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    Legión caucásica de la Wehrmacht
    Las Guerras del Cáucaso (4)

    El Cáucaso entra en el Plan Barbarroja de invasión de la URSS de una forma directa y estratégica. Los nazis calculan derribar a la URSS en 10 semanas, pero la heroica resistencia del Ejército Rojo les obliga a prorrogarlo y modificar el proyecto original. Una vez frenados en 1941, los nazis se aprestan a una guerra más prolongada. Durante el verano del año siguiente concentran sus fuerzas en el frente sur, donde la gigantesca batalla de Stalingrado ha eclipsado a la guerra caucásica, en la que los nazis llegaron hasta la ribera del rio Terek, a las mismas puertas de Grozni.

    Atacando el Cáucaso los objetivos nazis eran múltiples, entre otros:

    — alcanzar los pozos de petróleo de Bakú
    — forzar a Turquía a entrar en la guerra al lado del Eje
    — enfrentarse a los británicos en Persia y Asia central.

    Es bien sabido que, en su escalafón racista, los nazis consideran a los eslavos como infrahumanos (“untermensch”), por lo que podemos imaginarnos la estimación que tenían hacia otros pueblos, como el checheno. A efectos prácticos había dos posiciones entre ellos. Algunos, como Alfred Rosenberg, eran partidarios de la “independencia” de los pueblos del este, de respetar su idiosincrasia y mantener relaciones de colaboración con ellos. Pero también había quienes pretendían simplemente someterlos a la fuerza y reducir a sus habitantes a la servidumbre. Esta última política es la que impusieron el primer año de la guerra, donde las espantosas masacres cometidas en Ucrania y Bielorrusia lanzan a las masas a la resistencia y a la guerra de guerrillas. Al año siguiente aprendieron del fracaso, suavizaron sus modales y trataron de incorporar a los pueblos auctóctonos del Cáucaso a sus filas. Se imponían las tesis de Rosenberg, uno de tantos nazis nacidos en la Rusia zarista, grandes conocedores del país, su idioma y su cultura. De origen alemán pero nacido en Estonia, Rosenberg había estudiado ingeniería en Moscú, de donde huyó tras la Revolución de Octubre, trasladándose a Alemania, siendo con Hitler uno de los fundadores del partido nazi.

    Tras la derrota de la URSS, Rosenberg estaba destinado a ser el ministro del Reich para los Territorios Ocupados del Este, y para cada uno de ellos (Báltico, Ucrania, Bielorrusia, Cáucaso) tenía planes específicos del papel que debían desempeñar en el futuro (“Generalplan Ost”).

    En Alemania, Rosenberg reclutó para los nazis a muchos viejos zaristas y “nacionalistas”, como el georgiano Alexander Nikuradze. Físico, seguidor de las teorías reaccionarias de Spengler y Haushofer, Nikuradze se nacionalizó alemán, se afilió al Partido nazi y fue uno de los que colaboró con Rosenberg para establecer una alianza entre el III Reich y los países del Cáucaso con el fin de “liberar” a éstos del “yugo” soviético. Esa alianza tomaría la forma de una “Confederación” de todos los pueblos caucásicos encabezada por Georgia, que era el único país de la región que tras la I Guerra Mundial, durante su “independencia”, se había alineado con el Reich.

    Por tanto, en 1942, una vez fracasado el año anterior el plan de colonización y sometimiento en Ucrania y Bielorrusia, se imponen para el Cáucaso las tesis de Rosenberg y su “Generalplan Ost”. Pero este plan no asume las tesis panturquistas sino las del georgiano Nikuradze. Por tanto, para los nazis, los chechenos y demás pueblos islámicos del Cáucaso sólo eran carne de cañón preparada para ser triturada en el frente. En efecto, una parte del Plan General para el Este es utilizar tropas autóctonas, caucásicas, en la lucha contra el Ejército Rojo, dar la apariencia de que no se trataba de una invasión extranjera sino de una guerra civil contra los bolcheviques, continuación de la anterior.

    Dentro de la Wehrmacht se formaron en 1942 unidades de combate georgianas, azeríes y norcaucásicas a las que se le dio el nombre de Legiones Voluntarias Orientales. A diferencia de otras parecidas, como las bálticas, no formaban parte de la Waffen SS sino del ejército regular alemán y estaban dirigidas por mandos alemanes. Estas Legiones eran las siguientes: de Turkestán, de Azerbaián, de Georgia, de Armenia, de los Tártaros y de los Montañeses, que es donde se integraron los chechenos (“Nordkaukasische Sondergruppe”) formando tres batallones: los 801, 802 y 803. Cada batallón musulmán disponía de un “mullah” para las ceremonias religiosas y para arengar a la tropa en la batalla contra los impíos bolcheviques. Habían sustituido la media luna por la cruz gamada, cualquier cosa antes que la hoz y el martillo. En total las Legiones Orientales sumaban 90.000 mercenarios encuadrados en 90 batallones (seis divisiones) de los que sólo 20 entraron en combate en el Cáucaso; a ellos hay que añadir 200 compañías con labores de retaguardia, es decir, para hacer el trabajo sucio represivo. Estas fuerzas eran superiores a las que Alemania dispuso en la región durante la I Guerra Mundial. Los mercenarios de estas Legiones fueron reclutados por el general Ernst Köstring: alemán nacido en Moscú, participó en la I Guerra Mundial, luego fue asesor del atamán Skoropadski durante la guerra civil rusa y la etapa de “independencia” de Ucrania y, finalmente, desde 1927 fue agregado militar de la embajada alemana en Moscú hasta el dia antes del ataque a la URSS. Otro personaje de las Legiones era el general Bicerachov, un fanático zarista que ya había combatido a los bolcheviques en Bakú en 1918 a sangre y fuego. Otra joya era el príncipe cherkés Klyc-Girej, antiguo comandante de la “División Salvaje”, la caballería caucásica que había participado en la I Guerra Mundial y luego contra el Ejército Rojo en la guerra civil. Las hordas que se aprestaban a “liberar” el Cáucaso, además de los jefes nazis, tenían mandos autóctonos de esta calaña.

    Sonderverband Bergmann

    Pero esto no es lo principal ni tampoco lo más interesante; lo verdaderamente significativo es que, además de esas Legiones, y siempre bajo el mando de oficiales alemanes, los nazis formaron unidades autóctonas del Abwehr, el Servicio de Inteligencia Militar, para la realización de operaciones “especiales”, espionaje, sabotaje y guerra sicológica, tanto en el frente como en la retaguardia. Eran conocidas con el nombre de “Brandenburgo” y fueron las primeras en utilizar a los viejos contrarrevolucionarios y exiliados, lo cual es lógico porque el espionaje y el sabotaje son la antesala de la guerra.

    Entre las operaciones “especiales” de los brandenburgueses está la creación de la “Organización Tamara” anotada en el Diario de Operaciones del Alto Mando del Ejército alemán tres días antes del ataque a la URSS. Su objetivo era desencadenar una insurrección en Georgia a las órdenes del teniente Kramer y del suboficial Hauffe, ambos del Abwehr, aunque promovida por comandos especiales compuestos por georgianos. Estos comandos se reclutaron y entrenaron en Rumanía, un país que formaba parte del Eje fascista y donde desde 1917 había una colonia muy importante de exiliados zaristas y “nacionalistas”. El jefe del Abwehr en persona, el almirante Canaris, pasó revista a “sus” hombres durante la jura de bandera. Es fácil imaginar a todos aquellos “nacionalistas” (en realidad contrarrevolucionarios de la más baja estofa) vestidos con uniforme alemán, jurando lealtad eterna y ofrendar su vida para mejor gloria de Alemania y su Führer.

    La “Organización Tamara” fracasa por el propio fracaso del Plan Barbarroja y la dilatación de la guerra.

    Entonces el Abwehr encomienda a Theodor Oberländer, un profesor universitario convertido en capitán del servicio de inteligencia militar, la formación de la Unidad Especial Bergmann (“Sonderverband Bergmann”). El capitán Oberländer era otro experto conocedor de los pueblos caucásicos, materia de la que impartía sus cursos en la Universidad y que vio entonces la oportunidad de llevar sus teorías a la práctica. Su concepción era similar a la de Rosenberg: para ganar la guerra no se podía aplastar a los pueblos de la URSS, sino todo lo contrario, había que aprovecharlos, engañarlos y prometerles cualquier cosa, incluso la “independencia”, con tal de utilizarlos como carne de cañón contra la URSS.

    Oberländer dividió la unidad Bergmann en tres compañías: en la primera estaban los georgianos, en la tercera los azeríes y en la segunda los norcaucásicos, entre ellos los chechenos. Desde Berlín se impidió que las unidades extranjeras que combatían en la guerra dentro del ejército alemán sobrepasaran el rango de un batallón, por lo que la unidad Bergmann llegó a ser el Batallón Bergmann, si bien sus fuerzas reales eran muy superiores. Sus tareas eran las propias de las operaciones “especiales”: preparar el terreno para la llegada de las fuerzas de vanguardia, promover el descontento entre la población, socavar la retaguardia del Ejército Rojo, incendio, sabotaje, etc. Es ocioso subrayar que muchas de estas operaciones se realizaban previa infiltración tras las líneas enemigas, vistiendo uniformes del Ejército Rojo y con armamento soviético. Una vez conquistado el Cácaso y mientras los alemanes seguían avanzando, la misión del Batallón era de “limpieza” represiva: ahorcar a los comunistas, a los koljosianos, a los guerrilleros, a los funcionarios soviéticos y, finalmente, formar los ejércitos de los nuevos Estados “independientes”...

    Pero el Batallón Bergmann no era más que uno de tantas otras fuerzas autóctonas que luchaban bajo uniforme alemán contra sus propios compatriotas (lo cual resulta también muy “nacionalista”), y no en el frente precisamente sino en las tareas más sucias y criminales de retaguardia. Ya hemos mencionado el caso de las Legiones de Voluntarios; vamos a enumerar algunas otras:

    — RNNA o Ejército Nacional del Pueblo Ruso al mando del coronel Bojarski (seis batallones, unos 10.000 criminales) que no luchaba en el frente sino contra la guerrilla en tareas policiacas de “limpieza”
    — el 120 Regimiento de Cosacos del Don al mando del coronel Kononov, unos 3.000 también dedicados a labores policiacas de retaguardia
    — el Ost Ausbildung Regiment “Mitte”, cinco batallones bajo la dirección del teniente coronel Janenko; también realizaba operaciones antiguerrilleras
    — RONA o Ejército de Liberacion del Pueblo Ruso, casi 20.000 pistoleros a las órdenes del general Kaminski, siempre en misiones de “limpieza”
    — la Brigada Druzina del teniente coronel Rodionov, creada por la Waffen SS.

    Dentro de los planes de guerra del Cáucaso, el Ministerio alemán de Asuntos Exteriores convocó una reunión con los dirigentes en el exilio de los pueblos autóctonos del Cáucaso para abordar la ocupación como una auténtica liberación y atraerse así a Turquía a esta campaña. Presidió la reunión el conde Von Schulemburg, el mismo que había dirigido a las tropas alemanas destacadas en Georgia al final de la I Guerra Mundial, el mismo que en 1939, cuando era embajador en Moscú, preparó la firma del Pacto Molotov-Von Ribbentrop. En la reunión había muchos viejos conocidos que llegaron hasta Berlín desde Turquía. Estaba el checheno Said Beck Shamil; estaba el ingushe Dzabagi, antiguo Presidente de la República de los Pueblos del Cáucaso; estaba Jakub, dirigente del partido azerí “Mussawat”; estaba Bagration, príncipe heredero de Georgia,...

    Los temas de negociación no sólo concernían a la limpieza de comunistas del Cáucaso; también había que expulsar de allá a todos los rusos, eslavos y, en general, a los no originarios de la región. La limpieza debía ser a la vez política y étnica.

    No vamos a narrar la guerra del Cáucaso que, al mando de Von Kleist, se inició en el verano de 1942 y llegó justo hasta el río Terek, penetrando sólo unos pocos kilómetros en territorio checheno. Seis meses después, en diciembre del mismo año, los nazis y sus acompañantes volvieron a fracasar y recularon hasta las estepas del Don. Con ellos huyeron los colaboracionistas que no pudieron ser inmediatamente apresados. En combates feroces, las Legiones Orientales tuvieron numerosas bajas y se tuvieron que unir al Batallón Bergmann que, fuera de su ámbito y de la misiones previstas, tuvo que reconvertirse en Crimea en una unidad de combate, algo para lo que no estaba entrenado.

    Al final de la guerra, conscientes del destino que les esperaba, las compañías del Batallón Bergmann trataron de entregarse a los británicos y a los norteamericanos, sabedores de que con ellos tenían más posibilidades de salvar el pellejo que con los soviéticos. No todos lo lograron; algunos fueron entregados al Ejército Rojo, identificados y pasados por la armas. Ya hemos presentado muy brevemente las biografías de algunos de aquellos pretendidos “libertadores” del Cáucaso. Podemos explorar la biografía de algunos otros que lograron escapar, como el comandante azerí Fatalibejli-Dudanginski, un desertor del Ejército Rojo que se pasó al bando contrario, donde ascendió en el Batallón Bergmann y llegó a mandar una compañía cuando cayeron muertos los mandos alemanes. No fue capturado al final de la guerra y de la represión se pasó a la política, llegando a convertirse en uno de los dirigentes del exilio anticomunista azerí. Pero no se libró de su justo castigo: un agente del contraespionaje soviético le ejecutó en Munich en 1954. El mariscal Von Kleist fue capturado por los ingleses en 1945, entregado a los yugoeslavos, quienes a su vez lo entregaron a los soviéticos, donde murió en un presidio en 1954. Escapó Theodor Oberländer, el creador del Batallón, que luego fue diputado y ministro en la República Federal de Alemania en la década de los años cincuenta. Fue juzgado en rebeldía en la República Democrática Alemana en 1960 y condenado por crímenes de guerra a cadena perpetua. Había dirigido la matanza de Lvov. Lamentablemente la sentencia no se pudo ejecutar. Tras la caída del muro, Oberländer tuvo la desfachatez de limpiar -era su especialidad- su memoria: en 1993 inició un pleito para anular la sentencia dictada en Alemania oriental y lo peor es que lo logró porque -dijeron los nuevos tribunales “democráticos” de Berlín- el fallo anterior se había fundado en pruebas “falsas”. Pudo morir plácidamente cinco años después en Bonn con la conciencia muy tranquila.

    Para mayor gloria del Batallón Bergmann, vamos a finalizar narrando que continuó cumpliendo las funciones para las que había sido adiestrado, especialmente la lucha antiguerrilera en Ucrania, Grecia y Yugoeslavia, cuyos habitantes conocieron la brutalidad y el salvajismo de sus métodos de “limpieza”. La II Compañía, en la cual servían precisamente los chechenos, fue destinada al final de la guerra a Polonia; más concretamente fue la que aplastó inmisericordemente la sublevación del ghetto de Varsovia...

    El uniforme de los soldados de las Legiones Orientales sólo se diferenciaba del de la Wehrmacht por un pequeño detalle: en su gorro llevaban como insignia un “kindjal”, la navaja caucásica. Los chechenos que asesinaron dentro de las unidades alemanes, son criminales de guerra, aunque imaginamos que también serían absueltos por los tribunales imperialistas alemanes, como su jefe, el capitán Oberländer. Limpieza de sangre, limpieza étnica, limpieza política... la política nazi e imperalista es siempre limpia y por eso queda también limpia de pruebas. A ellos sí hay que absolverles; a nosotros, los comunistas, a los que estamos en las barricadas contra el fascismo, a nosotros hay que condenarnos. Nosotros además de criminales somos mentirosos. Y somos criminales porque llevamos al pueblo checheno al genocidio el 23 de febrero de 1944.

    Vamos a comprobar también ésto.
    Tropas caucásicas del ejército alemán

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    Oberländer en tiempos nazis
    Las Guerras del Cáucaso (5)

    El 23 de febrero de 1944 los chechenos estaban o en el exilio o en su país, o combatiendo en el Batallón Bergmann o combatiendo en el Ejército Rojo. La inmensa mayoría estaban en su país y combatiendo en las filas del Ejército Rojo. Los demás, los que acompañaban a la Wehrmacht en su retirada, se dedicaban a ahorcar guerrilleros en Grecia. Sin embargo, los que se quedaron en la URSS fueron introducidos -todos- en 180 trenes y trasladados al otro lado del Mar Caspio, a Kazajistán.

    A partir de aquí todo lo demás es falso y forma parte de la guerra sicológica imperialista:

    — no fueron trasladados a Siberia
    — no murió la mitad en el trayecto porque duró unas pocas horas
    — no se trataba de ninguna venganza.

    En este punto habría que establecer muchas precisiones históricas. La evacuación no cayó sólo sobre los chechenos sino sobre varios pueblos caucásicos. En aquellos trenes entraron -insistimos- todos los chechenos: también los militantes del Partido bolchevique, los funcionarios soviéticos, los cooperativistas de los koljoses, etc. Por tanto, no sólo se desplazó a la sociedad sino que se desplazó al Estado, a la propia República chechena, con todo lo que se pudo poner sobre los raíles: no marcharon las escuelas pero marcharon los maestros, no marcharon los hospitales pero marcharon los médicos, y así sucesivamente.

    Menos atrevidos, algunos como Jruschov no hablan de genocidio pero sí de deportación, de castigo. El Ejército Rojo no se vengó sino que impartió justicia con los chechenos colaboracionistas en cuanto los capturaron, especialmente al finalizar la guerra mundial. No era el caso de los que se quedaron, que fueron evacuados por razones puramente militares.

    En febrero de 1944 la guerra continuaba y aún no se podía saber si Alemania estaba en condiciones de contratacar, en qué dirección lo haría y si, en tal caso, Turquía entraría en ella o no. Lo cierto es que al otro lado de la frontera estaban desplegadas gran número de divisiones turcas.

    No hay ninguna guerra moderna sin grandes desplazamientos de población. En la guerra civil española, el gobierno del PNV envió por barco a Londres a una buena partida de niños vascos y lo mismo hizo el Frente Popular, que envió otro contingente a Moscú. Cuando al final de la guerra cayó Barcelona, salieron a Francia casi dos millones de republicanos, cuatro veces más que los chechenos. Lo que diferencia a los desplazamientos soviéticos durante la II Guerra Mundial de todos los demás (y de todas las demás guerras) es que, en lugar de caóticos, fueron cuidadosamente preparados y planificados para que las poblaciones padecieran el mínimo posible. En 1941, antes del comienzo de la guerra, Stalin (de quien dicen que el ataque nazi le pilló de improviso) también desplazó grandes contingentes de población, unas por razones económicas y otras, como los alemanes del Volga, por evidentes razones políticas. No es por casualidad que todos esos desplazamientos afectaran a poblaciones fronterizas o que podían ser alcanzadas por la guerra. Como bien sabían los imperialistas, las fronteras fueron siempre el punto débil de la defensa soviética y la guerra con Finlandia y las anexiones de los paises bálticos en 1940 tenían ese objetivo estratégico.

    El desplazamiento era puramente temporal. En 1956 el pueblo checheno retornó a su tierra natal. La República Autónoma de Chechenia e Ingushetia volvió a figurar en los mapas. Se establecieron diversas reparaciones para ellos. El gobierno soviético otorgó facilidades especiales para la educación superior de los chechenos, lo cual permitió que se graduaran numerosos profesionales e incluso oficiales del Ejército soviético. Por ejemplo, Dudaiev y Masjadov, los dos primeros dirigentes de Chechenia tras la caída de la URSS, eran de aquellos niños deportados durante la guerra y alcanzaron -nada menos- que el rango de generales del Ejército soviético. Nos tratan de hacer creer en una oposición irredenta de los chechenos a integrarse en la URSS que nosotros no advertimos por ninguna parte. Se nos antoja un poco difícil comprender cómo aquellos dos niños, Dudaiev y Masjadov, que padecieron tan salvaje deportación y que vieron exterminar a su pueblo (a sus familiares, a sus vecinos, a sus amigos) a manos del Ejército soviético, se integraran luego en ese mismo Ejército, cómo juran bandera, alcanzan el grado de generales y se les pone al mando de escuadrones enteros de bombarderos atómicos. Y se nos hace imposible comprender cómo luego, en 1991, vuelven a su país y su pueblo les elige como máximos dirigentes de la nueva República...

    Aquí algo falla estrepitosamente. Las cosas no encajan. Por ejemplo, nos quieren hacer creer que al regresar de su deportación a los chechenos se les habían quitado sus propiedades, cuando todos pensábamos que la propiedad privada se había abolido en la URSS...

    Por cierto, hablando de este retorno, tenemos otra duda aritmética que quienes hablan acerca de ello quizá nos puedan responder: cómo es posible que Chechenia haya padecido el primer y único genocidio de la historia en el que regresan más habitantes de los que tuvieron que marchar. Los farsantes nos quieren hacer creer que la mitad de los chechenos murieron durante el viaje que los trasladó a Kazajistán; si salieron 400.000, llegaron 200.000 a su destino y cincuenta años después -a pesar de un continuo genocidio soviético- eran 1.200.000, eso significa que la población se había multiplicado por seis, lo cual arroja un fabuloso crecimiento demográfico.

    ¿Genocidio o baby boom?


    Imagen de la evacuación de los chechenos: ¿dónde ven el genocidio

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    Aschenauer, con toga
    Las Guerras del Cáucaso (6)

    Entre otras funciones, el capitán Theodor Oberländer había sido delegado regional en Prusia oriental de la VDA (Verein für das Deutschtum im Ausland, Asociación para la promoción de la identidad alemana en el extranjero) y en 1955 fue ministro “des Vertriebenen”, que podemos traducir como ministro “para los alemanes emigrados o expatriados”. Desde el final de la guerra había formado el “Bund der Vertriebenen”, la Liga de los Emigrantes, un partido nazi integrado en la vida política de la República Federal de Alemania y hacia aquellas fechas fusionado con la CSU. Oberländer no solamente salvó su vida sino la de muchos nazis impidiendo que cayeran en manos soviéticas. Sabía que en manos de los imperalistas todo iba a ser diferente y que Alemanía sería lo que tenía que ser. Sólo había que intentar lo mismo por otras vías. La República Federal de Alemania tenía que convertirse un III Reich sin cruces gamadas... pero con los mismos nazis de siempre.

    La VDA es una asociación privada que desde la unificación alemana en 1871 despliega las posiciones pangermanistas con las que los imperialistas alemanes han justificado siempre su expansionismo. Se trata de crear enclaves alemanes, como ya hicieron en 1920, y germanizar Dinamarca, Yugoeslavia, Polonia y determinadas regiones de la URSS. Para ello crearon un banco en Holanda que blanqueaba dinero procedente de operaciones secretas. Con fondos públicos alemanes compraron empresas y grupos de prensa en el extranjero. Había que formar poderosos consorcios de intereses que reclamaran la autonomía cultural, luego la independencia y, finalmente, la anexión a Alemania.

    Bajo el nazismo, la VDA ocupó un lugar central en la estrategia hitleriana, sobre todo en Checoslovaquia. El espionaje sólo era una de sus variadas funciones.

    A comienzos de la II Guerra Mundial, las minorías alemanas en el este de Europa prestaron una ayuda logística muy importante para la entrada de la Wehrmacht. Los miembros de la VDA desempeñaban funciones policiales, perseguían a la resistencia y exterminaban a la población local. En la URSS los especialistas de la VDA seguían un programa de germanización y, como en Argentina en 1973, secuestraron a niños que podían formar parte de dichos programas para integarlos en familias alemanas. Los que no podían ser asimilados eran entregados a la SS para su exterminio.

    En 1945 los aliados prohibieron la VDA clasificándola entre las organizaciones nazis importantes y confiscando sus propiedades. Pero dos años después los viejos cuadros ya la habían revitalizado de nuevo, a pesar de la prohibición. Su jefe entonces era Hans Steinacher y su lema “raza y hegemonía”. Lo único que cambió fue su rabioso antisemitismo.

    A partir de 1952 las biografías se cruzaron. Oberländer es nombrado ministro para los alemanes emigrados y, con su apoyo, la VDA, sin cambiar su nombre, recupera su estatuto oficial y sus sólidos contactos con el Ministerio de Asuntos Exteriores, que recomienza a utilizar a los afiliados de la VDA para “tareas precisas en el extranjero”.

    En 1961 Steinacher mantiene una entrevista con el gobierno federal para realizar “trabajos conjuntos” y obtiene financiación secreta para ejecutarlas. Todas las redes de la VDA en el este de Europa coinciden con las antiguas que previamente había tendido Rinhardt Gehlen y forman parte del espionaje previo y posterior a la guerra mundial.

    Tras Steinacher, Rudolf Aschenauer dirige la VDA hasta finales de los años setenta. Su biografía es como la de Oberländer y todos los demás: nazi y miembro de la SA, las tropas de asalto, tras la guerra mundial fue abogado de la organización nazi “Stille Hilfe” (Ayuda Silenciosa) que defendía a los criminales de guerra en los procesos judiciales. En los años cincuenta perteneció a diversos movimientos nazis y servía de enlace entre el “Deutsche Reichspartei” (Partido del Imperio Alemán) y el Ministerio del Interior, cuyo titular era Schröder, otro de sus colegas en la SA.

    En muchos aspectos, por ejemplo en la diplomacia, la política oficial alemana llega a confundirse con la política nazi de la VDA y destacados miembros de esta asociación ocupan cargos clave no solamente en partidos políticos alemanes sino incluso en la Presidencia de la República y en la Unión Paneuropea. Por supuesto, en nómina también figuran europarlamentarios, de esos que denuncian el genocidio checheno de 1944...

    Así que volvemos a hablar de Chechenia.

    En enero de 1995 el máximo dirigente de la VDA, Karsten Schlamelcher, apareció muerto en su apartamento, muy cerca de Bonn. Su familia dijo que había sido asesinado, pero el caso está cerrado sin culpables. Schlamelcher era conocido en Alemania como el hombre de la maleta: tras la caída del muro de Berlín era quien llevaba el dinero alemán, millones de marcos, hacia el este y los Balcanes, hasta el punto de que había convertido a la VDA en un poder fáctico en los antiguos países del Pacto de Varsovia. El carácter aparentemente privado de la VDA no le ha impedido percibir fuertes sumas procedentes de fondos reservados que no eran precismente subvenciones. Sólo en 1990 y 1991 recibió de los ministerios alemanes del Interior y de Asuntos Exteriores, cien millones de marcos, teóricamente para repatriar a los alemanes que vivían en el exterior. En realidad se trataba de vincular a esos países al imperialismo alemán, sacándolos de la influencia de Estados Unidos.

    Schlamelcher recorrió todo el este de Europa. Curiosamente sólo se denunciaron las actividades de la VDA en países como Dinamarca o Bélgica, es decir, en occidente, pero sabemos que su penetración en el este y en los Balcanes fue mucho más intensa. La división y la guerra de Yugoeslavia son obra directa de esta tarea subterránea porque no era suficiente con liquidar el socialismo: había que dividir aquellos países, repartirse las áreas de influencia, alejar a los competidores y rivales.

    Chechenia es un ejemplo de eso.

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    El general checheno Dzhojar Dudaiev
    Las Guerras del Cáucaso (7)

    Cuando se vislumbra el final de la etapa soviética, los imperialistas comienzan a meter la cuchara en el Cáucaso y se produce entre ellos una dura disputa. La guerra de Chechenia se desarrolla en paralelo a la ampliación de la OTAN hacia el este, lo que genera un clima de extrema tensión entre Rusia, Estados Unidos y sus aliados occidentales.

    En 1988 a través de Norilsk Eugenia Gaier, los imperialistas promueven la creación de la Asociación de los Pequeños Pueblos (AsPP), de la que forma parte Chechenia. Por su parte, los chechenos impulsan en 1991 la creación de la Confederación de los Pueblos Montañeses del Cáucaso, una organización pancaucásica originariamente de carácter estrictamente cultural que experimentó una rápida transformación y pasó a convertirse en una formación básicamente política, dotada incluso de milicias armadas. Esta Confederación desempeñó un importante papel en las guerras del Cáucaso norte y la Transcaucasia, desplegando una intensa actividad política.

    En la república checheno-ingush se constituyó, también en 1991, el Congreso Nacional del Pueblo Checheno (CNPC), organización de oposición informal al Gobierno central de Moscú, que tenía la independencia como objetivo. Estaba presidido por un militar soviético de origen checheno, el general Dzhojar Dudaiev, un veterano de Afganistán que había dirigido una unidad de bombarderos estratégicos soviéticos en Estonia entre 1987 y 1990.

    En aquellos momentos, Doku Zavgaiev, primer secretario del PCUS y presidente del Soviet Supremo de Chechenia-Ingushetia, era el máximo dirigente de la República y respaldó el golpe de Estado del Comité de Emergencia en agosto de 1991. Dudaiev, por el contrario, se opuso. El fracaso del golpe en Moscú actuó como un revulsivo en Chechenia. Provocó otro golpe en Grozni, esta vez triunfante. Yeltsin vió entonces la oportunidad de librarse de la vieja guardia y el 15 de septiembre, con el apoyo del Congreso Nacional del Pueblo Checheno, ordenó la disolución del Parlamento, destituyó a su presidente y creó un Consejo Supremo Provisional con la tarea de asumir el poder hasta la celebración de elecciones el 27 de octubre.

    Los ingushes no participaron en ellas. Dudaiev obtuvo el 85 por ciento del respaldo popular. Sin embargo, fueron los jefes de los clanes los que eligieron a Dudaiev como Presidente. La población chechena está dividida en 131 clanes, de los cuales 28 desempeñan un papel principal y esa estructura social arcaica se completa con los jefes religiosos y los ancianos. El 1 de noviembre se proclama la independencia de la República de Ichkeria (nombre autóctono de Chechenia) de la que Ingushetia permanece al margen.

    También regresa Aslan Masjadov para participar en la creación de las Fuerzas Armadas, de las que es nombrado comandante en jefe. Masjadov tenía sobre sus espaldas una dilatada carrera militar. Antiguo oficial del ejército soviético, estudió en la Academia de Artillería de Leningrado y estuvo destinado en Hungría entre 1978 y 1981. Equipa al nuevo ejército checheno con el material que dejaron abandonado las tropas soviéticas.

    Hasta entonces Yeltsin había defendido las declaraciones de independencia de todos los pueblos, ya que le resultaban útiles para debilitar el poder de su antecesor, Gorbachov. Pero tras el contragolpe de Estado, no reconoció los resultados electorales en Chechenia e impuso el estado de emergencia. Poco después, el Parlamento anuló la orden para evitar un enfrentamiento abierto con los dirigentes chechenos.

    Desde el principio Chechenia vivió inmersa en una permanente crisis que afectó a todos los sectores del país y nunca hubo mecanismos institucionales para resolverla. La proclamación de independencia dio lugar al éxodo de los rusos residentes en la región, que se cifra entre 45.000 y 240.000 personas. La presidencia de Dudaiev se caracterizó por su tono personalista y autoritario. Las divisiones internas dentro de los independentistas, paralizaron a la nueva República. En junio de 1993 se produjo un choque entre el Presidente y el Parlamento; los diputados destituyeron a Dudaiev y al primer ministro Mamodaiev, y éstos ordenaron su disolución.

    La nueva República articuló su política sobre dos grandes pilares. El primero, de índole religiosa, basado en el islam como elemento cohesionador, no sólo de la sociedad chechena, sino fundamentalmente de todos los pueblos musulmanes del Cáucaso norte, es decir, el panislamismo. El segundo, el reforzamiento de la CoPC para consolidar la unidad política de los pueblos del norte del Cáucaso. Sin embargo, la Confederación fue adoptando paulatinamente una actitud conciliadora en las relaciones con Moscú, en contra de las tesis antirusas propiciadas por los chechenos.

    Entre 1991 y 1994 la respuesta rusa a la independencia de Chechenia fue ambigua: no se reconoció pero tampoco se adoptaron acciones en contra. De hecho, Moscú pareció aceptar la independencia. Practicó una política a la vez de conciliación (negociaciones con los dirigentes chechenos) y de desestabilización (bloqueo económico, apoyo a la oposición, ataques armados). En mayo de 1992, la misma Federación Rusa que negaba legitimidad a los dirigentes chechenos, firmaba con ellos un acuerdo por el que se aceptaba la retirada de las tropas rusas estacionadas en la zona y la distribución, a partes iguales, de los arsenales disponibles en su territorio. Para Moscú cualquier intento secesionista era inaceptable. El reconocimiento de la independencia chechena suponía un precedente para otros pueblos de la Federación, que provocaría su desestabilización.

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    Shamil Basaiev
    Las Guerras del Cáucaso (8)

    El norte del Cáucaso constituye una región estratégica para las relaciones de Moscú con Transcaucasia (Georgia, Azerbaián, Armenia) y las antiguas potencias rivales en la zona, Irán y Turquía. Económicamente, Chechenia era la zona de paso del petróleo proveniente del Caspio y de los países de Asia central.

    El bloqueo impuesto por Moscú y los problemas derivados del petróleo afectaron drásticamente a la economía chechena, ya extraordinariamente debilitada durante la era Gorbachov, que había llevado hasta las estribaciones del Cáucaso recortes de salarios, escasez de comida y desempleo. Luego, la primera guerra con las tropas federales rusas empobreció aún más a los chechenos. La penuria económica condujo a la aparición de dos fenómenos nuevos en la región:

    — la consolidación de redes criminales que se lucraron con la independencia y desestabilizaron la sociedad chechena
    — el debilitamiento de las órdenes sufíes, que fueron incapaces de funcionar en estas condiciones, siendo sustituidas por el wahabismo.

    Estos nuevos fenómenos, si bien tienen raíces internas en la propia evolución de la sociedad chechena, fueron alentadas por el imperialismo, singularmente por Estados Unidos. El wahabismo en Chechenia comenzó a expandirse en los años ochenta, durante el desmantelamiento de la URSS por Gorbachov y luego tras la guerra de Kosovo. En plena bancarrota económica chechena, los wahabíes llevaron mucho dinero desde algunos países del Golfo y esto incrementó notablemente su popularidad en la región. A través de Arabia saudí, los imperialistas estradounidenses expandieron un nuevo tipo de religión y con ella su influencia política.

    El dinero procedente de países tales como Arabia saudí, Pakistán y Afganistán era abonado a los que se convertían al wahabismo y a aquellos que reclutaban a otros para unirse a la secta militante. Directamente como estado o a través de religiosos prominentes y hombres de negocios, Arabia saudí apoyó el independentismo checheno bajo la supervisión de Estado Unidos. Como dijo el antiguo Secretario de Estado norteamericano James Baker: “Solo en la medida de nuestros intereses debemos oponernos al integrismo”.

    El wahabismo se originó en Arabia saudí en la segunda mitad del siglo XVIII sosteniendo una interpretación estricta del islam que rechaza las innovaciones introducidas en la religión tras la muerte de Mahoma. Unió a las tribus de la península arábiga y a principios del siglo XX proporcionó los fundamentos sobre los que se construyó el moderno estado de Arabia saudí. Algunas interpretaciones wahabíes están vinculadas estrechamente al régimen saudí y denuncian todas las formas de disidencia que amenazan el orden político actual en el reino. Se opone la veneración de los santos, las peregrinaciones a los mausoleos y otras manifestaciones de religiosidad popular, algo muy habitual en las órdenes sufíes. También niega el papel del maestro, que es muy importante para los sufíes. Por todo ello, los wahabíes consideran al sufismo como una desviación de las enseñanzas islámicas originales.

    Entre los musulmanes del Cáucaso, y entre los chechenos en particular, están muy extendidos los ritos funerarios. Cuando alguien fallece, existe un ritual de condolencias que es seguido por los parientes del fallecido y todo el pueblo. Sin embargo, los wahabíes creen que es inútil realizar un ritual de condolencias y que basta con enterrar al fallecido. Con la crisis los chechenos ni siquiera podían sufragar las costosas tradiciones funerarias. Así pues, muchos jóvenes comenzaron a pensar que los wahabíes enseñaban principios que tenían más relevancia para la vida actual en Chechenia y que las tradiciones funerarias se hallaban en oposición a los auténticos principios islámicos.

    Tras la guerra de Kosovo, muchos yihadistas árabes se unieron a la lucha de los musulmanes de Chechenia por la independencia de la Federación Rusa. Además de la presencia de numerosos combatientes saudíes en las milicias chechenas, siempre, supuestamente, vinculados a Al-Qaeda, el máximo exponente del apoyo de los wahabitas al independentismo checheno fue el saudí Ibn al-Jattab, cuyo nombre real era Samir Saleh Abdalah Al-Suwailem. Tras la guerra de Kosovo, se trasladó en 1999 a Chechenia y participó con Basaiev en la invasión del Daguestán. Fue asesinado en circunstancias nada claras en 2002.

    A través de Arabia saudí, la penetración wahabita fue un instrumento de presión de Estados Unidos dirigido contra Gorbachov y corrió paralela con el rearme de los talibanes en Afganistán. Como Osama Ben Laden, Basaiev, aunque checheno, era de religión wahabita y combatió como muyahidín en Afganistán contra los soviéticos, donde el ISI (los servicios secretos paquistaníes), lo entrenaron en secuestros y otras operaciones terroristas. El ISI servía de puente entre la CIA y los combatientes islámicos afganos. Allí se entrevistó con los ministros pakistaníes Aftab Shahban Miran y Nazerrullah Babar, más el jefe de los servicios secretos, Javed Ashar, todos ellos colaboradores de la CIA. Basaiev reaparece como peón de la CIA en 1991, cuando se unió a Yeltsin en las barricadas durante el intento de golpe del Comité de Emergencia en Moscú.

    La influencia wahabí dividió a Chechenia. Los sufíes aún componen probablemente el 95 por ciento de la población. Las órdenes sufíes trataron de mantener la distancia con respecto a la guerra chechena. Muchos dirigentes religiosos optaron por abandonar Chechenia para buscar refugio en la vecina Ingushetia o en otras partes de Rusia, dejando el campo libre a los wahabitas, que aunque representan una minoría, son un grupo muy organizado con ambiciones independentistas, que está tratando de promover sus propios intereses (y los de sus patrocinadores) en Chechenia y en toda la región del Cáucaso. Los wahabitas tuvieron que enfrentarse con las órdenes sufíes locales. La política wahabí en Chechenia ha intensificado el independentismo, atrayendo la brutal represión rusa y extendiendo así su propia influencia frente a los sufitas. Tras ellos, antes y después de la caída de Gorbachov, siempre ha estado la larga mano de los imperialistas estadounidenses.

    En agosto de 1994, tres meses antes de la intervención rusa, Dudaiev contaba con menos de 5.000 hombres armados y el gran muftí prohibió a los musulmanes que tomaran las armas. Sin embargo, disponía de un formidable arsenal de armas: un elevado número de aviones (unas 200 unidades, no todas operativas debido al reducido número de pilotos cualificados) y helicópteros, carros de combate, piezas de artillería, gran cantidad de fusiles y lanzagranadas, ametralladoras y fusiles, unas 20.000 granadas de mano y hasta 15 millones de balas. La aviación fue prácticamente destruida en su totalidad en los primeros días de la intervención rusa.

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    El dirigente checheno Masjadov levanta el puño
    Las Guerras del Cáucaso (9)

    Entonces comenzó otra etapa de la historia de Chechenia, la primera guerra (1994-1996), que empezó como un enfrentamiento interno. En mayo de 1993 los enfrentamientos armados se trasladaron al centro de Grozni. Tres distritos de la capital proclamaron su lealtad a la oposición. Dudaiev envió a sus milicias para recuperar el control de estas zonas y, al mismo tiempo, con el fin de contrarrestar las acusaciones de dictador, anunció la celebración de elecciones legislativas en 1995 y presidenciales en 1996. En un atentado dirigido contra Dudaiev, falleció su ministro del Interior.

    Yeltsin envía tropas para atacar Grozni, estabilizar la región, frenar las tendencias independentistas y garantizar la variante rusa de los oleoductos que cruzan el Cáucaso. La guerra se prolongó durante varios meses. La ofensiva acorazada se produce por tres frentes pero choca con una fiera resistencia. Grozni padece un bombardeo intensivo que destruye su centro histórico. La guerra costó más de 50.000 muertos y una importante cantidad de refugiados. Los chechenos se repliegan hacia las montañas y los rusos consiguen ocupar una gran parte del territorio.

    Pero la guerra provocó una fuerte crisis política en el interior de Rusia. Actuó como aglutinante de la oposición a Yeltsin. Parte de las fuerzas armadas, de la cúpula de la Iglesia ortodoxa y de las masas se manifestaron en contra de una política vacilante hacia Chechenia que sólo respondía a los vaivenes de la correlación de fuerzas en el Kremlin. Negociaban cuando la popularidad del Gobierno era mínima (junio de 1995) o cuando estaba en juego su continuidad (elecciones de agosto de 1996) y, por otro lado, desencadenaron acciones militares extremadamente violentas (por ejemplo, la conquista de Samachki), como medio de afianzar su influencia en el país.

    La guerra fue encarnizada, en especial para el pueblo checheno, pero también para el ejército ruso, objeto de las represalias de las milicias chechenas. En 1995 Basaiev dirigió durante dos días el secuestro de 2.000 personas en el hospital de Budionnovsk (sur de Rusia) que dejó un saldo de 150 muertos y 400 heridos, en su mayor parte pacientes o personal médico. En abril de 1996 Dudaiev fue ejecutado por el lanzamiento de un misil teledirigido por el ejército ruso. Su cuerpo no apareció.

    El final de la primera guerra y el inicio de la segunda
    En agosto de aquel año Yeltsin decidió modificar su estategia. Encomendó a Alexander Lebed, un general ruso, secretario del Consejo de Seguridad y opuesto a la intervención militar en el Cáucaso, negociar la paz con Yandarbiev. Son los llamados Acuerdos de Jasaviurt que establecieron el fin de las hostilidades, la retirada de los tanques rusos y una moratoria de cinco años sobre el estatuto político de Chechenia, tras el cual se convocaría un referéndum. El plan supone, de facto, la autonomía total.

    Comienza una nueva etapa para Chechenia, que no dudó en utilizar los acuerdos alcanzados para actuar como si de un Estado independiente se tratase. Prueba de ello fue la proclamación, inmediatamente después del acuerdo, de la ley islámica, la declaración por parte del Parlamento checheno del ruso como idioma extranjero e incluso la solicitud de establecimiento de relaciones diplomáticas plenas entre los dos Estados.

    En enero de 1997 unas elecciones presidenciales reconocidas tanto por la OSCE como por el Kremlin, otorgaron a Masjadov la presidencia del gobierno. El nuevo presidente tuvo que hacer frente a dos grandes problemas: la situación económica cada vez más precaria y los embates de los sectores wahabitas dirigidos por Basaiev.

    En agosto de 1999 Putin fue elegido primer ministro y en diciembre Yeltsin renunció a la presidencia. Pero el acontecimiento más importante de aquel año fue la invasión del Daguestán, vecino de Chechenia, por Basaiev y sus seguidores. Fue un intento de provocar una nueva guerra a una escala aún más vasta con la esperanza de generar un levantamiento islámico en toda la región. Tras los chechenos estaban los wahabitas saudíes y Estados Unidos, interesados en desestabilizar la región e impedir la consolidación de la paz.

    Empezó así la segunda guerra en la que el ejército ruso arrasó Grozni, bombardeada masivamente de septiembre a marzo del siguiente año. Cuando los rusos toman Grozni en la primavera de 2000, las operaciones militares de gran envergadura se trasladaron del llano a la montaña, donde continuó la resistencia. Aunque el ejército ejecutó duras operaciones de limpieza, los yihadistas redoblaron sus fulgurantes y demoledores golpes. En septiembre de aquel año Rusia padeció tres atentados que, en una semana de horror, dejaron 230 muertos.

    A diferencia de la anterior, esta segunda guerra generó escasa oposición en Rusia. Estaba estratégicamente vinculada a la daguestaní y también complicó las relaciones con Georgia, una república sumida durante años en una profunda crisis. Se abrió así un nuevo frente de guerras chechenas añadido a otros conflictos del Cáucaso con epicentro en el corredor de Pankisi (frontera común checheno-georgiana).

    En marzo de 2000 Putin inició su presidencia designando en junio al antiguo jurisconsulto musulmán (muftí) de Chechenia, Ajmad Kadirov, como presidente del gobierno local. Después del 11 de setiembre de 2001, tendrá un buen argumento para justificar la prolongación de la guerra en Chechenia como parte integrante de la guerra contra el terrorismo fundamentalista.

    En octubre de 2002 se produjo el secuestro del teatro Dubrovka de Moscú, dirigido por Movsar Barayev, sobrino de Shamil y acusado de varios crímenes sanguinarios. La policía terminó con los 41 secuestradores pero también gaseó mortalmente a 129 de los 700 rehenes. Durante el asalto, las tropas rusas utilizaron un gas somnífero que no quisieron identificar.

    Los rusos siempre afirmaron que el comando checheno recibió ayuda de numerosos cómplices en Moscú para preparar la operación. Una fuente gubernamental indicó que los insurgentes fueron informados sobre lo que ocurría fuera del teatro por un centro analítico. Ese centro recogía información de varias fuentes, incluido el cuartel general de la operación de rescate, la procesaba y enviaba instrucciones a los secuestradores. Es muy probable que se tratara de una agencia de espionaje imperialista, posiblemente británica o estadounidense, con el apoyo de algunos miembros de los propios servicios secretos rusos.



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    Las Guerras del Cáucaso (10)

    En marzo de 2003 se celebró un referéndum que aprobó un proyecto de constitución elaborado por el gobierno ruso, concediendo a Chechenia el estatuto de república autónoma dentro de la Federación rusa. En septiembre Ajmad Kadirov fue elegido presidente y, al año siguiente fue asesinado por los comandos wahabitas de Basaiev.

    El 29 de agosto de 2004 Rusia convocó elecciones en Chechenia. Los estadounidenses y sus aliados wahabitas trataron de sabotear los planes de Moscú por todos los medios posibles. Cinco días antes de las elecciones, el 24 de agosto, dos aviones, un Tupolev 154 de la línea Moscú-Sochi y un Tupolev 134 de la línea Moscú-Volgogrado, explotaron en pleno vuelo provocando la muerte de 90 personas. Las Brigadas Islamistas (Kataib al-Islambuli) se atribuyeron la acción. Una semana después la misma organización hizo estallar una bomba en el metro de Moscú, frente a la estación Rizhskaya, provocando 10 muertos y unos 50 heridos.

    Sin embargo, el llamamiento de los imperialistas estadounidenses y sus aliados independentistas a boicotear el escrutinio obtuvo poco éxito, ya que el promedio de participación alcanzó el 79 por ciento. El general Alí Aljanov, candidato favorable a Rusia, ganó las elecciones sin dificultad. Los observadores internacionales atestiguaron unánimemente la limpieza del escrutinio, incluso los de la Liga Árabe, mientras los estadounidenses denunciaron una farsa organizada por el virrey de Putin. Mala perdedora, la prensa imperialista vio en aquel resultado la prueba de una manipulación.

    Las rivalidaes imperialistas quedaban al descubierto. Dos días después se celebró una cumbre ruso-germano-francesa en Sochi para apoyar a Putin. En ella Chirac y Schröder, que tenían puntos de vista muy diferentes sobre la guerra, le felicitaron por restablecer la democracia en Chechenia.

    El respaldo europeo a Putin no frenó a los yihadistas. Tres días después de las elecciones, las sangrientas provocaciones wahabitas continuaron con una de sus operaciones más definitorias: el secuestro de 1.181 rehenes en la escuela de Beslán, en Osetia del norte, una República autónoma de la Federación Rusa.

    El doctor Leonid Roshal, que ya había desempeñado el papel de negociador durante el secuestro del Teatro Duvrobka, llegó para negociar con los asaltantes. Sin embargo, sorprendentmente, éstos no plantearon ninguna petición. El macabro juego no consistía en negociar nada sino en crear una crisis, dejar que la situación se deteriorara. Se negaron a dar de comer y beber a los rehenes, que tuvieron que ingerir su propia orina para sobrevivir. Luego mataron a 20 de ellos cuando un miembro del comando fue herido por la policía rusa.

    Al día siguiente, el antiguo presidente de Ingushetia, Ruslan Aushev, trató de mediar y obtuvo la liberación de algunos rehenes. El jefe del comando declaró que actuaba siguiendo órdenes de Shamil Basaiev. Al final del segundo día, empezaron a llegar a Beslán los periodistas extranjeros. Fue entonces cuando, inesperadamente, el jefe del comando exigió la presencia de varias personalidades para plantear que no daría de beber a los niños hasta que Putin anunciara por televisión la independencia de Chechenia.

    Al tercer día, los secuestradores permitieron a los médicos a evacuar los cadáveres de 21 rehenes que empezaban a descomponerse debido al calor y la humedad. Se oyó entonces una explosión, sin que se sepa si se trató de un disparo hecho por el padre de algún alumno desde el exterior de la escuela o, lo que parece más probable, el estallido accidental de una de las bombas. La explosión desencadenó un tiroteo generalizado en medio del cual las tropas rusas se lanzaron al asalto, que causó 376 muertos, entre ellos 11 soldados rusos, 31 secuestradores y 172 niños.

    Sólo un secuestrador sobrevivió y fue juzgado. Las autopsias revelaron que 22 de los 32 secuestradores eran toxicómanos que murieron en estado de abstinencia por falta de droga. La identificación de los atacantes sigue siendo incierta. La prensa imperialista volvió a arremeter con saña contra Putin, acusado de ser responsable de la carnicería por mantener una atroz guerra en Chechenia.

    La operación había sido preparada por los servicios secretos británicos para debilitar a Rusia. Sin mencionar expresamente al Reino Unido, el Kremlin denunció que el asalto había sido preparado por una potencia extranjera y planteó la cuestión al Consejo de Seguridad de la ONU, que rehusó debatir un proyecto de resolución, limitándose a emitir un comunicado de condena del secuestro y de los atentados contra los aviones en el que exhortaba al mundo a cooperar con Rusia para detener y juzgar a los culpables. Pero el tratamiento del asunto en los gobiernos y la prensa mundial fue muy diferente al que recibió el 11-S. No se dieron por enterados y siguieron protegiendo a los secuestradores. El atentado había tenido lugar en Beslán, no en Nueva York.

    El 8 de marzo de 2005 Masjadov fue abatido en el curso de una refriega con tropas rusas. Su familia había sido secuestrada en febrero al parecer por los hombres de Ramzan, el hijo del asesinado Kadirov.

    El 13 de octubre de ese mismo año en la república rusa de Astemirov-Balkaria una unidad de 100 yihadistas chechenos y árabes dirigidos por Anzor Astemirov asesinó al menos a 24 funcionarios de policía y civiles.

    Al año siguiente, el 10 de julio de 2006, días previos a la cumbre del G8 en Petersburgo, murió Basaiev en condiciones no esclarecidas. Las fuentes chechenas consideran que sucedió como consecuencia de una explosión accidental, mientras Moscú atribuyó la autoría a sus tropas.

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    Las Guerras del Cáucaso (y 11)

    La guerra de Chechenia forma parte de un plan de los imperialistas estadounidenses para reventar la Federación Rusa por intermedio de los yihadistas. A los imperialistas nunca les bastó con erradicar el socialismo de la URSS sino que necesitaban desmembrarla y crear una situación de inestabilidad en sus fronteras, primero en el sur, luego en el Báltico y finalmente en el Donbas. Estados Unidos ya controla Azebaian y Georgia, país que ha dado su apoyo en numerosas ocasiones a los independentistas chechenos, a pesar de que históricamente las relaciones entre georgianos y chechenos han sido tensas. En respuesta, los rusos apoyan en Georgia a los separatistas de Osetia del sur.

    Los anglosajones pretenden expulsar a Rusia de la Transcaucasia y, para ello, precisan desestabilizar la situación en el norte del Cáucaso. La desestabilización de Rusia mediante la manipulación de las tensiones políticas entre las poblaciones del Cáucaso y Asia central está en la pauta de Washington desde la época de la URSS. Una de sus primeras postulantes fue la francesa Helène Carrère d’Encausse, así como Alexander Benningsen, profesor de la Sorbona, y el orientalista británico Bernard Lewis.

    Miembro de la Academia francesa, Hélène Carrère d'Encausse nació en París en 1929 con el apellido Zourabichvili. Proviene de una familia zarista que se refugió en Francia tras la Revolución de Octubre. Sus ancestros fueron funcionarios imperiales, llegado uno de ellos a presidente de la Academia de Ciencias en tiempos de Catalina II. Desde hace muchos años está considerada como una de las mayores expertas en asuntos soviéticos. Su obra más conocida, L'Empire éclaté (La explosión del Imperio) se publicó en 1978. En 1992 fue consejera del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo, financiando las manipulaciones en el interior de los antiguos países del bloque socialista y de la recién desaparecida Unión Soviética. Dos años después fue diputada del Parlamento Europeo y vicepresidenta de la Comisión Asuntos Exteriores y Defensa. Fue una asesora muy cercana a Chirac en asuntos orientales durante su etapa como Presidente de la República Francesa. Sus escritos sobre la URSS (incluida una biografía de Lenin) gozan de gran reputación entre los círculos imperialistas.

    La estrategia imperialista de manipulación de las poblaciones musulmanas de la URSS se concreta a partir de la invasión soviética a Afganistán en 1979. Afganistán fue el campo de entrenamiento de las redes de yihadistas organizadas, financiadas, entrenadas y mantenidas por los servicios de inteligencia de Estados Unidos, Gran Bretaña, Arabia saudí y Pakistán, de donde provienen los islamistas que portan la marca de Al-Qaeda.

    En aquella época, la política de Carter estaba bajo la dirección del consejero de Seguridad Nacional, Zbigniew Brzezinski, luego autor del libro “El gran tablero de ajedrez mundial: la supremacía estadunidense y sus imperativos geoestratégicos”, donde ya aludía (1997) a los Balcanes euroasiáticos. Brzezinski afirma en su obra que el interés de Estados Unidos como primera potencia verdaderamente mundial es asegurar que ninguna potencia rival llegue a controlar Eurasia o, lo que es lo mismo, que sólo la controlen ellos. El consejero de Carter también fue consejero de la sociedad petrolera BP Amoco, con reconocidos intereses en la zona: “Eurasia es el tablero sobre el que se desarrolla el combate por la primacía global [...] La tarea más urgente consiste en velar para que ningún Estado o reagrupamiento de Estados tenga los medios para expulsar a los Estados Unidos de Eurasia o debilitar su papel de árbitro”. Brzezinski es partidario de la partición de Rusia en tres: la Rusia europea, la Rusia de Siberia, y la Rusia del extremo oriental, con vistas a desestabilizarla.

    La CIA no ha dejado de provocar a Rusia para que lleve a cabo acciones agresivas contra los chechenos, tanto en el plano militar como diplomático. La injerencia imperialista tiende a prolongar el drama checheno haciendo al Kremlin único responsable del mismo.

    El gobierno checheno en el exilio

    La cuestión chechena es una cuestión estratégica internacional: por allí pasa una red de oleoductos indispensables para la explotación rusa del petróleo del Mar Caspio. Los rivales de Rusia, especialmente Estados Unidos, están interesados en que el conflicto perdure y que se extienda incluso a todo el Cáucaso. Los esfuerzos que Estados Unidos despliega en la región son visibles. Ha instalado a sus peones en Georgia, cuyo ejército controlan, como controlan el espacio aéreo desde su base de Inçirlik, en Turquía.

    La desestabilización de Rusia se juega en varios frentes simultáneamente. Lituania acoge en su territorio el Kavkaz Center (Centro Caucásico), desde donde Basaiev difundió el comunicado en el que reivindicaba la carnicería en la escuela de Beslán, además de los atentados contra los dos aviones civiles rusos perpetrados una semana antes. La masacre fue revindicada en internet por Basaiev pero su sitio no ha sido molestado. No satisfecha, Lituania pidió explicaciones a Rusia por el trágico desenlace de su ataque en Beslán, como si fuera Putin y no Basaiev el responsable de la masacre. Vilnius realiza así un doble juego para desestabilizar a Moscú y perturbar las relaciones euro-rusas.

    En Chechenia, además del gobierno de Grozni, hay otro en el exilio en Londres. Un año después de la matanza de la escuela de Beslán, su máximo responsable, el yihadista Basaiev, fue proclamado viceprimer ministro de dicho gobierno checheno en el exilio. Su portavoz, Ahmed Zakaiev, disfruta de asilo político. En Washington su ministro de Relaciones Exteriores, Ilyas Ajmadov, también disfruta del asilo político de los imperialistas.

    Una de las sedes de este gobierno está en un local de la la Freedom House que dirige el antiguo director de la CIA James Woolsey, y su financiación corre a cargo del Comité Norteamericano para la paz en Chechenia, copresidido por Zbigniew Brzezinski y por su ejecutor, Alexander Haig hijo. Estados Unidos también ha concedido asilo político a Ilyas Ahmadov, acusado de crímenes de guerra y ayudante del independentista Aslan Masjadov. Ahmadov fue contratado por la organización National Endowment for Democracy, donde participan el sionista Paul Wolfowitz (antiguo ministro de Defensa), Frank Carducci (antiguo director de la CIA) y el general Wesley Clark (antiguo Comandante en Jefe de la OTAN). Por eso, el New York Times no califica a los chechenos de terroristas sino de resistentes y, un año después de la masacre de Beslan, Basaiev, con una orden internacional de busca y captura, concedía una entrevista a una cadena estadounidense de televisión.

    Cuando Ahmed Zakaiev fue detenido en Copenhague, Rusia solicitó formalmente su extradición implicándole, entre otros actos, en el secuestro de 1.000 personas en el Teatro Duvrobka de Moscú, que se había producido apenas una semana antes. Pero el embajador de Dinamarca en Moscú advirtió de que las leyes danesas no permitían su extradición a Rusia.

    El oligarca ruso Berezovsky, perseguido por evasión fiscal, también está refugiado en Londres, bajo el asilo político del gobierno. Desde allí mueve varios de los hilos del ajedrez geopolítico del Cáucaso en interés de sus jefes. Como en Irak, de nuevo, petróleo y guerra van de la mano también en Chechenia.

    Washington habla un doble lenguaje cuando pide al Kremlin que negocie con el gobierno checheno en el exilio: “¿Por qué no se reúnen ustedes con Osama Bin Laden, lo invitan a Bruselas o a la Casa Blanca para iniciar conversaciones, para preguntarle lo que quiere y dárselo, a fin de que los deje en paz?”, respondió Putin.



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    Nuevas imágenes térmicas obtenidas de Yongbyon, el principal almacén nuclear de Corea del norte, muestran que el gobierno dispone de más plutonio del que se había estimado hasta ahora, según informó el viernes “38 North” un sitio de internet que depende de la Universidad John Hopkins de Washington.

    Las imágenes indican que el gobierno de Pyongyang ha retirado barras de combustible al menos dos veces entre setiembre de 2016 y el pasado mes de junio para fabricar una cantidad indeterminada de plutonio que podría incrementar el arsenal de armas nucleares a su disposición.

    En 2007 Corea del norte desactivó el reactor de Yongbyon al producirse un acuerdo de desarme, que los imperialistas no cumplieron, por lo que la fabricación de plutonio se reactivó en 2013, al tiempo que comenzó la renovación del reactor.

    “38 North” también se ha observa un aumento de la actividad térmica en la fábrica de enriquecimiento de uranio de Yongbyon, aunque no pronostica la causa de ello,

    El primer reactor del Centro de Investigaciones Nucleares de Yongbyon se construyó en 1963 con la ayuda de especialistas soviéticos y para fines exclusivamente científicos. A cambio de que Corea del norte firmó el Tratado de No Proliferación Nuclear.

    En los años noventa firmó un acuerdo parecido con Estados Unidos para romper el bloqueo energético del país y asegurar que el reactor nuclear se dedicaría exclusivamente a fines de investigación.

    Los imperialistas hicieron lo que acostumbran: no cumplieron su parte y en 2003 Corea del norte se desvinculó del Tratado de No Proliferación, como consecuencia de las continuas agresiones y amenazas por parte de Estados Unidos.

    En 2006 el gobierno anunció que había llevado a cabo con éxito su primera explosión nuclear subterránea.

    El año pasado el gobierno anunció oficialmente que había logrado poner un satélite en órbita alrededor de la Tierra, por lo que también fue criticado, tanto por Estados Unidos, como Japón, que amenazó con derribarlo.

    En abril los satlelites espías de Estados Unidos detectaros un nuevo ensayo nuclear de Corea del Norte que se sospecha que pueda proceder de una bomba de hidrógeno, 1.000 veces más potente que las que los imperialistas lanzaron contra Hiroshima y Nagasaki en 1945.

    Los norcoreanos suelen recordar que en 2003 también Gadafi llegó a un acuerdo con Estados Unidos para interrumpir su programa nuclear a cambio de ciertas concesiones que nunca se cumplieron. Gadafi acabó asesinado a tiros y Libia dejó de ser un país.

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    Rusia ha pedido a las milicias kurdas del YPG que se retiren del norte de la provincia de Alepo, según Rudaw, una cadena de televisión kurda que emite en el norte de Irak. La petición parece responder a una labor de intermediación con Turquía, que recientemente ha bombardeado las posiciones kurdas en Afrin.

    Una delegación rusa se entrevistó en Afrin con los dirigentes de YPG para que sus fuerzas se retiren de cinco localidades del norte de la provincia de Alepo. La delegación les puso al corriente de los planes del gobierno de Erdogan de atacar las poblaciones fronterizas de Afrin, en la frontera occidental de Siria con Turquía.

    La retirada de los kurdos del norte de Alepo permitirá la apertura de una vía hacia la periferia oeste de Alepo y la provincia de Idlib.

    Además de la retirada de los kurdos de Alepo, Turquía pretende instalar tres bases militares al sur de Afrin, en la zona siria de Rojava donde es mayor la proporción turcomana de la población.

    El gobierno turco pretende constituir en Afrin nuevos consejos locales de gobierno en los que la población de origen turco tenga alguna representación política.

    Con motivo del encuentro con los rusos, Bahjat Abdo, el comandante al frente de las milicias kurdas en Afrin, concedió una entrevista a la edición kurda de VOA sobre la posibilidad de que se produzca un acuerdo de Rusia con Turquía para atacar a las milicias kurdas en Afrin.

    La respuesta del comandante de YPG fue que si las tropas rusas continuaban estacionadas en sus posiciones actuales, les pedirían que se retiraran de Afrin.

    “Rusia mete presión a los kurdos para crear un terreno favorable para la entrada del ejército sirio en Afrin”, manifestó Abdo. Afrin es el territorio más occidental del Kurdistán sirio que administrativamente pertenece a Alepo. En 2004 la población era de unos 172.000 habitantes y quedó en poder de YPG al inicio de la guerra de Siria.

    La semana pasada el diario turco Daily Sabah anunció que, apoyado por militares turcos, el llamado “ejército libre de Siria” estaba adiestrando a 20.000 soldados para combatir a los kurdos de YPG al noroeste de Siria.

    La situación en Afrin es, pues, de guerra inminente, lo que desenmascara el fantasma de las FDS, integrada por dos fuerzas, YPG y “ejército libre de Siria” que, mientras dicen luchar juntos en Raqqa, afilan los cuchillos en Afrin.



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    La semana pasada los cazas rusos tuvieron que despegar hasta en seis ocasiones para interceptar aviones de reconocimiento de la OTAN muy cerca de las fronteras occidentales del país, según el sitio web del Ministerio ruso de Defensa.

    El sitio publica una infografía en la que muestra a 20 aeronaves, a las que califica de “extranjeras”, aunque reconoce que no llegaron a violar el espacio aéreo de Rusia.

    En los últimos meses los aviones de la OTAN, incluidos los españoles, han intensificado los vuelos de reconocimiento junto a las fronteras orientales de la OTAN con Rusia, especialmente al norte del Mar Báltico.

    La OTAN trata de identificar el reciente despliegue ruso en la región de Kaliningrado de sistema de defensa antiaérea SS-400 de última generación, misiles tácticos Iskander y misiles tierra-mar Bastion y Bal.

    Además del norte del Mar Báltico, la OTAN también vigila estrechamente la península de Crimea así como las bases rusas en Siria y las sonas de despliegue de la Marina de Guerra rusa en el Mediterráneo.

    El año apasado el servicio de vigilancia electrónica de las Fuerzas Aeroespaciales rusas detectaron a más de 2.000 aviones militares, la mayor parte de ellos pertenecientes a la OTAN, de los que 800 eran de reconocimiento. Todos ellos fueron localizados junto a las fronteras de Rusia.


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    B.

    Tratando Pedro Sánchez, recién elegido inopinadamente en las primarias de su Partido, de que no le confundieran con la carpetovetónica y más españolaza que la peineta de Lola Flores (Lola "Flowers", en el extranjero), la sevillana del popular barrio de Triana Susana Díaz, se sacó de la chistera, en referencia a Catalunya, el concepto de "nación cultural"extensible a Euskadi. Patxi López, bizkaino de Portugalete, le preguntó a Sánchez -en un debate a tres, con Díaz- si sabía lo que era una nación, como un maestro de escuela le pregunta a un tímido alumno, y bien pudiera Sánchez haberle respondido a la becqueriana manera algo así como "¿y tú me lo preguntas que eres vasco, anda fuck off! (piérdete)", pero no, habló de "sentimiento"de pertenecer, pues eso, a una nación... cultural.

    Después pasó a hablar de "España" como "nación de naciones", lo cual es una antítesis inasumible (si fuera de Estados, sería otra cosa), o un "Estado multinacional", lo cual, ahora sí, es cierto, pero pierde cuerpo en tanto en cuanto se despoja el concepto de lo esencial, de lo primordial dizque formar un Estado soberano, ah, esto no, amigo, esto va a ser que no. O sea, no ir a la raíz del problema e irse, por enésima vez, por las ramas. En España, esa quimera, le dicen "coger el toro por los cuernos". La última en hablar de Catalunya como "nación cultural" -ayer, sábado, la ví por la tele- ha sido Margarita Robles, gente instruida, oiga. La cuestión es no admitir lo evidente: "España" es un Estado políticamente fallido. Hablan de otros países como "Estados fallidos" y lo tienen delante de las narices.

    Es más que probable que Sánchez, Robles, y no digamos el zoquete López o la gárrula Díaz, no hayan oído hablar jamás del "austromarxismo", algo no exigible al común de los mortales, pero sí a estos vividores mercachifles a cuenta del Estado.Tienen suerte que aquí estamos nosotros ejerciendo de "petetes". El origen del "austromarxismo", a principios del siglo pasado, fue el Partido Socialdemócrata de Austria con los Karl Renner (que llegó a Presidente), Max Adler, Hilferding (teórico del imperialismo rebatido por Lenin), y, sobre todos, Otto Bauer (1881-1938). Fueron ellos -los austromarxistas vieneses- quienes acuñaron la expresión "autonomía (nacional) cultural" dentro de la estructura de un Estado plurinacional cuyo objetivo era -igual que es el objetivo de Sánchez y cía- detener la trepidante desintegración del vetusto imperio Austro-Húngaro, es decir, preservarlo, evitar su caída, hacerlo durar, tal y como pretende el tetrapartidismo español y a mucha honra en este país llamado España (espero que se note la ironía). Y ello, repito, con tal de no admitir lo evidente, que Catalunya, Euskadi y Galicia son naciones... sin Estado, que son naciones oprimidas políticamente al margen de su renta per cápita, que lo que no existe es la entelequia llamada "España", pero sí su marco con su lucha de clases, es decir, no se lucha contra molinos de viento. Llámese "España" como se quiera, que eso no cambiará el marco, un cuestión "nominalista".

    Bauer (no confundir con el contemporáneo de Marx, Bruno Bauer) casi excluía las clases y la lucha de clases en esas "autonomías culturales" que serían una "comunidad de destino"(José Antonio Primo de Rivera, copiándole, añadiría la célebre coletilla de "en lo universal", no quedándose atrás Ortega y Gasset) siempre bajo el capitalismo.

    Unamuno (nada amigo de ningún tipo de "autonomía" en su tiempo y fue diputado en las primeras Cortes de la República) lo llamaba "regionalismo cultural" evocando su "patria chica" (sic), su Bilbao (el "Bocho") natal. El franco-falangista Fraga Iribarne hablaría -todavía lo puedo oír- de "peculiaridades regionales con su floklore y sanas costumbres", etc. Claro que Unamuno también dejó escrito (en 1908) que la unión impuesta por la fuerza "desde fuera"no vale.

    Justo lo que pretende el fascismo español con respecto a Catalunya, pues, haya o no haya referéndum, lo que se demuestra, por si hacía falta, es el carácter fascista de este podrido Estado.

    Arrivederci.

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    Jon Iurrebaso Atutxa, expreso político de ETA

    Independientemente de la opinión que nos merezcan las actitudes políticas tomadas por partidos, colectivos o militantes, estén estos últimos encarcelados o en “libertad”, pensamos que el debate de las ideas, de los posicionamientos y de las dinámicas políticas tiene que estar sujeto a unos mínimos criterios.

    Estas son, en nuestra opinión, algunas  de las premisas y obligaciones que debiera tener todo debate político si bien condicionado, en su dimensión pública, por la  represión. Soberanía para opinar ante cualquier interlocutor. Respeto para con quienes discrepamos. Disposición a la crítica y a la autocrítica. No hay límites a la hora de exponer los planteamientos de cada cual en cuanto a posición propia como en cuanto a crítica a terceros.

    Dicho esto, vamos a comentar siquiera brevemente la opinión que nos merece la decisión de la mayoría del Colectivo de PPV de acogerse individualmente a la legislación penitenciaria española y francesa para obtener beneficios penitenciarios o en su caso la excarcelación individual.

    En la práctica y en el núcleo de la decisión, no se contemplan los parámetros de la Amnistía, tanto en su sentido táctico (vuelta a casa de todos los represaliados) como en su sentido estratégico (reconocimiento de los derechos nacionales y sociales de Euskal Herria). En consecuencia, la noria de la represión seguirá girando sin parar y por primera vez no la enfrentamos con la independencia y el socialismo para Euskal Herria, es decir, con la Amnistía.

    Y no es una cuestión que ataña solo a las cárceles pues ya antes Sortu se acomodó a la legalidad vigente, así como ETA entregó su posición y sus armas. Se cierra el círculo político de enfrentamiento con los Estados. De aquí en adelante la Izquierda Abertzale Oficial, y todo lo que a ella se supedita, actuará exclusivamente bajo los parámetros de la legalidad española y francesa.

    Esta decisión de acatar y acogerse a la legislación de nuestros enemigos marca un antes y un después pero también condiciona de alguna manera el futuro. El futuro de nuevos y nuevas militantes vascos y vascas que serán encarcelados por defender y luchar por una Euskal Herria socialista.

    Esta decisión rompe la unidad del Colectivo de PPV. De aquí en adelante cada cual tendrá como prioridad su propia dinámica para su excarcelación y ello hará imposibles otras dinámicas conjuntas, colectivas, de lucha.

    Esta decisión es profundamente insolidaria para con los PPV que en peor situación mantengan los Estados. A nadie se le escapa que es España (Francia) con su Ministerio del Interior y su Dirección General de Instituciones Penitenciarias quien va a marcar el ritmo de la represión o de las concesiones. El ritmo de “a ti te doy esto y a ti te lo quito”.  Y en esa tesitura ¿qué ocurrirá?

    Pensamos que no hay estrategia política que sustentándose fundamentalmente en la legalidad de nuestro enemigo, se salve de la sumisión al mismo. Si nuestro futuro tiene que ver con una Euskal Herria socialista, la única alternativa posible es la amnistía.

    Y es ahí donde, desde la calle, tenemos que dar todo en la lucha por la amnistía. Ahí es donde tenemos que unir y reunir voluntades en el camino hacia una solución que solo la lucha la hará definitiva. Aunque al día siguiente tengamos que seguir luchando para defenderla.

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  • 07/17/17--04:13: Arrepentidos
  • El pasado fin de semana tuvimos noticia de los resultados sobre el debate que ha llevado a cabo Euskal Preso Politikoen Kolektiboa, y son incontables las reacciones y declaraciones producidas desde entonces. La propuesta aprobada por el Colectivo dará por bueno que, a partir de ahora, cada preso y presa pueda elegir qué pasos dará ante la legalidad penitenciaria a la hora de obtener beneficios.

    Pensamos que en la medida en la que el EPPK hace una lectura política, también es legítimo poder hacer una crítica política, advertir de las consecuencias que puede tener la decisión, y decir que será en perjuicio de la unidad de los presos y presas políticas y que, por lo tanto, aumentará su indefensión.

    Sin embargo, el objetivo de este escrito no es ese, ya que para hacer lecturas de ese tipo ya hemos tenido tiempo antes y lo tendremos también en el futuro, porque las posiciones políticas no se consolidan de un día para otro, sino por medio de dinámicas que se alargan en el tiempo. Nos han generado una gran preocupación algunos mensajes difundidos, en la mayoría de casos desde el anonimato y por medio de las redes sociales, contra los presos y presas que han dado el “sí” a la propuesta de la dirección del EPPK: “arrepentidos”, “221 presos comunes más”, “traición”

    Aun no estando de acuerdo con los parámetros del debate (campaña de presión iniciada en 2012, actitud de los medios de comunicación, haber evitado la confrontación ideológica en la calle mientras se condicionaba el debate desde allí, bloqueo informativo para que no se conociera el sistema penitenciario de grados…), no podemos aceptar de ninguna manera ataques de este tipo contra quienes han sido nuestros compañeros y compañeras de patio.

    No podemos olvidar que algunas de esas personas, a pesar de los desacuerdos ideológicos que mantengamos hoy, han sido nuestro apoyo mientras hemos estado en la cárcel, que son quienes ante el enemigo han estado a nuestro lado en plantes, huelgas de hambre, encierros y demás iniciativas, quienes se han preocupado por nosotros y nosotras en los momentos duros. No podemos olvidar que algunos de ellos llevan un montón de años presos o que a algunas les quedan largas condenas por cumplir, y que no se puede llamar arrepentido a quien nunca se ha arrepentido.

    Por otro lado, no nos parece justo poner sobre sus espaldas la responsabilidad principal de la situación actual ni juzgarles de manera tan severa. Entre los presos y presas que lo han aprobado hay quien actúa con total convicción e ilusión, hay quien no siendo de su gusto el final de la película, llegados a este punto lo ha dado por bueno, hay quien está llegando al límite de sus fuerzas y sin arrepentirse quiere explorar otros caminos. En cualquier caso, nadie que no se arrepienta es un arrepentido.

    No busquemos la responsabilidad de la situación en el eslabón más débil de la cadena, ya que el principal problema está en la calle. Si no somos capaces de fortalecer el movimiento popular esta situación no tendrá vuelta atrás. No podemos pedirles a los presos y presas el esfuerzo que no hacemos nosotros, no podemos pedirles más a las presas y presos mientras no hagamos todo lo necesario para fortalecer el movimiento popular. Nadie habría tenido valor para proponer a los presos que aceptaran la legalidad penitenciaria si después de 2009 hubiéramos sido capaces de mantener la calle al pil-pil.

    En lo que respecta a la lucha por la amnistía, le pediríamos a todo el mundo que haga su aportación mediante la organización. Para sacar este proyecto adelante no es suficiente con dar una palmadita en la espalda ni acudir a dos o tres manifestaciones al año. Tenemos el convencimiento de que hemos hecho una apuesta de gran potencialidad, pero en la actual situación toman absoluta importancia las aportaciones constructivas. Se lo debemos a todas las personas que han puesto su confianza en nosotros, sobre todo a los represaliados y represaliadas políticas que nos han apoyado de manera pública y, muy especialmente, a los cuatro presos que están fuera del Colectivo, porque su ímpetu es nuestra fuerza, porque nuestra fuerza es su aliento.

    Terminaremos como hemos empezado, diciendo que la crítica política es legítima y afirmando que si alguien nos quiere llevar la contraria tendrá que dar argumentos. Pero no perdamos la perspectiva, y en este momento en el que los Estados quieren dar la puntilla a los presos, deportados y huidos políticos, actuemos con respeto hacia ellos.

    Fernando Lizeaga, Ziortza Fernández Larrazabal, Jon Beaskoa y Sendoa Jurado
    ex presos políticos y militantes pro amnistía

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    Abdel Bari Atwan, director del periódico Rai al Youm, publicado en Londres, ha escrito que la victoria de Mosul ha coincidido con el 11 aniversario de la victoria del Hezbolá libanés sobre el régimen de Israel en 2006 y que estos dos hechos han convertido en imperecederos los triunfos del eje de resistencia en la región.

    “El secretario general del Hezbolá libanés, Sayyed Hassan Nasralá, ha felicitado a los irakíes por la liberación de la ciudad de Mosul y ha alabado la victoria del Ejército irakí frente al Califato Islámico, que él ha calificado de grandiosa”.

    “Los comandantes irakíes de confesión sunní han jugado un papel notable en la guerra contra el Califato Islámico. Si el eje del mal ha podido ser contenido en Irak es gracias a la posición valerosa de los ulemas sunníes”, señaló.

    Las victorias del eje de la resistencia en Irak, en Siria y en el Líbano se producen mientras que el eje saudí retrocede y Arabia Saudí ha quedado hundida en crisis y conflictos regionales interminables. El eje de la resistencia se refuerza día a día mientras que el eje saudí ha sufrido numerosos fracasos en Siria, Irak, Yemen y Qatar.

    Uno de los factores de la victoria del eje de la resistencia es el de oponerse al régimen israelí, detestado por todos los pueblos árabes y musulmanes de la región, mientras que el eje saudí ha dado prioridad a la normalización de vínculos con el régimen de Tel Aviv. Ésta es la mayor diferencia.

    Sayyed Hassan Nasralá tiene razón al elogiar el papel de los dirigentes sunníes de Irak. Es un gesto inteligente que podría neutralizar los esfuerzos para intentar provocar conflictos sectarios o étnicos, principalmente uno entre sunníes y shiíes, lo cual podría llevar a la creación de otros grupos militantes y a una nueva guerra en Irak tras la eliminación del Califato Islámico.

    Irán ha logrado formar grandes milicias paramilitares, como las Fuerzas de Movilización Popular, Hashid al Shaabi, en Irak, que han jugado un papel fundamental en la derrota del Califato Islámico.

    Estados Unidos llevó a cabo una guerra en Irak para construir un “nuevo Irak” sobre las ruinas del antiguo régimen de Saddam Hussein. Sin embargo, la victoria de Mosul ha dado lugar a un“nuevo Irak” basado en su integración en el eje de la resistencia.

    Dadas las evoluciones rápidas en Siria, el papel determinante de Rusia y las predicciones fallidas en los pasados seis años acerca de la caída del gobierno de Bashar al Assad, los países árabes de la región buscan ahora reestructurar sus estrategias geopolíticas.

    Los “años dorados” durante los cuales eran las riquezas las que gobernaban la región del Golfo Pérsico se han acabado, no sólo debido a la caída de los precios del petróleo y la dilapidación de una gran parte de las reservas financieras, sino también a causa de los planes estadounidenses que consistían en fomentar la inestabilidad en la región y acusar a Arabia Saudí, Qatar y EAU de terrorismo. Quince demandas relacionadas con los atentados del 11-S han sido presentadas contra estos tres países en los tribunales estadounidenses.

    Las indemnizaciones que deberán ser entregadas a las víctimas se evalúan en varios miles de millones de dólares.

    Atwan señala que la mayor parte de las guerras actuales buscan dividir a Oriente Medio para servir los intereses de Israel, que busca tener a estados debilitados y divididos en su entorno. Sin embargo, los cambios que se están produciendo en su entorno no benefician a este régimen. Por el contrario, lo amenazan.

    De este modo, Oriente Medio está cambiando y el equilibrio de poder se inclina en favor del eje de la resistencia en todos los campos de batalla.

    http://spanish.almanar.com.lb/103673

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    El jueves de la semana pasada un estudiante relataba al diario Hamburger Morgenpost la salvaje represión de la policía en Hamburgo por las protestas contra la reunión del G-20. Mientras desfilaban pacíficamente por la calle, fueron obligados por los antidisturbio a subirse a un muro de dos metros de alto y luego los obligaron a saltar desde lo alto, para acabar derribándolo a golpes para que cayeran todos. Fueron muchos los que se compieron los huesos, padeciendo dolorsas fracturas, mientras la policía les grutaba “¡Cerdos antifascistas!” Algunos aún permanecen en los hospitales.

    En una carta abierta dirigida a Olaf Scholz, el alcalde socialdemócrata de Hamburgo, y a Andy Grote, del mismo partido, el colectivo que convocó las manifestaciones, Alles allen (Todo para todos), también narra el salvajismo policial en Hamburgo, el ataque del sábado por la tarde a un campamento organizado en un parque y a la propia manifestación por parte de comandos especiales de la policía.

    Las agresiones policiales causaron un enorme número de heridos y lesionados, varios de ellos en la cabeza, a causa de golpes brutales, incluso contra personas que yacían tumbadas en el suelo.

    A pesar de las agresiones de los antidisturbios, la defensa de la actuación policial ha pasado aun primer plano en la capaña electoral alemana, de manera unánime. Así cabía esperarlo por parte del gobierno de Merkel, que dio patente de corso a la policía. Pero si podemos extrañarnos de algo es de la posición de quienes ejercen de oposición y no se oponen a nada, y menos a las agresiones de la policía.

    Tanto por parte del SPD, como de Die Linke (La Izquierda) o de Los Verdes hay plena unanimidad y ninguna diferencia con las fuerzas de la reacción, sino más bien al contrario. La “izquierda” justifica, aplaude y quiere más palos, más cabezas rotas y más manifestantes heridos.

    A los que protestan no les defiende ningún diputado, ningún partido institucional, nadie que ocupe ningún cargo pública. Se tendrán que defender a sí mismos porque al gobierno no le basta con los porrazos sino que ha amenazado con acudir a los tribunales para encarcelar a los que han protestado en las calles en el ejercicio de uno de sus derechos más importantes: el de manifeistación.

    Los enchufados, los vividores, la legión de parásitos de la política institucional aseguran unánimente que en Hamburgo no ha existido ninguna clase de violencia policial. Así lo ha asegurado en la televisión Olaf Scholz, el alcalde socialdemócrata de Hamburgo. Por definición, no hay más que un único tipo de violencia: aquella que los manifestantes llevan a cabo contra las instituciones, y no al revés.

    Tras el baño de sangre, los políticos han quierido volver a lo suyo, a embaucar con la magia electoral, las votaciones y demás cuentos. Cuando el viernes Martin Schulz, candidato del SPD a la cancillería, llegó al barrio de Schanzen, en Hambrugo, con la sonrisa en los labios, se encontró con lo que no esperaba. Los vecinos empezaron a increparle “¡Aquí no tienes nada que hacer!”, “¡Sucio traidor!”, entre otros insultos de los que hasta el periódico Süddeutsche Zeitung se ha tenido que hacer eco.

    Algunas declaraciones institucionales han sido más repugnantes que otras. El portavoz del grupo parlamentario de Los Verdes, Anjes Tjarks, ha dicho que la policía ha trabajado mucho y bien, por lo cual sus jefes derían dar a los mamporreros una gratificación en la próxima nómina, aumentar sus vacaciones y pagarles las horas extras que han empleado en aporrear a personas indefensas.

    Alemania es la mejor demostración de que la oposición política no existe en el terreno institucional, de que no hay pluripartidismo y de que todos los grupos institucionales actúan al unísono. Para eso no hacen falta tantos partidos; con uno basta.

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    Ricardo González Dávila

    Mi nombre es Ricardo González Dávila. Soy entrenador de baloncesto y acabo de aterrizar procedente de Corea del Norte, el que dicen es el país más hermético y desconocido del mundo. He sido el primer español en trabajar con las autoridades deportivas de aquel país. Allí he ejercido durante un mes como seleccionador masculino y femenino. Esta es mi experiencia.

    Me siento enormemente afortunado de haberlo podido vivir. Corea del Norte es un país extraordinario, su gente es maravillosa y feliz. Me siento privilegiado por haber trabajado en un lugar al que casi nadie tiene acceso. Son personas muy inteligentes y no toman ninguna decisión sin analizarla y estar convencidos de que será un acierto.

    Lo peor, sin duda, ha sido estar separado de mi mujer, Lidia [Mirchandani, exjugadora internacional con España], y de María, mi hija de 17 meses. Se me hace eterno cada día que paso sin ella. Me pregunto si merece la pena el sacrificio y si me compensa. Mi gran amigo Javi Juárez [entrenador en categorías inferiores del Madrid] siempre me dice que lo hago por ellas y que cuando la niña sea mayor estará orgullosa de mí.

    En Corea del Norte no existen las redes sociales. Tampoco en China, así que desde que llegué a Pekín tuve que olvidarme de Facebook, Twitter e Instagram. Tampoco hay acceso a muchas webs. Mi comunicación con el exterior era por teléfono, desde el chip con número norcoreano que compre allí, llamando desde el hotel, o bien por email.

    Me decían que estaba loco

    Algunos me decían que estaba loco al ir a Corea del Norte. Ahora digo que estaría loco si no hubiera ido. Desde que recibí el primer correo electrónico del Comité Olímpico norcoreano, no tuve dudas. Así que el 16 de noviembre volé a Pekín y de allí, a Pyongyang.

    Aquel día, mi avión fue el único que aterrizó en el aeropuerto. Y el día que me fui, era el único que salía. El aeropuerto es muy moderno y más pequeño del que tendría otra ciudad con ese número de habitantes, pero con el tráfico aéreo que hay no necesitan más.

    Desde mi llegada tuve un chófer, una traductora y una guía. Estaban alojados en mi hotel y permanentemente preocupados de que estuviera bien. Se han ocupado de todo: comidas, transporte, turismo... Si quería ir a dar un paseo yo solo, ir al pabellón andando o ir a correr un rato, lo podía hacer sin ellos.

    Con la guía hablaba sólo en inglés y con la traductora, en inglés o español. Con los jugadores y el resto de la gente, todo era a través de la traductora. Muy poca gente habla inglés, aunque las autoridades del deporte sí lo manejan.

    No he visto a personas occidentales. No conocí a ninguno en todo el mes. El turismo les llega casi todo de China.

    En lo profesional, la verdad es que nunca tuve mejores condiciones para desarrollar mi trabajo. Lo he tenido todo. Es el sueño de cualquier entrenador: un pabellón de primer nivel, muchos jugadores, todas las horas de entrenamiento que quieras, material, audiovisuales, ayudantes... ¡Todo! Pidiera lo que pidiera, al día siguiente, en el entrenamiento, lo tenía.

    Nunca he sentido como entrenador un respeto tan grande por parte de los deportistas y tanta predisposición a entrenar, aprender y mejorar. Hemos entrenado en un mes las mismas horas que puede entrenar un equipo profesional en Europa en tres meses, por sus partidos y sus viajes.

    El biotipo del norcoreano es muy bueno para el deporte. Hay buenos jugadores y jugadoras. Es difícil que alguno jugara en la ACB, tal vez se adaptarían mejor a la LEB.

    Sí hay jugadoras que podrían estar en Liga Femenina, incluida una de 1,97. No se les permite competir fuera del país, pero si creen que para crecer necesitan sacar a sus deportistas a jugar a las mejores Ligas del mundo, lo harán. Costeado y controlado por ellos.

    Los jugadores de baloncesto son buenos técnica y físicamente por la cantidad de horas que se entrenan, y tienen el don del tiro. Al nivel de los mejores tiradores en Ligas europeas. Tácticamente tienen que crecer, ya que basan casi todo su ataque en su juego exterior. Tienen ganas de mejorar, aprender y ganar. Su conocimiento del baloncesto internacional, quitando Asia, es casi nulo. Allí no llega la NBA, pero mostraban interés por saber cuál era el lugar del baloncesto español en el mundo.

    Y, por supuesto, es totalmente errónea la información sobre que allí hay canastas de cuatro puntos, mates que valen tres y esas cosas. Son todo bulos llegados desde el desconocimiento de lo que es Corea del Norte en lo deportivo.

    La organización deportiva que tienen es inigualable. Jamás vi nada parecido. Todos los funcionarios del país tienen que practicar un deporte además de su trabajo. Y se hacen Olimpiadas en todo el país donde compiten el Ministerio de Agricultura contra el de Sanidad, el de Educación... Con los niños, igual: al acabar el colegio, todos deben hacer algún deporte. No pierden el tiempo con aparatos tecnológicos o la televisión.
    Casi todo el mundo va en bicicleta

    Las dos tardes libres que tenía a la semana las dedicaba a jugar al tenis de mesa y hacer turismo. Pyongyang es una ciudad preciosa, de los lugares más bonitos que he visitado, con un encanto muy especial. Suele haber bastante gente, aunque en las fotos no se vea porque era domingo. Sorprende la amplitud. Hay algunas avenidas que son más del doble que La Castellana. Y eso en una ciudad que tiene 100 veces menos tráfico que Madrid. Hay coches, pero casi todo el mundo va en bicicleta. Es muy plana y ayuda.

    Hay carriles bici del tamaño de calles enteras. También se mueven mucho en metro, que es de primer nivel y gratis para ellos, como el autobús. En Pyongyang hay de todo: centros comerciales, mercados, tiendas... No en la cantidad y variedad de otras grandes ciudades, pero puedes comprar lo que necesites. Es más bien barato para un bolsillo europeo. Comer o cenar en un buen sitio son 10 ó 15 dólares. Se puede funcionar en dólares o euros sin problema, pero en pocos sitios aceptan tarjetas de crédito. Eso sí, es imposible encontrar cosas occidentales. Todo es de fabricación propia. No hay Coca Cola, Sony, McDonalds... Ni de tabaco vi una marca conocida. Sólo mantienen relaciones comerciales con China, pero tienen absolutamente de todo. Ah sí, los jugadores llevaban zapatillas Nike, la mayoría del mismo modelo.

    Hemos acabado todos muy contentos: ellos conmigo y yo con ellos. Ya hemos cerrado un acuerdo para el año que viene de otros tres meses, quizá más, dependiendo de mi disponibilidad profesional y de las fechas de las competiciones internacionales en las que decidan participar. Estoy seguro de que será una vinculación de varios años. Quieren que trabaje con ellos en muchas más cosas que entrenando a sus jugadores. La idea es ir participando con las diferentes selecciones de todas las edades, pero tienen claro que irán a jugar cuando sepan que están preparados para competir.

    No he tenido ocasión de conocer al presidente Kim Jong-un, aunque me habría encantado. El máximo dirigente de la Federación me dijo que eran grandes amigos porque jugaron muchos años juntos al baloncesto. De ahí su afición por este deporte. Ojalá el año que viene tenga la oportunidad de conocerle.

    http://www.marca.com/primera-plana/2016/12/19/5856c99f268e3ea5648b45f6.html

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    B.

    En efecto, y como "conspiranoicos"seguidores del dicho que dice: "piensa mal y acertarás", que así nos han enseñado en medio de patrañas y mentiras, que nacimos inocentes y los vivires nos convirtieron en escépticos, al decir de Rousseau, estamos por decir, conscientes del riesgo de que se nos tome a chacota y cachondeo, de que si cae el máximo jerifalte, Villar, del "Planeta Fútbol" (él diría "furbo"), la única religión verdadera, ese opio, lo siguiente es el caos y el acabose, señores.

    Hace tiempo que le buscan las cosquillas a Villar y es justamente ahora que le detienen (incluido su hijo, Gorka, factótum de casi todo el tinglado y mangancias). ¿Por qué? Pues según nuestras conspiranoias patafísicas, para hacer ver que el Estado español es tan fuerte y democrático que hasta el pope Villar puede ser susceptible de ser imputado por corrupción. Eso ha dicho el "portacoz" del Gobierno, que nunca recuerdo su nombre. Y lo dice como diciendo, subliminalmente, si  podemos con esto, que es lo más de lo más, el non plus ultra, (Florentino es intocable), ¿cómo no vamos a poder con los (putos) secesionistas catalanes (de mierda)? Con la ley (?) en la mano, eso sí.

    Conclusión: están dando patadas al independentismo catalán en diversos y variopintos culos, esta vez Villar.

    No me den ahora la razón, esperen a la publicidad. En seguida volvemos.

    Bon apetit.

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  • 07/18/17--10:35: ¿Venezuela igual que Chile?
  • Darío Herchhoren

    En el año 1973, se produjo un golpe de estado en Chile, que acabó con el gobierno de la Unidad Popular que presidía Salvador Allende. Luego de su caída, hubo una larga dictadura ejercida por el General Augusto Pinochet Ugarte, durante 17 años.

    Ese golpe militar, rompió con una tradición  de no intervención en la política del país de las FFAA chilenas. Pero eso es evidentemente una falsedad. Las fuerzas armadas chilenas  fueron creadas, entrenadas y armadas siguiendo un modelo prusiano, por generales prusianos, que enseñaron al ejército chileno a despreciar toda actividad política; y esa es la verdadera razón por la cual el ejército chileno no intervenía en política. Desmintiendo tal afirmación hay que poner de resalto que unos pocos días antes de que Salvador Allende asumiera la presidencia de Chile hubo un atentado con bomba que acabó con la vida del general Schneider, que era el jefe del estado mayor del ejército como una provocación para que ese ejército saliera a las calles a poner "orden" . Hay una confesión del agente de la CIA Miguel Manley, autor a su vez de la muerte del General Carlos Prats y de  su esposa en un atentado con explosivos en Buenos Aires, ya caido Allende; donde reconoce ser el responsable de la muerte de Schneider, y en su confesión involucra a altos oficiales del ejército chileno, entre los cuales estaba Manuel Contreras, ex general, y luego jefe de la DINA (policía secreta ) en el gobierno de Pinochet, que actualmente está en prisión.

    El gobierno de Allende implementó lo que se llamó "la vía chilena hacia  el socialismo". En palabras del propio Allende; sería un socialismo con empanadas y vino, en homenaje a un plato típico de Sudamérica.

    Salvador Allende fue hostilizado desde un principio, por la gran patronal chilena, y por los intereses de la gran minería del cobre, que fue nacionalizado bajo su gobierno. Esa hostilidad se manifestó con el desabastecimiento y la práctica desaparición de artículos de primera necesidad como el aceite, el arroz, las patatas, el pollo y el pescado. A eso se sumó la gran patronal del transporte, que se excusaba para no abastecer a las ciudades en que carecía de repuestos para sus camiones, o de neumáticos. He sido testigo de como algunos transportistas quitaban una de las ruedas delanteras a sus camiones para tener una excusa para no efectuar servicios de transporte.

    Hay que reconocer que Allende tuvo un escrupuloso respeto a la legalidad burguesa que era la que le permitió ganar las elecciones; pero ese mismo respeto le llevó a no tomar las medidas adecuadas, una de las cuales era necesariamente la expropiación de bienes, servicios y empresas que se negaran a cumplir con sus obligaciones. Estaba claro que Allende no se animaba a romperle el espinazo a la burguesía chilena, y eso fue lo que precipitó su fin. La International Telegraph and Telephon, con la inestimable dirección de Henry Kissinger, entonces Secretario de Estado de los EEUU, hicieron el resto,

    El 11 de septiembre de 1973, se produjo un golpe militar fascista, que acabó con su gobierno y con su vida, y que inauguró un período trágico en la vida de los chilenos.

    En Venezuela se está produciendo una situación muy parecida. Las diferencias están a la vista. El alma mater de lo que se llama la "revolución bolivariana" que era Hugo Chávez era militar y gozaba del apoyo total de las FFAA, que tienen un origen social muy distinto de las chilenas. Estas tienen una raíz popular; mientras que aquellas tienen un origen oligárquico.

    Chávez tenía un enorme carisma y se convirtió en una figura de dimensión continental; pero cometió el mismo error que Allende. No atacó las bases del poder de la burguesía. No expropió la banca privada ni creó una banca nacional, no expropió las grandes propiedades, ni fomentó una agricultura ni una ganadería nacionales que le permitiera gozar de independencia alimentaria; y eso es básico para llevar adelante una revolución como la que planeaba. Eso permite que como ocurrió en Chile desaparezcan los alimentos y que haya largas colas para comprar los mismos, obligando a la población a perder horas para lograr subsistir.

    El gobierno de Maduro debe defenderse, aplicando medidas de emergencia, expropiando, encarcelando si es preciso, y sobre todo impidiendo las llamadas "guarimbas", que son en realidad motines que se organizan contra un gobierno que tiene legalidad y legitimidad.

    Como conclusión y como pregunta: ¿hay alguna experiencia en el mundo donde se haya hecho una revolución social sin ejercer violencia?

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    Klaus Eberwein
    Un antiguo funcionario haitiano, Klaus Eberwein, que se disponía a denunciar la corrupción en el seno de la Fundación Clinton, ha aparecido muerto en Miami de un disparo en la sien.

    Eberwein tenía 50 años de edad y fue partidario del expresidente haitiano Michel Martelly (2011-2016). Unos días antes había recibido amenazas de muerte, tras difundir la malversación de fondos por parte de la Fundación Clinton en la isla caribeña tras el devastador terremoto de 2010.

    Durante tres años el fallecido fue director general del Instituto de Desarrollo Económico de Haití y del FAES (Fondo de Asistencia Económica y Social). El año pasado acusó a los dirigentes de la Fundación de criminales, mentirosos y ladrones durante una manifestación frente a la sede social de dicha Fundación en Nueva York.

    A su vez, Eberwein fue acusado de fraude y corrupción durante su administración de FAES por lo que ayer debía comparecer ante una comisión de ética y anticorrupción del Senado haitiano para declarar sobre sus actividades y las de la Fundación Clinton en la isla, acusada de malversación de las donaciones obtenidas con destino a la mejora de las condiciones de vida de la población caribeña.

    Según Eberwein, el 0,6 por ciento de los fondos obtenidos por la Fundación han acabado en manos de organizaciones haitianas. El 9,6 por ciento han acabado en poder del gobierno local y el 89,8 han ido a parar a organizaciones no haitianas. En total, unos 5.400 millones de dólares nunca llegaron a Haití.

    La ayuda al Tercer Mundo siempre ha sido un fraude. El conseller de la Generalitat valenciana Rafael Blasco está en la cárcel por quedarse con los fondos destinados a la construcción de un hospital en Haití. Es un simple ejemplo de algo que se puede generalizar a todo el mundo. En total, se calcula en 9.000 millones de dólares el fraude internacional cometido gracias al terremoto de Haití.

    El huracán Matthew dio un segundo empujón para engordar el fraude. En el mejor de los casos las ONG han desempeñado el papel de promotores para contratar obras de reconstrucción con empresas privadas, sin ningún control del gobierno local.

    Haití es el modelo de Estado perfecto para el imperialismo, un oasis de corrupción absoluta. Para que los funcionarios del gobierno no se lleven el dinero de la ayuda, quienes se lo meten en el bolsillo con las ONG y las empresas privadas asociadas a ellas.

    No es ninguna casualidad que desde el terremoto a Haití llegaran 10.000 de esas ONG y nadie sabe qué es lo que hacen allá porque más de 60'.00 personas siguen sin vivienda.

    Las ONG están deseando que haya otro terremoto, otro hurácan, una gran erupción volcánica... cualquier desastre que vuelva a movilizar las malas conciencias del mundo (y sus bolsillos).

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