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Una, grande y libre: el nuevo falangismo de "izquierda"

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Óscar Miguélez

En plena celebración de la Diada el Diario Octubre publica un infame artículo de Eduardo J. García titulado nada menos que "Los fachalanes" en donde arremete sin el más mínimo pudor contra el independentismo catalán. El encabezamiento ya deja claro que, según García, el fascismo no está entre los opresores sino entre los oprimidos. A partir de ahí cualquier cosa es posible y para comprobarlo no hay más que tener estómago para digerir el artículo en su integridad.

En las tres décadas y media transcurridas desde la transición y, a pesar de la creación del Estado de la Autonomías, las contradicciones nacionales en España no se han amortiguado, sino todo lo contrario. Los centralistas tienen la impresión de que han cedido inútilmente, reaccionan para disimular que la opresión nacional sigue existiendo y pasan a la ofensiva lanzando el siguiente argumento: durante la transición España se transformó en un Estado democrático, prueba de lo cual es que concedió las más amplias competencias a las autonomías (naciones). ¿Qué más quieren los independentistas?

Son insaciables y no se conforman con nada. En la argumentación centralista no sólo la opresión nacional ha desaparecido, sino incluso la propia Catalunya, "un país que no ha existido jamás", según García. Entonces la duda es lógica: si no hay opresión nacional, ¿de qué se quejan los independentistas? Y lo que es aún más extraño: ¿cómo es posible que el nacionalismo no sólo no haya sido desactivado, sino todo lo contrario, haya multiplicado sus fuerzas? ¿Cómo puede crecer un problema que ya está solucionado?

El artículo de García que publica el Diario Octubre, como tantas otras publicaciones fascistas, no reconoce la existencia de una situación oprobiosa de hecho, el sometimiento nacional de Cayalunya, sino sólo un problema subjetivo, que son los nacionalistas (la burguesía nacionalista) o, dicho de otra manera, los nacionalistas (la burguesía nacionalista) están creando un problema donde no lo hay.

La maniobra no puede ser más repugnante. Constituye un alineamiento descarado con el Estado fascista en contra de los oprimidos, afirmando que el verdadero problema son ellos. Los que realmente están oprimidos son los fascistas y su España (una, grande y libre). En este país el oportunismo sigue despeñándose por los abismos de la más descarada degeneración moral e intelectual, presentando al viejo falangismo con un nuevo rostro de "izquierda". La UCE no es más que un ejemplo, de los que hay varios. A García y el Diario Octubre se les ha quedado pegado al paladar hasta el lenguaje fascista, cuando califican de "batasunos" a los miembros de la CUP.

Los oportunistas son al comunismo lo que el inglés a Ana Botella. Pretenden que es algo consustancial al comunismo crear "grandes Estados", o que la unidad del Estado (por las buenas o por las malas) garantiza la unidad de la clase obrera, o que son los imperialistas (extranjeros) quienes pretenden dividir a la sagrada patria (que es España), lo mismo que hicieron en los Balcanes.

Cuando en España se habla de nacionalismo el subconsciente nos traslada mecánicamente a Galicia, Euskadi o Catalunya. Fuera de ahí no hay nacionalismo; los españoles no son nacionalistas, un término que hoy, en los tiempos del Banco Mundial, la UE y la OTAN se ha convertido en sinónimo de terrorismo, violencia, intolerancia, etc. Además de arcaico, el nacionalismo es hoy contraproducente... siempre que se trate del nacionalismo de los demás, el de los oprimidos, porque el propio no necesita presentarse como tal nacionalismo, sino todo lo contrario. Más bien alardean de internacionalismo y cosmopolitismo.

Para justificar su alineamiento con la opresión, los nuevos falangistas de "izquierda", además de recordar la naturaleza burguesa del nacionalismo, exponen el amplio repertorio de "trapalladas" que cometen a cada paso en sus respectivos cortijos. Pero, ¿qué esperaban de la burguesía? A cada paso los falangistas (de derechas y de "izquierdas") nos recuerdan el victimismo de los independentistas. Es verdad, el victimismo existe, pero no es ficticio. Sus "trapalladas" son reactivas: se alimentan de las que proceden de Madrid que, por cierto, permanecen en un segundo plano.

Es el propio centralismo fascista el que durante 35 años ha estado alimentando el crecimiento del independentismo en Catalunya y demás naciones oprimidas. A lo largo de las últimas décadas la burguesía catalana ha demostrado verdadera maestría política a la hora de explotar todas y cada una de las torpezas que proceden de Madrid. Pero algunos, como García y el Diario Octubre, siguen sin querer enterarse: los pequeños ejércitos ganan las guerras aprovechando los errores de los grandes.

Aunque ese es un principio importante, no es en absoluto lo principal en este asunto. Lo que le está permitiendo a la burguesía catalana una hegemonía sin precedentes en su cortijo es la inhición, la absoluta torpeza de los que le hacen el caldo gordo al fascismo. Lo llamamos falangismo de "izquierda" pero la III Internacional lo calificó como "socialfascismo": socialistas de palabra y fascistas de hecho. Eso es lo que mejor define a García y a medios como al Diario Octubre, que se mantienen dentro de círculos insignificantes mientras las fuerzas de los "batasunos" crecen cada día.

(*) Eduardo J. García: Los fachalanes (The catalan Way)

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