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    En el otoño de 2013 Gran Bretaña reorientó su campaña de apoyo a los terroristas sirios. Según el periódico The Guardian, el gobierno británico proporcionó 2,4 millones de libras esterlinas (unos 2,75 millones de euros) a empresas privadas de mercenarios para prestar apoyo estratégico a los medios de comunicación de los grupos que combatían en Siria.

    Jaysh Al-Islam (Ejército del Islam), una coalición formada por unas 50 facciones yihadistas financiada por Arabia Saudí, fue uno de los grupos clasificados por Gran Bretaña como parte de la “oposición armada moderada”.

    A finales de 2013 el espionaje británico y estadounidense se reunió en secreto en Ankara con los dirigentes de algunos grupos yihadistas para forjar una nueva alianza entre ellos. El diario Telegraph señaló que durante las discusiones, los terroristas exigieron la creación de un Estado confesional gobernado por la shariá, mientras las fuerzas laicas iban perdiendo terreno.

    Aunque no sabemos con qué grupos yihadistas se reunieron los espías británicos, parece que en aquel período surgió una nueva coalición, el Frente Islámico, que incluía a Jaysh Al-Islam y Ahrar Al-Sham, que cooperaron regularmente con el Frente Al-Nosra y el Califato Islámico hasta enero de 2014. El cofundador de Ahrar Al-Sham, Abu Jaled Al-Suri, fue representante de Al-Qaeda en Siria antes de ser asesinado en febrero de 2014; una serie de transferencias de dinero y contactos personales le relacionan con los atentados de Atocha de 2004.

    Durante los primeros años de la guerra las operaciones secretas británicas y estadounidenses estaban centradas en derrocar a Assad. Estados Unidos comenzó sus ataques aéreos contra el Califato Islámico en Siria en septiembre de 2014. No he encontrado ninguna prueba del entrenamiento británico de la oposición siria para combatir al Califato Islámico hasta mayo de 2015, cuando Londres envió 85 soldados a Turquía y Jordania para entrenar a los terroristas en la lucha contra Assad.

    En julio de 2015 Gran Bretaña estaba entrenando sirios en Arabia Saudí, Turquía, Jordania y Qatar para luchar contra el Califato Islámico, pero la guerra contra Assad continuaba.

    Durante varios años las operaciones desplegadas por los británicos con sus aliados en Siria incluyeron la creación y el apoyo a grupos yihadistas. En 2016 el antiguo embajador británico en Siria, Peter Ford, dijo a una comisión parlamentaria de investigación que la existencia de grupos “moderados” en la oposición armada era “en gran medida imaginaria”.

    Aunque el “Ejército Libre de Siria” tenía algunas unidades laicas, fue un aliado de hecho del Califato Islámico hasta finales de 2013 y colaboró con dicha organización en el campo de batalla hasta 2014, a pesar de las tensiones entre ambos grupos. “Tenemos buenas relaciones con nuestros hermanos en el Ejército Libre de Siria”, dijo Abu Al-Atheer, dirigente del Califato Islámico en 2013 tras comprarles sus armas.

    (Extractos del libro “Secret Affairs: Britain’s Collusion with Radical Islam” publicado este año por Mark Curtis)



    Abu Jaled Al-Suri, representante de Al-Qaeda en Siria yfundador de Ahrar Al-Sham, relacionado con los atentados de Atocha de 2004

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    Los terroristas que apoyaba Reino Unido tenían una relación muy estrecha con el Frente Al-Nosra. En 2013 Paul Wood, de la BBC, informó que “el Ejército Libre de Siria [estaba] tan cerca del Frente Al-Nosra que casi se había fusionado”. El “Ejército Libre de Siria” colaboró regularmente con el Frente Al-Nosra durante toda la guerra.

    En 2015 se desestimó una demanda presentada ante el Tribunal Penal Old Bailey contra Bherlin Gildo, un ciudadano sueco acusado de asistir a un campo de entrenamiento terrorista para luchar en Siria, cuando se descubrió que los servicios de inteligencia británicos apoyaban a los mismos grupos de oposición que él. Los medios de comunicación británicos informaron de que Gildo estaba luchando en las filas del Frente Al-Nosra o en un grupo yihadista afiliado, Kataib Al-Mujahidin.

    Sin embargo, no se sabía si realmente Gran Bretaña apoyaba a este grupo en particular. Probablemente la desestimación de la demanda estuvo relacionada más bien con el hecho de que Gran Bretaña apoyó al “Ejército Libre de Siria” y que estas fuerzas eran en gran medida indistinguibles de los grupos yihadistas a los que se unieron individuos como Gildo.

    Aunque es poco probable que Gran Bretaña haya armado directamente o formado grupos yihadistas en Siria, su guerra secreta ha aumentado la certeza de que estos grupos se beneficiaron de sus políticas. “Occidente no está entregando armas a Al-Qaeda, y mucho menos al Califato Islámico, pero el sistema que ha construido está conduciendo precisamente a ese resultado”, señaló Alastair Crooke, director del MI6. Las armas proporcionadas al “Ejército Libre de Siria” fueron un supermercado que abastecía a los grupos más extremistas para imponer la yihad.

    El esfuerzo por controlar a esos grupos antes de enviar ayuda occidental sonó como un reconocimiento del papel dominante que dentro de la oposición desempeñaban los grupos yihadistas. En gran medida esa política careció de sentido. La operación secreta británica formaba parte de un programa masivo en el que Arabia saudí gastó “varios miles de millones de dólares” y Qatar 3.000 millones de dólares para financiar principalmente a grupos yihadistas.

    El año pasado el gobierno británico reveló que desde 2015 había gastado 199 millones de libras esterlinas (unos 229 millones de euros) para apoyar a la oposición “moderada” frente a Assad y al Califato Islámico.

    El apoyo incluía “equipos de comunicación, médicos y logísticos”, así como la formación de periodistas en el desarrollo de “medios de comunicación sirios independientes”. Sin embargo, los detalles de las últimas operaciones secretas británicas siguen siendo poco claros y se ha proporcionado poca información para revelar el papel desempeñado por Reino Unido.

    En la actualidad, el gobierno sigue dando respuestas engañosas a las preguntas parlamentarias. La semana pasada no respondió a una pregunta del diputado laborista Lloyd Russell-Moyle, que preguntó qué grupos armados había formado Reino Unido desde 2012. En cambio, dio a entender que desde 2016 sólo había formado grupos que luchaban contra el Califato Islámico.

    En respuesta a otra pregunta parlamentaria del mes pasado sobre el número de soldados que actualmente tiene Gran Bretaña en Siria, el gobierno también despertó sospechas al no responder con precisión, dando fe únicamente de la presencia de 600 soldados desplegados por todo Oriente Medio, una vez más con el único propósito de luchar contra el Califato Islámico.

    Paralelamente, el gobierno británico sigue argumentando que “los principales grupos armados de oposición sobre el terreno” en Siria “no son terroristas” y, en cambio, apoyan una solución política negociada de lo que califican como “una crisis”.

    La política británica, al igual que la de los aliados de Gran Bretaña, ha contribuido a que los sirios sigan sufriendo y no se ha visto motivada en modo alguno por su angustia. También ha contribuido a la amenaza terrorista a nivel nacional.

    Cientos de británicos, incluidos los yihadistas que trabajan con los grupos más violentos, han recibido formación en Siria y les han alentado a regresar a Reino Unido para llevar a cabo los ataques. La política activa y beligerante de Gran Bretaña contra Siria es un desastre para la población de ambos países.

    (Extractos del libro “Secret Affairs: Britain’s Collusion with Radical Islam” publicado este año por Mark Curtis)

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    Eviados del gobierno de  Trump se han reunido en secreto con militares venezolanos para dar un Golpe de Estado y derrocar al Presidente Maduro por la fuerza, asegura el New York Times (*).

    Establecer contactos clandestinos con golpistas en Venezuela fue una gran apuesta para Washington, dado su largo historial de intervenciones encubiertas en toda América Latina. Muchas personas de la región aún sienten un gran resentimiento contra Estados Unidos por haber respaldado rebeliones, golpes de Estado y complots en países como Cuba, Nicaragua, Brasil y Chile, así como por haber guardado silencio ante los abusos que los regímenes militares cometieron durante la Guerra Fría.

    En respuesta a las preguntas sobre esas conversaciones secretas, la Casa Blanca señaló mediante un comunicado que era necesario participar en un “diálogo con todos los venezolanos que expresan el deseo de restablecer la democracia” con el fin de “aportar un cambio positivo a un país que ha sufrido mucho bajo el gobierno de Maduro”.

    Sin embargo, un comandante militar de ese país que estuvo involucrado en las conversaciones difícilmente puede ser considerado como un emisario democrático: está en la lista de funcionarios corruptos de Venezuela que han sido sancionados por el gobierno estadounidense.

    Él y otros miembros del aparato de seguridad venezolano han sido acusados por Washington de un gran número de delitos graves, entre ellos torturar a los opositores del régimen, encarcelar a cientos de prisioneros políticos, herir a miles de civiles, traficar drogas y colaborar con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), un grupo guerrillero que Estados Unidos considera como una organización terrorista.

    Al final, los funcionarios estadounidenses decidieron que no ayudarían a los conspiradores, y el plan del golpe de Estado quedó estancado. No obstante, la disposición del gobierno de Trump de reunirse varias veces con oficiales rebeldes que pretenden derrocar a un mandatario de este hemisferio podría resultar políticamente contraproducente.

    Desde hace mucho tiempo, Maduro afirma que los imperialistas de Washington están intentando destituirlo de manera activa, y las reuniones secretas podrían proporcionarle argumentos para cambiar la postura de la región que, en general, se muestra en su contra.

    “Esto caerá como una bomba” en la región, comentó Mari Carmen Aponte, quien fungió como la principal diplomática en asuntos de América Latina durante los últimos meses del gobierno de Barack Obama.

    Además del complot golpista, el gobierno de Maduro ya ha eludido varios ataques, entre ellos una descarga de artillería desde un helicóptero el año pasado y un dron que explotó mientras pronunciaba un discurso en agosto.

    Los militares venezolanos buscaron tener acceso directo al gobierno estadounidense durante la presidencia de Obama, pero fueron rechazados, señalaron los funcionarios.

    Después, en agosto del año pasado, el presidente Trump declaró que Estados Unidos tenía una “opción militar” para Venezuela, una afirmación que atrajo el repudio de los aliados de Estados Unidos en la región, pero que animó a los militares rebeldes venezolanos a comunicarse con Washington una vez más.

    “Ahora era el presidente quien lo decía”, señaló el excomandante venezolano que se encuentra en la lista de sancionados durante una entrevista, quien habló con la condición de conservar su anonimato por temor a represalias por parte del gobierno de Venezuela. “No iba a dudar de la información si provenía de ese mensajero”.

    Durante una serie de reuniones secretas en el extranjero —que comenzaron el otoño pasado y continuaron este año— los militares le dijeron al gobierno estadounidense que representaban a varios cientos de miembros de las fuerzas armadas que no estaban de acuerdo con Maduro. Le pidieron a Estados Unidos que les proporcionara radios cifradas, pues aseguraron que necesitaban comunicarse de manera segura, mientras desarrollaban un plan para instalar un gobierno de transición dirigido por el Ejército con el fin de gestionar el país hasta que pudieran convocar elecciones.

    Los funcionarios estadounidenses decidieron no proporcionar el material de apoyo y los planes se vinieron abajo después de un operativo de represión en el que se detuvo a decenas de conspiradores.

    El recuento de las reuniones clandestinas y los debates políticos que las precedieron se elaboró a partir de entrevistas con once funcionarios y exfuncionarios estadounidenses, además del excomandante venezolano. Este dijo que por lo menos tres grupos distintos dentro de las fuerzas armadas venezolanas habían conspirado contra el gobierno de Maduro.

    Uno estableció contacto con el gobierno estadounidense a través de la embajada de Estados Unidos en una capital europea. Cuando se informó a Washington sobre este acercamiento, los funcionarios de la Casa Blanca se mostraron intrigados pero recelosos. Les preocupaba que la solicitud de reunirse pudiera ser una trampa para grabar clandestinamente a algún agente estadounidense mientras al parecer conspiraba contra el gobierno venezolano, señalaron los funcionarios.

    No obstante, el año pasado, los estadounidenses decidieron que valía la pena correr el riesgo con el fin de tener un panorama más claro de los planes y los oficiales que buscaban destituir a Maduro. “Después de muchas discusiones, acordamos que debíamos escuchar lo que querían decirnos”, comentó un funcionario gubernamental de alto nivel que no tiene autorización para hablar sobre las reuniones secretas.

    Al principio, el gobierno consideró enviar a Juan Cruz, un agente veterano de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) que recientemente renunció a su puesto como principal autoridad normativa de la Casa Blanca en asuntos de América Latina. Sin embargo, los abogados de la Casa Blanca dijeron que sería más prudente enviar a un diplomático de carrera.

    Le pidieron al enviado estadounidense que asistiera a las reuniones “solo para escucharlos”, y no le dieron autorización para negociar ningún asunto importante durante estos encuentros, de acuerdo con un funcionario de alto nivel del gobierno.

    Después de la primera reunión, que tuvo lugar a finales de 2017, el diplomático informó que los venezolanos no parecían tener un plan detallado y se habían presentado con la esperanza de que los estadounidenses llegaran con ideas o directrices de apoyo.

    El excomandante venezolano señaló que los rebeldes jamás pidieron una intervención militar por parte de Estados Unidos. “Jamás acordé ni se propuso un operativo conjunto”, precisó el excomandante.

    Agregó que él y sus colegas consideraron llevar a cabo su plan el verano pasado, cuando el gobierno suspendió los poderes de la Asamblea Nacional, de mayoría opositora, e instaló la Asamblea Nacional Constituyente que es leal a Maduro. No obstante, dijo que abortaron el plan por temor a que sucediera una masacre.

    Después planearon hacerse con el poder en marzo, relató el exmilitar, pero el plan se filtró. Finalmente, los disidentes decidieron que ejecutarían la operación durante las elecciones del 20 de mayo, fecha en que Maduro fue reelecto. Pero una vez más, se corrió el rumor de que los conspiradores se estaban preparando y tuvieron que detener sus planes, aunque no hay pruebas de que el Presidente supiera que los golpistas habían contactado a los estadounidenses.

    Para que cualquiera de los complots funcionara, explicó el excomandante, él y sus colegas creían que era necesario detener a Maduro y a otros personajes principales del gobierno al mismo tiempo. Para lograrlo, los funcionarios golpistas necesitaban un medio para comunicarse en forma segura. Hicieron su petición durante la segunda reunión con el diplomático estadounidense, que sucedió el año pasado.

    A su vez, el enviado comunicó la petición a Washington, donde fue rechazada por los altos funcionarios. “Quedamos frustrados”, comentó el excomandante venezolano. “No hubo seguimiento. Me dejaron esperando”.

    Después el diplomático estadounidense se reunió con los conspiradores por tercera ocasión, a principios de este año, pero no lograron obtener una promesa de ayuda material ni una señal clara de que Washington apoyaba los planes de los rebeldes, según el excomandante venezolano y varios agentes estadounidenses.

    Aun así, los venezolanos consideraron las reuniones como una aprobación tácita de sus planes, argumentó Peter Kornbluh, historiador del Archivo Nacional de Seguridad en la Universidad George Washington.

    “Estados Unidos siempre ha mostrado interés en conocer información de inteligencia sobre posibles cambios de liderazgo en los gobiernos”, dijo Kornbluh. “Pero tan solo el hecho de que un diplomático estadounidense se presentara a una reunión como esa probablemente se percibiría como un espaldarazo”.

    Agentes estadounidenses han citado abiertamente la posibilidad de que las fuerzas armadas de Venezuela puedan tomar medidas.

    El 1 de febrero, Rex Tillerson, que en ese entonces era secretario de Estado, dijo que Estados Unidos no había “promovido un cambio de régimen ni la destitución del presidente Maduro”. Sin embargo, en respuesta a una pregunta, Tillerson indicó la posibilidad de que se produjera un golpe de Estado militar.

    “Cuando las cosas estén tan mal que el mando militar se dé cuenta de que ya no puede servir a los ciudadanos, encontrará la forma de realizar una transición pacífica”, comentó.

    Días después, Marco Rubio, el senador de Florida que ha buscado influir en el enfoque del gobierno de Trump sobre Latinoamérica, publicó una serie de tuits que animaron a los disidentes de las fuerzas armadas venezolanas a derrocar a su presidente.

    Durante su época como director de políticas de la Casa Blanca para América Latina, Cruz les envió un mensaje a los venezolanos durante un discurso en abril. Se refirió a Maduro como “demente”, Cruz dijo que todos los venezolanos debían “instar a las fuerzas armadas a respetar el juramento que hicieron de desempeñar sus funciones”, dijo. “Cumplan con su promesa”.
    En años recientes los funcionarios estadounidenses debatieron los pros y los contras de establecer diálogos con facciones golpistas de las fuerzas armadas.

    “Eran diferencias de opinión”, dijo Aponte, la exdiplomática principal en materia de Latinoamérica del gobierno de Obama. “Había gente que le tenía mucha fe a la idea de que podían aportar estabilidad, ayudar a distribuir alimentos y trabajar en cuestiones prácticas”.

    No obstante, otros —entre ellos Aponte— vieron los riesgos de establecer vínculos con líderes de las fuerzas armadas que, según el análisis de Washington, se habían convertido en un pilar del tráfico de cocaína y los abusos a los derechos humanos.

    Roberta Jacobson, una exembajadora en México que antecedió a Aponte en el puesto de funcionaria principal del Departamento de Estado para políticas de Latinoamérica, dijo que, aunque desde hace mucho Washington considera que las fuerzas armadas venezolanas sufren de “corrupción generalizada, están muy involucradas en el narcotráfico y son despreciables”, ella pensaba que valía la pena establecer un canal diplomático extraoficial con algunos de sus miembros”.

    “Dada la descomposición extendida de las instituciones venezolanas, se tenía la idea de que, aunque no necesariamente eran la respuesta, cualquier tipo de resolución democrática habría tenido que incluir a las fuerzas armadas”, dijo Jacobson, quien renunció al Departamento de Estado a principios de este año. “La idea de escuchar a los líderes de esos lugares, sin importar qué tan indeseables resulten, es esencial para la diplomacia”.

    Sostener discusiones con los golpistas podría hacer sonar alarmas en una región con una lista de intervenciones infames: la invasión fallida de la CIA en Bahía de Cochinos para derrocar a Fidel Castro en 1961; el golpe de Estado respaldado por Estados Unidos en Chile en 1973, que llevó a la larga dictadura militar de Augusto Pinochet, o el apoyo encubierto del gobierno de Reagan a los rebeldes de derecha conocidos como los Contras en Nicaragua durante la década de 1980.

    En Venezuela, un golpe de Estado en 2002 destituyó brevemente a Hugo Chávez, el predecesor de Maduro. El gobierno de Bush abrió un canal de comunicación con el jefe golpista pero Chávez fue restituido como presidente.

    En el complot más reciente, el año pasado había de 300 a 400 miembros de las fuerzas armadas vinculados con el plan, pero esa cantidad se redujo a casi la mitad después de las enérgicas medidas emprendidas por el gobierno de Maduro este año.

    El excomandante venezolano lamentó que Estados Unidos no proveyera los radios a los rebeldes, pues cree que eso pudo haber cambiado la historia del país. “Estoy decepcionado”, dijo el exgeneral. “Pero soy el menos afectado. Yo no soy prisionero”.

    (*) https://www.nytimes.com/es/2018/09/08/trump-golpe-de-estado-maduro/



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    El nombre de Porton Down se ha hecho omnipresente en Reino Unido desde el descubrimiento de las intoxicaciones con “novitchok”, el agente nervioso utilizado a principios de marzo contra el agente doble Serguei Skripal y su hija, Julia. Dos ciudadanos británicos, Charlie Rowley  y su compañera Dawn Sturgess, también entraron en contacto con el veneno.

    El primero de ellos falleció posteriormente a causa de un tóxico que en ruso significa “nada nuevo” y que se descubrió en la Unión Soviética en los años setenta. A principios de los noventa, a través de los desertores soviéticos, los occidentales se apoderaron de su fórmula química.

    El laboratorio militar de Porton Down confirmó que ambas parejas habían sido envenenadas por el mismo tóxico, pero no localizó su lugar de fabricación.

    El periódico francés Le Figaro asegura que Londres “no ha proporcionado hasta ahora ninguna prueba de la implicación de Moscú”(1).

    Porton Down está mucho más cerca que Moscú del escenario del crimen. Como recuerda el diario The Independent (2), es un centro de guerra química y biológica está situado a pocos kilómetros de Salisbury, el lugar del primer envenenamiento, y de Amesbury, el lugar del segundo, en el suroeste de Inglaterra. “No hay absolutamente ninguna evidencia de que la ubicación sea otra cosa que una coincidencia”, añade The Independent.

    Pero no se trata de una coincidencia sino dos.

    En el New York Times el antiguo director del Servicio Federal de Seguridad (FSB), Nikolai Kovalyov, sugiere que un “científico deshonesto” del laboratorio de Porton Down podría haber realizado experimentos con personas que vivían cerca (3).

    Actualmente Porton Down emplea a más de 3.000 científicos, tiene un presupuesto anual de 500 millones de libras esterlinas (558 millones de euros) y cubre casi 1.100 hectáreas. Fue creado en 1916 para permitir inicialmente a los soldados británicos protegerse durante la Primera Guerra Mundial contra los ataques químicos del ejército alemán, que utilizaba gas mostaza, cloro y fosgeno, un gas tóxico.

    En la década de los cincuenta los científicos de Porton Down desarrollaron gas CS, más conocido como gas lacrimógeno, y gas nervioso VX. A principios del año pasado este gas causó la muerte a Kim Jong-nam, el hermanastro del dirigente norcoreano, Kim Jong-un, sospechoso de haber ordenado el asesinato. Junto con el gas sarín, el gas VX está considerado como una de las armas químicas más terribles, aunque se estima que es de cinco a diez veces menos potente que el “novitchok”.

    Dadas las convenciones internacionales que prohíben el uso de armas químicas, se supone que en Porton Down las investigaciones tienen un objetivo puramente defensivo. Según el Ministerio de Defensa británico, su único objetivo es mejorar el equipo de protección de las tropas o de la población. En los últimos años, el laboratorio ha participado en el programa de investigación del virus del Ébola y en la lucha contra la epidemia que asoló Sierra Leona a partir de 2013. También ha realizado investigaciones sobre el uso de armas químicas en la Guerra de Sirio, incluido el gas sarín.

    El secreto que rodea su trabajo ya ha alimentado muchos rumores y acusaciones contra experimentos con seres humanos y animales en el pasado. “El pasado de Porton Down no se puede ocultar”, tituló The Guardian en 2014, describiendo el laboratorio como “una de las instituciones científicas más infames de Gran Bretaña”(4).

    En 1999 la policía abrió una investigación sobre experimentos que habían puesto en peligro la vida de algunos soldados sin su conocimiento. “De 1945 a 1989 Porton Down expuso a más de 3.400 conejillos de indias humanos a agentes nerviosos. Parece probable que, durante un período de tiempo tan largo, Porton haya expuesto a estos gases a más sujetos humanos que cualquier otra institución científica del mundo”, comentó el diario británico.

    La investigación no tuvo éxito, pero en 2008 el Ministerio de Defensa concedió una indemnización de 3 millones de libras esterlinas a 360 antiguos miembros de las fuerzas armadas que afirmaban haber utilizado contra su voluntad como cobayas en pruebas químicas durante la Guerra Fría.

    El Ministerio británico de Defensa reconoció la muerte en 1953 de un soldado de la fuerza aérea, Ronald Maddison, tras participar en un experimento con gas sarín.

    El siniestro pasado de Porton Down fomenta las sospechas de que los envenenamientos con “novitchok” están muy lejos de Moscú.

    (1) http://www.lefigaro.fr/international/2018/07/06/01003-20180706ARTFIG00258-affaire-du-novitchok-porton-down-le-centre-de-recherche-militaire-au-centre-de-rumeurs.php
    (2) https://www.independent.co.uk/news/science/porton-down-what-is-explained-experiments-salisbury-wiltshire-novichok-latest-a8431951.html
    (3) https://www.nytimes.com/2018/07/05/world/europe/uk-novichok-salisbury-amesbury.html
    (4) https://www.theguardian.com/science/2004/may/06/science.research

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    En las últimas semanas la situación en Siria se ha tensado significativamente ante la inminente batalla de Idlib, como ya ocurriera en Alepo hace un año y medio. El imperialismo busca la mejor manera de digerir una de las derrotas más amargas de los últimos años.

    El ejército regular sirio tiene allí concentradas sus fuerzas, apoyadas por la fuerza aérea rusa. Pero en la madriguera del zorro no sólo se enconden los resto de las huestes yihadistas, sino sus mentores de la OTAN, la CIA, el MI-6, el Mosad y demás espías y comandos de operaciones especiales de los ejércitos imperialistas.

    Ellos han sido el auténtico Estado Mayor del bando que ha invadido Siria durante siete años. El número de efectivos es difícil de precisar. Se calcula que Estados Unidos tiene allí un contingente de 2.000 soldados que presenta al mundo como una fuerza antiterrorista, pero que desempeñan el papel contrario.

    Es normal que los altavoces mediáticos estén preocupados por la previsible matanza que se va a producir. Tienen buenos motivos. El primero es impedir que eliminen a las fuerzas que combaten entremezcladas con los yihadistas.

    El segundo es que la estrategia de Estados Unidos ha vuelto a cambiar en las últimas semanas, por enésima vez, fruto de la confusión que se vive en Washington.

    En Helsinki Trump pactó con Putin que Estados Unidos abandonaría sus posiciones en Siria para permitir que el ejército regular completara la tarea de aniquilación de los miembros del Califato Islámico.

    Para ello Siria se prestó a conceder un plazo de tiempo, en el cual el Pentágono debía sacar a sus tropas del agujero en el que están metidos.

    Pero Washington jamás cumple lo que promete. Han dado un giro de 180 grados y ahora prevalecen las posiciones del clan Bolton, el consejero de Seguridad, partidario de una posición inflexible frente a la ofensiva de Idlib, hasta tal punto que están dispuestos a tensar al máximo sus relaciones con Rusia (si cabe).

    De ahí el envío de una poderosa flota de la Marina de Guerra al Mediterráneo oriental, donde Rusia ha lanzado una seria advertencia con unas maniobras navales sin precedentes.

    De ahi también todos los rumores sobre un inminente ataque químico de “falsa bandera”, otro más, que los imperialistas y los “humanitarios” no pueden consentir, y que darán lugar a accciones de represalia...

    La otra consecuencia de ese nuevo viraje es que ahora Estados Unidos está tratando de alargar la guerra lo máximo posible. “Nuestra estrategia consiste en mantener el caos en Siria hasta que consigamos lo que queremos”, ha confesado un alto responsable de la Casa Blanca al Washington Post.

    Vuelve la política que Obama implementó en 2013: alargar la guerra lo máximo posible, que no haya un vencedor y poder ocupar un lugar en la mesa de negociaciones políticas.

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    El gobierno holandés ha sostenido en Siria al menos a un grupo yihadista identificado, Jabhat Al-Shamiya (Frente de Levante), que la fiscalía califica de “terrorista”, según denuncian los periódicos Nieuwsuur y Trouw (*).

    El gobierno holandés justificó su apoyo a los terroristas encuadrándolo en un programa denominado hipócritamente NLA (Asistencia No Letal), pero los periódicos han descubierto que enviaron camiones Toyota Hilux e Isuzu D-max, entre otros, que fueron luego equipados con ametralladoras y artillería pesada, como muestran las imágenes de vídeo que los propios grupos terroristas muestran en sus canales de YouTube.

    También les suministraron uniformes, teléfonos satelitales, ordenadores portátiles, colchones, mochilas y cámaras.

    En los últimos meses ambos medios de comunicación han entrevistado a unos 100 terroristas y a otras personas que participaron en el programa “no letal”. Los entrevistados aseguran que todos los equipos recibidos los utilizaron para la guerra contra Siria.

    Las entrevistas les han permiutido identificar a seis brigadas específicas que han combatido en Siria con apoyo holandés. Entre 2015 y principios de este año el gobierno holandés ayudó a 22 grupos terroristas en el marco del mismo programa “no letal”.

    Como se ha hecho costumbre en estas “democracias avanzadas”, el gobierno no informó al Parlamento, pero ante el escándalo periodístico el viernes los ministros Blok y Kaag, de Asuntos Exteriores, enviaron una carta a la Cámara Baja anunciando que no lo volverán a hacer. El apoyo al terrorismo en Siria se ha acabado, o al menos eso prometen. La victoria de Bashar Al-Assad parece inminente y el viento ya no sopla a favor, según los propios ministros.

    En la Cámara Baja el Ministerio holandés de Asuntos Exteriores siempre ha admitido que Holanda sólo apoyaba a los “moderados” con cuatro condiciones:

    a) debían respetar el derecho humanitario de guerra
    b) no podían cooperar con los extremistas
    c) debían esforzarse por encontrar una solución política inclusiva
    d) el programa “no letal” debía ser objeto de un seguimiento permanente

    A partir del escándalo llegan los reproches: las condiciones no se han cumplido. Los terroristas apoyados por Holanda han cometido graves violaciones de los derechos humanos, han cooperado con los demás grupos terroristas...

    El programa tampoco ha sido supervisado adecuadamente. Su objetivo (dicen ahora en el Ministerio de Exteriores) era que los combatientes “moderados” pudieran protegerse mejor de los extremistas

    La conclusión a la quieren llegar es: paralizar el programa de ayuda a los “moderados” significa que los extremistas se hagan con el poder en los territorios que aún permanecen ocupados.

    Lo del seguimiento era, pues, un chiste. Durante todos estos años los diputados de la Cámara Baja han estado pidiendo acceso a la información sobre el programa, pero el gobierno ha mantenido en secreto los nombres de los grupos a los que apoyaba. El tipo específico de vehículos que los Países Bajos enviaron a Siria también se declaró secreto de Estado.

    El mes que viene se inicia un juicio contra un holandés que en 2015 se integró en el grupo terrorista Jabhat Al-Shamiya. La fiscalía afirma que dicho grupo es salafista y yihadista, que “se esfuerza por establecer un califato” y que “sólo se puede calificar como una organización delictiva con fines terroristas”.

    https://nos.nl/nieuwsuur/artikel/2249806-nederland-steunde-terreurbeweging-in-syrie.html

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    Estados Unidos ha confirmado que el dirigente liberiano Charles Taylor, reputado criminal de guerra, trabajaba para sus agencias de inteligencia, incluida la CIA, según el Boston Globe.

    La revelación se produjo en respuesta a una solicitud del periódico de la Ley de Libertad de Información.

    Un periodista del Globe dijo a la BBC que ésta era la primera confirmación oficial de viejas informaciones sobre la relación entre la inteligencia estadounidense y Taylor.

    En julio de 2009 se difundieron rumores sobre vínculos con la CIA cuando el propio Taylor dijo en su juicio ante el Tribunal Especial para Sierra Leona en La Haya, que en 1985 espías estadounidenses le habían ayudado a escapar de una prisión de alta seguridad en Boston.

    La CIA en ese momento negó esas declaraciones como “totalmente absurdas”. Pero ahora la Agencia de Inteligencia de Defensa, el brazo espía del Pentágono, reveló que sus agentes y los de la CIA usaron a Taylor como informante.

    El periodista Bryan Bender dijo al programa Network Africa de la BBC que el Pentágono se negó a dar detalles del papel exacto de Taylor, escudándose en la “seguridad nacional”.

    Pero confirmaron que Taylor, que tiene ciudadanía estadounidense, comenzó a trabajar con los servicios de inteligencia de Estados Unidos en la década de 1980, cuando se hizo con el poder en Liberia, desatando una terrible guerra civil contra el entonces presidente Samuel Doe. La guerra se desencadenó desde Burkina Faso y como Thomas Sankara se oponía a ella, fue asesinado antes de que comenzara.

    Taylor llegó a la Presidencia de Liberia y se convirtió en uno de los dirigentes políticos más famosos del mundo. También está acusado de armar y controlar a los terroristas del RUF en la vecina Sierra Leona durante una campaña de crímenes que duró 10 años y estuvo dirigida principalmente contra civiles.

    Ahora el agente de la CIA está a la espera del veredicto de su juicio por los crímenes de guerra que cometió.

    https://www.bbc.co.uk/news/world-africa-16627628

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    La guerra sicológica no es más que una parte de la guerra misma y no se trata de una noticia falsa por aquí y otgra por allá sino de campañas perfectamente diseñadas, muy parecidas a las campañas publicitarias para vender marcas comerciales, vehículos o votos.

    Como el resto de la guerra, esas campañas publicitarias se emprenden desde los grandes centros de poder que, en el caso de los asuntos internacionales, se reconducen al imperialismo y, por lo tanto, a Estados Unidos y sus aliados, difundiéndose a través de todos yt cada uno de los canales de comunicación imperialistas: televisión, prensa, radio e internet.

    Los demás son gregarios, como las ONG, pequeñas hormigas que llevan el mensaje hasta el último rincón del planeta porque las subvenciones de las viven dependen de ello.

    Hace 15 años la Guerra de Darfur fue un ejemplo de lo que luego hemos visto reproducirse en Ucrania, Libia o Siria, con los mismos lugares comunes a los que ningún ser humanos se puede resistir y que se resume en palabras mágicas como genocidio, derechos humanos o campos de concentración para homosexuales.

    La capaciudad de penetracion de ese tipo de mensajes se multiplica cuando las responsabilidad no recae sobre un Estado sino sobre un “régimen”, que es otra palabra mágica habitual en cualquier clase de campaña de intoxicación y que, además, va ligada al racismo y la xenofobia, es decir, al menosprecio hacia determinadas culturas, como las africanas.

    El gobierno de Sudán que emprendió la guerra en Darfur fue calificado como un “régimen árabe e islamista” que masacraba a las “poblaciones africanas” de la región occidental de Sudán. Es bien sabido que la vida de un africano importa un bledo cuando son nuestras víctimas, pero podemos hacer una excepción si son víctimas de árabes y musulmanes. El asunto no depende del muerto sino del que lo mate.

    Cuando se produce una matanza aparecen los humanitarios para pedir su cese. Las noticias se llenan de sangre y de cadáveres mutilados, incluidos niños, una imagen que siempre entra fácilmente por los ojos. Las ONG piden la intervención militar para detener la sangría.

    En 2002 en Darfur se estaba gestando un levantamiento. La región sudanesa es más grande que España pero sólo tiene 6 millones de habitantes, marginados y pobres. La movilización estuvo dirigida por intelectuales pertenecientes a tres grupos étnicos: los fur, los massalit y los zaghawa. Nada los unía entre sí. Unos eran islamistas y otros querían un Sudán laico, pero tenían el apoyo de político y militar en los Estados vecinos: Chad, Libia, Eritrea.

    En abril de 2003 la rebelión llevó a cabo su primera operación militar contra una base aérea que el ejército sudanés tenía en Darfur. Un mes después el gobierno respondió brutalmente contra la población. Sin embargo, como el ejército sudanés se compone gran medida de habitantes originarios de Darfur, reclutó milicias (conocidas localmente como Jenjaweed) entre las poblaciones nómadas más pobres de la región: pastores de camellos sin derechos sobre la tierra.

    Apoyadas por la fuerza aérea, las milicias arrasan las aldeas a cuya población acusan de apoyar la rebelión debido a su origen étnico. Se producen masacres, incendios, violaciones, torturas, destrucción de cultivos y fuentes de agua que causan el éxodo de dos millones de habitantes de Darfur, que se refugian en grandes campamentos, generalmente ubicados cerca de las ciudades de guarnición, donde la policía y las fuerzas regulares proporcionan un nivel mínimo de seguridad. Otros huyen y se refugian en el Chad.

    Se estima que la represión gubernamental mató a 131.000 personas entre septiembre de 2003 y junio de 2005. Una cuarta parte de las víctimas fueron asesinadas (41.000); las otras murieron de hambre y enfermedades durante su huida.

    A finales de 2004 el gobierno sudanés interrumpe las matanzas y empieza una calma precaria, marcada por enfrentamientos breves y localizados. En los campamentos de refugiados internos se despliega una cantidad considerable de asistencia humanitaria. A partir de 2005 más del 85 por ciento de la población afectada es atendida en sus necesidades básicas. La situación sanitaria mejora y las tasas de mortalidad y malnutrición están por debajo de los umbrales de emergencia en la mayoría de los campamentos.

    La Unión Africana envía 6.000 Cascos Blancos, cuyos primeros contingentes llegan en agosto de 2004 para vigilar un alto el fuego, firmado cuatro meses antes entre el gobierno y los insurrectos. Las negociaciones de paz se llevan a cabo bajo una mediación internacional, mientras el 31 de marzo de 2005 el Consejo de Seguridad de la ONU remite las violaciones del derecho internacional humanitario en Darfur al Fiscal de la Corte Penal Internacional (CPI).

    Las negociaciones políticas culminan en mayo de 2006 con la firma del Acuerdo de Paz de Darfur (APD) entre el gobierno y una única facción rebelde minoritaria. Sobre la base del Acuerdo, en agosto de 2006 el Consejo de Seguridad decide, a propuesta de Estados Unidos, sustituir los Cascos Blancos de la Unión Africana por una fuerza de la ONU, pero Sudán se opone a su despliegue, obligando al Consejo de Seguridad a retirarse en julio de 2007 para enviar una “fuerza híbrida” de 26.000 efectivos bajo el mando conjunto de la Unión Africana y la ONU.

    La fuerza tiene por objeto hacer cumplir un Acuerdo de Paz rechazado por casi todos los movimientos rebeldes y la población de Darfur, así como proteger a la población civil y al personal de socorro. Tras intensas negociaciones diplomáticas, el 1 de enero de 2008 los primeros ”híbridos” toman el relevo de la Unión Africana.

    Paradógicamente, la firma del Acuerdo de Paz da lugar a la reanudación de la guerra. Surgen enfrentamientos entre los rebeldes partidarios del Acuerdo (apoyado por el ejército) y los que se oponen al mismo.

    Abandonadas por el Acuerdo, algunas de las milicias nómadas también se vuelven contra el gobierno; atacan a la policía y al ejército o se unen a la revuelta. Se entablan sangrientas batallas por el control de los territorios arrebatados a las poblaciones campesinas que se han trasladado a los campamentos de refugiados.

    La fragmentación de la oposición y las milicias va acompañada de un crecimiento exponencial de la delincuencia organizada. La regionalización del conflicto se intensifica. Chad, que alberga las bases de la retaguardia de la rebelión, aumenta su apoyo a los insurgentes. Sudán hace lo propio con la insurgencia chadiana.

    Las zonas rurales se vacían y los campamentos de refugiados crecen. Su población alcanzó los 2,45 millones de habitantes a finales de 2007. Sin embargo, el número de muertes violentas parece estar disminuyendo, de 4.470 civiles y militares en 2006 a menos de 3.000 en 2007 y 1.800 en 2008, según la Unión Africana y la ONU.

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    La Guerra de Darfur apareció en los medios de propaganda del imperialismo en marzo de 2004, un año después de la intensificación de las hostilidades. Los que rompen el silencio son los diplomáticos de la ONU. En una entrevista con la prensa internacional en Nairobi el 19 de marzo de 2004, el Coordinador Humanitario de la ONU para Sudán, Mukesh Kapila, comparó la crisis de Darfur con la de Ruanda en 1994, sugiriendo que el genocidio estaba en marcha.

    La prensa internacional difunde ampliamente sus palabras. El 7 de abril de 2004, aniversario del estallido del genocidio de Ruanda, Kofi Annan insta al mundo a no repetir los errores y pidió al gobierno sudanés que permitiera el libre acceso a Darfur a los trabajadores humanitarios y a los investigadores de derechos humanos, bajo la amenaza de una acción militar internacional.

    El New York Times sube el volumen del altavoz. Las declaraciones de los representantes de la ONU van acompañadas de una enorme ola de movilización en Estados Unidos, incluidos senadores, congresistas y “humanitarios” que desde la década de 1980 hacen campaña a favor de la causa de Sudán del sur.

    En julio de 2004 el Congreso de Estados Unidos aprueba por unanimidad una resolución calificando de “genocidio” la Guerra de Darfur, lo que el Secretario de Estado Colin Powell (el de las armas de destrucción masiva en Irak) aprobó en septiembre de 2004 y Bush en junio de 2005.

    Desde la firma de la Convención sobre el Genocidio de 1948 es la primera vez que el gobierno y el Congreso de Estados Unidos declaran que se está produciendo un genocidio, el primero del siglo XXI; en vivo y en directo. Otros prefieren hablar de “limpieza étnica”, que es casi igual.

    Era la palabra del mismísimo dios y, a partir de entonces, el “genocidio de Darfur” desata la intoxicación mediática en Estados Unidos. Es la consigna. Hay que “hacer algo”. Está de moda la expresión R2P: tenemos la obligación de proteger, incluso aunque sean africanos. Si llegaran en patera cruzando el Estrecho de Gibraltar no importaría nada; pero se trata de Sudán y ahi los africanos sí nos importan; y mucho.

    La palabra mágica “genocidio” moviliza a los judíos, los armenios, los ruandeses y, de rebote, a los negros, a los “humanitarios”, a los estudiantes, intelectuales, actores y gente de la farándula. La mejor manera de proteger a los africanos es una intervención militar estadounidense (o de una “coalición internacional”, como en Siria) para proteger a la población civil indefensa.

    Las iniciativas, inicialmente dispersas, se coordinan en colectivos más amplios, uno de los cuales es la Coalición “Save Darfur”, fundada en julio de 2004 por el Servicio Mundial Judío Americano y el Museo del Holocausto de Washington, que, por primera vez en su historia, emitió una alerta sobre la existencia de un genocidio.

    En tres años la coalición crece exponencialmente. En 2007 reune a 181 asociaciones del más diverso tipo con un total de 135 millones de miembros, es decir, uno de cada dos estadounidenses. En 2007 administra un presupuesto de al menos 15 millones de dólares, dedicado íntegramente a la propaganda y a “exigir” a Bush que detenga el genocidio.

    A partir de ese momento el mundo entero empezó a bailar al son de la música que llegaba de Washington.

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    En 2006 “Save Darfur” extiende su campaña a Europa y para ello contrata los servicios de la empresa estadounidense de comunicaciones Weber Shandwick. En Francia, apoya al colectivo “Urgence Darfour” formado en febrero del año anterior por seis grupos (entre ellos SOS Racismo) que aún estaban en fase embrionaria. Entonces  se multiplican las movilizaciones mediáticos (concentraciones, manifestaciones, peticiones, cartas abiertas, campañas de carteles) que ponen en marcha a más de un centenar de grupos y a cerca de 250 personalidades de los medios de comunicación, especialmente a los amantes del postureo.

    En julio de 2006 “Urgence Darfour” organiza su primer gran encuentro en el Teatro de la Magdalena de París, al que asistieron numerosos personajes del mundillo político, intelectual, artístico y deportivo. En noviembre el colectivo compra varias páginas de publicidad en los más importantes periódicos franceses para pedír a los candidatos a las elecciones presidenciales del año siguiente que se comprometan a enviar personal de mantenimiento de la paz a Darfur para impedir “el primer genocidio del siglo XXI”.

    En colaboración con sus homólogos europeos y americanos, el colectivo organiza movilizaciones, como una jornada de solidaridad con las mujeres violadas en Darfur apoyada por 100 mujeres del famoseo político y artístico.

    En marzo “Save Darfur” financia el viaje a Darfur del canalla Bernard-Henri Levy, un viejo dinosaurio del Mayo del 68 parisino reconvertido en un acérrimo defensor de todas y cada una de las guerras imperialistas y sionistas de las últimas décadas. Levy acude a las zonas controladas por el Ejército de Liberación del Sudán (SLA), una de las facciones insurgentes, cuyo dirigente vive en París. Gracias a sus influyentescontactos, Levy publica dos largos artículos en el periódico “Le Monde” y “Libération” y dedica varias páginas de su cuaderno semanal en “Le Point” al mismo tema.

    El punto culminante se produce el 20 de marzo de 2007 con una importante reunión en la Maison de la Mutualité de París, a la que asisten numerosos personajes, entre ellos los cinco principales candidatos en la elecciones presidenciales, que firman al unísono un solemne compromiso con Darfur, en el que prometen, entre otras cosas, enviar una fuerza de la ONU a Darfur con o sin el acuerdo del gobierno de Sudán si resultan elegidos. Internet, la prensa escrita, la radio y la televisión cubren ampliamente el evento.

    La campaña de intoxicación llega, pues, en Francia tres años después del auge de las hostilidades en el oeste de Sudán y dos años después del fin de la campaña de tierra quemada y las masacres de 2003-2004.

    Cuando en 2007 el colectivo organiza en París su mayor concentración, en Darfur la guerra es mucho menos mortífera y más compleja. En ese momento la lucha entre los insurgentes y el gobierno central está estrechamente ligada a otras tres guerras. Una enfrenta a los gobiernos de Chad y Sudán entre sí por la interposición de la fuerza aérea y la rebelión, el otro por las facciones insurgentes resultantes de la fragmentación de la oposición, y el tercero, por las diversas milicias paramilitares reclutadas de entre las tribus nómadas. Los mediadores internacionales tratan desesperadamente de reunir a los movimientos rebeldes que no han firmado el acuerdo de paz. Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos quieren que el Consejo de Seguridad de la ONU apruebe una resolución para sustituir las tropas de la Unión Africana por Cascos Azules. A pesar del aumento del bandidaje y de los obstáculos a la entrega de la ayuda humanitaria, la situación alimentaria y sanitaria sigue siendo estable en la mayor parte de Darfur.

    La situación sobre el terreno choca con la campaña de intoxicación en occidente. Es una imagen muy parecida a la que se ha reproducido luego con la Guerra de Siria: los islamistas radicales (gobierno) exterminan a los moderados (insurgentes). “Darfur Emergency” habla de un supuesto genocidio perpetrado por un régimen árabe e islamista contra las poblaciones negro-africanas que practican un islam moderado. En 2004 el ministro francés de Asuntos Exteriores, Bernard Kouchner, aseguró que “las milicias árabes persiguen a las poblaciones negras, los musulmanes fundamentalistas intentan imponer la shariah a los moderados”.

    Otro mantra también los hemos oído muchas veces en la boca de las ONG y los “humanitarios” hipócritas: el primer genocidio del siglo XXI se está produciendo en medio de una indiferencia generalizada, cuando bastaría con romper el silencio para detenerlo...

    Para “Darfur Emergency” la guerra en Sudán no es una guerra civil entre beligerantes con intereses políticos antagónicos, sino un intento de exterminar a una población indefensa por parte de un Estado que practica la limpieza étnica.

    El canalla Levy se pone los altavoces mediáticos en la boca cuando la situación de Darfur se describe en términos de guerra o lucha entre dos o más partes: “¡No hableis de ‘conflicto’! Cuando un gobierno ataca a su propia población, cuando, en algunas regiones la liquida y cuando esa población es tan indigente como los civiles masacrados en Darfur, ¡ya no estamos en presencia de un conflicto, una guerra o algo similar!” En Darfur, asegura Levy, “no hay facciones rivales en lucha. Menos aún hay fuerzas ‘darfuri’ que se oponen al ejército regular sudanés, y que éste trata de someter”; lo que hay es “una masacre decidida fríamente por un Estado”.

    El genocidio tendría como objetivo a las poblaciones “africanas” de Darfur (como si las demás no lo fueran). Es perpetrado por milicias “árabes” y por un “régimen” que actúa por odio racial hacia los “africanos negros”. Levy insiste en “el carácter racista, puramente racista de un conflicto [...] cuya única fuente es el odio, por parte de los árabes blancos del norte, de una población cuyo crimen es demasiado negro”.

    Como se ve, la religión y la raza siempre ayudan a que los canallas enmascaren el carácter político de cualquier guerra. Para ello basta poner en primer plano las masacres, el hambre y las epidemias que acompañan a cualquier guerra. Según “Darfur Emergency”, desde 2003, 400.000 personas habían sido masacradas por el ejército y las milicias Jenjaweed. Las mujeres habían sido violadas y luego cortadas en pedazos. Los niños son arrojados a pozos, dice Kouchner. Los campos de desplazados se convierten en prisiones al aire libre, acosados por las milicias progubernamentales. La ayuda humanitaria de la que dependen millones de personas, también es saqueada, secuestrada y atacada por las milicias Jenjaweed. Como consecuencia de ello, los supervivientes de las masacres mueren lentamente, por desgaste.

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    La ONG “Emergence Darfur” y otras fabricaron la imagen de que en Darfur los campamentos de desplazados eran un refugio y que el resto del territorio era un desierto, donde era imposible sobrevivir. La descripción de los campos y de las zonas rurales se basaba en los relatos de los campos de concentración nazis. Levy relata: “Acabo de regresar de Darfur. Y ahora tienes una humanidad que es casi otra humanidad. No hay estado, no hay nación, no hay sociedad, hay cientos de miles de muertos, un estado de desesperación absoluta”. No hay ningún análisis, sino mera literatura. En una charla asegura que “la carne de darfuri que se ha convertido en cenizas y humo”. Los africanos se mueren de hambre, “roídos por la malaria, la mirada atormentada [...] de los ya fantasmas que tienen, como todos los espectros, un pie en el otro mundo y el otro en éste, el nuestro [...] He visto a estos muertos vivientes [...] Estos supervivientes de las masacres, reunidos como manadas esperando la muerte”.

    El número de muertos aumentaba cada día: al menos 10.000 civiles masacrados al mes. Las matanzas se intensifican: “Esta guerra, que comenzó hace tres años, está a punto de alcanzar cimas de salvajismo y horror”.

    La magnitud de la catástrofe demográfica daba fe de la realidad del genocidio y pone fin al debate sobre la necesidad de intervenir: “Estas cifras son espantosas y reflejan la evidencia de actividades genocidas”, dijo Glucksman, otro intelectual posmoderno, en 2007. No sólo no es necesario explicar y entender sino que cualquier análisis es contraproducente: “Las cifras hablan por sí solas. Siempre podemos ir más allá en complejidad, en la explicación fina [...] pero la delicadeza de la explicación no impide las masacres en curso”.

    En una entrevista en “Le Monde”, un estudiante de la Universidad de Jartum explicó muy bien esta reconversión de la guerra en genocidio: “Hay varias cosas que nadie discute. Por ejemplo, el hecho de que fueran los ‘jenjaweed’ quienes causaron la muerte y el terror en Darfur. Y también que el gobierno les ayudó y entregó armas. Donde hay opiniones divergentes es sobre el significado que debe darse a la violencia. Algunos creen que el gobierno les está utilizando para eliminar a los africanos de Darfur, para hacer que se vayan; otros creen que es para restaurar el orden y silenciar la rebelión”.

    La primera posición se basa en la identidad de los objetivos de la violencia del gobierno y las milicias, que afecta principalmente a las minorías massalit, cuatro y zaghawa, de las que procede la insurgencia. Esta interpretación es apoyada por el imperialismo, la Casa Blanca y el Congreso de Estados Unidos, los humanitarios y ONG como “Darfur Emergency”.

    Es indiscutible que las luchas políticas en Sudán tenían un cierto carácter étnico, pero se trata de averiguar si el gobierno de Jartum tenía una intencionalidad genocida. Los académicos e investigadores, como Alex de Waal en Estados Unidos o Roland Marchal en Francia, consideran que se trató de una política contrainsurgente extremadamente brutal por parte del gobierno de Jartum. En un intento de cortar de raíz la insurgencia, armó a milicias tribales, reclutadas de sociedades agropastorales. Al igual que en el Sudán meridional, estas milicias han demostrado ser terriblemente destructivas, al tiempo que son aliados poco fiables que persiguen sobre todo sus propios intereses.

    Esta tesis también es la que sostiene la Comisión de Investigación de la ONU sobre los crímenes de Darfur y unas poc as organizaciones humanitarias, como la sección francesa de Médicos sin Fronteras.

    En efecto, la guerra no opuso a los árabes con africanos, ni siguen la línea divisoria entre verdugos y víctimas. La gran mayoría de las tribus árabes de Darfur, como los pastores del sur de Darfur, permanecieron neutrales en la guerra. Algunos incluso se unieron a la rebelión o formaron una alianza con ella, principalmente después de la firma del Acuerdo de Paz de Darfur.

    Por el contrario, hubo grupos no árabes en el bando gubernamental, ya sea en el ejército o en algunas milicias, como los Gimir o los Tama.

    Por último, cada vez hay más conflictos internos entre las tribus árabes nómadas de Darfur. Casi la mitad de las muertes violentas registradas en 2007 y 2008 se debieron a los enfrentamientos entre milicias tribales.

    No hubo propaganda racial del gobierno pidiendo el asesinato de los africanos, ni en los medios de comunicación, ni en las instituciones, ni en el ejército, ni en las mezquitas. La ausencia de expresiones genocidas ha llevado a muchos investigadores a examinar las consignas, amenazas e insultos de los milicianos durante los ataques a las aldeas, las violaciones y las ejecuciones, para determinar si revelaban o no una intención genocida. Los atacantes utilizan con frecuencia epítetos racistas, como “zurgas”, que puede significar tanto esclavo como derrotado, “nubas”, que tanto puede significar “negro” como “nubio” del valle del Bajo Nilo o de las montañas Nuba. A menudo también lanzaron invectivas sin connotaciones racistas o étnicas, refiriéndose a las cuestiones políticas del conflicto: “Toma tus vacas, vete y deja el pueblo”, “Tú eres la madre de los que matan a nuestro pueblo”, “No cortes la hierba porque se la comen los camellos”, “Tú, hijo de Torabora, te mataremos”, “No es tu tierra” o “Tú no eres de aquí”.

    Paradógicamente, los refugiados se escondieron al abrigo de los cuarteles del gobierno y es difícil imaginar a los antifascistas de la Europa ocupada por los nazis, refugiarse en los campamentos de la Wehrmacht. Muchos dirigentes del gobierno, de la administración y del ejército, son originarios de Darfur. “En general, no se comete un genocidio con los miembros de la familia”, comenta al respecto Roland Marchal.

    La valoración de la gravedad de la situación por parte de “Darfur Emergency” fue falsa. La cifra que presentó con al menos 400.000 muertos que se utilizó en el verano de 2007 en las campañas de carteles de “Save Darfur” en Gran Bretaña, fue condenada por la autoridad reguladora de la publicidad británica por ser información engañosa.

    Sin embargo, la cuestión no es tanto si el número de muertes está más cerca de 200.000 que de 400.000, sino si los habitantes de Darfur siguieron muriendo a razón de 10.000 personas al mes entre 2006 y 2007. Si así fuera, la intervención internacional en curso no sería más que una falsa pretensión destinada a enmascarar una política de exterminio. 

    La cifra de 10.000 muertes al mes se remonta en realidad a agosto de 2004. El jefe del Servicio de Urgencias de la Organización Mundial de la Salud (OMS), David Nabarro, propuso la cifra sobre la base de una extrapolación de estudios retrospectivos de mortalidad que abarcan el período comprendido entre junio y agosto de 2004 en los campamentos internos de refugiados. Cualquiera que sea la validez de esta estimación, refleja la situación en el segundo semestre de 2004, período en el que continuaban las masacres y en el que el despliegue de la ayuda humanitaria aún era limitado.

    En 2006 y 2007 la situación había cambiado radicalmente. Aunque persisten enfrentamientos localizados, el gobierno ya no ejecutaba una estrategia de tierra quemada, ni asesinatos a gran escala. La periferia de los campos de refugiados seguía siendo peligrosa, pero los más importantes de ellos se habían convertido en bastiones firmemente controlados por los insurgentes. En 2006 el Departamento de Seguridad de la ONU informó de que se producían entre 200 y 400 muertes violentas al mes en Darfur, y menos de 250 en 2007, incluida una gran proporción de combatientes y milicianos.

    La mortalidad asociada con el hambre y las enfermedades era en Darfur inferior al promedio de Sudán en 2006-2007 y significativamente inferior a la del Sudán meridional. Según encuestas realizadas por organismos de la ONU y el gobierno sudanés, las tasas brutas de mortalidad infantil estaban muy por debajo de los umbrales de emergencia y disminuyeron casi constantemente desde 2004. Aunque estas cifras deben interpretarse con cautela, son coherentes con los datos y las observaciones sobre el terreno de las organizaciones de asistencia.

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    En contra de lo que afirmaron las ONG, Darfur fue el escenario de la mayor operación de socorro humanitario del mundo entre 2006 y 2007. Desde finales de 2004, más de 13.000 trabajadores humanitarios, incluidos 900 internacionales, se desplegaron en Sudán occidental. Cerca de 80 ONG, 13 agencias de la ONU, el Comité Internacional de la Cruz Roja y unas diez sociedades nacionales de la Cruz Roja trabajaron allá. Con un puente aéreo y una flota de cientos de camiones, el Programa Mundial de Alimentos transportó 30.000 toneladas de alimentos cada mes a unos 100 lugares diferentes. A diferencia de las décadas de 1980 y 1990, cuando la política de tierra quemada del gobierno fue seguida por hambrunas, éstas se evitaron en el oeste de Sudán gracias a un esfuerzo de ayuda sin precedentes en la historia del país.

    La falsedad del diagnóstico realizado por “Urgence Darfour” en 2006 y 2007 fue puesta de relieve por varios observadores en la región, lo que desencadenó una reacción violenta de sus acólitos. Así, el canalla Levy escribió demagógicamente en junio de 2007: “Los verduleros del horror nos quieren explicar y ponen una calculadora en lugar del corazón [...] Como el ritmo de los asesinatos se ha ralentizado, hay que enfriar el calor de una opinión demasiado tierna [...] Creo que es, proporcionalmente, como si se hubiera argumentado en 1944 que, como el ritmo de las deportaciones se había ralentizado en una Polonia y una Alemania que se habían convertido casi en Judenfrei, era urgente calmarse y negociar con Hitler”.

    A riesgo de contradecirse, los partidarios de “Emergency Darfur” avanzaron una segunda interpretación del conflicto: las masacres de Darfur no son sólo fueron producto de un proyecto genocida, sino también de una guerra religiosa. “Los musulmanes fundamentalistas intentan imponer la sharia a los moderados”. La guerra se entabla contra el Sudán fundamentalista, islamista y racista, que aplica la shariah desde 1983 y acogió a Bin Laden. Al régimen sudanés también se le califica de “nazi”.

    Por el otro lado, las poblaciones musulmanas rebeldes luchan por un Sudán democrático y unificado, basado en la ciudadanía y el laicismo. Levy insiste en que no hay ni guerra ni conflicto en Darfur, sino una población indefensa, destinada a la aniquilación por el color de su piel. El canalla pinta un retrato laudatorio de la facción rebelde que visitó en Darfur: “El más importante, el más popular y, sobre todo, el más respetable de los movimientos rebeldes de Darfur”, dirigidos por un miembro “de la hermosa Internacional del Islam antislamista”.

    Darfur, asegura Levy, “es uno de los frentes donde se desarrolla una de las batallas más importantes de nuestro tiempo: entre el Islam de la sharia y la yihad, entre el Islam donde las mujeres que violan las reglas de su sumisión son quemadas vivas y ese Islam iluminado y luminoso, cuya tradición se remonta a la más alta Edad Media y cuyos herederos son ahora los darfuríes”. Hay que defender a los habitantes de Darfur “porque ellos defienden nuestros valores. Debemos ayudarlos en su lucha porque su lucha es nuestra lucha”. Un portavoz de “Darfur Emergency” explicó que “Darfur es la última muralla musulmana frente al ataque islamista de este a oeste [...] Los verdugos están en Jartum, su objetivo no se limita a Darfur, donde los hombres luchan por su libertad y nuestro futuro”.

    Estas ideas son aún más extrañas que las anteriores. Como reconoce Mohamed Nagi, redactor jefe del sitio web de la oposición sudanesa “Sudan Tribune”, desde que el gobierno sudanés tuvo reivindicaciones islamistas ha pasado mucho tiempo. El ideólogo de la revolución islamista, Hassan Al-Turabi, fue marginado y detenido en 1999 tras un intento fallido de recuperar el control sobre el ejército, que le había ayudado a tomar el poder en 1989 antes de expulsarlo. “El general Al-Bashir está marginando cada vez más al partido islamista en el proceso de toma de decisiones”, admitió Mohamed Nagi. El partido gobernante está tan aburguesado que sueña con levantar las sanciones económicas americanas”. No quieren el islamismo sino el capitalismo.

    Los militantes islamistas más recalcitrantes estaban en el bando de la rebelión. La rama militarmente más poderosa de la insurgencia, el Movimiento por la Justicia y la Igualdad, estaba dirigida por antiguos miembros del partido islamista, que creían que la revolución llevaría a la igualdad política, y estaban decepcionados por la deriva comercial del régimen y la persistencia de la discriminación étnica en su interior.

    Por último, hay que recordar que la cuestión que está en juego en la guerra no es la imposición de la sharia, que durante mucho tiempo fue uno de los pilares del sistema jurídico sudanés.

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    Para la ONG “Emergency Darfur”, en ese lenguaje cutre de la posmodernidad, las potencias imperialistas tenían una obligación doble para intervenir en Sudán: el “deber de injerencia” y la lucha contra el “totalitarismo”. Sin embargo, mostraban una inacción total, como en Munich en 1938: “Hasta ahora las democracias [léase imperialistas] han dejado a las víctimas solas frente a sus verdugos. Desesperadamente solas”.

    La pasividad era grave porque “aún tenemos los medios para poner fin al genocidio”. No hay nada más fácil que detener esta “tragedia”, dijo uno de los candidatos en las elecciones presidenciales. “Sabemos, más o menos, cómo detener la matanza”, explica Levy. Es mucho menos complicado “que derrocar a Saddam Husssein ... Frenar a Jartum no requeriría mucho más esfuerzo que hace diez años, después de cinco años de dilación y cobardía, para parar a Milosevic. Entonces, ¿a qué esperamos?”

    “Sólo se necesitarían dos aviones [de guerra extranjeros] para detener eso”, escribe el vicepresidente de la ONG. La comunidad internacional debe ignorar la negativa del régimen “ilegítimo” de Jartum a albergar una fuerza internacional como “pretexto para la no intervención”.

    Como viene ocurriendo, los pacifistas y los humanitarios llamaban a la guerra o, mejor dicho, a sustituir una guerra civil por otra exterior, imperialista. Pero rara vez aclaraban el propósito de la invasión militar. En un principio, “Emergency Darfur” fijó como horizonte el cambio de “régimen” y la imposición de un gobierno “democrático”, como en Siria, o en Venezuela, o en Corea.

    A veces las ONG sabían ser más sutiles y lo que pedían era envío de “personal de mantenimiento de la paz” para salvar a los supervivientes de Darfur. Allí, en su propio suelo, el gobierno de Sudán no pintaba nada; había que enviar ese “personal” con o sin su acuerdo y “ordenar a las fuerzas francesas estacionadas en Chad y en la República Centroafricana que protejan eficazmente a los refugiados, a las personas desplazadas y a los miembros de las organizaciones humanitarias que operan en estos países”.

    Como Levy tiene la cara muy dura no se esconde tanto y aboga por el apoyo militar a una de las milicias insurgentes: “Si no somos capaces de detener la masacre [...] ¿no deberíamos al menos ayudar a aquellos que defienden a estas personas y lo hacen con las armas en la mano?”

    Ocultando que Darfur ya se estaba beneficiando de la mayor operación de ayuda humanitaria del mundo, la ONG “Emergency Darfur” seguía exigiendo que el gobierno permitiera sin demora el acceso de la ayuda humanitario a la población. El ministro de Exteriores, Kouchner, seguía la corriente: era necesario establecer desde Chad “un corredor humanitario asegurado por la comunidad internacional y proporcionar alimentos y medicinas a las poblaciones aisladas y aterrorizadas que aún sobreviven”.

    Lo importante no era el corredor humanitario, sino que el mismo estuviera, además, protegido por esa “comunidad internacional”, un eufemismo moderno para referirse a los ejércitos de las grandes potencias imperialistas.

    Hay que poner de manifiesto que las ONG preconizaban la invasión militar y que ninguna de ellas hablaba de reanudar las negociaciones de paz, porque “como en Ruanda, mientras hablamos de un hipotético proceso de paz, las masacres continúan”. Por eso hay que olvidarse de la paz, es prfeferible una guerra que acabe con las matanzas. Esa es la paradoja de las ONG “humanitarias” en el imperialismo contemporáneo.

    En los años 2006 y 2007 el gobierno sudanés se oponía al despliegue de tropas de la ONU, por lo que la injerencia que pedían las ONG era una declaración de guerra. “Emergency Darfur” llama, pues, a la guerra imperialista contra Sudán en nombre de un derecho a la injerencia que da una vuelta de 180 grados al único derecho reconocido en la Carta de la ONU: el derecho a la no injerencia.

    Hay algo más que los casos de Afganistán, Somalia e Irak ponen de manifiesto cada día: no existe ninguna certeza de que una invasión militar contribuya a garantizar la seguridad de la población civil, sino todo lo contrario. Una invasión militar del oeste de Sudán hubiera acabado en un baño de sangre, sobre todo para los civiles. Además, conduciría inevitablemente al colapso de los programas de asistencia sanitaria, cuya contribución a la supervivencia de la población de Darfur fue esencial.

    Las ONG forman parte integrante de las modernas guerras imperialistas de agresión. Las ONG justifican las guerra porque se nutren de ellas, de sus calamidades y sus sufrimientos. El tratamiento que merecen dichas ONG no es diferente del que está reservado a los carniceros imperialistas.

    https://books.openedition.org/ifpo/1377

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    Desde el inicio de la semana los trabajadores de Costa Rica están en una huelga general indefinida contra una reforma fiscal que reduce los salarios.

    Ayer la huelga acabó en enfrentamientos con la policía en las calles, incendios, saqueos de locales comerciales y una decena de policías con lesiones, durante operativos en la provincia de Limón (Caribe).

    8 locales comerciales resultaron con daños a la infraestructura, mientras que un furgón y una torre de telecomunicaciones del Instituto Costarricense de Electricidad fueron incendiados.

    La policía abordó un autobús con pasajeros y varios manifestantes respondieron lanzando un cóctel “molotov” contra un furgón policial, que resultó quemado.

    Una patrulla de la policía de Cieneguita, en Limón, también fue alcanzada por otro cóctel “molotov” lanzado por personas que la policía no ha logrado identificar, aunque ha detenido a dos personas; a una la acusan de robo y a otra de conducción temeraria.

    El miércoles el gobierno denunció que un grupo de trabajadores provocó disturbios y saquearon un supermercado en la ciudad de Limón (Caribe) y la policía detuvo a 16 personas.

    El martes los piquetes de manifestantes se apostaron en la entrada de los puertos y de la refinadora para intentar paralizar las operaciones.

    El miércoles por la noche la policía entró en la universidad de San José persiguiendo a cientos de estudiantes que habían bloqueado una calle, detuvo a cuatro se ellos y golpearon a otro.

    Ayer la fiscalía inició los trámites judiciales para declarar la ilegalidad de la huelga general. Los enfrentamientos han llegado a tal punto que un obispo la ha calificado como “moralmente inaceptable”.

    Los sindicatos rechazan la reforma tributaria porque afecta en mayor medida a la clase obrera, y particularmente a los trabajadores de las instituciones públicas, debido a que contiene reducciones en pluses salariales para contener el gasto.

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    Dilyana Gaytandzhieva

    El Pentágono ha desplegado a sus científicos en 25 países y les ha concedido inmunidad diplomática para investigar virus, bacterias y toxinas mortales en laboratorios militares fuera del territorio de Estados Unidos en un programa presupuestado en 2.100 millones de dólares, denominado Programa de Compromiso Biológico Cooperativo (CBEP).

    El programa lo financia la Agencia de Reducción de Amenazas de la Defensa (DTRA) y las instalaciones se ubican en países de la antigua Unión Soviética, como Georgia y Ucrania, así como Oriente Medio, el sudeste Asiático y África.

    Uno de esos laboratorios de guerra bioquímica está en Tblisi, la capital de Georgia, y la embajada transporta en valijas diplomáticas sangre humana congelada y patógenos para el programa militar secreto.

    El gobierno de Estados Unidos no tiene dinero para invertir en la salud de sus ciudadanos pero se gasta 161 millones de dólares en su laboratorio de Tblisi, una instalación secreta ubicada a sólo 17 kilómetros de la base aérea militar estadounidense de Vaziani.

    El laboratorio está muy vigilado. En un radio de 100 metros todos los transeúntes son filmados en vídeo, a pesar de que se encuentra en el barrio de Alexeevka, una zona residencial.

    En sus alrededores el aire se carga con el olor de los productos químicos. Por la noche el viento lleva el humo hacia la zona residencial. Los vecinos se quejan de que por la noche el laboratorio quema productos químicos peligrosos y que se vierten residuos peligrosos al río cercano a través de las tuberías de desagüe.

    Por la noche el laboratorio parece estar todavía en funcionamiento y un coche diplomático con matrícula de la embajada de Estados Unidos se puede ver en el aparcamiento del Centro.

    Los vecinos se quejan de dolores constantes de cabeza, náuseas, presión arterial alta y mareos cuando los productos químicos se queman por la noche en el laboratorio que está a sólo un par de cientos de metros de sus casas.

    “Hay humo negro, rojo o verde en la noche o especialmente temprano en la mañana alrededor de las 3 ó 4 de la madrugada. Incluso las gallinas han muerto. Pusieron una gran tubería bajo tierra y la conectaron a los desagües. Este olor viene de allí. Huele a huevos podridos y a heno en descomposición. El olor es muy fuerte y se propaga en diferentes direcciones por el viento”, dice Eteri Gogitidze, que vive en un bloque de pisos junto al laboratorio.

    “Tengo una enfermedad de la tiroides. Hay familias de tres personas en el vecindario y los tres tienen una enfermedad de la tiroides. Dicen que se debe al laboratorio”, explica Gogitidze.

    Albert Nurbekyan, que vive a unos 300 metros del laboratorio, muestra las cuatro chimeneas que emiten humo por la noche. “A veces el viento esparce un olor a huevos podridos. Una vez me desperté temprano por la mañana y noté que salía humo violeta del laboratorio. Por la noche dejan salir el humo para que la gente no vea. ¿Por qué por la noche?, ¿qué es lo que nos ocultan?”

    Luego nos da otro dato preocupante: “Hay grandes tuberías de plástico azul a lo largo de esta calle [desde el laboratorio] y desde donde todo va al río, que está a 3 ó 4 kilómetros de distancia. No sólo contaminan nuestro aire, sino que también envenenan nuestra agua”.

    https://dilyana.bg/us-diplomats-involved-in-trafficking-of-human-blood-and-pathogens-for-secret-military-program/

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    Marie Claude Vaillant-Couturier
    Resistente contra el fascismo desde el primer minuto, Marie Claude Vaillant-Couturier es una heroína francesa, una de las puntas de lanza de la lucha contra la ocupación durante la Segunda Guerra Mundial.

    En 1933 Marie Claude realizó su primer reportaje en Alemania en la clandestinidad para la revista “VU” creada y dirigida por Lucien Vogel, su padre. El trabajo se titulaba “Vu explora de incógnito el III Reich”. Poco después de la llegada al poder de Hitler, esta presentación, compuesta de fotos tomadas por ella, mostró los dos primeros campos de concentración nazis: Dachau y Oranienburg.

    En el otoño de 1937 se casó con el hombre cuyo nombre llevaría toda su vida: Paul Charles Vaillant-Couturier, redactor jefe del periódico comunista L’Humanité. Había sido herido por un proyectil en 1915 en la Primera Guerra Mundial y otra vez en 1918 por un ataque con gas. Esos acontecimientos reforzaron sus convicciones antimperialistas.

    Sobrecargado de trabajo, Paul murió de un ataque al corazón sólo tres semanas después de la ceremonia de la boda. Enterrado en el cementerio Père-Lachaise, una multitud impresionante desfiló junto a su féretro durante seis horas. Más tarde, en 1939, Marie Claude se casó con Pierre Villon, responsable de la redacción clandestina de L’Humanité al comienzo de la guerra. Pierre también fue un miembro muy activo del Consejo Nacional de la Resistencia.

    En 1938 Marie Claude se trasladó a España, donde conoció a las Brigadas Internacionales, una experiencia que le permitió conocer a Henri Tanguy, que más tarde sería conocido como Henri Rol-Tanguy, o coronel Rol-Tanguy. Sindicalista de CGT y militante comunista, Henri Tanguy había sido desmovilizado en agosto de 1940 y en el mes de octubre pasó a la clandestinidad para crear la Organización Especial, el brazo armado del Partido Comunista.

    Su mujer Cecile también era miembro de la Resistencia. Después de la rendición de Alemania, el 18 de junio de 1945 el general De Gaulle le concedió la Cruz de la Liberación.

    Al mismo tiempo, Marie Claude era miembro de la UJFF (Unión Juvenil Francesa), una organización feminista que luchaba contra la opresión de las mujeres. Como la mayoría de los comunistas (hombres) habían sido movilizados o encarcelados por el gobierno vychista, la UJFF permitirá fortalecer la futura resistencia comunista clandestina.

    En el primer Congreso fue elegida presidenta Danielle Casanova, que en otoño de 1940 ayudó a establecer comités de mujeres en la zona ocupada y organizó el salto de las Juventudes Comunistas a la lucha armada.

    Rose Blanc fue otra de las ilustres figuras de la UJFF. Se unió a la organización clandestina del Partido Comunista en 1940 y murió en la deportación a Auschwitz en marzo de 1943.

    En 1939 otra mujer, Claudine Chomat, participó en la reorganización clandestina del Partido Comunista Francés. En 1941 dirigió los Comités de la Resistencia Femenina.

    Junto con Georges Politzer y Paul Nizan (ambos asesinados), Charlotte Delbo descubrió el marxismo y se unió a las Juventudes Comunistas en 1934. Fue deportada a Auschwitz en 1943.

    Josette Dumeix y Claudine Chomat estuvieron a cargo de la edición clandestina femenina de L’Humanité. Detenida por la policía de Vichy, paseron 22 meses en prisión.

    Mounette Dutilleul, otra mujer resistente y comunista, fue deportada a Ravensbrück en 1943.

    En julio de 1940 Madeleine Vincent dirigió la Resistencia en el Norte y de Pas-de-Calais como miembro de las Juventudes Comunistas. Fue deportada a Kreuzburg, continuó la lucha a riesgo de su vida al negarse a trabajar para los alemanes.

    Georgette Cadras era militante del PCF y se convirtió rápidamente en capitán de la Resistencia. Fue detenida el 26 de marzo de 1941 y condenada a 10 años de prisión por un tribunal francés colaboracionista).

    Desde principios de la década de 1930 Lise Ricol-London era militante del Partido Comunista. Bajo la ocupación también se convirtió rápidamente en capitán de la Resistencia. Fue arrestada por la policía francesa en agosto de 1943, entregada a los alemanes, deportada al campo de concentración de Ravensbrück y luego a Buchenwald.

    Por su parte, como las demás militantes comunistas, Marie Claude también entró en la Resistencia participando en la edicicón del primer número clandestino de L'Université Libre, uno de los primeros grupos creados por tres comunistas: Georges Politzer, Jacques Decour y Jacques Solomon. Este grupo de intelectuales se formó en septiembre de 1940.

    Marie Claude fue detenida por la policía a principios de 1942. Descubrió la vida en prisión y aprendió a comunicarse con otros presos, en particular con Marie José Chombart, que toda su vida había luchado por los derechos de los niños.

    El 24 de enero de 1943 el convoy 31000 transportó a 1.530 hombres y 230 mujeres a los campos de concentración de Auschwitz y Birkenau. De ellos 119 eran comunistas, 12 pertenecían a redes gaullistas, 51 habían sido detenidos por resistir y sólo 49 de ellos sobrevivieron a la deportación.

    En Birkenau Marie Claude transportaba ladrillos de doce a catorce horas al día, aunque luego le asignaron como secretaria, debido a sus conocimientos del alemán. Allí conoció a Danielle Casanova, que murió de una virulenta epidemia de tifus el 9 de mayo de 1943. Fue condecorada póstumamente con la Orden Nacional de la Legión de Honor. Dos meses antes, Marie Politzer también había muerto de tifus. Casada con Georges Politzer y militante comunista, se había unido a la Resistencia en agosto de 1940.

    En agosto de 1944 Marie Claude fue trasladada al campo de Ravensbrück, donde le asignaron inicialmente a los movimientos de tierra y luego de traductora. En Ravensbrück, Marie Claude y sus camaradas se unieron a la organización de la resistencia interna del campo, que suponía negarse a trabajar para la industria armamentística nazi. Es lo que hacían los prisioneros de guerra soviéticos.

    La insubordinación fue severamente reprimida por los nazis.

    El 28 de abril de 1945 las SS abandonaron el campo de Ravensbrück, dejando a 2.000 mujeres enfermas. Algunas prisioneras, entre ellas Marie Claude, se ofrecieron como voluntarias para cuidar de ellos. Al día siguiente llegaron los soviéticos. Con el apoyo de los médicos soviéticos y otros deportados, Marie Claude se hizo cargo de la administración del campo. Se quedaron en Ravensbrück para tratar a los enfermos hasta que pudieran ser evacuados.

    En el Tribunal de Nuremberg, Marie Claude testificó el 26 de enero de 1946. En el banquillo estaban Hermann Göring, Rudolf Hess, Joachim von Ribbentrop y otros 21 cabecillas nazis en total. Marie Claude se acercó a ellos y los miró lentamente. Luego, frente a los jueces, la joven relató con calma el horror del universo de los campos de concentración.

    En el funeral de Henri Moraud, presidente del Fondo de la Memoria de Auschwitz, Marie Claude estuvo junto a Henri Krasucki, comunista y judío torturado por ser un resistente de la primera hora.

    Inmediatamente después de la Liberación, Marie Claude formó parte de la Asamblea Consultiva Provisional creada el 3 de noviembre de 1943 en Argel. Fue miembro de la Comisión de Educación y Bellas Artes, Juventud y Deporte el 26 de junio de 1946. También fue elegida diputada del Sena por el Partido Comunista, un cargo que ocupó durante décadas. De 1956 a 1958 y de 1967 a 1968 fue Vicepresidenta de la Asamblea Nacional.

    Entre octubre de 1963 y junio de 1964 se celebró en Sudáfrica el juicio de Rivonia, que dio lugar a la condena a cadena perpetua de Nelson Mandela y otros siete militantes contra el apartheid. Marie Claude estuvo a la vanguardia de la lucha. Desde Francia, intervino ante la Asamblea Nacional para denunciar la represión, el racismo y la brutalidad del régimen de Pretoria.

    Gérard Streiff, Une vie de résistante: Marie Claude Vaillant-Couturier
    https://anticons.wordpress.com/2018/09/10/marie-claude-vaillant-couturier-merite-elle-aussi-le-pantheon/

     

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    Desde agosto 80 trabajadores de la empresa Three Square Market, especializada en la programación de máquinas expendedoras, tienen microprocesadores implantados bajo la piel de sus manos.

    En Suecia varias empresas han hecho lo propio con sus trabajadores para entrar en los edificios, reservar billetes de tren, sacar dinero del cajero automático, comprar en el supermercado y utilizar la impresora o la fotocopiadora de la empresa.

    Los microprocesadores implantados son del tamaño de un gran grano de arroz y contienen información del trabajador, como su identidad, domicilio, cuenta corriente, datos médicos, etc.

    El Presidente de Three Square Market, Patrick McMullan, dice a una revista del MIT (Instituto Tecnológico de Massachssets) que, finalmente, uno se acostumbra a todo. Es la ley del mínimo esfuerzo: aceptamos cualquier cosa porque eso es lo más fácil, lo más sencillo.

    Sam Bengtson, ingeniero de programación de la empresa, utiliza su implante de 10 a 15 veces al día y hace una comparación estúpida: para él, pasar la mano por delante de un lector de chips RFID conectado a su ordenador no es diferente a escribir la clave en el teclado de su ordenador.

    Steve Kassekert, vicepresidente del departamento administrativo y financiero, dice que está tan acostumbrado a usar su mano para pagar en la máquina expendedora que se molestó cuando el lector RFID de la máquina se averió hace unos meses. “Es parte de mi rutina”, dice.

    No se sabe ni quién lee la información capturada por los lectores, ni dónde, ni cuándo, a pesar de que suministra cada detalle de la vida privada de los trabajadores: dónde están en cada momento (dentro y fuera del trabajo), en qué gastan su salario, qué lugares frecuentan, qué enfermedades padecen...

    Naturalmente, los patronos como McMullan dan toda clase de “garantías” del buen uso de la información recopilada sobre sus trabajadores, aunque a los trabajadores tambiénb les gustaríua recopilar información sobre sus patronos: cuánto ganan, cuánto gastan, en qué lo gastan, dónde, con quién, cuándo...

    Otro consuelo estúpido es que esa misma información personal ya la estamos poniendo a disposición de cualquiera en internet, en la tarjeta de crédito, en el abono de transporte... Nos da lo mismo que nuestra vida esté en las manos de 10 que de 1.000 monpolios o tipos sin escrúpulos de ninguna clase.

    Sólo les falta decir que si llevamos “piercings” y tatuajes por fuera, ¿por qué no llevar microprocesadores por dentro?

    Más información:
    - Una empresa sueca injerta microchips de identificación bajo la piel de sus trabajadores
     

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  • 09/14/18--09:35: ¿Que se juega en Siria?
  • Darío Herchhoren

    La guera que se está desarrollando desde hace siete años largos en Siria, ha sido un conflicto perfectamente planificado desde el año 2001 por el ex secretario de defensa de los EEUUen del gobierno de Bush Junior Donald Rumsfeld, y por el almirante Cebrowski, oficial de estado mayor de la armada de los EEUU, y consiste en una nueva proyección del mapa que abarca al próximo oriente (Jordania, Siria, Líbano e Israel), y lo que se viene llamando el cercano oriente ampliado, que incluye además de los paises mencionados, a Arabia, Omán, Yemen, emiratos árabes, Irán y Pakistán.

    El plan Rumsfeld Cebrowski, consiste en el redibujo de los mapas conocidos, y su reemplazo por otros que reflejen las diversas formas de interpretación del islam. Es decir que se trata de establecer nuevas fronteras y estados no en función de su historia, ni de sus peculiaridades nacionales, sino de sus diversas formas de entender su religión. Hay que decir que ya en la década de los años 70 y 80 del pasado siglo hubo un intento por parte de los USA de partir el Líbano en dos paises, uno cristiano y otro musulmán que fracasaron ostensiblemente, y donde la intervención gringa acabó con graves pérdidas de vidas humanas para los mismos.

    Indudablemente el imperio es tozudo y aprende poco de sus malas experiencias. La guerra de Vietnam, fue un hito importante en la historia militar de los EEUU, ya que era la primera vez, que su ejército volvía derrotado. Muchos, entre los cuales me cuento, creimos que esa lección iba a ser de provecho para el imperio. Sin duda era una pura ingenuidad. La esencia del imperio es justamente eso: ser un imperio, y para ser un imperio hay que aplicar esas políticas que se repiten una y otra vez.

    Si miramos los planes del dúo Rumsfeld Cebrowski, comprenderemos que es producto de su concepción supremacista, que tiene sus raíces en las viejas tradiciones judías del "pueblo elegido", y más cerca en el tiempo de la concepción germana del nazismo del "Deutschland uber alles" (Alemania por encima de todo) y de todos agrego yo.

    Un plan como ese indudablemente no tiene en cuenta que los pueblos afectados se defenderán de los mismos, y ese es el talón de Aquiles de la intervención militar de los EEU en Siria.

    Ahora estamos viendo que la pérdida de la guerra en Siria ha hecho que ya no sirvan las intervenciones vicarias de los EEUU que se expresan por el armado de los ejército yihadistas, salafistas, wahabistas y de Al Qaeda, a través de sus sucursales, sino que debe ser el propio imperio que debe salir a dar la cara, en el territorio sirio, y lo hace a través de lo que llama "coalición internacional", formado por los propios USA, Gran Bretaña, Francia, Bélgica y Holanda. Estos socios menores esperan que caiga de la mesa del imaginario festín alguna migaja.

    La situación de la guerra en Siria es harto complicada porque entre otras cosas ha hecho aflorar viejas glorias, entre las cuales los sueños imperiales de Inglaterra que quiere volver a los tiempos del Coronel Tomas Lawrence (Lawrence de Arabia), o los de los colonialistas franceses que sueñan con la vuelta de los tiempos del fin de la primera guerra mundial, donde la Sociedad de las Naciones otorgó a Francia e Inglaterra el fideicomiso sobre Irak, Siria y Líbano, ex despojos del imperio otomano. Lo mismo pasa con Turquía que imagina la vuelta a los tiempos del Sultán Otomán, pero esta vez con el "sultán" Erdogan. Sin duda es un tablero complicado.

    Ahora se está jugando en Siria la última mano de esta partida; y la segura derrota del imperio en Idlib, que acabará la guerra en Siria será particularmente dura ya que ello significará enterrar los arrogantes delirios de Rumsfeld y Cebrowski, y lo que es lo mismo la derrota de los USA y sus aliados filibusteros.

    Siria es en este momento la primera linea de fuego en la lucha antiimperialista; y su triunfo junto a sus aliados Rusia, Irán, China y Hezbolah será un durísimo golpe del que quizá nunca se recupere el imperio que ya ha entrado en el ocaso. Las maniobras militares de Rusia, China y Mongolia que se desarrollan en el lejano oriente ruso no son una casualidad. Más bien son una demostración de músculo, y harán pensar a los imperialistas, que esta vez su territorio será bombardeado, y que ciudades como Nueva York, Washington, Baltimore, Houston, Los Angeles o San Francisco pueden convertirse en ruinas en pocos minutos merced a las potentísimas armas que poseen Rusia y China, y que sus portaaviones no servirán de nada ya que volarán en pedazos. Esta vez el país norteamericano será escenario de guerra por primera vez. Esto quizá haga reflexionar a los imperialistas y frene sus ansias de saquear el Medio Oriente Ampliado o achicado robando su petróleo. En Siria se juega el futuro de la humanidad para muchos años.

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    Maassen: nazi y jefe del espionaje alemán
    Los vínculos de los nazis con el presidente de la Oficina Federal para la Protección de la Constitución, el servicio de inteligencia interior alemán, Hans-Georg Maassen, siembran la discordia dentro del gobierno alemán.

    Ayer tuvo lugar una reunión entre los socios del gobierno, la CDU de Merkel, la CSU y el SPD para abordar el futuro de Maassen. Los tres partidos de la coalición se emplazaron hasta el martes para tomar la decisión final.

    Según publica la revista Kontraste, el jefe de los servicios de inteligencia filtró a un diputado del partido nazi AfD información confidencial cinco semanas antes de hacerse pública. Una antigua militante nazi, Franziska Schreiber, sostiene esta historia y añade que Maassen se reunió con varios dirigentes nazis para darles algunos consejos para no ser vigilados por sus servicios de seguridad.

    El terrorismo nazi ha estado muy presente en los últimos días en Alemania después de que la muerte de un hombre en las fiestas de Chemnitz por heridas de arma blanca a manos de dos peticionarios de asilo desencadenara varias cacerías contra extranjeros. La actuación de Maassen en la ola de terror también ha provocado la división dentro del gobierno.

    En unas declaraciones al diario Bild el pasado viernes, el jefe de la Oficina Federal para la Protección de la Constitución puso en duda que hubiera habido cacerías de extranjeros por parte de los nazis, así como la autenticidad de un vídeo que documentaba los ataques. Estas declaraciones provocaron que Maassen tuviera que comparecer ante dos comisiones parlamentarias, donde tuvo que matizarlas, afirmando que su intención había sido advertir contra posibles campañas de desinformación.

    El puesto de Maassen depende directamente del Ministerio del Interior ocupado por Horst Seehofer, de la CSU, quien le ha ratificado en el cargo. Los otros socios de gobierno que piden la dimisión son los socialdemócratas de la SPD, quienes creen que “está claro que Maassen tiene que irse”.

    En medio de los dos está la CDU de Merkel. Desde el partido de la canciller se han hecho críticas pero no se ha pedido la dimisión.

    Las tensiones desatadas en torno a Maassen inciden en un momento muy complejo, a cuatro semanas de las elecciones en Baviera, donde a la CSU se le pronostica que perderá la mayoría absoluta que ha tenido casi ininterrumpidamente durante décadas. La formación de Seehofer representa el ala más rfeaccioinaria del bloque de Merkel y tanto en la pasada legislatura como en la que se inició el pasado marzo, con el nuevo pacto de coalición, ha presionado sobre la canciller para que endurezca su política migratoria.

    Maassen se convirtió en 2012 en jefe de la Oficina para la Protección de la Constitución, como sucesor de Heinz Fromm, obligado a dejar el puesto por su complicidad con la célula neonazi Clandestinidad Nacional Socialista, que asesinó a nueve inmigrantes. Entonces se le asignó el cometido de reformar un servicio que había quedado en entredicho por su complicidad con el terrorismo nazi, que había actuado en la impunidad durante décadas.

    http://www.msn.com/es-es/news/msn/el-v%c3%adnculo-de-la-inteligencia-alemana-y-la-ultraderecha-divide-al-gobierno-merkel/ar-BBNih3x

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    La red digital Facebook censura cuentas como la nuestra que critican el sionismo y el Estado de Israel, mientras que promociona otras por medios indirectos, a través de “Proyecto Israel”, un importante grupo de presión con sede en Washington, como expone el documental “The Lobby-USA”(1), censurado a Al-Jazira debido a las amenazas vertidas contra Qatar por organizaciones prosionistas (2).

    Se han obtenido grabaciones en las que se escucha a David Hazony, director general de “Proyecto Israel”, diciendole a un periodista encubierto de Al Jazeera: “También hay cosas que hacemos que están completamente fuera del radar. Trabajamos juntos con muchas otras organizaciones”. Después Hazony confiesa: “Producimos contenido que luego publican con su propio nombre”.

    Una parte importante de la operación consiste en la creación de una red de “comunidades” de Facebook centradas en la historia, el medio ambiente, los asuntos mundiales y el feminismo que parecen no tener ninguna conexión con la defensa del sionismo, pero que son utilizadas por “Proyecto Israel” para difundir mensajes favorables.

    Por ejemplo, la página de Facebook “Cup of Jane” dice que tiene casi medio millón de seguidores y trata sobre “Azúcar, especias y todo lo bueno”, cuando en realidad está dirigida por “Proyecto Israel” como parte de una campaña encubierta de influencia y persuasión.

    En otra conversación también grabada, Jordan Schachtel, que trabajaba para “Proyecto Israel” le cuenta al periodista de Al-Jazira el alcance de la operación encubierta en Facebook:

    “Estamos reuniendo muchos medios de comunicación pro-Israel a través de varios canales de reds sociales que no son los canales del Proyecto Israel”, confiesa Schachtel. “Así que tenemos muchos proyectos paralelos con los que estamos tratando de influir en el debate público”.

    “Por eso es secreto”, admite Schachtel. “No queremos que la gente sepa que estos proyectos están asociados a Proyecto Israel”.

    Entonces el periodista le pregunta si la técnica es que las cosas relativas a Israel cuelen mejor por medios indirectos, a través de sitios anodinos. “Lo que pasa es que no nos gusta mezclarnos en todo”, explica Schachtel.

    Los autores de la página “Cup of Jane”, por ejemplo, se identifican a sí mismos como “una comunidad lanzada por el Proyecto de Medios Futuros de TIP en DC”, o sea, Washington, pero no hay ninguna mención de que las siglas TIP significan “Proyecto Israel”.

    Ese reconocimiento impreciso del verdadero autor de la página se añadió después de que “Proyecto Israel” se enterara de que el documental encubierto de Al-Jazira ya estaba circulando.

    En su propio sitio web “Proyecto Israel” agregó un reconocimiento de que administra varias páginas de Facebook. Sin embargo, ese sitio no está enlazado desde las páginas de Facebook.

    En Internet Archiv no se conservan las páginas existentes antes de mayo de 2017, meses después de que el documental comenzara a circular.

    Según Schachtel, “Proyecto Israel” está invirtiendo considerables recursos en la producción de “Cup of Jane” y su red de páginas indirectas. “Tenemos un equipo de unas 13 personas. Estamos trabajando en muchos vídeos explicativos”, dice el periodista en el documental. “Muchos temas son sólo aleatorios y luego tal vez el 25 por ciento tratan sobre Israel o los judíos”.

    (1) https://electronicintifada.net/tags/lobby-usa
    (2) https://electronicintifada.net/content/national-security-cited-reason-al-jazeera-nixed-israel-lobby-film/24566

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