema es que prácticamente nadie les ha prestado atención hasta ahora", denuncia Sánchez Fornet, que pone como ejemplo el también reciente nombramiento como jefe superior de Policía en Castilla‑La Mancha de Félix Antolín, investigado por un delito contra la integridad moral y otro de lesiones por un presunto caso de acoso a un subordinado.

    Son dos casos recientes. Entre todos los policías disponibles, el ministro del Interior ha elegido estos dos para ser ascendidos. Sus razones tendrá, aunque de momento permanecen ocultas. El presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, se ha dirigido por escrito a Interior, sin éxito. El PSOE también ha solicitado la comparecencia del ministro Zoido.

    Sánchez Fornet justifica sus palabras anteriores echando la vista atrás. Pone como ejemplo, entre otros, el caso del guardia civil Manuel Sánchez Corbi, que fue condenado el 7 de noviembre de 1997 por la Audiencia de Vizcaya a cuatro años de prisión y seis de inhabilitación por torturar a Kepa Urra en un descampado, antes de trasladarle detenido al cuartel de La Salve, en Bilbao. Sería indultado en 1999. A pesar de esta condena, Sánchez Corbi continuó su imparable ascenso hasta coronel jefe de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil.

    http://www.publico.es/sociedad/espana-tierra-impunidad-torturadores.html


    Joseba Arregi, torturado hasta la muerte en 1981

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    Detrás de cada relevo polémico en la judicatura o la fiscalía hay una explicación del gobierno que pretende rebajar a la categoría de especulación las denuncias de maniobras para favorecer al Partido Popular. Este martes se ha conocido  un nuevo fragmento de las grabaciones de la Operación Lezo en el que el expresidente de la Comunidad de Madrid Ignacio González se refiere sin tapujos a este tipo de prácticas en conversación con el antiguo ministro del PP Eduardo Zaplana.

    Ambos fueron grabados el 22 de noviembre mientras mantenían una charla en persona. En el transcurso de la misma, González afirma: “Vamos a ver, Eduardo. Tenemos el gobierno, el Ministerio de Justicia, no sé qué y tal, y escucha: tenemos a un juez que está provisional... Tú lo asciendes... Yo le digo: ‘A ver, venga usted ‘pa acá’. ¿Cuál es la plaza que le toca? ¿Onteniente?’ A tomar por culo a Onteniente y aquí que venga el titular, que ya me las apañaré con el titular, coño”.

    González no está hablando de un supuesto en la transcripción adelantada por La Sexta, sino de un caso concreto, el del juez que ahora le ha enviado a prisión. Eloy Velasco ocupa el Juzgado de Instrucción número 6 de la Audiencia Nacional de forma interina.

    El expresidente de la Comunidad de Madrid continúa: “Al titular lo quitaron porque era uno que era aparentemente ‘rogelio’... y le dan magistrado de enlace en Londres... no sé, después gana una pasta; o Roma, vive como Dios y el tío no quiere saber nada, claro [...] Yo le llamo a este y le digo: ‘oye, ven aquí, el titular aquí y a este... a tomar por culo, pero ¿qué te cuesta esto?’ Y a este tío lo pones a escarbar cebollinos, joder, y ya está, ¿pero qué cojones de chantaje? Pero como todo el mundo ve que esto funciona, pues ancha es Castilla”.

    El titular de la plaza de Velasco es Manuel García-Castellón, el juez “rogelio” al que se refiere el expresidente de la Comunidad, por la adscripción progresista del mencionado. Efectivamente, García-Castellón está destinado como juez de enlace en Roma. Estos destinos, como los de las embajadas para la policía, son los premios con los que el gobierno puede recompensar a un juez afín o simplemente enviarlo lejos si es incómodo.

    En la argumentación del gobierno siempre hay un resquicio con el que presentar su versión. Con Eloy Velasco consistió en que fue él quien solicitó un puesto en un programa de colaboración en materia de Justicia e Interior entre varios países europeos y latinoamericanos. No es un puesto de juez de enlace, pero en la oferta inicial se ofrecía un sueldo superior a los 120.000 euros anuales, rebajado después ante la queja de otros países participantes en el proyecto.

    A la plaza aspiraban ocho jueces, de los que el Consejo General del Poder Judicial, de mayoría conservadora, seleccionó a tres, entre ellos Velasco. El 19 de enero, reunida su comisión permanente, el Poder Judicial propuso finalmente un nombre distinto al de Eloy Velasco como la persona idónea para ocupar el puesto.

    Pero un movimiento del Ministerio de Justicia desató la sospecha. El departamento de Rafael Catalá no se conformó con el nombre que seleccionó el CGPJ y reclamó el expediente de cada uno de los tres preseleccionados, donde sí aparecía Velasco. La puerta para que Justicia seleccionara al juez del Caso Púnica quedaba más que abierta, pero la reducción en la oferta inicial del sueldo hizo al juez retirarse de la pugna.

    Aun así, Velasco dejará la Audiencia Nacional en junio. El 10 de marzo, tres días después de que González comunicara a su hermano que le estaban investigando, el Consejo de Ministros aprobó varias plazas de magistrado de segunda instancia, entre ellas las tres destinadas a la nueva Sala de Apelaciones.

    Entre los requisitos para ser seleccionado se ha incluido poseer la especialidad en penal, algo que pueden alegar pocos de los posibles aspirantes. Uno de los que puede hacerlo es Velasco, como es de común conocimiento en el ámbito judicial. Por supuesto, será el Consejo General del Poder Judicial el encargado de examinar el currículum de los aspirantes y, de acuerdo a esas condiciones, elegir a los tres jueces. Nadie duda de que el actual instructor de la Operación Lezo será uno de ellos.

    En una entrevista publicada por El Mundo el pasado sábado, el juez Velasco aseguraba que pedía el destino porque no se le dota de los medios adecuados para combatir la corrupción.

    Los manejos afloran desde la frase que encabeza la conversación entre González y Zaplana. El expresidente de la Generalitat afirma: “El problema está en la instrucción, Nacho”. Parece claro que se refiere al porcentaje de jueces progresistas en lo juzgados de instrucción de la Audiencia Nacional. Los concursos para acceder a la Sala de lo Penal han llenado la segunda instancia del tribunal especial de jueces conservadores, algo que no se produce en los seis juzgados de instrucción, donde hay un mayor equilibrio entre las distintas sensibilidades con las que se puede interpretar el Código Penal.

    Como ejemplo, los delitos de apología o enaltecimiento del terrorismo. Los jueces Santiago Pedraz y José de la Mata archivaron los casos contra Guillermo Zapata y César Strawberry, respectivamente, pero ambos acabaron en el banquillo de los acusados porque la Fiscalía u otras acusaciones recurrieron las decisiones de los jueces instructores y la Sala de lo Penal les dio la razón.

    Zapata es concejal de Ahora Madrid, adversario del PP en el Ayuntamiento. El “problema”, según el razonamiento de Zaplana, estuvo en el juez de instrucción. Un tribunal integrado por dos jueces apartados del juicio de Gürtel por su proximidad al PP rectificaron a Pedraz en tres ocasiones e impusieron sentar a Zapata en el banquillo. Uno de esos dos jueces, Enrique López, es alabado en otro fragmento de la conversación entre Zaplana y González que aparece en el sumario de la Operación Lezo, según fuentes conocedoras del contenido de las intervenciones telefónicas. 

    La Fiscalía no se libra de las maniobras. González asegura en la grabación: “Vamos a ver, yo creo que a ver si podemos colocar el tema del fiscal anticorrupción, ¿sabes? Y... yo creo que va a ser él. Si sale, es cojonudo. Se llama Moix, es un tío... serio y bueno. Hombre, yo no soy quién, pero yo no me corto en decirle a Rafa:  ‘Oye Rafa... ’. ¿Sabes? El aparato del Estado y los medios de comunicación van aparte: o los tienes controlados o estás muerto. Todavía quedaban tres meses exactos para que se produjera la elección de Moix.

    En el caso de que González pecara de falsa modestia, “Rafa” sí que es alguien: el ministro de Justicia, notario mayor del reino. El actual jefe de Anticorrupción, Manuel Moix, apenas lleva dos meses en el cargo, al que accedió superando a otros seis aspirantes, entre ellos pesos pesados de la fiscalía especial, como Alejandro Luzón o Belén Suárez, actual teniente fiscal.

    La coartada en este caso fue el Consejo Fiscal, al que el fiscal general del Estado, José Manuel Maza, se comprometió a consultar. Sin él, no habría nombramiento a dedo. Y el Consejo Fiscal apoyó al candidato del fiscal general elegido por el PP. Un Consejo Fiscal en el que la asociación conservadora cuenta con mayoría.

    Moix logró el apoyo de los seis fiscales elegidos en la lista de la mayoritaria Asociación de Fiscales (AF, de orientación conservadora). Por su parte, Alejandro Luzón, el fiscal del caso Bankia, consiguió dos de los tres votos de la Unión Progresista de Fiscales (UPF) y los dos de los miembros natos del Consejo Fiscal (teniente fiscal del Supremo y jefe de Inspección). Finalmente, el fiscal de Anticorrupción Antonio Romeral (responsable de los papeles de Bárcenas) obtuvo uno de los votos de la UPF.

    http://www.eldiario.es/politica/Ignacio-Gonzalez-evidencian-maniobras-PP_0_636937525.html

     

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    Las tropas de Estados Unidos y sus aliados kurdos en las FDS están obteniendo importantes victorias en la provincia de Raqqa, en el centro de Siria. Su avance va precedido del apoyo aéreo de la aviación estadounidense, pero han capturado el aeropuerto militar de Tabqa, de donde las milicias del Califato Islámico se han retirado; también han tomado el pantano del Éufrates y las localidades cercanas a Raqqa.

    Mientras tanto, las del ejército de Siria parecen estancadas. Es verdad que el avance de Estados Unidos y los kurdos no tiene ningún contenido estratégico y que sólo adquirirán ese carácter cuando tomen el control de la capital del Califato Islámico, lo que les reportará un enorme publicidad en todo el mundo por su “guerra contra el terrorismo” que se ellos s encargarán de amplificar.

    Pero no va a ser tan sencillo. Aunque no cabe descartar que el Pentágono logre convencer al Califato Islámico de que abandone Raqqa por las buenas, en última instancia dicha localidad es el último bastión que les queda a los yihadistas, tras la caída de Mosul.

    Si los yihadistas oponen resistencia a su desalojo, Washington no podrá capturar la capital sólo con las fuerzas kurdas actuales. Tendrá que recurrir a fuerzas terrestres propias bastante mayores de las que hoy tiene desplegadas.

    Lo mismo que Hassaka, Raqqa tampoco es una ciudad kurda y tras su captura lo que no va a ocurrir es lo único que debería: que la ciudad sea entregada al gobierno de Damasco.

    Los indicios que hay son muy feos. El PKK-PYD aún no ha explicado, ni siquiera a sus propias fuerzas, los motivos de su empeño en capturarla y el costo en vidas humanas que eso les va a suponer. Es posible que lo mismo que en otras localidades de Irak, el PKK-PYD trate de anexionarse Raqqa para incorporarla al santuario libertario de Rojava, expulsar a la población árabe, derribar sus viviendas y realojar a los kurdos en ellas.

    Si los ataques de la aviación estadounidense contra Raqqa son similares a los de Mosul, van a provocar una carnicería entre la población árabe. Es muy posible que sea eso lo que persigan: forzar a los árabes a desalojar sus viviendas con bombardeos masivos, para imponer una limpieza étnica.

    El resto de Siria debería acoger a una numerosa población árabe de refugiados desplazada de sus hogares, derrotada por los kurdos y resentida contra ellos, el escenario ideal para redibujar fronteras, crear nuevos “Estados fallidos” que necesiten llamar al Pentágono en su auxilio cada dos o tres años.

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    Una noche de agosto del año pasado un joven campesino de 17 años, Ardit Gjoklaj, murió aplastado por un tractor en el basurero de Sharra, cerca de Tirana, la capital albanesa, cuando rebuscaba entre los residuos y la porquería para tener algo que comer al día siguiente. La policía se llevó el cadáver de allá y prohibió el acceso de los periodistas al lugar.

    La periodista Alida Tota realizó un reportaje sobre la muerte de Ardit para la cadena de televisión privada ANews y la despidieron. Al periodista Artan Rama también le despidieron de la cadena Vision Plus por el mismo motivo: hay que encubrir que Albania ha pasado de ser un país socialista a convertirse en el basurero de Europa.

    El gobierno albanés ha convertido Sharra en una gigantesca montaña en la que una multitud hambrienta busca día y noche cobre, chatarra y botellas de plástico para vender a las plantas de reciclado; cada día tienen que llenar un saco de residuos, tóxicos muchos de ellos, que les permita ganar apenas 6 ó 7 euros.

    En el capitalismo la basura es una mercancía singular, la única por cuya importación no se paga sino que se cobra. Desde 2003 se ha legalizado en Albania la importación de basura y desde entonces la polémica ha adquirido un carácter nacional. Nadie quiere que su país sea considerado como un basurero asqueroso.

    Albania podría ser, como España, un destino turístico barato, de playas, hoteles, parques temáticos y grandes centros comerciales. Pero es un asco andar por las calles de cualquier ciudad, o cruzar los caminos en coche, o contemplar el curso de los ríos; no se ve más que mierda por todas partes.

    Cuando en 2013 los socialistas prometieron acabar con el tráfico de basura, ganaron las elecciones y derogaron la ley de importación de residuos. Pero luego pasó lo de siempre: se olvidaron del programa electoral y de las promesas. La basura es, junto al crimen organizado, el tráfico de drogas y la prostitución, uno de los grandes pilares económicos del capitalismo albanés.

    Albania tiene a Italia en la otra orilla y allá la mafia es quien dirige el negocio de la basura como materia prima de la nueva “revolución verde” y de las industrias ecológicas y limpias. Nunca ha habido nada más ecologista que la mafia, que tiene en Albania 60 empresas de reciclado, que ahora sólo puede funcionar a una tercera parte de su capacidad productiva por culpa de los prejuicios de los albaneses contra la basura.

    Tras la muerte de Ardit en agosto, el basurero de Sharra se ha cerrado y el alcalde Tirana lo lamenta —incluso en público― porque era una fuente de empleo para miles de personas. Ahora el paro ha aumentado y en plena crisis capitalista el paro es algo que justifica cualquier cosa, incluso la proliferación de porquería por todas partes.

    Hoy llaman empleo a cualquier cosa, incluso a trabajar en medio de la basura, a la corrupción, a los accidentes laborales, al trabajo negro, al trabajo insalubre, al trabajo infantil... Es la otra cara de los contratos y las adjudicaciones públicas, del dinero negro, de los sobornos, la malversación... En otras palabras: capitalismo en estado puro.


    Sharra: una imagen de la nueva Albania capitalista

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    Sole en la cárcel de Alcalá de Henares
    Quizá doblada entre los archivos de la Guardia Civil, quizá raída en alguna sierra conquense, descansa una bandera republicana con un mensaje bordado: “¡Salud a los valientes guerrilleros de Levante y Aragón! ¡Viva la República!”. Pronto las manos que la bordaron pasarían de zurcir una aguja y lavar las ropas de los guerrilleros a empuñar un nueve corto en esas mismas sierras junto a ellos. Eran ‘Sole’ y ‘Celia’, alias de Esperanza Martínez y Remedios Montero, que, tras más de dos años ayudando a la guerrilla en la retaguardia, se echaron al monte, siendo así, junto a las hermanas de Esperanza, las únicas mujeres de la Agrupación Guerrillera Levante y Aragón.

    La guerrilla, lucha desarrollada casi exclusivamente en el medio rural y foco de la represión franquista, estaba compuesta casi al completo por hombres si nos centramos en los grupos armados ocultos en las montañas. Era la prolongación de un ejército republicano que se resistía a abandonar la lucha. Mas en las filas de la retaguardia, las mujeres formaron un pilar fundamental para la supervivencia de este movimiento, mujeres que, en su mayor parte, se limitaban a ejercer el papel que les había sido asignado tradicionalmente por la sociedad patriarcal: alimentar, vestir, curar y cuidar de los suyos.

    Pero, como afirma la Catedrática de Historia Contemporánea de España Mercedes Yusta, del apoyo material se pasa fácilmente al apoyo logístico. “Ya no se trataba sólo de proporcionar sustento y vestido, sino también de ocultar propaganda, informar de los movimientos de la Guardia Civil, transmitir mensajes. De este modo, mujeres del medio rural que jamás habían pertenecido a una organización política se encontraron ejerciendo una tarea de resistencia política, siendo resistentes antifranquistas”.

    Esperanza Martínez (1927) comenzó a apoyar a la guerrilla a los 19 años, cuando ella y sus hermanas descubrieron a un guerrillero con los pies hinchados de las caminatas por el monte alojado temporalmente en el pajar de su casa de Atalaya de Villar del Saz de Arcas, aldea conquense en la que vivían en tierras arrendadas a un terrateniente. Su madre había muerto de parto años antes de cumplir los 40 y su padre, que ya en la Guerra Civil siempre quiso ir de voluntario al ejército republicano, ayudaba desde casa a la guerrilla sin implicar a sus cinco hijas para no ponerlas en peligro. “Fue entonces cuando le dijimos a mi padre que estábamos dispuestas a colaborar y a formar parte de este movimiento de lucha en lo que fuera posible”, recuerda Esperanza.

    El guerrillero del pajar resultó ser el hermano de Reme, la que luego fuera compañera de Esperanza en el apoyo a la guerrilla. Juntas pasaron casi tres años recorriendo en burra los 15 kilómetros que separaban su aldea de la capital para traer de vuelta los víveres que necesitaban los guerrilleros, ya que no podían comprarlos en los pueblos cercanos para no ser reconocidas. Mientras, las hermanas de Esperanza vigilaban las entradas y salidas de la aldea para no ser interceptadas por la Guardia Civil. Si lo eran, cantaban o inventaban algún juego ingenuo para disimular y siempre salían airosas. “Además, los guerrilleros venían a casa y les lavábamos y arreglábamos las cosas que necesitaban, les hacíamos jerséis, calcetines, etc.”, relata Esperanza. Su casa era lo que se conocía como “punto de apoyo”. “La guerrilla no habría sobrevivido sin las mujeres de los puntos de apoyo”, afirma.

    Ellas, junto a otras muchas mujeres republicanas, fueron las protagonistas de la denominada “guerrilla de llano”, la que no estaba en el monte. “Las mujeres fueron el alma de la retaguardia, de los puntos de apoyo, de las labores de enlace y colaboración [...] Se jugaron la vida en el abastecimiento, en la vigilancia, en la ocultación de los guerrilleros, en el socorro a los mismos, en su protección y en sus múltiples labores de información”, explica Francisco Moreno Gómez, doctor, catedrático de Instituto e historiador, en el prólogo del libro que recoge las memorias de Esperanza: “Guerrilleras. La ilusión de una esperanza” (Latorre Literaria, 2010).

    Así pasaron unos años hasta que la vigilancia del régimen comenzó a ser cada vez mayor. “Los guardias civiles venían a casa disfrazados de gente que se había escapado de la cárcel para ver si les acogíamos para ponerles en contacto con la guerrilla. Pero estábamos muy aleccionadas y siempre fuimos muy discretas; sabíamos lo que nos jugábamos”, dice Esperanza, que jamás confundió a ninguno de ellos. Cuenta que su perro sólo ladraba a los traidores, nunca a los guerrilleros.

    Refugiarse en las montañas

    En 1949 la guerrilla se empezó a descomponer, los asaltos a los diferentes campamentos eran continuados y las muertes y detenciones aumentaban tanto en el monte como en los puntos de apoyo. Las contrapartidas también azotaban duramente al movimiento guerrillero. Algunos de esos detenidos fueron unos amigos del padre de Esperanza, residentes en un pueblo cercano. “Cuando nos llegó esta noticia también supimos que en los centros policiales figuraban nuestros nombres”, recuerda. “Fue entonces cuando consultamos con los guerrilleros nuestra adhesión, dispuestos a echarnos al monte. Aunque era el final de la guerrilla preferimos escapar antes de que nos cogieran”. Y así fue, ocho personas de dos familias se unieron a la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón —AGLA—: Esperanza, su padre Nicolás, su cuñado, dos de sus hermanas, su amiga Reme y dos hombres de la familia de esta.

    Así, Esperanza, sus hermanas Angelina y Amadora y Reme dieron un paso más allá de los roles tradicionalmente asignados a las mujeres de los puntos de apoyo de la guerrilla y, aunque nunca llegaron a disparar sus armas contra la Guardia Civil, se integraron en el grupo clandestino de la sierra conquense. “En 1950, unos meses después de nuestra incorporación a guerrillas, mi hermana Angelina y Reme fueron sacadas del monte hacia sitios seguros”. A su hermana la colocaron en el punto de apoyo de Cofrentes con Adelina Delgado —conocida como ‘La Madre’, respetada figura en la guerrilla—, donde hacía labores del hogar y de tráfico de información. A Reme la destinaron al pueblo valenciano de Villaronga para organizar un grupo de trabajo guerrillero, aunque en alguna ocasión tuvo que volver al monte por las amenazas represivas. “De las cuatro mujeres, Amadora y yo estuvimos en el monte el mayor tiempo, prácticamente  hasta la evacuación total de la lucha guerrillera, casi dos años”, recuerda Esperanza. El padre de Esperanza —cuyo enclave donde fue enterrado tardaron 50 años en hallar—, su cuñado y los familiares de Reme habían muerto en varios asaltos poco tiempo después de unirse a la guerrilla.

    “Me siento orgullosa de los camaradas que nos rodearon en la guerrilla”, afirma Esperanza al hablar de su vivencia como mujer en este movimiento. “Allí la vida es dura, sobre todo para las mujeres, pero la convivencia con los compañeros fue de respeto total. Cada persona atendía sus necesidades, lavar la ropa, coser, etc. Tampoco hicimos nunca de cocineras, se ocupaba un compañero. Aunque los turnos de vigilancia y los suministros los hacían los hombres”, comenta. “Allí conocí muchas cosas que no conocía antes de salir de casa: leí mucho, gané mucha cultura y conocimiento. Hasta hacía mis propios guiones para intervenir en las reuniones y llegué a dar charlas a otros compañeros tras documentarme leyendo”, recuerda sonriendo. También allí, en 1950, se afilió al PCE.

    En la guerrilla comenzó la formación intelectual para una Esperanza proveniente de familia obrera y campesina que poco había conocido los libros. De pequeña iba a una escuela a 5 kilómetros de su casa para aprender a leer y escribir, primero con un maestro que les instruía a golpes de vara en las palmas de las manos y después con otro mejor al que al terminar la guerra hicieron preso de conciencia. Fue años después, en el monte entre los guerrilleros, donde se inició en esa formación cultural y política. Algunos compañeros aprendieron allí a leer y a escribir. Entre los temas abordados, “se comentaba la importancia de la lucha de las mujeres, su valor y su gran colaboración a lo largo del tiempo y de la Historia”, explica. Allí conoció la vida y obra de mujeres como Victoria Kent, Clara Campoamor, Dolores Ibárruri, Federica Montseny, Manuela Sánchez, Lina Odena, Matilde Landa o las ’13 rosas’, entre otras. Había lecturas, reuniones, escuchaban ‘La Pirenaica’, debatían...  “Si no había peligro, se aprovechaba el tiempo”, dice ‘Sole’.

    Y esa formación no cesó ni en la cárcel, donde realizó un curso de cultura general y comenzó otro de francés. “Entre puntada y puntada en las horas de trabajo frente a la máquina de coser, miraba el vocabulario”, cuenta.

    Esperanza se topó con la prisión el 25 de marzo de 1952, en el mismo año que su hermana Angelina y su amiga Reme. Angelina fue detenida junto a ‘La Madre’ en el punto de apoyo en el que se encontraban. Reme y Esperanza cayeron en las garras del franquismo casi a la par; la mala suerte hizo que se toparan la primera con varios gendarmes y la segunda con un traidor integrado en el partido cuando ambas se dedicaban a pasar guerrilleros de España a Francia por los Pirineos al disolverse la guerrilla. Esperanza había cruzado por primera vez las montañas pirenaicas el verano de 1951, pero esta segunda vez no pudo culminar su misión de guía, empezando así en el 52 sus 15 largos años de cárcel.

    “Propusieron nuestra ayuda para la evacuación de los guerrilleros que quedaban en el interior del país [...] Con documentación falsa y todo bien estudiado, emprendí aquel camino hacia España clandestinamente en febrero de 1952. Tenía que ir a Pamplona donde encontraría a los compañeros del monte. Todo salió estupendamente, sin ningún problema”, relata Esperanza. Pero a Reme no le fue tan bien en su partida y desde el partido propusieron a ‘Sole’ para ir a Salamanca a avisar a su amiga de que cambiara de ruta para no toparse de nuevo con los gendarmes con los que había tenido problemas en la frontera. “Para este viaje se me facilitó un guía, que desde el principio me hizo sospechar por su conducta. Me habían dicho que era un camarada del partido, pero nunca me gustó su comportamiento”, afirma Esperanza aún con recelo.

    Pero la guerrillera no tenía las suficientes pruebas para delatarle y, aunque ella quería volver a toda costa, una constante duda aparecía en su mente: “¿Y qué le digo yo al partido?”. El mismo dilema que aparecía en sus pensamientos cuando el guía fue a esconder un macuto junto al Bidasoa y dejó su metralleta a Esperanza, que barajó utilizarla para acabar con todo aquello. “Pero claro, cómo iba a justificar aquello al partido, al que el guía también pertenecía...  Y también tenía que seguir en busca de Reme”.

    Ahora ninguna muerte pesa sobre su conciencia. Quizá si hubiera accionado el arma, nunca hubiera conocido las paredes frías y desconchadas de una celda. O quizá sí. Sea como fuere, siguió su expedición con el sospechoso cogiendo ambos un tren hacia Salamanca que para ellos nunca llegó a su destino, ya que fueron detenidos a la altura de Miranda de Ebro. “Mientras iban al vagón en el que estaba él, aproveché para esconder en la rendija de la ventanilla del tren el dinero del partido que llevaba encima”, cuenta Esperanza, que por nada del mundo quería que aquello contribuyera a enriquecer aún más al régimen, aunque fuera mínimamente.

    El largo tránsito carcelario

    Y allí empezó su vida entre prisiones, cuya primera parada sería el departamento preventivo de mujeres de la cárcel de hombres de Burgos. Aquí, una funcionaria confirmó sus sospechas al reprocharle que no había entregado todo el dinero que llevaba en el viaje, una cifra que sólo ella y el guía conocían. “Sabía que no era un hombre bueno”, recalca Esperanza.

    Tras una semana allí y los pertinentes interrogatorios en comisaría, fue trasladada a los sótanos de Gobernación de Madrid, donde calcula que estuvo un mes. Allí también fue llevada Reme. “Pasé ahí el uno de abril, día de la victoria del franquismo, mareada y ensordecida por la radio con cánticos de victoria”, recuerda. “Allí lo pasé muy mal, me maltrataron, hubiera querido morir. No quería seguir en esas circunstancias, si hubiera tenido la posibilidad habría querido morir pero no la tuve”. Uno de sus compañeros guerrilleros también detenido con ellas ‘Vías’ fue asesinado en aquellos sótanos a golpes de tortura.

    “Desde Madrid nos llevaron a Valencia, donde se repitió el mismo trato”. Allí estuvieron incomunicadas en una celda hasta que las sacaron para llevarlas a la Prisión Provincial, donde el juez instructor les repetía constantemente que iban a ser fusiladas. “Una noche vinieron a buscarnos a la celda. Ya teníamos las palabras previas, el mensaje que diríamos en el paredón. Nos montaron en el furgón y nos dijeron: ‘Ya sabéis a donde vamos, ¿no?’. Íbamos al piquete”, narra Esperanza. Pero cuando bajaron no había fusiles preparados sino sus expedientes listos para ser cerrados en el cuartel de la Guardia Civil. Tras este trámite, las llevaron de vuelta a la celda, de nuevo incomunicadas. “Y un buen día nos abrieron la celda y nos dijeron que salíamos en libertad”, dice aún con la sorpresa del momento.

    Pero las cosas no eran tan sencillas. “La libertad era una trampa, una libertad vigilada, como habían hecho con mi hermana Amadora. Pretendían incluso facilitarnos trabajo, cosa que rechazamos tajantemente, entonces eso era frecuente. Sabíamos lo que pretendían: ver si teníamos algún contacto o conexión con el partido, o si alguien de la organización nos visitaba”. Así, tras cuatro o cinco meses sin conseguir estos objetivos, volvieron a detenerlas y encarcelarlas a ambas y también a Amadora. “El régimen penitenciario era más represivo de lo que se percibía en la calle, nos hacían la vida imposible, tanto el director como algunas funcionarias. Les molestaba sobre todo nuestro ateísmo”, cuenta Esperanza sobre su estancia en la prisión de Valencia. Un día, en 1953 quisieron obligarles a besar el pie de una figura del niño Jesús. La funcionaria forzó la cabeza de Reme hasta la talla y la presa le dio un bocado en vez de un beso. La escritora Dulce Chacón alude a este suceso en su libro La voz dormida.

    “Para la dictadura se trataba del espécimen más peligroso de oponente política: la mujer que no sólo va en contra de la ideología impuesta, sino que transgrede las mismísimas fronteras marcadas para su sexo”, apunta Mercedes Yusta. “El franquismo no puede concebir el compromiso político femenino, en especial si es un compromiso contrario a la ideología oficial, porque supone la transgresión total del modelo de feminidad construido desde el nacional-catolicismo: la mujer sumisa, reina del hogar, obediente en todo a las normas del patriarcado”, añade la historiadora.

    Tras dos años en Valencia, llamaron a Esperanza de Burgos para hacerle un consejo de guerra allí, lugar con el que nada tenía que ver ella ni su actividad militante. “Espionaje y comunismo”, esa fue la acusación. Piden 10 años de cárcel para ella y finalmente se los dejan en 6, que junto a los 8 en los que se había quedado la de Valencia –que originalmente era de 20 años y un día— tras redimir pena, sumarían los 15 años que la guerrillera pasó privada de libertad. En junio de 1954 había sido trasladada a la prisión provincial de Ventas de Madrid y un año después a la de Burgos, en la que era la única presa política. Allí, el 10 de marzo de 1956 se celebra el citado consejo de guerra y al mes siguiente vuelve a mudarse de nuevo a Valencia. “En el camino te van dejando en espera en otras prisiones haciéndose el viaje eterno.  Siempre  en tren, esposada y con hambre”.

    Aún habría una parada más ese mismo año: el penal de mujeres de Alcalá de Henares, al que llega en noviembre de 1956, esta vez con Reme y Amadora. Allí redimían pena en los talleres de trabajo, “la industria mejor montada por la dictadura y más rentable a costa de la explotación esclavista de aquel tiempo”, en palabras de Isaías Lafuente en su libro Los esclavos de Franco. “Yo he cosido de todo: sábanas, trajes para los grises, capotes para la Guardia Civil, pijamas para presos... Si tenía que hacer 4 hacía 3, siempre intentaba sabotearlo sin llamar la atención, me esforzaba lo menos posible, aunque cobrara menos”.

    “Los últimos meses todavía intentaron amargarme con la retención de mi libertad condicional. Excusa: la falta de arrepentimiento político”. Finalmente, Esperanza salió en libertad condicional el 25 de febrero de 1967. “Me encontré en un mundo nuevo que no conocía, con una sociedad diferente a la que había dejado cuando me encarcelaron. No tenía seguridad en mis movimientos, flotaba. Me aterraba el teléfono, el cruce de semáforos, comprar, etc. Había perdido la noción del dinero porque en la prisión utilizábamos unos cartones con valores diferentes”, relata en sus vivencias escritas.

    Una vida en lucha antifascista

    Tras salir en libertad pasó unos años en Manresa con su hermana Amancia y su familia, visitando también Barcelona, donde tuvo contacto con el Movimiento Democrático de Mujeres, cuyo grupo zaragozano había sido un gran apoyo para ella estando en el penal de Alcalá a través de su correspondencia. Así pues, cuando tuvo oportunidad viajó a Zaragoza a conocer a sus integrantes y a la vez conoció a Manuel Gil, el que después se convertiría en su marido, luchador contra la dictadura y conocedor también de la falta de libertad en una celda.

    Esperanza se mudó definitivamente a Zaragoza —de la que ahora es hija adoptiva desde 2016— en 1968, poco después de que encarcelaran a Manolo por tercera vez, y en la capital aragonesa terminó la condicional. Una vez instalada, y pese a la oposición del clero, comenzaron a preparar su boda, el primer matrimonio civil en Zaragoza desde el fin de la guerra, celebrado el 7 de junio de 1969. Se casaron en la cárcel de Torrero, donde Manolo seguía preso. “Le dimos mucho la lata a la curia y al final se nos concedió”, ríe Esperanza. “Fueron cinco minutos. Los funcionarios de la cárcel nos dijeron que habían arreglado coquetamente una celda para nosotros, pero nos negamos. Mi marido lo celebró con sus amigos presos y yo me fui a comer con el Movimiento Democrático de Mujeres. Tuvieron que invitarme entre todas, yo no tenía un duro. La desilusión de los empleados del restaurante, que esperaban a una novia, fue grande: yo llevaba un traje sencillo de chaqueta, el único que pude comprarme”.

    En 1970 tuvo a su hijo Wladimiro, con Manolo aún en la cárcel —no saldría hasta 1973—, que, siguiendo el camino de sus padres, se declara primero objetor de conciencia y después insumiso, acabando también en prisión. “Hoy, el servicio militar no es obligatorio. Cuestión de lucha, está claro”, afirma con orgullo su madre, que formó junto a otras madres y familiares una asociación de apoyo a los insumisos con la que gritaban “libertad” al otro lado de los muros de la cárcel. Hasta una vez colgaron una pancarta de una torre de la Basílica del Pilar en la que se leía “Libertad, Justicia, Insumisión”.

    Y precisamente “cuestión de lucha” ha sido la vida entera de Esperanza, una lucha que no se queda en la Agrupación Guerrillera Levante y Aragón sino que se extiende en el tiempo con el Partido Comunista —al que hoy sigue perteneciendo—, el Movimiento Democrático de Mujeres —ya disuelto—, la Asociación de Familiares de Insumisos y el Archivo de Guerra y Exilio, en el que hoy supervivientes y afines se esfuerzan por dar reconocimiento a lo que la ley española de Memoria Histórica aún no le da. “Los supervivientes seguimos siendo la voz de los ausentes, manteniendo la demanda de un reconocimiento justo como corresponde a un Estado de derecho que esta democracia no se atreve a otorgar”, afirma en sus memorias.

    “Recuperar la memoria histórica sigue siendo un acto de justicia. Los guerrilleros, tratados como bandoleros y terroristas, exigen reconocimiento jurídico. Fue un ejército armado contra la dictadura por la defensa de la República y la libertad, pero fue una lucha desigual e injusta. Éramos los herederos de un gobierno legal, derrotado pero no vencido”, defiende.

    “La represión y la cárcel nos golpeó, pero he salido con ganas de seguir luchando. Como se suele decir: que me rompan, pero no me doblen. Y no me han doblado”, concluye Esperanza, que ni ahora, a sus 90 años y pese a apoyarse en su bastón, se dobla.

    http://www.zgrados.com/esperanza-martinez-sole-guerrillera-antifranquista/

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  • 04/26/17--07:08: Toma el dinero y cinga
  • Bianchi

    O "Take the money and run" de las primeras cintas de Woody Allen ("Toma el dinero y corre"). El primer objetivo de la llamada "Transición" fue lampedusiano: cambiar algo para que todo siga, más o menos, igual. Para ello había que limpiar la fachada al viejo y decrépito fascismo de partido único ampliando para ello su base social legalizando partidos políticos burgueses de viejo cuño o advenedizos que, previamente, debían pasar por lo que se conoció como "ventanilla", una especie de horca caudina fascista que venía a suplir el juramento a los principios del Movimiento Nacional falangista bajo otro ropaje. Pasaron todos por esa humillación menos justamente los partidos de la órbita franquista que de  fascistas pasaron, por arte de birlibirloque, a "demócratas" sin necesidad de demostrar ningún label o pedigrí: milagros de la modélica Transición española.

    El Partido Comunista de España (PCE) renunció a sus principios democráticos e ideológicos (ya lo había hecho mucho antes con Carrillo) y asumió la bandera monárquica renunciando a un referéndum sobre la forma de Estado a cambio de ser legalizado. El PSOE renunció al marxismo (nunca lo fue ni siquiera con un Pablo Iglesias, el fundador, más seguidor de Lasalle que de Marx). En realidad, nadie era lo que decía ser. Todo era una impostura.

    Los partidos nacionalistas, catalán y vasco, lo mismo; es más, apenas dieron señales de vida durante el franquismo (lo mismo que un PsoE dopado y "reconstruido" a toda máquina por la Fundación Ebert alemana auspiciado por la CIA y todo supervisado por los poderes fácticos franquistas españoles). Pero, ahora lo vemos, no se dio un cheque en blanco y sin contrapartidas al Régimen franquista. A cambio de tragar, al menos en las formas ya que el contenido capitalista no se discutía para nada, algunos sapos de índole política (la bandera, la monarquía, etc.) se puso una condición no escrita:licencia para robar (aparte de para matar que siempre han tenido y le llaman, los más cínicos, el "monopolio de la violencia" por parte del Estado del que omiten su carácter de clase), a lo que no se opusieron los franquistas.

    La cosa era algo así, dicho burdamente, como vosotros, los falangista-opusdeístas-tecnócratas-franquistas ya habéis robado bastante, y ahora nos toca a nosotros, los"demócratas". En otras palabras: que nos bajemos los pantalones no os va a salir gratis (como pasa ahora, por ejemplo, en el escenario vasco), así que reclamamos nuestro "derecho" (?) a nuestras mamandurrias, mordidas y chanchullos. Hay para todos, dijeron los fachas. A los viejos ladrones se unieron los nuevos. A los Villar Mir y los Pujol los Ignacio González, Bárcenas, Granados, Camps, Gurtels, Púnicas, Lezos, etc., etc., etc.

    Es tanto lo robado y de tan sistemática y escandalosa manera que el propio Régimen del 39 (o "del 78", concederé para que no se diga) ha tenido que hacerse un "lifting" y calafateado de bajos encerrando a unos cuantos alibabás para salvar el culo y hacer ver que "el Estado de Derecho funciona". Y que "el que la hace, la paga", la última parida de Mariano desde Montevideo tomándose un mate con el felón Pepe Mújica, por cierto. Podría establecerse una ley que ofrezco gratis a nuestros cientos de miles de seguidores, a saber: "La ley del choriceo", que consiste en que la cantidad chorimangada es inversamente proporcional al cumplimiento del Estado de Derecho o, dicho de otra manera, cuánto más trinques más se demuestra la fortaleza de la "democracia". Pues, ¿no acaban de registrar el domicilio de un intocable como Jordi Pujol Soley además de encarcelar a su primogénito Jordi Pujol Ferrussola? ¿Qué más pruebas queréis, descreídos, escépticos, conspiranoicos, santomases (por el apóstol que tocó la llaga del Ungido para creer que había resucitado de entre los muertos)?

    En China -me susurran por aquí- los fusilan no sin antes hacer que devuelvan lo robado. Aquí, afortunadamente, somos más "civilizados".

    Salve, César, buona sera.

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    El 6 de mayo se cumplirán 50 años del levantamiento obrero de Hong Kong que costó la vida a 51 insurrectos así como otros 800 heridos. A lo largo de las luchas los obreros explotaron unas 8.000 bombas.

    En 1967 Hong Kong era una colonia británica, sacudida por los ecos de la Revolución Cultural. La mayor parte de la fuerza de trabajo estaba en el paro y las condiciones de vida en los barrios eran espantosas. No tenían agua corriente ni inodoros. Los grandes capitalistas despedían a los trabajadores en masa sin ninguna clase de explicaciones.

    Durante las huelgas de 1956 la policía ya había asesinado a tiros a 44 trabajadores en la calle.

    Los levantamientos obreros empezaron el año anterior por el aumento del precio del transoporte público. En diciembre también hubo importantes huelgas en Macao, que luego continuaron en la colonia británica con los trabajadores de una fábrica de flores artificiales. Lo mismo que en el mayo francés del siguiente año, los estudiantes también tuvieron un protagonismo muy importante en las luchas.

    El imperialismo siempre mantuvo en secreto esta lucha porque estuvo dirigida por el Partido Comunista de China y una de las reivindicaciones fue la reincorporación de la colonia a la República Popular. En Pekín varios diplomáticos británicos fueron agredidos y se produjeron graves incidentes en la frontera.

    La represión fue salvaje. La colonia estaba dirigida por una reducida minoría británica, frente a la inmensa mayoría de chinos y otras nacionalidades, la mayor parte de los cuales eran considerados como “emigrantes indocumentados”, por lo que las huelgas se saldaban con despidos seguidos de deportaciones arbitrarias.

    El gobierno colonial decretó la ley marcial. En la calle no se podían reunir más de tres personas. Lo mismo que en la España actual, los trabajadores podían ser internados durante seis meses en una cárcel sin ninguna clase de juicio.

    Después de semanas de duras luchas callejeras, en octubre el gobierno británico se comprometió a reducir la jornada de trabajo, que era de ocho horas para los menores de edad y de 10 para los mayores. Poco a poco los coloniales se vieron obligados a ceder y el panorama de Hong Kong cambió definitivamente, no sólo en sus condiciones laborales, sino en los equipamientos urbanos, la sanidad y la educación.


    Un grupo de manifestantes levanta ‘El libro rojo’ delante de la policía colonial en Hong Kong durante los levantamientos obreros de 1967

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