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Podemos defiende la política imperialista de desestabilización mundial

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Juan Manuel Olarieta

La defensa del imperialismo estadounidense siempre ha sido una de las señas de identidad del trotskismo, porque esta degeneración del movimiento obrero se ha nutrido siempre, especialmente durante la guerra fría, del apoyo de la CIA. Su presencia es obvia en esos pequeños círculos de intelectuales burgueses que son típicos de los países imperialistas, y se conserva sólo por sus serviles ataques contra el socialismo y el movimiento obrero.

La eurodiputada de Podemos, Teresa Rodriguez-Rubio, forma parte de esos círculos trotskistas, antes adheridos a Izquierda Unida y ahora a Podemos, aunque como parte integrante de una de esas "corrientes internas" llamada Sumando Podemos en las que los entristas se mueven como pez en el agua. Lo mismo que la revista trotskista "Sin Permiso"(1), Rodríguez también ha saludado la campaña de desestabilización emprendida por Estados Unidos contra China en Hong Kong bajo el lema "Arriba los que luchan" (2), que no es sólo una consigna característica del trotskismo para sembarar confusión y desorganización, sino una marca del momento que estamos atravesando, de la que se están aprovechando en la forma oportunista que siempre ha sido típica suya: en la forma de la organización de tinglados como Podemos.

Bajo un tufo izquierdista, consignas como "Arriba los que luchan" son las típicas del reformismo de hace un siglo: "los objetivos no son nada, el movimiento lo es todo", escribió Bernstein, lo que ha quedado como indicativo de un revisionismo despreciable. Me da lo mismo que me hablen de España que de Hong Kong. Personalmente a mí las mareas ciudadanas me han acabado mareando. ¿Hay una lucha en Hong Kong?, ¿quién está luchando?, ¿por qué lucha?, ¿cómo lucha?, ¿contra quién lucha?

Los revisionistas como Bernstein, los partidarios del mogollón y de "la lucha", no sólo no me motivan nada sino que me generan una profunda desconfianza. Hong Kong ha sido una colonia británica durante 150 años dirigida desde Londres por un sátrapa sin escrúpulos y una marina de guerra. Hasta ahora, o sea, hasta que en 1977 a China le devolvieron lo que era suyo, nunca escuché a nadie preocuparse por la democracia en aquel enclave comercial.

Los imperialistas, y esos estudiantes de Hong Kong que son sus tentáculos, no luchan contra nada porque no lo necesitan: lo tienen todo. Los que realmente luchan son los que combaten al imperialismo y a sus monaguillos "occupys", en España y en Hong Kong. No existe ninguna otra lucha.

Desde 1847 bajo el colonialismo británico, Hong Kong, el "puerto perfumado", prosperó mucho. Lo que nadie quiere contar es que esa prosperidad procedía de su conversión en el centro mundial más importante del tráfico de opio. Nadie quiere contar que mientras los imperialistas británicos y sus delegados chinos acumularon fortunas gigantescas, en el continente millones de personas padecían los estragos de los fumaderos de droga, hasta que en 1900 las masas se levantaron contra aquel envenenamiento masivo, desencadenando la guerra de los boxers, un problema que no acabó hasta la revolución socialista de 1949.

Pero en Hong Kong no es oro todo lo que reluce. Si esos estudiantes se hubieran sentado en las calles de un barrio obrero no hubieran salido en los telediarios del mundo entero. Lo que los "ocuppys" han ocupado es Central, el lugar de la bolsa, las finanzas y los negocios de Hong Kong, donde el nivel de vida es engañoso. En contra de lo que dicen los imperialistas a través de los medios de comunicación a su servicio, una quinta parte de la población de Hong Kong vive en la pobreza.

Para paliar las pésimas condiciones de vida de los obreros del enclave, China ha introducido algo que los colonialistas nunca hicieron: un salario mínimo de 3,60 dólares, absolutamente insuficiente para cubrir el astronómico alquiler de una vivienda. La miseria es tan espantosa que los obreros de Hong Kong han tenido que emigrar al continente. Desde que Hong Kong fue devuelto a China, está ocurriendo lo contrario de lo que dicen los medios imperialistas: el antiguo centro comercial colonial ha perdido alrededor de un 80 por ciento de sus puestos de trabajo industriales y las fábricas se han desplazado a la parte continental.

En Hong Kong los obreros no pueden subsistir con el salario que les pagan los capitalistas. Su problema, pues, no es esa "democracia" a la que se refiere Rodríguez, "que no tiene nada que ver con las monstruosas experiencias burocráticas del estalinismo"(3), otra típica expresión babosa que siempre está en boca de los trotskistas. A diferencia de los estudiantes de Hong Kong, que pertenecen a la burguesía, los obreros no pueden elegir el sitio en el que viven. No les queda otro remedio que refugiarse en una de esas "monstruosas experiencias burocráticas del estalinismo" que es China. Si no pueden elegir su lugar de residencia, es decir, si tienen que emigrar fuera de Hong Kong, tampoco pueden votar. Hablar de democracia en Hong Kong es un sarcasmo, propio de verdaderos degenerados burgueses: cuando los obreros se hayan ido de la localidad sólo van a poder votar los que tienen los bolsillos llenos; son ellos los que quieren tener todo el poder en sus manos.

Pero eso no es más que una excusa burda, propia de farsantes. En realidad nadie pretende ninguna clase de democracia en Hong Kong: se trata de una campaña imperialista de desestabilización -otra más- dirigida contra China, a la que pretenden atenazar de un extremo (Hong Kong) a otro (Xinjiang). Eso es lo que los caciques de Podemos, como Rodríguez, están apoyando.

(1) http://www.sinpermiso.info/articulos/ficheros/4izqhk.pdf, http://www.sinpermiso.info/articulos/ficheros/hk.pdf
(2) https://twitter.com/TeresaRodr_/status/517782388580290562
(3) http://www.reddit.com/r/podemos/comments/2b1baf/soy_teresa_rodr%C3%ADguezrubio_y_puedes_preguntarme_lo/

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