Quantcast
Are you the publisher? Claim or contact us about this channel


Embed this content in your HTML

Search

Report adult content:

click to rate:

Account: (login)

More Channels


Showcase


Channel Catalog



older | 1 | 2 | (Page 3) | 4 | 5 | .... | 333 | newer

    0 0



    Conversaciones con el camarada Arenas
    Noviembre 2000



    Esta conversación-entrevista con Arenas, Secretario General del PCE(r), se realizó pocos días antes de que fuese detenido junto a algunos miembros de la Dirección del Partido en París, donde estaban refugiados. Dicho documento se distribuyó en cassette y por escrito.

    En el transcurso de este documento, Arenas denuncia el carácter fascista y terrorista de la ofensiva represiva emprendida por el régimen, al mismo tiempo que señala que, no sólo va dirigida contra el pueblo vasco y sus organizaciones de vanguardia, sino también contra el conjunto del Movimiento de Resistencia Antifascista de todo el Estado y sus organizaciones revolucionarias. De forma concreta advierte de que el mismo Partido puede ser atacado en cualquier momento, tal como ha ocurrido.


    No obstante, también nos hace ver como esta ofensiva fascista del Gobierno del PP no es sinónimo de fortaleza sino una prueba de su debilidad y nos muestra que haciéndoles frente, utilizando todos los medios de lucha y enfrentándoles con decisión y firmeza se les va a volver a hacer recular en sus planes como ha ocurrido en otras ocasiones. De este modo podemos convertir su ofensiva en un fracaso para ellos y en una victoria del movimiento de resistencia.


    Arenas habla también de forma minuciosa y concreta de las tareas inmediatas de los militantes y simpatizantes del PCE(r) en la perspectiva de consolidar la organización y llevarla a los barrios, a las fábricas; de cómo buscar y conectar con los obreros avanzados, con los jóvenes, etc. para establecer y estrechar sus vínculos con el Partido y con el Movimiento de Resistencia Antifascista.


    Finalmente, aborda el tema de la situación internacional, las contradicciones interimperialistas y la guerra mundial hacia la que nos están conduciendo los imperialistas, los explotadores; señala la necesidad que tenemos de ser conscientes de ello y de prepararnos para hacerle frente. A la vez que destaca la importancia de trabajar para crear una nueva organización internacional revolucionaria de los trabajadores.

    Para escuchar online

    Primera parte: 

    Segunda parte: 

    Para descargar

    Primera parte:

    Segunda parte:

    Para leer la transcripción:


    0 0

    Cuando el régimen inició su reforma, se prometían otros cuarenta años de dominación. Su objetivo no era otro que salvar al régimen de Franco de la bancarrota en que se encontraba y de alejar el peligro revolucionario, sin más que cambiar las formas y adaptándolo a la nueva situación.


    Creían que utilizando a fondo la demagogia en combinación con los métodos terroristas de siempre, iban a lograr desorganizar al movimiento de masas, iban a aniquilar a los revolucionarios y así podrían seguir garantizando sus ganancias y descargar el peso de la crisis económica sobre las masas trabajadoras.


    Y a este juego criminal se prestaron en cuerpo y alma todos los partidos y mafias sindicales a cambio de un plato de lentejas o un puesto en el Parlamento.


    Por el contrario, nuestro Partido, señalaba entonces: “Del fascismo y del monopolismo no se puede ir a la democracia burguesa porque ésta corresponde a la etapa de libre competencia y de desarrollo del capitalismo; la historia no da marcha atrás”.


    Apoyándonos en estas tesis, absolutamente científicas, hemos venido durante años denunciando en solitario el carácter fascista de la reforma, hemos propugnado el boicot a todas las mascaradas electorales, hemos impulsado la lucha y la resistencia de la clase obrera y las masas populares y, sobre todo, hemos apoyado incondicionalmente a la guerrilla. Porque los comunistas tenemos claro que la libertad del pueblo no puede ser obra de conciliábulos y cambalacheos entre politicastros sino que hay que conquistarla con la lucha más consecuente.


    No obstante, haciéndose eco de la voluntad popular de verdaderos cambios políticos que supusieran una ruptura con el régimen de Franco, en 1978 el PCE(r) elaboró el Programa de los Cinco Puntos en el que se sintetizan esos objetivos mínimos:


    1.- Amnistía y libertades políticas y sindicales para todos


    2.- Depuración de fascistas y torturadores del aparato del Estado


    3.- Medidas reales contra el paro y la miseria del pueblo


    4.- Fuera de la OTAN y fuera bases yanquis


    5.- Derecho a la autodeterminación para las nacionalidades oprimidas por el Estado fascista español.


    Pero la democracia de que hablaban los monopolistas, generalotes, obispos y toda la cohorte de vendidos que les apoyaban, evidentemente no era la misma que el pueblo reclamaba, y la respuesta fue decretar una política de exterminio contra nosotros y contra todo aquel que no entrara por el aro. "Los terroristas son el peor enemigo de la democracia", dijeron. Efectivamente, porque con nuestra lucha por verdaderas libertades estábamos denunciando la maniobra; así es que si no acababan con la resistencia, se descubriría el pastel y todo su montaje se vendría abajo en poco tiempo. Y para su desgracia, se descubrió pronto, porque a pesar de los crímenes, torturas y miles de detenciones, no lograron acallar nuestra voz ni las armas de los guerrilleros... y el movimiento de resistencia de las masas siguió creciendo.


    Ya no podían seguir dando más largas al asunto. “O buscan una salida política en base al Programa de los Cinco Puntos o entramos en la guerra revolucionaria abierta”, decía nuestro Partido. Sin embargo, ellos creían tener todavía un as en la manga y decidieron jugarlo: así apareció Felipe. Venía prometiendo "cambio" y diez millones se dijeron: a ver qué pasa, y le dieron su voto. Nuestro Partido, no se hacía ilusiones pero decidió no darles ninguna excusa y señaló que el cambio tenía que pasar por los Cinco Puntos. Los GRAPO, decretaron un alto el fuego unilateral. Así se verían con más claridad las verdaderas intenciones del cambio prometido. Y se vieron inmediatamente.


    A los dos días asesinaron a nuestro camarada Juan Martín Luna, y a partir de ahí se fueron superando a sí mismos y a todos los anteriores cada día: enterraron la demagogia electoral, empezaron las reconversiones, redujeron los fondos destinados a los parados, "descubrieron" los altos valores de la guardia civil, legalizaron la tortura, promulgaron nuevas leyes terroristas, declararon la inocencia de los asesinos y torturadores de la policía y guardia civil, tomaron militarmente barrios y ciudades; reprimieron a saco a los obreros, a los jornaleros, a las mujeres y hasta a los minusválidos por reivindicar su derecho al trabajo, nos ataron definitivamente a la OTAN y se gastaron billones de pesetas en armamento; se negaron a toda negociación con la guerrilla para encontrar una salida política y declararon oficialmente la "guerra sucia". Y ahora, con el mayor descaro, Felipe declara que la democracia está consolidada, que la transición ha terminado, que las reconversiones se llevarán a cabo caiga quien caiga, que de la OTAN no se puede salir... y que eso es lo que hay y todo el que no esté de acuerdo, es un enemigo de la democracia y un terrorista y sobre él caerá todo el peso de la ley y de la justicia... Es la política que siempre han practicado los sectores monopolistas más reaccionarios. Es el programa de los Tejero y compañía.


    Pero eso, lejos de indicar fortaleza, no es más que el reconocimiento del fracaso total de la maniobra reformista que ha llegado a su fin en un tiempo record sin haber cumplido ni uno sólo de los objetivos que se habían propuesto y hoy se encuentran más solos que nunca, sin ninguna carta que jugar y gobernando como siempre lo ha hecho el fascismo en España: con el único respaldo de las metralletas y por medio del terror.


    Proceso de guerra revolucionaria abierta


    En España, se ha cerrado ya definitivamente toda perspectiva de democratización y de encontrar una salida política que hiciera posible la defensa de los intereses obreros y populares por medios pacíficos. Por el contrario, la reacción con sus testaferros pesoístas al frente, ha declarado la guerra en todos los terrenos y no deja al pueblo y a sus organizaciones de vanguardia más opción que rendirse y someterse o responder en el mismo lenguaje. Ellos ya han definido claramente cuál es su democracia y su libertad y han dicho: eso es lo que hay y si queréis otra cosa, tendréis que pasar por encima de nuestros cadáveres. Efectivamente, ya en España no puede haber libertades para el pueblo sin derrocar al régimen fascista. Pero además, tampoco los problemas económicos de los trabajadores tienen ya solución en el marco del sistema capitalista, de modo que hoy no se puede poner freno al paro, a la miseria y a la explotación sin expropiar a los monopolistas y poner el control de la economía en manos del pueblo y a su servicio. Sólo por la vía revolucionaria se pueden encontrar las soluciones a los problemas políticos, económicos, culturales, nacionales, etc. que padecen las masas trabajadoras, y hacia ella se encamina el movimiento de masas con paso decidido.


    Y hay motivos más que de sobra para estar seguros de que es la vía revolucionaria la única que va a desarrollarse. Nosotros sólo vamos a detenemos en los tres aspectos que a nuestro juicio son más destacables.


    SE HA PRODUCIDO UN SALTO CUALITATIVO EN EL MOVIMIENTO DE MASAS


    Ese salto cualitativo se concreta en que el movimiento de masas se ha liberado de toda ilusión reformista y no espera nada de los de arriba; sólo confía en su lucha, en su fuerza y en su unidad; y está resistiendo en todas partes.

    Por el contrario, es un movimiento nuevo que, como no podía ser de otra forma, tiene un carácter democrático y hace de la asamblea su organismo de discusión y de toma de decisiones frente a los chanchullos y conciliábulos de partidos y mafias sindicales. Ha adoptado métodos de lucha y de resistencia cada vez más radicales y una creatividad admirable para utilizar todo lo que pueda ser útil a la defensa de sus intereses: desde el piquete a la recogida de alimentos, desde el secuestro a la pegatina, desde el comunicado de protesta a la desobediencia de las órdenes anti-obreras, desde la huelga a la bomba... y no hay más que mirar un poco lo que está ocurriendo en Sagunto, en Gijón, en Vigo o Ferrol o entre los jornaleros andaluces, para ver que éste, es un movimiento nuevo, de carácter antimonopolista y, por tanto, antifascista: que políticamente está indisolublemente ligado al Partido y a la guerrilla popular (aunque todavía no se haya producido una ligazón orgánica a gran escala). Se ha producido pues, un salto cualitativo en el movimiento obrero y popular que lo sitúa definitivamente en la vía revolucionaria. No le dejan otra salida.


    VICTORIA POLÍTICA DEL PARTIDO Y DE LA GUERRILLA


    La oligarquía ha tenido muy claro desde el principio que sin aniquilar al Partido y a las organizaciones guerrilleras populares, no podría imponer su democracia. De ahí que éste fuera un objetivo primordial de la maniobra reformista y en él se han invertido cientos de miles de millones: han gastado ríos de tinta en echar basura y crear confusión, han destinado miles y miles de policías, guardias civiles y chivatos, han creado cuerpos especiales de asesinos y torturadores, han promulgado cientos de leyes, han firmado tratados internacionales de colaboración antiterrorista, han pagado mercenarios, mafiosos, drogadictos y ultras para formar grupos parapoliciales, han aireado a los cuatro traidores "arrepentidos" para sembrar la desmoralización, en fin, todo lo imaginable.


    Pero a pesar de todo, los comunistas, revolucionarios y patriotas no hemos arriado la bandera en ningún momento y una vez más los hechos han confirmado que, -como decía Lenin- “la línea política lo decide todo”. En esa lucha a muerte no ha triunfado la policía y todo el aparato represivo, sino que ha triunfado el Partido y las organizaciones guerrilleras; no ha triunfado la maniobra reformista sino la línea política revolucionaria.


    Lo cierto es que hoy, a este lado de la barricada, junto a las masas obreras y populares señalándoles el camino a seguir, sólo está el PCE(r) y las organizaciones guerrilleras. Lo cierto es que hoy es imposible paralizar nuestra actividad político-militar a pesar de cualquier éxito policial aislado. Lo cierto es que hoy el movimiento revolucionario organizado empieza a recoger los frutos de tantos años de sacrificio y de siembra y necesariamente nos vamos a desarrollar. Lo cierto es que hoy millones de obreros y de gentes del pueblo están enfrentados al régimen fascista y a los monopolios en la línea de resistencia que nuestro Partido viene señalando. Lo cierto, en definitiva, es que el Partido y la guerrilla son un hecho, que su influencia política es inmensa, que van a desarrollarse inevitablemente y que son la garantía de que ya en ningún momento se vaya a producir la desmoralización ni la paralización del movimiento de resistencia de masas, sino que, por el contrario, se va a ir politizando, organizando y adquiriendo carácter revolucionario.


    LA ACTUAL CRISIS ECONÓMICA SÓLO TIENE UNA SALIDA REVOLUCIONARIA


    Todos los factores políticos expuestos anteriormente, tienen una base económica objetiva, que tiene unas leyes de desarrollo que escapan al control de los propios monopolistas, de los pesoístas y de todos los técnicos y economistas de la burguesía. Y esta base es que el sistema capitalista entero se encuentra sumido en una crisis total. Crisis que en España, por su mayor debilidad económica, multiplica sus efectos negativos por todas sus secuelas de limitación de exportaciones, encarecimiento de las materias primas, reducción de los mercados... y en consecuencia, reconversiones masivas de todos los sectores de la producción, encarecimiento del cesto de la vida, aumento de los impuestos y naturalmente, aumento incesante de la represión y el terror como única forma de imponer a las masas todas esas medidas.


    Pero en contra de lo que dicen los voceros de los monopolistas, ésta no es una crisis cíclica más, sino la última del capitalismo, porque ya no tiene ninguna posibilidad de recuperación, sino que se irá agravando y pudriendo e irá generando una lucha de clases cada vez más aguda que necesariamente acabará en la revolución socialista.


    Para los monopolistas, el panorama no puede ser más negro porque el campo socialista tiene hoy tal fuerza política y tal poderío económico y militar que no sólo les va ganando terreno en todos los aspectos de las relaciones internacionales, sino que les impide cualquier veleidad de provocar una guerra con vistas a un nuevo reparto de los mercados porque de ella saldrían inevitablemente derrotados por las fuerzas revolucionarias. Hoy los monopolios ya no pueden exportar su crisis a los países menos desarrollados llevándose las materias primas y esquilmándolos porque gran número de éstos han hecho su revolución y exigen precios justos y, por otro lado, en los que aún siguen bajo la bota imperialista no hay uno donde no exista un movimiento revolucionario y guerrillero que les obliga a mantener un aparato propagandístico, policíaco y militar de tal magnitud, que lo que aún se siguen llevando les resulta cada vez más caro.


    Ahora tienen la crisis en sus propios países y la enfrentan, por un lado, explotando más y más a sus propios obreros y pueblos, y por otro, peleando como hienas entre ellos para arrebatarse los mercados unos a otros: guerra del acero, guerra por los caladeros de pesca, chantajes monetarios como la subida del dólar... Es el sálvese quien pueda. Hoy ya el capitalismo no tiene ninguna posibilidad de salir de la crisis y por el contrario, va generando un movimiento revolucionario encabezado por las organizaciones guerrilleras y el Partido de la clase obrera. Y esa situación general, en España es aún más grave.


    Aquí ya, gobierne quien gobierne tiene que aplicar la misma política fascista. No tienen ningún margen de maniobra, ni la más tímida posibilidad de demagogia ni de reformismo. Aquí la crisis exige una salida revolucionaria.


    Los objetivos del Movimiento Político de Resistencia


    Nuestro Partido, en su Congreso Reconstitutivo (1975) señalaba que “en España se han creado las condiciones materiales para realizar el socialismo, pero la existencia del fascismo, hace que la principal contradicción social sea la que enfrenta al pueblo contra ese enemigo y contra el monopolismo”. Esto que decíamos entonces, no sólo sigue siendo correcto sino que hoy, es cuando nuestro análisis cobra toda su importancia, pues hoy más que nunca, la inmensa mayoría de la población está enfrentada al Estado fascista y a los monopolios.


    La clase obrera encabezada por su Partido puede y debe unir en un sólo frente todo ese descontento y transformarlo en un movimiento revolucionario. Para ello, es imprescindible dotarlo de un programa que resuma los intereses obreros y populares abriéndole la perspectiva de una salida a los graves problemas que padece. Y en España, ya no pueden proponerse a las masas otros objetivos que no sean el derrocamiento del estado fascista y la expropiación de los monopolios porque hoy ya, inevitablemente, la solución de los problemas de las masas pasa por ahí. Todo lo que no sea impulsar la lucha en esa dirección, es colaborar con el enemigo y facilitarle las cosas.


    Nuestro Partido propone para que sea difundido lo más ampliamente posible y sometido a estudio y discusión el siguiente Programa a todo el Movimiento Político de Resistencia:


    1º.- Amnistía total y libertades políticas y sindicales para todo el pueblo y sus organizaciones de vanguardia.


    2º.- Formación de un Gobierno Provisional Democrático Revolucionario que lleve hasta sus últimas consecuencias la disolución del Estado fascista y todo su aparato burocrático-militar. Armamento del pueblo.


    3º.- Derogación de la Constitución fascista y todas las leyes terroristas. Convocatoria de elecciones libres a una Asamblea Popular que elabore la nueva Constitución. Formación de consejos obreros. Creación de tribunales populares.


    4º.- Expropiación de los monopolios: las multinacionales, el capital financiero, los terratenientes, las instituciones reaccionarias y los contrarrevolucionarios.


    5º.- Fuera de la OTAN. Desmantelamiento de las bases yanquis y reintegración de Gibraltar a la soberanía nacional. Devolución de Ceuta y Melilla. Anulación de todos los tratados reaccionarios y onerosos firmados con los imperialistas. Por una política internacional de paz y de apoyo a la lucha de los pueblos oprimidos.


    6º.- Derecho a la autodeterminación de los pueblos vasco, catalán y gallego y respeto total de sus derechos nacionales. Independencia de la colonia africana de Canarias.


    Este no es el programa de la revolución socialista que la clase obrera y los comunistas anhelamos, sino que tiene ante todo un carácter antifascista, antimonopolista y antiimperialista. Pero hoy, el cumplimiento de este programa es un paso inevitable en el camino hacia el socialismo.


    Los métodos de lucha y organización


    A la vista de los hechos, la inmensa mayoría tiene ya muy claro que en España los votos no van a traer nunca ni la más tímida mejoría ni el más pequeño de les cambios; que la reacción no va a ceder nada por las buenas y menos, cuando se encuentra con el agua al cuello; que ellos utilizan los votos sólo para justificar su política terrorista.


    Pero también está claro que el engaño de los pesoístas no va a volver a repetirse nunca más. Por el contrario hay que impulsar, aún más y en todas partes, la resistencia activa, la desobediencia civil y la lucha armada. Hay que promover asambleas en las que democráticamente se discutan los problemas, las reivindicaciones y la lucha a seguir. Donde se tomen acuerdos y elijan comisiones de delegados que negocien con la patronal al margen de las mafias sindicales.


    Hay que formar piquetes que extiendan la lucha. Hay que ganar la calle, organizar huelgas y manifestaciones y buscar la solidaridad de toda la población.


    Hay que castigar a los esquiroles, ocupar las fábricas, sabotear la producción o las cosechas, destruir los stocks. Para ello, es imprescindible que en cada fábrica, en cada tajo se formen pequeños grupos clandestinos que siguiendo el ejemplo de la guerrilla realicen acciones de comando y busquen el apoyo de las organizaciones armadas.


    Hay que sabotear e impedir toda maniobra electoral, referéndums y demás intentos de las mafias sindicales para imponer "democráticamente" los planes de sus amos.


    Hay que impulsar la desobediencia de las órdenes anti-obreras sobre despidos, cierre de instalaciones, traslados, etc., negarse a pagar los impuestos y los precios abusivos, expropiar alimentos…


    Nuestros amigos, simpatizantes y todos los revolucionarios, deben impulsar la lucha independiente de la clase obrera y la resistencia de las masas, pero no pueden perder de vista ni por un momento que hoy más que nunca, la clase obrera necesita un Partido revolucionario que la oriente, organice y encabece la lucha.


    El PCE(r) ha demostrado con creces ser el Partido de la clase obrera y tiene una gran influencia entre las masas que han hecho suya nuestra línea política. Pero hay que hacer que esa influencia se transforme en organización poco a poco llevando una labor partidista y dando pequeñas tareas a todo el que esté dispuesto. Hay que ir consolidando una amplia red de propaganda que haga llegar la voz del Partido a las fábricas y a todas partes de forma segura. Hay que ir recuperando y ligando al Partido a todos los amigos y simpatizantes y establecer conexiones seguras con ellos. Hay que crear círculos de lectura, células y organismos del Partido a todos los niveles sobre la base de la más absoluta clandestinidad. Nuestros amigos y simpatizantes deben estar presentes y encabezar si es posible la lucha en las fábricas y tajos, deben participar en todo tipo de organismos verdaderamente populares como asociaciones de vecinos, comités anti-OTAN, las AFAPP, asambleas de parados, comités de apoyo a Nicaragua, etc.; hay que ser conscientes de que para dirigir a millones de obreros y trabajadores en la lucha contra el fascismo y el monopolismo, necesitamos de un Partido revolucionario fuerte, enraizado en las masas por todas partes. Pero además, la clase obrera necesita organizar su propio ejército. Un ejército capaz de hacer frente a las fuerzas terroristas del régimen y que allane el camino a los trabajadores para alcanzar sus objetivos políticos socialistas. Frente a la contrarrevolución armada de los monopolios, el método principal de lucha no puede ser otro que la lucha amada.


    Las organizaciones guerrilleras son el embrión de ese futuro ejército popular porque su actual debilidad se va a ir transformando poco a poco en fortaleza y en mayor capacidad operativa con la afluencia de nuevos combatientes.


    Nuestro Partido desde hace más de siete años ha venido apoyando a las organizaciones guerrilleras y argumentando su necesidad. Ha promovido la creación de los GRAPO y a ellos ha enviado un sinfín de sus mejores cuadros y militantes, y va a seguir haciéndolo puesto que hoy es inadmisible que nadie se autotitule de comunista si no está dispuesto a empuñar las amas, pues ésta es la forma más eficaz de combatir al terrorismo fascista.


    Pero conseguir el desarrollo de las organizaciones guerrilleras no sólo es tarea de los comunistas, sino de todos: de los obreros y de los jóvenes, de las mujeres y de los estudiantes, de los más comprometidos y de los menos comprometidos. Todos somos necesarios y todos hemos de aportar nuestra contribución por pequeña que sea. Unos empuñando las armas o facilitando informaciones diversas, ya sea de patronos, chivatos, torturadores o depósitos de armas o dinero; otros proporcionando escondrijos, refugios o medios de transportes.


    Sólo con la combinación de la lucha de resistencia de las masas y la actividad político-militar de las organizaciones guerrilleras y revolucionarias es como se irá fraguando un potente Movimiento Político de Resistencia dirigido por el Partido, capaz de vencer.


    No obstante, es obligado decir para aquellos que se dejan tentar por las prisas o por el idealismo aventurero que no hay que esperar victorias espectaculares inmediatas ni grandes saltos. En las condiciones actuales, la guerra revolucionaria en la que estamos ha de tener necesariamente un carácter prolongado. Por el momento, hemos vencido a los políticos y se han creado las condiciones para la incorporación de las masas a la lucha de resistencia y para el fortalecimiento de las organizaciones armadas y del Partido. Pero ahora, hay que vencer a los generales y torturadores y esa victoria, sólo se dará en un largo proceso de desarrollo y fortalecimiento del Movimiento Político de Resistencia.


    Todavía, y por largo tiempo, las fuerzas militares y represivas enemigas son infinitamente superiores, pero inevitablemente están condenadas al fracaso porque mientras ellos se agotan, el Movimiento Político de Resistencia se va a desarrollar con cada día que pase hasta alcanzar primero el equilibrio y más tarde la superioridad. Entonces, habrá llegado el momento de la insurrección general y de la victoria total que enterrará de una vez por todas a la reacción fascista y al monopolismo.


    Entonces, habrá llegado la hora en que el pueblo sea dueño de su destino y emprenda la construcción de una nueva sociedad sin explotadores ni explotados. Luchar por ese brillante futuro merece todos los sacrificios y toda la entrega que sean necesarias, es un deber de todo revolucionario, de todo obrero, de todo joven, de toda mujer trabajadora, de todo antifascista, de todo demócrata, y no pueden prolongar ni por un momento más su incorporación a la resistencia más consecuente.


    ¡VIVA EL PCE(r)!

    ¡VIVA LA LUCHA ARMADA REVOLUCIONARIA!

    ¡ADELANTE EL MOVIMIENTO POLITICO DE RESISTENCIA!

    ¡VENCEREMOS!


    Declaración del Comité Central del PCE(r)


    0 0


    Informe presentado por Manuel Pérez Martínez, camarada Arenas, al Comité Central del PCE(r), en Septiembre de 1984.

    Últimamente, se comenta mucho en el Partido que “así no podemos seguir”, que “no podemos continuar haciendo las cosas como hasta ahora”, y en esta idea, que todos compartimos, hay una buena parte de razón. Pero de aquí no podemos deducir que tengamos que dejar de hacer todo lo que venimos haciendo, y menos aún que haya que arrumbar como inservibles los principios consagrados por una larga experiencia.

    Sabemos lo que no debemos ni queremos hacer, pero a veces nos sentimos inseguros, titubeamos una y otra vez, ante las nuevas necesidades que tiene planteado el movimiento y ante las tareas que este nos impone. En buena medida, esto es perfectamente lógico y natural que suceda. Después de haber andado un trecho del camino, nos hallamos en una encrucijada y es preciso detenerse a reflexionar antes de equivocar el próximo paso. Es en este preciso momento cuando de entre nosotros surgen algunas voces clamando por la vuelta atrás, por el camino ya andado, a las cuales suelen responder otras que apuntan a cualquier dirección, prefiriendo incluso marchar adelante sobre una sola pierna antes de volver atrás.

    En esencia, el problema que tiene planteado actualmente el Partido, y que venimos arrastrando desde tiempo atrás, es ése: se trata de un problema de orientación. ¿Adónde ir, qué dirección debemos tomar? En relación con éste mismo problema está el de organización, que tanto se viene debatiendo últimamente. Por este motivo vamos a centramos, antes de seguir adelante, en el problema principal, en el de la orientación a seguir en el trabajo político del Partido, para pasar después a las cuestiones relacionadas con la organización y propaganda del Partido.

    Más de uno ya habrá pensado: es de Perogrullo: para saber adónde ir, tenemos necesidad de saber antes de dónde venimos y en donde estamos. Pues bien, a nosotros no se nos presentan esas dudas. El PCE(r) es aún un Partido joven, pero ha tomado parte en importantes luchas y tiene experiencia. ¿Quién se atrevería hoy a negar el papel de combatiente de vanguardia que viene desempeñando el Partido? Este papel no consiste solamente -ni tan siquiera se puede considerar como lo más destacado- en las luchas que hemos librado al frente del movimiento de resistencia popular a la política de reforma del régimen fascista español. Cualquier persona mínimamente informada y que sea capaz de pensar, se dará cuenta que un Partido joven y débil como el nuestro, no hubiera sido capaz de enfrentarse de la forma que lo ha hecho a la reacción, ni hubiera podido resistir los zarpazos de la represión durante tantos años consecutivos, sin una férrea disciplina en sus filas, y esta disciplina no sería posible si no contara con una línea justa de actuación. Este es el "oscuro secreto" que envuelve la actuación del Partido, que los panegiristas del sistema y otros mequetrefes al servicio del capital jamás podrán descifrar.

    No me propongo hacer aquí una historia de la lucha de estos últimos años en los que el Partido ha tomado parte -cosa, además, ya realizada en otro trabajo de reciente publicación- pero sí conviene que nos detengamos en algunas circunstancias y hechos especialmente reveladores y que han supuesto, sin ningún género de dudas, un banco de pruebas para el Partido, para su línea política, para su dirección y para todos y cada uno de sus militantes.

    Comencemos por describir a grandes rasgos la situación creada en España a las pocas semanas del Congreso Reconstitutivo del Partido. Se recordará que el país había entrado de lleno en una fase de máxima agudización de las tensiones sociales y de la lucha de clases, cosa que ya veníamos anunciando con bastante antelación desde la OMLE, haciendo al mismo tiempo llamamientos a prepararse para la lucha. Pues bien, se puede decir que tras la histórica jornada del 12 de octubre del 75, se vinieron abajo los últimos intentos de la oligarquía española destinados a mantener intacto para después de la muerte de Franco el régimen creado por él. Este régimen no sólo no era ya capaz de contener con los viejos métodos fascistas las grandes oleadas de la lucha obrera y popular, sino que, además, se mostraba muy vulnerable a los ataques de la guerrilla, tal como vino a poner de manifiesto las acciones del 12 de octubre en Madrid. Acosado por todas partes, corroído por sus propias contradicciones internas, con la perspectiva de una mayor agravación de la crisis económica y con un fuerte movimiento huelguístico de tipo revolucionario respaldado por la lucha amada guerrillera, la política "aperturista" preconizada por Arias Navarro se vino abajo como un castillo de naipes.

    El régimen estaba herido de muerte, pero no había sido liquidado: aún contaba con fuerzas y recursos suficientes para mantenerse y poder maniobrar. Por otro lado, no podemos perder de vista el hecho evidente de la debilidad de las fuerzas revolucionarias organizadas, lo que nos impidió sacar mayor partido a aquella coyuntura política favorable. Esta limitación del movimiento revolucionario se debía, en buena medida, a la ausencia del Partido, y no en menor medida a la labor de zapa y confusión realizada por el revisionismo carrillista en las filas obreras durante los años anteriores, pero particularmente en aquellos precisos momentos, cuando viendo la crisis y la bancarrota declarada del sistema, no dudó ni un instante en acudir en su auxilio pisoteando incluso hasta su propio programa "rupturista". Bien merecido que se tenía el señor Carrillo y su banda de mafiosos y estafadores políticos la entrada en la legalidad que poco más tarde les sería concedida.

    Lo que interesa destacar aquí es que ninguno de estos acontecimientos nos pilló desprevenidos, y que gracias a nuestra visión, gracias a nuestra justa apreciación de los acontecimientos políticos que venían sucediéndose con una velocidad vertiginosa, pudimos trazar una línea de actuación que nos ha ido situando poco a poco al frente de las luchas obreras y populares.

    Lo primero que planteamos es la celebración del Congreso Reconstitutivo del Partido. La creación de un partido obrero revolucionario, marxista-leninista, con una línea clara de actuación y un aparato político probados, fue el objetivo que nos habíamos marcado y por el que veníamos trabajando desde hacía más de 7 años. Las condiciones creadas en España y los progresos realizados en nuestro trabajo encaminado a aquel fin, nos llevaron a plantear en el orden del día, como una tarea inmediata, la celebración del Congreso. Dadas las circunstancias políticas, y considerando el estado de nuestras fuerzas, el grado de organización y la cohesión ideológica alcanzada, la realización de esta importantísima tarea no podía ser postergada por más tiempo. Y el Congreso tuvo lugar en medio de la más enconada lucha de clases habida en España desde que terminó la guerra civil.

    En las tesis y resoluciones del Congreso no nos vamos a detener por ser de sobra conocidas y porque nos apartaría demasiado de nuestro propósito. Bástenos recordar que en las tesis aprobadas se define el capitalismo español como un sistema monopolista de estado, y al Estado mismo, a la forma de dominación política de la oligarquía financiera española, de régimen fascista e imperialista. Estos rasgos esenciales determinan el carácter socialista de nuestra revolución. La falta de libertades auténticamente democráticas y el control policíaco que ejerce la oligarquía sobre la clase obrera y los pueblos de España, imposibilitan una acumulación de fuerzas revolucionarias a través de los procedimientos pacíficos y legales de lucha. Estas condiciones van a determinar, están determinando ya, un proceso lento y prolongado de la lucha, cuyos máximos exponentes van a ser la resistencia política activa de las grandes masas a las medidas de sobreexplotación y a la opresión de los monopolios y a lucha armada guerrillera popular.

    En este proceso de lucha prolongada, el campo de las fuerzas progresistas y revolucionarias, por una parte, y el de las fuerzas fascistas y reaccionarias, por otra, se irán delimitando cada vez más claramente. Los obreros y otros amplios sectores de la población podrán ir aprendiendo a distinguir a sus amigos de los que no lo son, irán acumulando fuerzas y experiencias y preparándose cada día mejor para librar los combates decisivos encaminados a demoler la vieja máquina política y económica del capitalismo y edificar el nuevo poder. Sólo entonces se podrá afirmar que comienza en España la nueva era del socialismo. Pero hasta que llegue ese momento, la lucha de clases va a ser larga y muy enconada y deberá atravesar por distintas fases.

    El Programa político del Partido para todo ese período fue definido en el 1 Congreso del Partido y recoge, en resumen, los siguientes puntos: Gobierno Provisional Democrático Revolucionario, formación de Consejos Obreros y Populares y armamento del pueblo; total demolición de la máquina burocrático-militar fascista-monopolista; nacionalización de los medios fundamentales de producción; libertades políticas y sindicales para las masas obreras y populares; mejoramiento de sus condiciones de trabajo y de vida; derecho a la autodeterminación de las nacionalidades catalana, vasca y gallega; anulación de los tratados militares imperialistas, fuera bases extranjeras de nuestro territorio, política exterior de paz y no alineamiento.

    En cuanto a las fases que deberá atravesar necesariamente nuestra revolución, debe quedar claro que no vienen determinadas por la necesidad de superar una formación económico-social (la etapa de la revolución democrático-burguesa}, sino que son impuestas por la misma dinámica interna de la lucha, por la correlación de la fuerzas existentes en cada momento entre los dos campos contendientes, por la extensión y profundidad de sus alianzas, etc.

    Ya desde su primer Congreso, el Partido rechazó, como caducas e inservibles, la vieja táctica de la socialdemocracia, la política de alianzas con los llamados sectores "democráticos" de la burguesía, el cretinismo parlamentario y otros métodos legalistas que han sido asimilados por el capital y que se ha convertido en la charca adónde han ido a parar los viejos y ya degenerados partidos comunistas de muchos países. El PCE(r) no se ha atado las manos consagrando en su Programa ninguna forma exclusiva de lucha, y las admite todas: las legales y las clandestinas, las pacíficas y las armadas, o una combinación de ambas, con tal de hacer avanzar en todo momento la educación y organización política de las masas en la persecución de sus objetivos históricos. Posteriormente, la dirección del Partido ha venido elaborando y perfilando cada día mejor, conforme a las experiencias acumuladas, la Política de Resistencia, concebida ésta como una original combinación de la lucha de masas y el combate guerrillero. Como tendremos ocasión de comprobar más adelante, en la estrategia de la revolución socialista y la lucha prolongada que hemos descrito, la táctica de la resistencia obrera y popular a las diversas medidas represivas, explotadoras y expoliadoras del capitalismo financiero, ha demostrado ya su eficacia.

    A esta concepción amplia y flexible llegó el Partido tras numerosas experiencias obtenidas en la primera línea de fuego de la lucha de clases y después de analizar toda una serie de circunstancias y hechos nuevos, que van más allá del momento en que se han presentado o de una coyuntura política dada: la crisis general del sistema capitalista, la fascistización creciente de la forma de poder de la gran burguesía; la traición y bancarrota del revisionismo moderno; la práctica de nuevas formas de lucha en todos los países, etc.; todos éstos son fenómenos que ha generado el Estado capitalista en avanzado proceso de decadencia y putrefacción, y que, como es lógico, solo podrán desaparecer con el mismo sistema que los ha engendrado.

    Desaparecido Franco de la escena política, se inicia el reinado de Don Juan Carlos I por la gracia de aquel y demás espadones que montan guardia a la Corona. Entonces se empieza a ofrecer al pueblo, como una dádiva, la "democracia", se legalizan los partidos domesticados y el flamante presidente de gobierno de su majestad, señor Suárez, convoca referéndum para la reforma política. Todos estos "cambios" se producen al tiempo que tiene lugar en todo el país las más grandes oleadas de luchas de masas de tipo revolucionario que se recuerdan, luchas que son reprimidas a sangre y fuego por la policía armada y la guardia civil.

    Por lo demás, la amnistía, que tantas víctimas de la represión había costado, no alcanza a los presos de los partidos y organizaciones que más se habían destacado en la lucha contra el régimen en los últimos años. Era evidente, contra los pronósticos de los oportunistas de toda ralea, que el régimen no iba a hacerse el harakiri, que el régimen no podía dejar de ser lo que había venido siendo desde que se implantó a la pura fuerza en España. Pero es que, además, en aspectos tan esenciales y determinantes como la base económica monopolista-financiera, en su estructura política burocrático-militar, en sus leyes y cultura profundamente antipopulares, imperialistas y reaccionarias, así como en sus soportes internacionales, se mantendría intacto. Y más que eso: de lo que se trataba para la oligarquía, verdadera impulsora y garante del "cambio", era, precisamente, de reforzar, modernizándola, toda la maquinaria política y económica de su dominación ante la perspectiva de una mayor agravación de la crisis y el consiguiente desarrollo del movimiento revolucionario.

    El Estado fascista de los monopolios, tal como vimos anteriormente, había sufrido un descalabro. Contenida momentáneamente la crisis, había quedado un profundo foso abierto entre el Estado y las clases populares, foso que la clase dominante tenía que llenar de la forma más favorable a sus intereses. El Estado fascista español se hallaba aislado por todas partes, sin apenas ninguna base social e imposibilitado de sostenerse por más tiempo como lo había venido haciendo, con el recurso casi exclusivo de la violencia y el terrorismo abierto. Así pues, se impuso la necesidad, apremiante ya entonces, de dotar a este mismo Estado de unas instituciones que, bajo una apariencia democrática, asegurase la continuación del dominio económico y político de la oligarquía y lo protegiera de las oleadas de la lucha revolucionaria en ascenso. A este fin responde el plan de reforma política articulado por Adolfo Suárez, monárquico-falangista probado y hombre de confianza de la banca, el ejército y la Iglesia.

    El PCE(r) denunció este nuevo plan político desde el primer momento como lo que realmente era: un plan destinado a reprimir e incrementar la explotación de las masas, a mantener al franquismo sin Franco, para retener y acrecentar en las nuevas circunstancias de crisis el botín de guerra obtenido de los pueblos de España. Además, frente a los que se dedicaban a sembrar ilusiones democráticas, confundían a los trabajadores, saboteaban sus organizaciones y sus luchas de carácter independiente, los desmovilizaban y procuraban convertirlos en un apéndice de la nueva política de los monopolios y del fascismo, el Partido puso en claro esta maniobra demostrando que del fascismo y el monopolismo no hay, no puede haber, marcha atrás al régimen de la democracia parlamentaria burguesa; que el régimen de libertades políticas formal corresponde históricamente al sistema económico premonopolista, que esa época ya ha sido superada por el desarrollo económico y la guerra civil, y que lo que hoy tratan de imponer los mismos señores no es otra cosa, en realidad, que una forma camuflada del sistema fascista que impida de nuevo la acción liberadora de la clase obrera. Esta tesis marxista-leninista, absolutamente justa, científica, la ha sostenido el PCE(r) contra viento y marea y en medio de la borrachera pseudodemocrática con la que algunos partidos y grupos de la "izquierda" venían aturdiendo a la gente mientras se prestaban a colaborar en la represión de los verdaderos comunistas y demócratas.

    Pero el Partido no se ha limitado a denunciar las maniobras políticas y las mentiras fascistas-reformistas, no sólo se ha opuesto a que enturbiaran la conciencia de los trabajadores y ha hecho continuos llamamientos a proseguir la lucha por la auténtica libertad y el socialismo, sino que él mismo se dispuso a combatir resueltamente esa misma maniobra junto a otras organizaciones, haciendo los mayores sacrificios. Resultaría largo mencionar aquí los nombres que tenemos en la mente, de todos los camaradas asesinados por la policía política en los últimos años, las persecuciones, las torturas, las condenas de decenas y cientos de años de cárcel, en las peores condiciones imaginables, que tenemos que sufrir. Pero todo lo hemos soportado con la mayor entereza, sin rebajar en ningún momento en lo más mínimo nuestros objetivos revolucionarios y sin que la feroz represión de que estamos siendo objeto hiciera ninguna mella en nuestro espíritu combativo. Al contrario: cuanto mayores han sido las dificultades que encontramos, cuando estas son más difíciles de superar o más bestiales se muestran nuestros enemigos, mayor es también nuestra entrega y nuestra resolución de lucha, nuestra voluntad de ir hasta el final; más nos exigimos a nosotros mismos. El Partido ha podido superar de este modo las situaciones más críticas sin ver resentirse en lo más mínimo su unidad.

    Algo realmente hermoso y muy revelador, sobre todo si reparamos en el bochornoso espectáculo que han venido dando esas pandillas de politiqueros, esas gentes ruines, cobardes y sin principios que ostentan el honroso título del comunismo y cuya principal preocupación ha consistido siempre en ayudar al capitalismo a salir de la crisis en que se debate y en repartirse las migajas del gran festín de la burguesía.

    Ya está probado, y podemos decirlo en voz alta y con legítimo orgullo, que formamos la mejor organización que ha tenido la clase obrera de España; la más esclarecida, la más disciplinada, la de mejor temple y espíritu combativo. Y esto, camaradas, es una conquista de enorme trascendencia histórica para nuestro país.

    Esto no quiere decir que no se noten muchas veces nuestras flaquezas, sobre todo en relación con la enorme responsabilidad que hemos echado sobre nuestros hombros. Tampoco quiere decir que no hayamos cometido errores. Nada de eso. Nadie mejor que nosotros reconoce sus propias limitaciones, las deficiencias de nuestro trabajo, los fallos y los errores cometidos. Por ejemplo: sabemos que para derrocar al moderno Estado capitalista son precisos un Partido Comunista fuerte y bien arraigado en las masas, un amplio frente de fuerzas democráticas y un ejército guerrillero del pueblo; además de eso hace falta que se den todas las condiciones necesarias para que triunfe la insurrección general, una situación internacional favorable, etc. Y todo esto, como se puede comprender, aún estamos lejos de haberlo conseguido. No obstante lo que importa saber es si estamos o no estamos en camino de lograrlo. Nosotros sostenemos, y estamos muy convencidos de ello, de que sí, que el camino elegido es duro y largo e impone numerosos sacrificios, pero que es el único, que no existe otro. En cuanto a los errores, ¿quién puede decir que no se equivoca nunca, que nació inmunizado contra ellos? Con menor razón todavía puede hacer tal afirmación un pequeño destacamento comunista que lucha a la intemperie y que tiene que abordar numerosas y cada vez más complejas tareas para las que muchas veces no está suficientemente preparado. Quien no hace nada, no se equivoca nunca. Pero nosotros sí nos equivocamos a menudo. Sin embargo, se puede considerar que la Línea General que viene aplicando el Partido y las distintas políticas y medidas que adopta, son esencialmente correctas. Si no lo fueran, o si el Partido hubiera persistido durante largo tiempo en una línea equivocada, no cabe duda que la reacción nos habría destruido o habrían proliferado las escisiones. Y nada de eso ha ocurrido hasta el momento presente.

    Cometimos un error de ingenuidad política cuando confiamos la seguridad de la dirección del Partido a organizaciones y personas que después nos traicionaron. Hoy ya está claro que esa gente no comparte, ni compartía entonces, nuestros objetivos y que eran otros intereses muy distintos a los de las masas populares de España los que les movían. No tener presente esta realidad fue lo que nos llevó a confiar excesivamente en ellos con las consecuencias que ya conocemos (la detención del C.C. del Partido en octubre del 77).

    La caída del C.C. supuso un golpe muy duro para nuestro movimiento pues debilitó extraordinariamente la dirección del Partido e influyó de la misma manera en todo un conglomerado de organizaciones que se hallaban relacionadas con nosotros. Todo ello creó una situación realmente difícil que además se vio agravada por toda una sucesión de pequeños y medianos errores cometidos por el C.C. suplente formado con toda la urgencia que el momento requería. Los bandazos a derecha a izquierda en la actividad general del Partido, fueron en esas circunstancias inevitables, perdiéndose en más de una ocasión el norte. Por lo demás, las repetidas detenciones vinieron a echar más leña al fuego del desconcierto y la desorganización. Así vino a nacer el llamado "Comité de Salvación del PCE(r)" que, curiosamente, comenzó a actuar en sentido contrario a toda la trayectoria seguida hasta entonces por el Partido. Atajado este problema, y tras la incorporación de los camaradas fugados de la prisión de Zamora en diciembre del 79, se emprende una labor lenta de reorganización al tiempo que se van esclareciendo los problemas planteados por la nueva situación creada por la reforma en marcha del régimen y el debilitamiento orgánico del Partido. Coincidiendo con este trabajo de reorganización y esclarecimiento se avanza el Programa de los Cinco Puntos como plataforma política que habría de permitirnos poner orden en nuestras filas, recuperar fuerzas y dar finalmente la batalla política al régimen, tomando de nuevo la iniciativa.

    En todo este período hemos tenido que combatir en solitario teniendo que enfrentar una campaña de represión y difamación tras otra, campañas de cuyo carácter nazi-fascista hoy nadie duda. Lo más destacado de esta campaña, lo que la ha revestido de un carácter diferenciador respecto a todas las demás campañas propagandística-represivas desatadas por la reacción española en épocas anteriores, ha consistido en negar la naturaleza revolucionario-popular de nuestro movimiento, el carácter socialista de sus objetivos y de todas y cada una de sus acciones. Así, mientras nuestros militantes, hombres y mujeres, eran detenidos, torturados o asesinados por los sicarios del capital, sobre los que no se podía albergar la menor sombra de duda acerca de su historial de crímenes, su ideología y los verdaderos intereses que han defendido y aún hoy siguen defendiendo, sobre las víctimas de estos fríos asesinos a sueldo recaían todas las sospechas y las dudas y las injurias y las calumnias de que son capaces de inventar los técnicos diplomados en la guerra psicológica del Estado fascista. De modo que, un buen día, nos enteramos de que los torturadores y asesinos reconocidos por todos desde siempre, los Conesa, los Pacheco, los Ballesteros... no sólo se han pasado con barra y picana a las filas de la democracia, sino que han comenzado a aplicar su ya archiconocida "dialéctica" a sus antiguos colegas de la derecha. De este modo, confundiendo a la víctima con el victimario, el régimen trataba de encubrir los verdaderos fines de su nueva política, ofrecía una coartada a los partidos domesticados, desconcertaba a las masas trabajadoras acerca de cuáles eran sus verdaderos enemigos y procuraba neutralizar la benéfica influencia que ejercía sobre ellas la propaganda y la acción del Movimiento de Resistencia.

    "No es de izquierda quién ataca a la democracia e impide que se consolide", han estado bramando sin descanso, machaconamente, los órganos de la desinformación y la guerra psicológica. ¿Pero qué democracia era esa, que nacía, inmaculada, de las manos del monarca impuesto por el verdugo Franco y sus generales? ¿Existe algo más contrario al concepto mismo de democracia, a la soberanía y al gobierno del pueblo, que la institución monárquica, se llame esta constitucional, social o de mercado? Los juristas, los políticos profesionales de la burguesía de esta última hornada, han debido hacer auténticos malabarismos retóricos para tratar de conciliar conceptos tan contrarios. Eso sin entrar a considerar las bases económicas ni la estructura política sobre las que han erigido el "nuevo" régimen, para no hablar de la auténtica democracia popular que la oligarquía patrocinadora del "cambio" ahogó en sangre con las armas de los generales.

    Verdaderamente había que estar ciego para no ver todo esto. Pues bien, hoy hasta los ciegos pueden ver con claridad lo que tenía reservado para la clase obrera y todos los pueblos de España la tan cacareada democracia: más de 3.000.000 de parados, sobre-explotación, salarios de miseria; reconversión en beneficio exclusivo de la gran patronal y la banca; impuestos desorbitados, que gravan de manera particular a los campesinos y a las demás economías; desfalcos y estafas escandalosas; negación de los derechos nacionales de Galicia, Euskadi y Cataluña; nuevas leyes terroristas, plan ZEN, tortura; entrada en la OTAN, armamentismo, continuación de las bases yanquis en nuestro territorio; colonialismo cultural, juego, droga, ramplonería... España se ha convertido de nuevo, aún en época de crisis, en el paraíso que siempre han soñado los banqueros, los terratenientes, los generales y los obispos. Jamás, en su ya larga y sanguinaria historia, han sido mayores los beneficios obtenidos por la banca; jamás han tenido los militares tanto poder de decisión política como lo tienen ahora, ni peculio más elevado por los servicios prestados, ni un retiro mejor recompensado; jamás se ha sentido la Iglesia católica española más reconfortada con el estado del alma de sus fieles, teniendo como tiene, además de las cajas del erario público, las puertas de las tiernas almas infantiles abiertas a sus truculencias ideológicas... Mientras tanto, el pueblo trabajador pasa todo tipo de calamidades y miserias; los jóvenes carecen de perspectiva alguna; las mujeres, sí, se han liberado de algunas trabas y prejuicios como resultado del desarrollo económico alcanzado, pero la mejora relativa de su situación no alcanza a disimular el enorme peso que la crisis de la economía y de toda la sociedad burguesa está arrojando sobre ellas; las personas de más edad son arrojadas de la vida civil como si de basura se tratara, arrebatándoles, además lo más necesario para acabar sus días dignamente.

    A este estado de cosas se ha opuesto y se sigue oponiendo el PCE(r) con todas sus fuerzas. Desde el primer momento fuimos completamente conscientes de que la reacción no nos perdonaría la audacia de habernos enfrentado a sus nuevos planes, y de haberlo hecho no sólo de palabra, sino también en los actos; sabíamos que se iban a abalanzar sobre nosotros, poniendo todos los cuerpos represivos y los medios desproporcionados de que disponen, para tratar de hacemos pedazos en el menor tiempo posible. Lo sabíamos. Sus campañas de calumnias y mentiras se guiaban por el mismo criterio y debían contribuir a ese fin.

    Pero esto también lo sabíamos, por eso nos dijimos: si somos capaces de resistir sus arremetidas furiosas e histéricas, la batalla política e ideológica la tienen perdida. Todo se volvería en su contra, a semejanza de aquel que levanta una enorme piedra para luego dejarla caer sobre su propia cabeza.

    Qué duda cabe que si la policía hubiera acabado con nuestro movimiento en los primeros meses o años, tal y como era su propósito, el PCE(r), los GRAPO y otras organizaciones, hubieran quedado para la historia (o al menos para la historia oficial), como una especie de "mano negra", como un ''misterio indescifrable" que, más tarde, algún plumífero se hubiera encargado de descifrar hallando, al fin, los hilos y las conexiones ocultas, etc. Pero les fallaron los cálculos; no esperaban encontrar una organización como la nuestra, con una concepción verdaderamente m-l del proceso revolucionario que se sigue en España; una organización bien estructurada y entrenada y con cuadros preparados para ejercer una dirección acertada. Creían hallarse ante uno de esos grupitos de la izquierda oportunista que han pululado en los últimos años por España; no conocían nuestro largo proceso de trabajo, silencioso y abnegado, encaminado a reconstruir el Partido, y cuando se empezaron a dar cuenta de que tenían ante sí a un verdadero destacamento comunista, ya era demasiado tarde: el PCE(r) es una fuerza aún pequeña pero que ha echado raíces en el corazón y las mentes de los obreros más comprometidos y más conscientes de España; un Partido Comunista que cuenta ya con una rica experiencia de lucha política, de organización y de trabajo entre las masas y con un programa elaborado en el mismo fuego de la lucha del movimiento revolucionario de masas. Y un partido de estas características, es indestructible.

    La capacidad del Partido, su madurez política e ideológica, ha sido puesta a prueba numerosas veces en los últimos años, pero sobre todo en los momentos difíciles, cuando ante una situación comprometida (como la que se creó tras la detención del C.C.), tuvo que replegarse ordenadamente para restañar sus heridas, recuperar fuerzas y esperar una situación general más favorable. Este repliegue hoy podemos considerar que ha llegado a su fin.

    Replegarse ordenadamente supone, algunas veces, una necesidad que ningún partido verdaderamente revolucionario puede eludir. Más esto no significa, en ningún caso, tener que dejar de combatir, del mismo modo que tomar la iniciativa no ha de suponer tampoco una acción incesante.

    Superada momentáneamente la crisis política abierta tras la desaparición de Franco, el régimen tomaba un respiro, que supo aprovechar para sembrar ilusiones entre las gentes y combatir con saña a las fuerzas democrático-revolucionarias que se le venían oponiendo. Esta situación, que no podía ser ignorada por la dirección del Partido, no podía durar mucho tiempo. Tal como señalábamos en el II Congreso, el "cambio" se estaba llevando a cabo de la peor manera posible, sin que se hubiera producido la "ruptura" que propugnaban los carrillistas, y esa circunstancia, dada la crisis económica galopante y la actuación del movimiento de resistencia, ofrecía un margen de maniobra muy limitado a Suárez y a su flamante partido "centrista". Con todo, la labor de zapa del carrillismo y otros grupos afines, así como la propia debilidad del Partido, el acoso y la represión de que venía siendo objeto, impusieron ese repliegue al que aludíamos anteriormente. El Movimiento Revolucionario debía replegarse, dar un paso para atrás para poder avanzar luego dos pasos adelante. Y en eso estamos ahora.

    El Programa de los Cinco Puntos debía facilitar la tarea. En él no se recoge como objetivo inmediato el derrocamiento del fascismo y la expropiación de los monopolios, sino la imposición, dentro del marco de este mismo sistema, de una serie de mejoras políticas que facilitaran posteriores avances. En esta perspectiva, y dada la situación y la correlación de fuerzas en presencia, ésta venía a ser una táctica justa, la única acertada y no reformista; la única que nos permitiría acumular fuerzas, poner orden en nuestras filas y, en todo caso, proseguir la denuncia de la política de reforma del régimen. No era, pues, un programa meramente propagandístico, como algunos, camaradas han interpretado, sino alcanzable y que obedecía a un momento muy concreto de la lucha de clases por la que atravesaba nuestro país. Además, hay que tener presente algo muy importante. La realización del Programa de los Cinco Puntos estuvo siempre supeditada, en la concepción del Partido, a la continuación de la lucha de resistencia y del combate guerrillero, frente éste de lucha al que el Partido ha venido prestando una atención especial durante todo este período pese a su gran debilidad. Había que hacer entrar en razones a los monopolistas enfrentándolos a la realidad de la lucha guerrillera y de la guerra civil para el caso de que no cesaran la represión, el asesinato y la tortura. Jamás cederíamos un ápice en nuestras justas exigencias, no renunciaríamos a nuestro programa de transformaciones socialistas ni lograrían convertimos en "ciudadanos modelos".

    Por su parte, el Estado ha venido aplicando su política terrorista: más detenciones indiscriminadas, más torturas, más asesinatos, mayores condenas en condiciones aún peores para los detenidos antifascistas, para los que no renunciamos a los ideales del socialismo y del comunismo y luchamos por hacerlos realidad. Esta política del Estado tiene su propia lógica y persigue, además de destruir a las organizaciones revolucionarias y a todos sus miembros, matar en los trabajadores la idea misma del cambio real en la sociedad y toda veleidad democrática.

    En las condiciones ya descritas, mantener la lucha de resistencia ha sido una tarea harto difícil y muy dura, pero al mismo tiempo vital. De la continuación del esfuerzo realizado teniendo como perspectiva inmediata la posibilidad de alcanzar, al menos, las reivindicaciones más esenciales del Programa de los Cinco Puntos, ha dependido la profundización de la crisis del régimen, la elevación de la conciencia política de las masas y la recuperación de las fuerzas revolucionarias así como el mantenimiento de su alta moral de combate. Este ha sido un período de máxima tensión, en el curso del cual, lo más destacado no ha sido, como pudiera parecer a primera vista, la lucha política o el enfrentamiento armado contra el estado, sino el embate moral y psicológico y su enorme influencia sobre las masas del pueblo.

    Así, pese a la abrumadora desproporción de fuerzas existentes entre el enemigo y nosotros, la política acertada de resistencia concretada en el Programa de los Cinco Puntos y los golpes audaces de la guerrilla asestados a la parte más sensible del Estado fascista, habría de producir uno de estos dos resultados: tendrían que ceder, haciendo concesiones reales al movimiento obrero y popular, o de lo contrario se verían abocados a una crisis aún más profunda de la que ya difícilmente podrían salir.

    El 23-F demostró lo acertado de esta posición, La precipitada dimisión de Suárez no llegó a frenar lo que desde hacía tiempo ya estaba en marcha, por lo que su sucesor en el cargo, Calvo Sotelo, a través de Rosón, y toda vez que habían conseguido controlar en parte la situación, se vio obligado a dar los primeros pasos de una salida negociada que salvara a la UCD y a su reforma política de la ruina que le amenazaba. Posteriormente, estos primeros pasos se han convertido, con los pesoístas, en la política de "reinserción", con lo cual ha quedado definitivamente cerrada la vía negociadora. Los diez millones de votos obtenidos por el PSOE en las últimas elecciones generales se les subieron inmediatamente a la cabeza. Pero para entonces nuestro movimiento había rehecho y reorganizado sus fuerzas, había desarrollado una amplísima campaña de propaganda utilizando incluso los propios medios de difusión de la burguesía, ha roto el cerco político policial y psicológico que habían tendido en torno a nosotros, ha tirado por los suelos la imagen de "extraños" y "oscuros" que trataron de levantar contra nosotros, y hoy se halla de nuevo en disposición de proseguir el combate a un más alto nivel y por objetivos políticos más elevados.

    Esto supone un salto cualitativo en relación a la etapa que hemos atravesado. La llegada al gobierno de los pesoístas, esa pandilla de señoritos social-fascistas, ha supuesto para el régimen de la oligarquía un globo de oxígeno que les ha librado momentáneamente de la absoluta necesidad de tener que hacer concesiones al movimiento popular. No fue por casualidad que tras la primera reunión celebrada después de las elecciones generales por Don Felipe González con los Jefes del Estado Mayor de los Ejércitos y con Calvo Sotelo, éste mismo siniestro personaje emitiera un comunicado expresando de forma casi exclusiva la intención de las "instituciones" de proseguir "sin solución de continuidad" la lucha hasta el fin contra el movimiento popular de resistencia. Posteriormente, Felipe González, en discurso ante las Cortes, se encargaría de dejar bien sentada la política que en este campo iban a llevar a cabo los pesoístas: ''no permitiremos, vino a decir, que los enemigos de la democracia la utilicen para destruirla". Con ello Felipe González expresaba de forma clara y concisa, ante la tribuna de mayor audiencia del país, la tesis que desde muchos años atrás vienen sosteniendo el PCE(r); o sea, que aquí en España, pasó el tiempo de las papeletas; que aquí la democracia que han acuñado los fascistas y los monopolistas, es para su uso exclusivo; que las instituciones del Estado capitalista moderno ya no sirven ni pueden servir para la defensa de los intereses obreros y de otros sectores populares explotados y oprimidos, y que es fuera y en contra de esas instituciones y sus viejos y nuevos sostenedores, como únicamente podrá el pueblo aspirar a ver realizado un día no muy lejano todos sus objetivos.

    El asesinato del camarada Martín Luna y la serie de medidas represivas y expoliadoras que siguieron al arrogante discurso de Felipe, ponían mucho más en claro todavía la política promonopolista e imperialista, profundamente reaccionaria, que iban a seguir. Pero ponía también en claro algo mucho más importante: venía a demostrar la indisoluble unidad de los objetivos y de la lucha del movimiento revolucionario con los problemas y necesidades inmediatas y a más largo plazo de todos los obreros y pueblos de España.

    El PSOE se ha erigido, ya no cabe la menor duda, en el continuador de la política tradicional de la reacción española, lo ha "subsumido" todo; y así como la UCD tuvo que hacer algunos pinitos democráticos para ganar credibilidad dejando en el cajón algunos proyectos económicos y sociales de claro contenido antipopular, el PSOE se ha creído en la obligación de llevarlos a cabo, aprovechando el desconcierto, en cumplimiento de su misión patriótica. De paso, y atendiendo a las exigencias de los llamados poderes fácticos, ha dado marcha atrás incluso a los más tímidos proyectos reformadores del gobierno de Suárez, realizando lo que se ha dado en llamar "la reforma de la reforma". Es la vieja política de la confabulación con el gran capital de la socialdemocracia, sólo que adaptada a los tiempos que corren, cuando ya no queda nada que reformar en un sistema totalmente podrido y se ven obligados a salir en su defensa de manera desembozada, realizando en contra de la clase obrera y otras capas populares los trabajos más sucios que los partidos declaradamente burgueses ya no se atreven a realizar.

    Esta subida al poder de los pesoístas, con sus diez millones de votos, recolectados en base a la demagogia más rastrera y a las más depuradas técnicas de imagen y de engaño, pudiera parecer a más de un ingenuo un triunfo de la reacción en toda línea. Pero en realidad no es así. Reparemos, siquiera sea por un momento, en las circunstancias en que llega Felipe, Guerra y Cía. al Gobierno: después del intento golpista del 23-F y con una UCD acorralada y deshecha por un sinfín de escisiones y disensiones internas. El bandazo a la derecha, que venían exigiendo los militares, la banca y la Iglesia, se hacía inevitable toda vez que habían conseguido neutralizar a la clase obrera. Pero este "golpe de timón" a la derecha no podía dar lo ya un partido como la UCD y menos aún podía hacerlo el señor Fraga o los coroneles. El temor a la respuesta popular les condujo a preparar a toda prisa la llegada de los pesoístas, cuando todos los planes y las previsiones anteriores apuntaban a mantener a este partido en la reserva para cuando llegaran los malos tiempos. En este sentido se puede decir que el gobierno del PSOE supone un profundo fracaso político de la oligarquía, al tener ésta que quemar antes de tiempo esta última baza que les quedaba por jugar por la banda de la izquierda, y quemarla, además, en un tiempo record, pues los problemas apremian y la nave del Estado no podía mantenerse por más tiempo desguarnecida ante la grave situación económica y los continuos ataques de la guerrilla.

    ¿Qué le resta ya por hacer a la oligarquía financiera? Nada. Lo que viene haciendo en esos últimos meses: exprimir al máximo a los trabajadores, imponerles, con la colaboración de los partidos domesticados y las centrales sindicales mafiosas, las condiciones más leoninas, acumular así más y más capital para poder competir en la jungla de la economía capitalista mundial, y realizar el llamado proyecto de modernización de su aparato policíaco-militar, la reestructuración del Estado, a fin de enfrentar con las mayores garantías de éxito la nueva guerra que ya se perfila contra el pueblo; aunque, eso sí, esta vez en nombre de la paz, de la libertad, de los derechos humanos, de la democracia y hasta del "socialismo". Son las nuevas coartadas ideológicas del fascismo y el capitalismo financiero, válidas solamente para la guerra sucia y la guerra psicológica, pero a ellas, como se comprenderá, no van a renunciar. El ascenso al generalato de notorios torturadores y especialistas en la guerra antisubversiva, como Casinello, y su nombramiento como Jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil apuntan claramente en esa dirección.

    Hablamos al principio de desorientación en el Partido, queda claro pues, por todo lo que llevamos dicho hasta aquí, que cuando hablamos de "desorientación" nos estamos refiriendo a lo que respecta a la situación actual y, sobre todo, a los próximos pasos que esta situación y el estado de nuestras fuerzas organizadas nos debe llevar a dar.

    Pensar en una salida política negociada, en alcanzar algún tipo de acuerdo con el Gobierno en base al Programa de los Cinco Puntos, no respondería a la realidad y nos conduciría a hacerles el juego toda vez que ellos mismos han cerrado todas las salidas y nuestro movimiento se encuentra en condiciones de presentar batalla en todos los campos: en el campo político, en el ideológico y en el militar. Esto que decimos se comprenderá mucho mejor si además tenemos en cuenta que el Gobierno pesoísta ya ha dejado meridianamente claras sus intenciones mostrando el verdadero carácter y el alcance de la reforma; cuando se han desmoronado entre las masas populares todas las ilusiones reformistas y tanto los partidos burgueses como los partidos domesticados y socialfascistas se debaten en una crisis irreversible; cuando el movimiento obrero y popular reemprende de nuevo su camino en la lucha frontal contra el Estado y su política expoliadora y represiva... En este preciso momento, el Partido, como destacamento de vanguardia de las masas populares, debe avanzar y hacer hincapié en su Programa Mínimo, ya que sólo la lucha más consecuente y decidida por la realización de este Programa abre amplias perspectivas al movimiento popular y al propio desarrollo del Partido.

    ¿Quiere esto decir que rechazamos, como erróneo e inservible el Programa de los Cinco Puntos? No, en absoluto. Los puntos de ese Programa, dado su carácter político democrático general, conservan toda su validez, por lo que, de la misma manera que apoyamos y organizamos la lucha por la obtención de mejoras económicas y sociales, debemos seguir apoyando y organizando la lucha por la amnistía, contra las leyes represivas fascistas, por la salida de la OTAN, etc.; sólo que a partir de ahora, esta lucha debemos encuadrarla -y explicárselo así a los trabajadores, a la juventud y al pueblo en general- en la perspectiva de la lucha por el derrocamiento del Estado fascista monopolista; debemos explicar a todo el mundo que aquellos objetivos son inalcanzables sino se plantean desde la posición y la perspectiva de la revolución socialista: si no nos unimos y nos organizamos, y si no se sostiene una lucha sin tregua y sin concesiones contra el Estado y su gobierno socialfascista.

    Desde este planteamiento, es errónea, por ambigua, la formulación del Programa de seis puntos que ha venido apareciendo en los últimos meses en las publicaciones y documentos internos del Partido. No es que tengamos que dejar de lado las reivindicaciones contenidas en el Programa de los Cinco Puntos. Pero tampoco hacer una mixtura con estos puntos y el Programa Mínimo del Partido. Tanto los objetivos que plantea el programa de los Cinco Puntos como el Programa Mínimo íntegro del Partido son válidos y no están en contradicción, nunca lo han estado; pero ahora contrariamente a lo que hemos venido haciendo, debemos hacer propaganda y poner en primer plano el Programa Mínimo y no las reivindicaciones contenidas en el Programa de los Cinco Puntos.

    Nuestro movimiento ya ha demostrado su capacidad combativa; ha demostrado su capacidad para reponer las bajas que le ha venido ocasionando el enemigo. A lo largo de los últimos diez años ha dejado bien sentado que al fascismo y al monopolismo se le puede combatir con métodos revolucionarios, mientras que la propia historia política de España nos daba la razón, no dejando lugar a ninguna duda respecto a la necesidad y a la justeza de esos métodos para seguir siempre adelante. La bancarrota del carrillismo y de los demás grupos oportunistas, también lo confirma.

    Hoy día, fuera del PCE(r) y del movimiento de resistencia que preconizamos, no hay perspectiva política alguna, y esto lo van comprendiendo cada vez mejor los sectores avanzados de la clase obrera y otros muchos demócratas. Pero ha llegado el momento en que ya no basta con haber demostrado de forma práctica, y no sólo en teoría, que al fascismo se le puede combatir resueltamente y seguir resistiendo. Este ha sido uno de los grandes logros de la lucha de clases obtenido por el movimiento revolucionario en España en los últimos cuarenta y tantos años. Más eso no es suficiente. Para seguir avanzando, para justificar la misma existencia del Partido ante los trabajadores, debemos demostrar ante todo, que no sólo podemos combatir y sostenemos una lucha sin cuartel contra el enemigo de clase, sino que además podemos avanzar y crecer; que podemos, desde nuestras posiciones, fortalecer el Partido y la guerrilla y articular un amplio movimiento de masas de carácter revolucionario capaz de derrocar al capitalismo. Para ello contamos con numerosas experiencias y nuestra influencia se ha extendido enormemente alcanzando los rincones más apartados del país. Por otro lado, el régimen lo ha probado todo -desde la mentira y la calumnia, pasando por los ofrecimientos demagógicos, hasta la tortura y el asesinato- para tratar de aislamos de las masas y aniquilamos o para hacemos claudicar. Más de lo que ya llevan hecho para destruimos, no pueden hacer. En cambio, nuestro movimiento aún no ha dado sino los primeros pasos en su desarrollo y tiene por delante un brillante porvenir.

    Ni qué decir tiene que en esta nueva etapa que se abre ante nosotros, la lucha y la organización guerrillera van a experimentar un nuevo auge, lo está teniendo ya de unos meses a esta parte. Hemos de procurar que esta tendencia no se invierta, que el salto cualitativo que ha supuesto el paso de una situación de declive a otro de continuo crecimiento y mayor envergadura política de sus acciones, se mantenga. A este respecto conviene aclarar algunos vagos conceptos que se han venido barajando últimamente en el Partido.

    La lucha armada revolucionaria, se afirma a menudo, es "la principal forma de lucha que adopta nuestra revolución" por lo que consiguientemente con ello, habría que concluir que la organización militar debe ser también la principal forma de organización que van a adoptar la clase obrera y el resto de las masas populares de España. Esto debería llevamos a considerar muy seriamente la militarización del Partido. Pues bien, no hace mucho que semejante tesis fue rebatida en el trabajo que lleva por título ''Entre dos fuegos", de modo que no me voy a detener ahora en demostrar los errores de bulto que contiene. Sólo quiero reafirmar aquí, una vez más, la posición de principio que siempre hemos mantenido en relación al papel que le toca jugar al Partido como forma superior de organización del proletariado y como instrumento de la revolución socialista en un país desarrollado como el nuestro y que cuenta con una numerosa clase obrera. Tampoco hace falta insistir mucho, por ser de sobra conocida, nuestra concepción acerca de la relación que guarda, dentro del movimiento político de resistencia, la actividad política, ideológica y organizativa del Partido, las actividades de las organizaciones armadas revolucionarias y las organizaciones de masas de los obreros y otros sectores de la población, relaciones de colaboración, apoyo y ayuda mutua -que no excluye la crítica- que nacen de la necesidad y del mismo proceso de la lucha que se viene librando en España y a fin de poder llevarla hasta sus últimas consecuencias. Debemos insistir una y otra vez en estas y otras tesis archiconocidas del Partido para que sean comprendidas y se apliquen conscientemente en la práctica, y para eso deben asimilarlas bien, antes que nadie, los propios militantes del Partido. Pero cuando se escribe, como ha hecho algún camarada, que "la vieja idea del Partido, con sus células, comités, etc. (hoy por hoy) no se puede llevar a la práctica debido a la represión" se está abogando, consciente o inconscientemente, por la liquidación del Partido, aunque esta liquidación se intente disimular bajo el atrayente ropaje de la "militarización".

    Es cierto que el Partido debe protegerse, recurriendo incluso a la defensa armada siempre que eso sea preciso, pero ha de protegerse para poder llevar a cabo su misión, que no es, ni puede ser, la que corresponde a una organización militar.

    Por lo demás, y precisamente debido a la represión, es por lo que se hace necesaria la organización clandestina de un Partido como el nuestro, estructurado por células, comités, etc. Que nosotros sepamos, la experiencia ya larga y variada del movimiento obrero comunista aún no ha ofrecido una fórmula milagrosa que impida la represión o que sea capaz de eludirla en todo momento y circunstancia. En cambio, nuestra propia experiencia sí nos demuestra que la represión puede fortalecernos y que un buen funcionamiento puede lograr que sus efectos sean mínimos y que se vuelva contra los propios represores.

    La fórmula para eludir la represión y poder realizar con la máxima garantía de seguridad nuestro trabajo amplio y múltiple entre las masas, consiste en ligamos estrechamente a ellas y en romper sin contemplaciones con los métodos artesanos en la actividad revolucionaria; consiste en la capacitación y profesionalización de los cuadros del Partido, en su rigurosa preparación para el trabajo clandestino y en el cumplimiento inflexible de las normas y métodos conspirativos. Mientras no logremos superar la fase la preparación (se podría decir de infancia, de nuestro movimiento), mientras continuemos trabajando con un equipamiento de ideas y hábitos anticuados, propios de sindicalistas o activistas estrechos, sin visión política alguna, no nos estará permitido hablar siquiera de revolución, cuando más de "militarización" del Partido, para lo que hace falta una formación algo más completa que la que se requiere para empuñar un arma.

    Se olvida con demasiada frecuencia que también la organización militar comete errores, sufre bajas y no es inmune a la represión, y que estas bajas afectan de una u otra manera a la organización del Partido y a su trabajo político. Precisamente la experiencia ha demostrado que, sin la labor política del Partido, sin el trabajo desplegado por éste, fundamentalmente entre la juventud, las fuerzas guerrilleras hace tiempo que habrían dejado de existir. El Partido asume todas estas responsabilidades plenamente consciente de su necesidad e importancia política; ahora lo que nadie puede poner en tela de juicio es esta labor tan fundamental e imprescindible, verdaderamente decisiva, que ha venido jugando y seguirá jugando el Partido.

    Superada esta difícil etapa que venimos analizando, el Partido ha de ser reorganizado en todas partes, y esta labor tiene que realizarse sobre las bases de su Programa Político y sus Estatutos, encuadrando preferentemente a los camaradas obreros más capaces. Esta es una tarea que se ha retrasado últimamente y que no puede esperar más tiempo. No hacerlo así sólo puede redundar en perjuicio de todo el movimiento de resistencia y favorecería la nueva corriente oportunista que trata de abrirse paso a nuestra sombra avanzando no se sabe todavía muy bien (aunque se puede adivinar) qué tesis o qué programa para un indefinido "movimiento de masas". Esta corriente oportunista que está levantando cabeza en torno al Partido y a la lucha de resistencia se asemeja, como una gota de agua a otra, al reformismo y persigue idénticos objetivos, por lo que, de consolidarse, no debe cabemos ninguna duda que tenderá a oponerse al Partido, a su línea política y al apoyo que venimos prestando al movimiento guerrillero. La debilidad del Partido, el retraso en sus tareas de organización, está tentando a toda una serie de gente (algunos de ellos rebotados del Partido y otros "quemados") para ocupar el ''vacío político" que supuestamente ha dejado el Partido e intentar suplantarse como "alternativa" eludiendo los problemas esenciales a que debe enfrentarse en estos momentos la clase obrera y su vanguardia. Por este motivo, insistir, como lo vienen haciendo algunos, en la "militarización", sólo podría traer consigo un fortalecimiento de esa corriente y la liquidación en un plazo no muy largo, de toda lucha de resistencia en España. De ahí que debamos insistir, una y otra vez, en la crítica de esa tendencia militarista como uno de los principales peligros y que debemos también poner inmediatamente manos a la obra en la reorganización del Partido en todos los lugares.

    Para ello debemos proceder con método, sin precipitaciones, midiendo bien cada paso que demos a fin de poder seleccionar bien a los camaradas responsables y para preservar en todo momento su seguridad y la de la labor que realicen.

    La división y la especialización del trabajo es otra de las garantías fundamentales para el buen funcionamiento de la labor partidista. Hay que encuadrar a cada militante ateniéndonos, antes que nada, al criterio de la realización de los planes señalados y a las necesidades políticas de la dirección. Pero al mismo tiempo, los responsables del Partido han de tener en consideración las aptitudes y cualidades de cada militante al objeto de que puedan rendir más en su trabajo. La actitud nihilista o aristocrática es inconcebible que pueda darse entre nosotros; más puede darse -y de hecho ocurre con demasiada frecuencia- que una interpretación torcida, unilateral, de los principios de la militancia que rigen la vida interna del Partido nos lleve a cerrar las puertas a personas que se muestran dispuestas a trabajar activamente, a afrontar los riesgos que impone el trabajo clandestino y a entregarlo todo por la causa -hasta la propia vida si es preciso- pero que no son capaces, por ejemplo, en un momento dado, de empuñar un arma. Los Estatutos del Partido son muy claros y precisos a este respecto: "Estar encuadrado en una de las organizaciones del Partido, pagar la cuota, aplicar la línea política... " ¿Acaso ha necesitado más la policía para asesinar a los camaradas del Partido, o ha sido necesario exigir estatutariamente más, un compromiso mayor, para que muchos camaradas pasaran voluntariamente a formar parte de los GRAPO? Eso no ha sido así anteriormente ni tiene por qué serlo en el futuro.

    La asunción de la práctica de la lucha armada, pasar a organizarse militarmente y a empuñar un arma, es una opción personal que nadie, ni siquiera el Partido, puede interferir. Esto lo hemos repetido muchas veces. Y por la misma razón sostenemos que, en cualquier caso, es una opción absolutamente voluntaria, individual. Resultaría absurdo y nos causaría un daño inmenso pretender lo contrario. Otra cosa es que el Partido analice esta forma inevitable y necesaria de la lucha de clases, la sitúe históricamente, la fomente y ofrezca su apoyo a las organizaciones amadas tratando de dirigirlas por el camino correcto.

    En todas partes y en los distintos sectores sociales nos encontramos a menudo con hombres y mujeres (jóvenes y menos jóvenes), dispuestos a hacer su contribución a la causa y que se acercan a nosotros convencidos de las poderosas razones que nos asisten y de nuestra férrea voluntad para hacerlas valer ahora y en el futuro. Ahora bien, si no sabemos lo que hacer con estas personas -muchas de ellas comunistas convencidos- poniéndoles un límite infranqueable a su ingreso en el Partido, podemos seguir insistiendo todo lo que queramos en las consignas de resistencia y de lucha armada, pero con esto sólo habremos demostrado, una y otra vez, nuestra incompetencia.

    Hay que lograr que cada colaborador o simpatizante del Partido dé de sí lo que esté dispuesto a dar. Y no sólo eso. Además debemos "tirar" de ellos para adelante, hasta que puedan asumir las responsabilidades que exige la militancia partidista. Hay que estudiar en concreto la situación de cada organismo, de cada militante y consultarle continuamente para poder llevar a cabo un trabajo conjunto. Especial atención merecen en estos momentos la recomposición de los comités nacionales, regionales y locales del Partido, situando a su frente a los camaradas más capaces que sepan realizar eficazmente su trabajo y que mantengan un estrecho vínculo con la dirección. Hemos de lograr en el menor tiempo posible un funcionamiento estable, regular y clandestino del Partido, de manera que podamos enfrentar la represión y asegurar la organización y dirección de los grandes combates de la lucha de clases que se avecina en España.

    El órgano del Partido, Gaceta Roja, tiene que perseguir este mismo fin. Su carácter "popular", esencialmente agitativo, debe conservarse, sólo que habrá que prestar más atención a los problemas que afectan a la organización del Partido y a aquellos otros que el movimiento de masas tiene actualmente planteados. Resultaría inútil intentar hacer ahora un periódico que esté "al día". Por este motivo, el G.R. debe centrarse, preferentemente, en cuestiones generales y en aquellas otras que tengan una actualidad permanente, tales como la reconversión industrial, la OTAN, la represión, etc. En cuanto a los "temas generales", no quiere decirse que debamos referirnos a ellos en términos abstractos o imprecisos. Al contrario. Por ejemplo: los problemas que enfrenta el movimiento de resistencia han de ser enfocados de manera concreta, desmenuzados a la luz de la experiencia práctica y de las necesidades del momento. Lo mismo ha de hacerse en relación a las cuestiones del Partido, el trabajo en fábricas, la lucha y la organización sindical etc.

    Contamos con una valiosísima experiencia de trabajo en todos los terrenos, por lo que hay que considerar que no se trata ahora de ponerse a elucubrar. Las elucubraciones, si las hubo, podían estar justificadas en otro momento, en una fase anterior del desarrollo de nuestro movimiento, pero hoy existen toda una serie de cuestiones que ya están bastante claras. En este sentido, debemos proceder a la recopilación de toda una serie de artículos y trabajos teóricos, elaborados en etapas anteriores por el Partido, para su nueva publicación en folletos. En esta labor de propaganda debemos guiarnos por el criterio de las necesidades de cada momento. Ahora, con la visión que nos brinda la perspectiva del tiempo transcurrido, se podrá valorar en toda su extensión y profundidad la importancia de todos esos trabajos. Una labor de propaganda esencial para el futuro de nuestro movimiento, es la realizada en las cárceles de la nueva “democracia” por las células y los camaradas presos. Algunas de sus obras ya han sido publicadas; otras circulan en fotocopias, y algunas más están por concluir. Con todos estos trabajos se han llenado algunas lagunas teóricas de la línea del Partido y en otros casos se han desarrollado sus tesis políticas fundamentales, dotándonos de un material documental y teórico de extraordinario valor. Lo mismo se puede decir de las obras de tipo literario y artísticas de claro contenido democrático revolucionario realizadas dentro y fuera de las cárceles. El Partido no debe escatimar esfuerzos, ni ningún medio, a la hora de dar a conocer entre el gran público todos estos estudios y obras artísticas, en la seguridad de que con ello está abonado el terreno donde brotará la ciudad futura.

    0 0



    Marcos Martín Ponce (preso de los GRAPO), julio de 2009
    Extracto de una carta dirigida al MDPP-S (Movimiento de Defensa de los Presos Políticos por el Socialismo) de Rusia.



    Debido a la represión, decidí pasar a la clandestinidad como guerrillero antifascista (en los GRAPO) en 1997. Años más tarde en 2002, caí preso, y ahora mi tarea principal es elevar mi nivel político e ideológico para, en este terreno, aportar todo lo posible al Partido desde esta militancia de base, muy limitada por circunstancias obvias.


    En mis primeros años de militancia (en las Juventudes Antifascistas (1994-1997)). La principal tarea era intentar politizar las luchas espontaneas y sectoriales de la juventud obrera y marginada, y organizarla en torno al Movimiento de Resistencia Antifascista (MRA), intentando concienciar a la juventud de que las luchas contra la pobreza, la explotación, el paro, la represión, etc., tienen como causa común un marco mucho más amplio que es el Estado fascista, dirigido desde todos los resortes de poder de la burguesía para mantener sus privilegiados intereses.


    Esta labor, ampliada hacia el proletariado más consciente y a otros sectores populares agredidos por el capitalismo, sigue siendo hoy, en mi opinión, una de las tareas principales de las organizaciones revolucionarias de vanguardia, especialmente de los partidos comunistas. Por lo que la reconstrucción de partidos comunistas, depurados de toda influencia revisionista, y sobre la base marxista-leninista, es una tarea prioritaria.


    Es evidente que el largo proceso de desmantelamiento de la obra socialista soviética tuvo consecuencias desastrosas. En especial, supuso un golpe fatídico para los proyectos revolucionarios que desarrollaban las organizaciones comunistas y antifascistas.


    Los partidos y sindicatos revisionistas fueron financiados y promocionados por la burguesía con la ayuda inestimable que les proporcionaba la vía claudicadora de Kruschev; que transitaba desde el socialismo hasta el capitalismo, conservando para ello la fraseología e iconografía comunista y democrática, a la vez que introducía, en la práctica, los principios y valores del sistema capitalista de producción. En España fue el PCE, ya corrupto y encabezado por el traidor Carrillo, quien condujo este proceso de engaño y claudicación.


    La ideología burguesa hace grandes esfuerzos, a través de sus medios de propaganda, para mantener a las masas en los estrechos marcos de la tiranía de los acontecimientos diarios (los árboles que nos impiden ver el bosque), que restan perspectiva ante el movimiento concatenado, progresivo y transformador de la dialéctica histórica.


    En estos tiempos en los prima el derrotismo, esta perspectiva dialéctica histórica del desarrollo social en constante transformación, nos muestra un futuro más esperanzador que los ideólogos burgueses tratan de enterrar con sus teorías sobre la “perpetuación del capitalismo en constante recuperación”. No obstante, la degeneración y descomposición del sistema, se hace aún más evidente cuando este invierte más en medio destinados a la represión y a defensa de sus intereses que a la propia producción capitalista. Es más, a estas alturas su única industria “rentable” es la guerra. Así pues, los gobiernos adoptan políticas fascistas para preparar la guerra como forma de “perpetuar” su sistema.


    La represión y el intento de exterminio de las organizaciones revolucionarias pretenden evitar que la vanguardia comunista ocupe su espacio natural entre las masas populares, por eso, el fascismo contemporáneo siempre actúa acompañado de un ejército de mercenarios reformistas y revisionistas, que tienen asignada la tarea de usurpar los espacios de los revolucionarios desplazados por la represión.


    Para ello imitan nuestras consignas y simbología con el único fin de vaciarlas de contenido. Saben que su actitud, unas veces claudicadora y otras veces engañosamente radical, desprestigia los ideales revolucionarios y desmoralizando a las masas trabajadoras y populares, convirtiéndolas así en presa fácil de los medios masivos de propaganda burguesa.


    Como te decía antes, yo creo que estar atados al acontecimiento diario resta perspectiva histórica y esto influye obligatoriamente en la capacidad de análisis y síntesis de las organizaciones revolucionarias. Este es el caso de las tendencias derechistas que se desarrollan en el seno de todo movimiento revolucionario y que abogan por aprovechar todos los espacios de legalidad que ofrecen las fisuras de los regímenes fascistas, sin medir las consecuencias que eso conlleva.


    Saben que ningún Partido Comunista puede desarrollarse (y aspirar a dirigir el movimiento revolucionario), sin trabajar de manera más o menos abierta entre las masas. Por eso los derechistas destacan, ante todo, las “puertas abiertas” que el sistema capitalista ofrece como “grandes oportunidades”, a la vez que restan importancia al peaje estratégico ideológico que hay que pagar por cruzarlas. Así pues, las pesadillas de los derechistas son la clandestinidad y la lucha armada.


    Ambos son instrumentos y métodos de lucha que se aplican desde la necesidad de desarrollar la organización y la lucha revolucionaria en un momento histórico en el que la represión aplasta las libertades políticas y sociales. Son épocas marcadas por el fascismo, y no por la democracia.


    Ante la represión de la “democracia” (si alguna vez la hubo) la lucha armada es un instrumento necesario para arrancar espacios de libertad política al fascismo; para que el Movimiento Político de Resistencia (MPR) imponga sus propios procedimientos alternativos que permitan el trabajo independiente, abierto, semiclandestino, etc., de las organizaciones políticas. Las armas deben estar siempre al servicio de las libertades políticas populares, y para ello es necesario que estén supeditadas a la dirección ideológica (que no orgánica), y a la estrategia revolucionaria del Partido Comunista.


    Entre tanta maraña pseudo-revolucionaria conviene recordar que si el Partido Comunista mantiene intactos su línea marxista-leninista y sus objetivos revolucionarios, será siempre, para el Estado capitalista, su mayor enemigo estratégico (independientemente de la situación orgánica coyuntural por la que pase el Partido), pues los sectores progresistas intermedios pueden poner fin a sus luchas a través de reformas del sistema, para terminan por integrarse en él. Solo los comunistas luchamos sin más interés que mandar al sistema capitalista al basurero de la historia.


    Por ello la burguesía busca ante todo nuestra liquidación para luego, en todo caso, ofrecernos la integración en su sistema. Por eso se hace necesario trabajar políticamente en la clandestinidad, porque vivimos en la era del fascismo renovado, institucionalizado e internacional. Porque el capitalismo no nos permitirá jamás que establezcamos relaciones (políticas, sociales, económicas…) libres con los trabajadores, para elevar su nivel de consciencia política. Eso supondría el fin definitivo del capitalismo.


    Sin la reserva táctica que supone para el MPR la clandestinidad, la represión barrería de un solo golpe todas las organizaciones estratégicas del Partido y privaría a la clase obrera de sus dirigentes revolucionarios. El Partido Comunista comienza a ser vanguardia revolucionaria cuando dirige todos sus esfuerzos a fortalecer la organización clandestina y conspirativa. Esos son los revolucionarios profesionales a los que se refiere Lenin.

    Por eso, incluso en situaciones coyunturales en las que el Estado ve conveniente permitir una estudiada “libertad política” (para aliviar sus periodos más graves de crisis), una buena parte de los cuadros y dirigentes comunistas deben continuar profesionalizándose en la clandestinidad. Porque, llegado el momento, si el Estado logra recuperarse de la crisis, barrera de nuevo todos los avances y el trabajo que no pueda ser protegido por la clandestinidad y/o defendido por la lucha guerrillera. Por lo tanto, el Movimiento Revolucionario recibirá otro gran mazazo y las masas populares volverán a desmoralizarse.


    Por el contrario, si en esos hipotéticos periodos de “apertura política”, el Partido Comunista ha desarrollado sus estructuras clandestinas, sirviéndose del trabajo abierto y semiclandestino entre las masas; y ha sabido combinar todos los métodos de lucha (dando a cada uno la prioridad que corresponde en cada momento), será un Partido fuerte y seguro; tendrá ya la capacidad de hundir definitivamente al Estado burgués, dirigiendo la insurrección popular. Aun si el Estado pudiera recuperar la ofensiva fascista, el Partido Comunista podría replegar todas sus fuerzas en los aparatos clandestinos y continuar dirigiendo la Guerra Popular Prolongada de desgaste en todos los frentes del MPR. Pero entonces ya estará en condiciones muy óptimas para hacer mucho daño al enemigo.


    Por otra parte, la dirección comunista clandestina tiene también una función reguladora, tanto en el seno del Partido Comunista como en el MPR. Por un lado controla y corrige las tendencias derechistas que abogan por el desmantelamiento de las estructuras clandestinas porque, según ellos, obstaculizan el rápido desarrollo del MPR.


    En el otro extremo, la dirección comunista clandestina está dotada de la autoridad política e ideológica necesaria para frenar y corregir las tendencias izquierdistas, que desprecian toda clase de trabajo abierto o semiclandestino. Su dejación en la formación ideológica les lleva a querer prescindir de la progresiva participación de las masas populares en el proceso revolucionario, eso les lleva a intentar supeditar la Dirección Política poniéndola al servicio de la organización armada: confunden los medios con los fines.


    Ambos extremos (derechismo e izquierdismo), conducen a la liquidación de las organizaciones revolucionarias. Es algo que desde finales de los años 70 hasta hoy viene ocurriendo en toda Europa occidental (y en el resto del mundo). Personalmente pienso que el militarismo se impuso en el seno de la RAF (Alemania), las BR (Italia), AD (Francia), etc., y eso condujo a su aislamiento y a su “muerte por inanición”.


    En el extremo derechista veo un ejemplo claro en el desenlace del IRA Sinn Féin (provos); que en ningún momento vio amenazado su poderío militar, y su apoyo popular era evidente, pero la impaciencia pequeño burguesa por ocupar los sillones del poder les ha llevado primero a entregarse al enemigo y, ahora, a condenar a las organizaciones independentistas y socialistas que continúan la lucha.



    ¡UNÍOS HERMANOS PROLETARIOS!

    Un abrazo de combate



    Para descargar el texto:
    https://mega.co.nz/#!bEgAUK5C!dOX34i6nnDlYJP9PhjvdJgiDDp10h0JlCWWcULqoW18



    0 0

    La presente versión de los diarios de Dimitrov consta de varios extractos de interés de la traducción al castellano del Diario de Dimitrov. La traducción es indirecta de la versión en inglés de la Universidad de Yale recopilada por Ivo Banac y publicada en 2002.

    El documento se divide en dos partes:

    - "La primera parte de la selección de textos está relacionada con las relaciones del PCE y la Komintern, el período de la guerra civil y el posterior exilio de los comunistas españoles en la URSS" (Nota del traductor).

    - La segunda consta de "una pequeña selección de extractos relacionados con la Internacional Comunista, la política soviética interior y exterior y otras cuestiones que me han parecido de interés" (Nota del traductor).

    Se puede descargar en formato pdf desde el siguiente enlace:
    https://mega.co.nz/#!rYIDiaKD!WyX1tDtpQSqVtkn9zdUkOx6a91BI1AxT17h7teZpKXg


    0 0

    QuédeQué es un programa que se emite en Radio Almenara todos los domingos y que pretende analizar la realidad desde una óptica marxista.

    En esta ocasión se discute sobre el 18 de julio, tratando temas de la historia reciente de España. El programa especial contó con la participación del abogado antifascista Olarieta.

    De especial interés, aquí se puede escuchar y descargar:


    (tomado de La Haine)

    0 0



    Ayer tomé de Facebook la imagen que acompaña esta entrada porque me hizo recordar algo que les cuento a renglón seguido.


     

    Si hubo alguien que dio lecciones de antisectarismo, ese fue José María Sánchez Casas. "Pese" a su historial y ya en libertad, era reconocido por la calle por unos y otros. Prácticamente la mayoría de la gente lo saludaba con afectividad simulada o real. No se nos escapaba el hecho de que en muchos casos, detrás del saludo se ocultaba el localismo del "ese es de aquí y le echó cojones a la cosa"

    A todos correspondía con amabilidad, mientras “por lo bajini” manifestaba su sorpresa porque este o aquel le mostraran semejante cariño. En el poco tiempo que le quedó de vida desde que cumpliera condena y no le debiera al régimen ni un tantito así, José María entabló relaciones con personas de varias tendencias y formas de ver la vida. Es obvio que primaron en él la honestidad de aquellas, independientemente de otras consideraciones sin que ello significara que abandonara un ápice sus principios.

    Iba a todos los lugares que se encartaran, participó en dos o tres programas de una televisora local donde algunos “súper” no habrían puesto un pie en su vida, pero él utilizaba las tertulias para difundir sus ideas, incluso fue galardonado con el primer premio de carteles del Carnaval porque otra persona (ni por asomo revolucionaria)  se presentó en su nombre y en el acto oficial declaró la auténtica autoría del cartel  diciendo "esto no lo he hecho yo, sino mi amigo José María Sánchez Casas" quien, sonriendo, salió de entre el público asistente y recogió el galardón en medio del desconcierto, la ofuscación y humillación de la corporación municipal, plena de franquistas.


    Siempre primó en él el principio comunista de no creerse por encima de nadie (error gravísimo de quien lo cometa), de no ir por ahí dando lecciones de superioridad ideológica. Escuchaba a la gente sencilla, popular, tenía paciencia, dialogaba sobre los problemas cotidianos que nos afectan por igual a todos, no espantaba a nadie, trataba de sumar y organizar que el resto vendría después, en definitiva: no era un sectario. 


    0 0

    M.P.M. (Arenas)
    Antorcha núm. 3, junio de 1998





    «Sólo un partido dirigido por una teoría de vanguardia puede cumplir la misión de combatiente de vanguardia»


    Esta frase de Lenin se ha repetido tantas veces entre nosotros, que algunos la han convertido en una fórmula capaz de resolver por sí misma hasta los problemas más difíciles o escabrosos. Otros, en cambio, se refieren a ella para subrayar nuestras carencias teóricas, como si en este terreno quedara todo por hacer o debiéramos partir de cero, proponiendo por su parte algunas teorías completamente desconectadas de las experiencias del movimiento revolucionario y de la vida real. Por otra parte, encontramos también a los que, al mostrarse contrarios a todo vanguardismo y dirigismo, no sólo desdeñan la importancia de la teoría y del debate en torno al programa revolucionario, sino que para ellos ese tipo de debates carece de toda significación práctica. Por lo general, estos practicistas identifican la labor teórica y la crítica revolucionaria de las ideas y concepciones burguesas, con la práctica teórica que realizan algunos charlatanes, por lo que no es de extrañar que anden desorientados.


    Lenin resaltaba que para Marx todo el valor de su teoría residía en que por su misma esencia es una teoría crítica y revolucionaria. Y esta última cualidad es, en efecto, inherente al marxismo por entero y sin ningún género de duda porque dicha teoría se plantea directamente la tarea de poner al descubierto todas las formas de antagonismo y explotación en la sociedad moderna, estudiar su evolución, demostrar su carácter transitorio, la inevitabilidad de su conversión en otra forma, y servir al proletariado, para que éste termine lo antes posible y con la mayor facilidad posible, con toda explotación (1). En la teoría de Marx y Engels está contenida la estrategia y la táctica de la revolución proletaria, una estrategia y una táctica que son válidas para el proletariado de todos los países. De ellas partimos los comunistas para elaborar la línea política y el programa de la revolución (para lo cual debemos tener en cuenta las condiciones específicas de nuestro país, las tradiciones de lucha del proletariado, etc.), de manera que cuando nos referimos a la estrategia y la táctica (a la teoría general), lo primero que pensamos es que no tenemos necesidad de inventarlas o elaborarlas, ya que éstas hace tiempo que fueron elaboradas, fundamentadas científicamente, por el marxismo. Claro que esto no nos exime de la obligación de tener que estudiarlas y asimilarlas, de modo que podamos aplicarlas en la práctica y en cada situación concreta como lo que resultan ser: una guía para la acción. Esta guía nos proporciona el conocimiento de las leyes y contradicciones fundamentales que determinan la evolución y el cambio brusco de la sociedad, en particular las leyes que rigen en la aparición, desarrollo y transformación de la sociedad burguesa en una sociedad nueva esencialmente distinta: la sociedad comunista.


    Como es bien sabido, la estrategia y la táctica de lucha del proletariado revolucionario de todos los países, formuladas por Marx y Engels, están fundadas sobre los sólidos cimientos del materialismo histórico, en la economía de Marx y en su teoría de la lucha de clases y de la dictadura del proletariado. La concepción del materialismo histórico nos demuestra, a decir de Lenin, cómo en virtud del desarrollo de las fuerzas productivas, de un sistema de vida social surge otro más elevado (2). La economía de Marx nos ofrece la radiografía de la sociedad burguesa, su estructura económica y social, sus leyes y contradicciones específicas, que la distingue de los demás sistemas económico-sociales, en tanto que la teoría de la lucha de clases y de la dictadura del proletariado expresa el antagonismo, la lucha de intereses contrapuestos, que enfrenta al proletariado y a la burguesía y el modo en que habrá de ser resuelto. Tales son, muy a grandes rasgos, las concepciones, las leyes, principios e ideas que definen la estrategia y la táctica del proletariado revolucionario de todos los países, por lo que si alguno quisiera o tuviera necesidad de encontrar una nueva estrategia y una nueva táctica deberá buscar en otra parte, no en los textos del marxismo, sino en los textos de los revisionistas y otros teoricistas.


    I


    Aparentemente, son contados los textos marxistas que tratan sobre la estrategia o sobre lo que generalmente se entiende como los fines u objetivos últimos de la lucha proletaria, mientras que abundan los dedicados a la táctica. Si estudiamos, por ejemplo, a Lenin encontramos que, con la excepción de sus trabajos dedicados a la divulgación o defensa de las concepciones e ideas de Marx y Engels, la mayor parte de su voluminosa obra está dedicada a la elaboración del programa y la táctica del partido, y eso aun cuando, como es sabido, la revolución en Rusia no tenía como meta inmediata de la acción revolucionaria la toma del poder por la clase obrera, por lo que, si nos dejamos llevar por esa primera impresión a que hemos aludido (la falta de una estrategia), su atención debería haber estado centrada en la formulación de una estrategia diferenciada, distinta a la definida por Marx y Engels. Es lo que siempre han tratado de hacer los revisionistas, para quienes los textos clásicos de Marx y Engels, incluso hoy día los de Lenin, son algo viejos, están desfasados, han sido superados por la evolución histórica o están pasados de moda. De ahí que no desaprovechen ninguna ocasión para revisarlos y proponer en su lugar -basados en algunos aspectos nuevos, pero siempre secundarios de la evolución del régimen capitalista, o bien en las necesidades momentáneas del movimiento obrero- una estrategia nuevaoriginal o muy creadora. Y es que en la literatura marxista-leninista se da por sentado que el proletariado revolucionario de cualquier país no tiene más objetivo estratégico que la demolición del Estado de la dictadura burguesa y la construcción de otro Estado nuevo de dictadura del proletariado, a fin de poder comenzar la obra de edificación comunista. Todas las obras de Marx y Engels no contienen, en realidad, sino la fundamentación teórica de esa estrategia, que aparece resumida o abreviada en El Manifiesto Comunista elaborado por ambos y en otras importantes obras en las que abordan cuestiones de la táctica revolucionaria, aunque, como es lógico suponer, en esto último (en lo relacionado con la táctica) el análisis y la solución concreta de los problemas dependen más de las condiciones de cada época y de cada país. Esto explica que haya sido en este terreno donde Lenin y Mao hayan centrado más su atención. Sólo si se tiene en cuenta en forma objetiva -escribe Lenin- el conjunto de las relaciones mutuas de todas las clases, sin excepción, de una sociedad dada y, por tanto, también el grado objetivo de desarrollo de esta sociedad, lo mismo que las relaciones mutuas entre ellas y otras sociedades, es posible disponer de una base para una táctica correcta de la clase de vanguardia (3).


    Como vemos, Lenin se refiere expresamente a táctica correcta, dando por sentado que la estrategia no puede ser otra distinta de la que ya hemos comentado. ¿Podría ser de otro modo? ¿Puede tener el proletariado de cualquier país otro objetivo distinto al derrocamiento del poder de la burguesía y el establecimiento de su propio poder? Los revisionistas siempre han utilizado esa necesidad que se le plantea a la clase obrera de disponer de una base sobre la que establecer una táctica correcta, para introducir en el seno del movimiento la ideología y la política liberal burguesa y conducirlo por el camino trillado del reformismo y la conciliación de clases. Determinar de cuando en cuando la conducta que se debe seguir, adaptarse a los acontecimientos del día, a los virajes de las minucias políticas, olvidar los intereses cardinales del proletariado y los rasgos fundamentales de todo el régimen capitalista, de toda la evolución del capitalismo y sacrificar esos intereses cardinales por ventajas reales o supuestas del momento: ésa es la política revisionista (4).


    Otros oportunistas de la misma escuela que los revisionistas, sólo que más radicales o izquierdosos, complementan la labor de confusión y división que realizan aquéllos dentro del movimiento obrero parloteando sin cesar de la dictadura del proletariado y tachando de reformista la táctica verdaderamente revolucionaria, marxista-leninista, que habrá de permitir a la clase obrera aproximarse y finalmente alcanzar su objetivo. Esos charlatanes de izquierda hacen así el juego a los derechistas más contumaces y les dejan todo el campo libre.


    Para que esto no suceda, el Partido Comunista tiene que plantear correctamente y ponerse al frente de la lucha por los intereses inmediatos de los trabajadores a la vez que defiende dentro del movimiento sus intereses u objetivos futuros. Esa lucha por los intereses inmediatos de las masas no entra en contradicción con la defensa de sus intereses últimos, y de hecho, los posibilita. También la defensa intransigente de los objetivos revolucionarios supone la única garantía para la obtención de mejoras inmediatas, pues une y fortalece al proletariado frente a sus enemigos y dota a su movimiento de una perspectiva clara, por lo que jamás ha de hacerse ninguna concesión en el terreno de los principios, debiendo ser éstos salvaguardados en todo momento. A ello habrá de contribuir la aplicación de una táctica acertada de lucha que se corresponda a las circunstancias internas e internacionales de cada momento. Sobre este particular conviene recordar lo que decía Lenin quien, retomando una idea de Marx, llama a tener en cuenta como parte de la táctica, en cada etapa o fase de desarrollo social, la dialéctica de los periodos de estancamiento político y de los cambios bruscos: Por una parte, aprovechando las épocas de estancamiento político o de desarrollo a paso de tortuga, el llamado ‘pacífico’, para desarrollar la conciencia, la fuerza y la capacidad combativa de la clase avanzada, y por otra parte, encauzando toda esta labor de aprovechamiento hacia el ‘objetivo final’ del movimiento de dicha clase, capacitándola para resolver prácticamente las grandes tareas en los grandes días que concentran en sí veinte años (5).


    II


    Un rasgo que podríamos considerar común a todo proceso revolucionario es que éstos se efectúan siempre a través de etapas diferenciadas. En unos casos, el comienzo de una etapa coincide con la culminación de toda una fase de desarrollo histórico, económico y social; tal sucede con las revoluciones socialistas iniciadas como continuación de la revolución democrático-popular. En otros, se trata del final de una fase y del comienzo de otra en el desarrollo de una misma revolución. El proceso revolucionario nunca es lineal, sino zigzagueante y se efectúa por etapas, en oleadas y a través de saltos. En todo esto influye enormemente la situación general del capitalismo y la fuerza con que puede contar en un momento dado el movimiento revolucionario, no sólo dentro del país, sino también a escala internacional, lo que a su vez obliga al proletariado revolucionario a revisar su táctica: bien para emprender una ofensiva o para replegarse ordenadamente en espera de una situación más favorable que le permita proseguir su avance. Naturalmente, esto exige que se mantenga firme en sus concepciones y principios revolucionarios así como en las posiciones políticas que haya podido conquistar.


    Es en estas condiciones, particularmente, cuando se debe poner cuidado para no confundir el objetivo final de la lucha con los objetivos que se pueden alcanzar para una determinada etapa del proceso revolucionario. Estos otros objetivos pueden ser también estratégicos para dicha etapa, lo que no quiere decir que no exista ninguna otra o que nos debamos proponer marchar desde ella siempre en línea recta hasta el objetivo final, sin reparar en las nuevas circunstancias que, por otra parte, sin ninguna duda, habrá que cambiar en uno u otro momento. De aceptar esa concepción tan unilateral, estrecha, rígida, del proceso revolucionario ¿qué haríamos, por ejemplo, en una situación de receso generalizado del movimiento o, como ha sucedido recientemente, cuando la revolución ha sufrido una severa derrota en todo el mundo? ¿no habría que fijar como objetivo estratégico inmediato la recomposición de las fuerzas revolucionarias? ¿no exigiría el cumplimiento de esta tarea una etapa más o menos prolongada de trabajo orientado según la táctica definida por Marx y Lenin para los periodos llamados pacíficos, en los que el movimiento marcha a paso de tortuga? La etapa que siguió a la terminación de la guerra antifascista y revolucionaria de 1936-39 en España, no obstante el corto periodo de la guerrilla, tuvo ese carácter de repliegue y de reposición de fuerzas, pero en lugar de eso lo que se produjo, por influencia revisionista, fue una verdadera liquidación del Partido y el movimiento, lo que ha hecho mucho más difícil y prolongada esa labor. Pero incluso en una situación de ascenso revolucionario ¿se puede saltar por encima de la fase preparatoria, del nivel de conciencia de las amplias masas del pueblo y pasar de un día para otro, del régimen burgués al socialismo? ¿se puede plantear la implantación de la dictadura del proletariado desde la situación del régimen capitalista sin que medie un periodo de lucha política que permita capacitar a las masas en el democratismo más consecuente, que las lleve a comprender la necesidad del socialismo y que las prepare realmente, en base a sus propias experiencias, para ejercer el poder?


    Tomemos el ejemplo de la revolución rusa de 1917, que es el que mejor puede servirnos para poner en claro este problema de las etapas que hemos encuadrado en la categoría de la estrategia entre comillas, es decir, en el concepto de la estrategia considerada dentro de las distintas etapas, fases o periodos por los que necesariamente atraviesa todo proceso revolucionario.


    III


    El hecho de que la revolución rusa, como la definiera Lenin desde un principio, tuviera un carácter democrático-burgués, no socialista, no invalidó la estrategia proletaria orientada al derrocamiento de la burguesía y al establecimiento del poder obrero; tan sólo obligaba a adoptar una táctica acorde con la correlación de las fuerzas sociales en presencia que les permitiera aproximarse al objetivo y capacitar al mismo tiempo al proletariado para resolver prácticamente las grandes tareas en los grandes días que concentran en sí veinte años. Sobre este particular, Lenin ya había mostrado la imposibilidad de que la burguesía rusa pudiera llevar hasta el fin la revolución democrática así como su inclinación al compromiso con la reacción, lo que ofrecía a la clase obrera la posibilidad de encabezar y dirigir la revolución democrática y de llevarla hasta sus últimas consecuencias, es decir, hasta su transformación en revolución socialista. La democracia tiene una enorme importancia en la lucha de la clase obrera contra los capitalistas por su liberación, escribió Lenin. Y continuaba:


    Pero la democracia no es, en modo alguno, un límite insuperable, sino solamente una de las etapas en el camino del feudalismo al capitalismo y del capitalismo al comunismo [...]


    La democracia es una forma de Estado, una de las variedades del Estado. Y consiguientemente, representa, como todo Estado, la aplicación organizada y sistemática de la violencia sobre los hombres. Esto, por una parte. Por la otra, la democracia significa el reconocimiento formal de la igualdad entre los ciudadanos, el derecho igual de todos a determinar el régimen del Estado y a gobernar el Estado. Y esto, a su vez, se halla relacionado con que, al llegar a cierto grado de desarrollo de la democracia, ésta, en primer lugar, cohesiona al proletariado, la clase revolucionaria frente al capitalismo, y le da la posibilidad de destruir, de hacer añicos, de barrer de la faz de la tierra la máquina del Estado burgués y de sustituirla por una máquina más democrática, pero todavía estatal, bajo la forma de las masas obreras armadas, como paso previo hacia la participación de todo el pueblo en las milicias.


    Aquí la cantidad se transforma en calidad; este grado de democratismo se sale ya del marco de la sociedad burguesa, es ya el comienzo de su reestructuración socialista (6).


    Esa es la verdadera concepción del marxismo-leninismo acerca de la táctica de la revolución proletaria en relación con la democracia. De ahí que Lenin no previera una etapa prolongada de revolución democrático-burguesa y concibiera el proceso revolucionario de Rusia de manera diferente a como se había dado en los países de Occidente, pero no de manera distinta a como la concibiera Marx en su tesis sobre la revolución permanente; que, por cierto, nada tiene que ver con la concepción trotskista. Fue este mismo planteamiento lo que le llevó a formular la táctica del gobierno obrero-campesino como un tipo especial de alianza de clases revolucionaria dirigida por el proletariado y cuyo fin no era otro que el establecimiento de la dictadura proletaria. Este programa, como es sabido, se cumplió en la práctica antes incluso de lo que se esperaba. A ello contribuyeron una serie de circunstancias como la guerra imperialista, la bancarrota del Estado zarista y el hecho de que los obreros y campesinos se hallaban armados. Sobre esta base surgieron los Soviets, las organizaciones políticas de masas que habrían de desempeñar tan importante papel en el desarrollo de los acontecimientos.


    ¿Qué deben hacer los Soviets de diputados obreros?, pregunta Lenin entonces, y he aquí su respuesta: Deben ser considerados como órganos de la insurrección; como órganos del poder revolucionario [...] necesitamos un poder revolucionario, necesitamos (para cierto periodo de transición) de un Estado [...] pero no como el que necesita la burguesía -con los órganos de poder en forma de policía, ejército, burocracia- separados del pueblo y en contra de él. Todas las revoluciones burguesas se han limitado a perfeccionar esta máquina del Estado, a hacer pasar esa máquina de manos de un partido a las del otro. Si se quiere salvaguardar las conquistas de la presente revolución y seguir adelante, si se quiere conquistar la paz, el pan y la libertad, el proletariado debe, empleando la palabra de Marx, ‘demoler’ esa máquina del Estado ‘ya hecha’ y sustituirla por otra nueva, fundiendo la policía, el ejército y la burocracia con todo el pueblo en armas (7).


    Repárese en que en este largo pasaje que acabamos de citar, Lenin se está refiriendo a la necesidad del Estado para cierto periodo de transición y no para una etapa política cualquiera; es decir, se está refiriendo al Estado de la dictadura revolucionaria del proletariado y no, como podría parecer a simple vista, a un gobierno provisional nacido de una alianza de clases. Esta alianza existió durante un corto periodo y desempeñó el papel de dictadura democrático-revolucionaria del proletariado y los campesinos, pero no llegó a constituirse en Estado. Su función principal consistió en facilitar el establecimiento de ese nuevo Estado que estaba surgiendo y que en aquellas circunstancias sólo podía ser ya el Estado de la dictadura del proletariado.


    La dictadura revolucionaria-democrática del proletariado y de los campesinos ya se ha realizado en la revolución Rusa (en cierta forma y hasta cierto grado); puesto que esta fórmula sólo prevé una correlación de clases y no una institución política concreta llamada a realizar esta correlación, esta colaboración (8). Es en ese momento cuando la cantidad se transforma en calidad, cuando el grado de democratismo se sale ya del marco de la sociedad burguesa, es ya el comienzo de su reestructuración socialista. Este fenómeno que describe Lenin se produjo durante el periodo de la dualidad de poderes que marca la existencia de la dictadura democrático-revolucionaria de los obreros y campesinos, representados en los Soviets, y el gobierno provisional contrarrevolucionario burgués, el cual habría de dar paso, tras la insurrección de Octubre, al poder único de los Soviets en los que los representantes de los obreros obtendrían la mayoría que les permitió ejercer el poder sin compartirlo con ninguna otra clase. Así nacería el nuevo Estado, la nueva institución política en la que se funden la policía, el ejército y la burocracia con todo el pueblo en armas.


    Lenin explica, en el mismo texto que hemos citado más arriba, en contra de los que le acusaban de putchismo y de los que conciben como un juego la toma del poder, la absoluta necesidad de ganar a las masas así como la actividad que a tal fin desplegaron los bolcheviques en vísperas de la insurrección:


    En mis tesis -se refiere a las Tesis de Abril- me aseguré completamente contra todo salto por encima del movimiento campesino o, en general, pequeñoburgués, que no ha culminado, contra todo juego a la ‘toma del Poder’ por parte de un gobierno obrero, contra cualquier aventura blanquista, puesto que me refería directamente a la experiencia de la Comuna de París. Como se sabe, y como indicaron detalladamente Marx en 1871 y Engels en 1891, esta experiencia excluía totalmente al blanquismo, asegurando completamente el dominio directo, inmediato e incondicional de la mayoría y la actividad de las masas sólo en la medida en que la propia mayoría actuase conscientemente.


    En las tesis reduje la cuestión, con plena claridad, a la lucha por la influencia dentro de los soviets de diputados y obreros, jornaleros, campesinos y soldados. Para no dejar ni sombra de duda al respecto, subrayé dos veces, en las tesis, la necesidad de un trabajo de paciente e insistente ‘explicación’, que se adapte a las necesidades prácticas de las masas (9).


    Ahí aparece expuesta, en líneas generales, la táctica bolchevique para el tránsito de la democracia más consecuente al establecimiento del gobierno obrero con el que culmina el proceso revolucionario anterior, tras una etapa de acumulación de fuerzas y de preparación de las mismas para ejercer el poder. El que este proceso se diera en un país y en unas circunstancias particulares, que puede que no se repitan, no resta validez a esa táctica, sobre todo, en lo que se refiere a su aspecto estratégico, a la necesidad de observar las etapas o fases por las que atraviesa todo el proceso. Esto resulta importante a la hora de determinar las consignas u objetivos políticos que corresponden a cada una de esas etapas, especialmente en lo que se refiere a la preparación política de las masas.


    ¿Puede, acaso, considerarse que el partido debe asumir la iniciativa y la dirección en la organización de las acciones decisivas de las masas -escribe Stalin-basándose sólo en que su política es, en general, acertada, si esta política no goza aún de la confianza y del apoyo de la clase, a causa, pongamos por ejemplo, del atraso político de ésta, si el partido no ha logrado convencer aún a la clase de lo acertado de su política, a causa, pongamos por ejemplo, de que los acontecimientos no estén todavía lo suficientemente maduros? No, no puede. En tales casos, el partido, si quiere ser el verdadero dirigente, debe saber esperar, debe convencer a las masas de lo acertado de su política, debe ayudar a las masas a persuadirse por experiencia propia de lo acertado de su política (10). Stalin abunda en esta idea fundamental de la táctica comunista en la que venimos insistiendo recordando algunos pasajes de las obras de Lenin que no dejan lugar a ninguna duda sobre este aspecto: Si no se produce un cambio en la opinión de la mayoría de la clase obrera, la revolución es imposible, y ese cambio se consigue a través de la experiencia política de las masas [...] La vanguardia proletaria está conquistada ideológicamente. Esto es lo principal. Sin ello es imposible dar ni siquiera el primer paso hacia el triunfo. Pero de esto al triunfo hay todavía un buen trecho. Con la vanguardia sola es imposible triunfar. Lanzar sola a la vanguardia a la batalla decisiva, cuando toda la clase, cuando las grandes masas no han adoptado aún una posición de apoyo directo a esta vanguardia, o al menos de neutralidad benévola con respecto a ella... sería no sólo una estupidez, sino, además, un crimen. Y para que realmente toda la clase, para que realmente las grandes masas de los trabajadores y de los oprimidos por el capital lleguen a ocupar esa posición, la propaganda y la agitación, solas, son insuficientes. Para ello se precisa la propia experiencia política de las masas (11).


    IV


    En España, como señala el proyecto de Programa de nuestro Partido, no existe ninguna etapa revolucionaria intermedia, ningún peldaño de la escalera histórica anterior a la revolución socialista. El desarrollo industrial, la transformación capitalista del campo, etc., la entrada, en suma, del capitalismo en la fase monopolista, imperialista, última de su desarrollo, ha terminado hace ya tiempo con los remanentes del régimen semifeudal y ha creado las bases económicas y sociales que hacen posible y necesario el paso al socialismo. Por consiguiente, el objetivo estratégico que persigue el partido es la expropiación de la oligarquía financiero-terrateniente, la demolición del Estado fascista e imperialista y la implantación de la República Popular. Como vemos, aquí queda claramente establecido que en España no queda más revolución pendiente que la socialista, y en consonancia con ese objetivo estratégico se avanzan algunas de las medidas que van a permitir acercarnos a ese periodo de comienzo de la reestructuración socialista. Para ese comienzo, no pueden ser lanzadas consignas netamente socialistas, tales como poder obrero o dictadura del proletariado, que ni serían comprendidas ni aceptadas por las grandes masas. A esa etapa corresponden consignas de carácter democrático-revolucionario que pueden ser compartidas por amplios sectores de la población, no sólo por el proletariado, aunque, ciertamente, sólo la clase obrera está interesada y luchará por llevarlas a cabo de manera consecuente hasta el final, es decir, hasta propiciar el salto de la cantidad de democracia a la nueva cualidad socialista una vez que se han creado todas las condiciones para ello, para que ese salto sea realmente revolucionario, encuentre una sólida base de masas, y no sea un salto en el vacío.


    Aquí cabe preguntar: ¿cuál va a ser el contenido de clase de esa República Popular que habrá de ser construida sobre los escombros del viejo Estado de la reacción?, ¿puede ser confundida con una república democrático-burguesa?, ¿acaso un Estado socialista no puede adoptar una forma republicana, o puede no ser popular y democrático? No entraremos a considerar la posibilidad de que hoy día, bajo el capitalismo monopolista de Estado, se pueda retroceder en la historia hacia la restauración de un Estado de democracia burguesa, ya que éste es un absurdo teórico que muchas veces ha sido rebatido por nosotros. Centremos la atención en el concepto de lo popular así como en el análisis de clase que sirve de base a nuestra posición política.


    Según la concepción marxista, ese concepto designa a las clases y capas sociales que en un momento dado pueden estar, objetivamente, interesadas en luchar unidas por sus intereses comunes. Sin embargo, esa coincidencia momentánea no ha de llevarnos a perder de vista las contradicciones y las luchas de intereses distintos, y hasta contrapuestos, que se dan en el seno del pueblo. Cuando, por causas que no vienen al caso exponer aquí, dichas contradicciones se agravan y se hacen antagónicas y un sector de la población se pasa al campo del enemigo, de la contrarrevolución, deja automáticamente de pertenecer al pueblo, por lo que éste deberá ejercer la dictadura sobre dicho sector. La dictadura no se aplica jamás contra las masas populares que defienden la revolución, es decir, contra el pueblo, por la sencilla razón de que son éstas, precisamente, las que sostienen al nuevo poder.


    En general, se puede decir que en España no existe una burguesía nacionalpopular o democrática que esté interesada en un cambio profundo de la sociedad. Esto se debe al hecho de que las transformaciones económicas y sociales correspondientes a la revolución burguesa hace tiempo que han sido realizadas por el capital monopolista. Quedan aún por resolver algunos problemas como, por ejemplo, los relacionados con la opresión de las nacionalidades y otros de carácter superestructurales (culturales, etc.), pero tales problemas que aún están por resolver no hacen de la burguesía española, en ninguna de las naciones que componen el Estado, una clase revolucionaria. De manera que ya sólo quedan, junto a esos remanentes de la revolución burguesa, algunas capas de la pequeña burguesía en rápido proceso de proletarización, especialmente en el campo. El proyecto de Programa del Partido resume esta cuestión de la estrategia y la táctica como sigue: Entre esos sectores, los más próximos al proletariado son los semiproletarios y pequeños campesinos cargados de deudas por los bancos. En la perspectiva de sus intereses futuros, todos esos sectores están objetivamente interesados en la revolución socialista, aunque vacilan (oscilan) continuamente entre las posiciones consecuentemente democráticas y revolucionarias del proletariado y el reformismo burgués.


    Pues bien, es de suponer que, con la instauración de la República y la nueva etapa del proceso revolucionario a que dará lugar, se producirá una polarización política dentro del pueblo. Con la aplicación de esas medidas de carácter democrático-revolucionario se abre un periodo de lucha política que sólo podrá conducir, en un corto espacio de tiempo (aunque éste dependerá de la correlación de las fuerzas en pugna) a la instauración de un gobierno obrero apoyado en las grandes masas armadas del pueblo trabajador, el cual habrá de proseguir las transformaciones económico-sociales, políticas, culturales, etc. De esta manera se habrá consumado el salto, se habrá establecido la dictadura proletaria sobre los enemigos de las conquistas populares y éstas podrán seguir adelante profundizando en esas conquistas bajo la dirección de la clase obrera en el poder.


    En el proyecto de Programa, este proceso que hemos descrito queda explicado de la forma que sigue: Con la instauración de la República Popular se inicia el periodo que va desde el derrocamiento del Estado burgués a la implantación de la dictadura revolucionaria del proletariado y que marca una corta etapa de transición política, la cual habrá de estar presidida por un gobierno provisional que actúe como órgano de las amplias masas del pueblo alzado en armas. Entre las medidas que se proponen en el proyecto de Programa del Partido para que sean aplicadas inmediatamente por el Gobierno provisional, hay algunas que no dejan ni la menor sombra de duda respecto de su carácter verdaderamente democrático y revolucionario: Creación de consejos obreros y populares como base del nuevo poder; disolución de los cuerpos represivos de la reacción y armamento general del pueblo; nacionalización de la banca, de las grandes propiedades agropecuarias, de los monopolios industriales y comerciales y de los principales medios de comunicación. El proyecto de Programa del Partido explica, además, que sólo un gobierno revolucionario formado por los representantes de las organizaciones populares, que actúe como órgano de la insurrección popular victoriosa, poseerá la fuerza y la autoridad necesarias para organizar las elecciones a una asamblea (constituyente) de representantes del pueblo. El nuevo gobierno llevará a cabo la demolición completa de la vieja máquina estatal de la burguesía, arrasará desde los cimientos los pilares sobre los que se asienta la dominación y los privilegios del capital (pues ésta es la condición primera de toda revolución verdaderamente democrática y popular) y emprenderá inmediatamente las transformaciones económicas y sociales necesarias, facilitando así el establecimiento del poder popular y, dentro de él, la hegemonía política del proletariado.


    Vemos, pues, que el gobierno provisional y todas las medidas que habrá de tomar obedecen a una necesidad, la que corresponde a esa corta etapa de transición que deberá permitir el establecimiento de la dictadura proletaria. Para ello contará con el apoyo y la participación activa de todos los trabajadores dirigidos por su vanguardia y organizados en sus partidos, sindicatos, milicia, etc. De ahí que se pueda asegurar que ese gobierno será democrático, mil veces más democrático que cualquier gobierno burgués y, aunque no constituirá todavía un Estado, en el sentido estricto, institucional, de este concepto, deberá proceder dictatorialmente contra la reacción y arrasar con todos los privilegios, siendo legitimado para ello por la nueva correlación de clase surgida de la revolución.


    Este periodo a que se refiere el texto citado y que se inicia tras el derrocamiento del Estado fascista y monopolista no puede ser confundido, por tanto, con una etapa de revolución democrático-burguesa, ni siquiera de nuevo tipo, puesto que el poder económico y político en que basa la burguesía su dominación, ha sido (o está siendo) demolido, lo que quiere decir que debemos inscribirlo dentro de la táctica destinada a alcanzar el objetivo final de la revolución. Esta táctica, aparte de cubrir las necesidades políticas, organizativas, etc., que ya hemos referido, correspondientes a ese periodo de transición, se basa en la consideración de que existen sectores populares, además de la clase obrera (tales como los pequeños campesinos, los semiproletarios y los pueblos oprimidos de las nacionalidades) que están también interesados y pueden tomar parte activa en la lucha por el derrocamiento del Estado fascista e imperialista u observar una posición de neutralidad. La táctica del Partido busca atraerlos al lado del proletariado, al objeto de derrocar por la fuerza a la oligarquía financiera y terrateniente, ganar a la pequeña burguesía o tratar de neutralizarla. A continuación de este párrafo, el proyecto de Programa hace hincapié en la idea que ya hemos explicado: El Partido no se puede proponer conducir directamente a la clase obrera, desde la situación presente, a la toma del poder. Para eso son necesarias determinadas condiciones interiores y exteriores, una potente organización y abundantes experiencias políticas, tanto por parte de las masas como del propio Partido. Todo esto habrá de aparecer o se irá creando en el curso de la lucha revolucionaria y en el proceso mismo de derrocamiento del régimen capitalista.


    En todo este proceso, la lucha política por el poder se destaca como la cuestión más importante, verdaderamente decisiva, y toda la labor y la táctica del Partido no tienen otro objeto o finalidad más que preparar las condiciones que permitan a la clase obrera aproximarse y acceder, finalmente, al poder. Para ello se deberán tener en cuenta las condiciones tanto generales (internas y exteriores) como las concretas de cada situación o periodo por el que atraviesa el movimiento. No hacerlo así sólo puede ocasionar fracasos y reveses y hacer, por consiguiente, mucho más lenta y costosa la marcha.


    Es en esa perspectiva de lucha por el poder, y ateniéndonos en todo momento a las condiciones políticas imperantes, a la correlación de fuerzas, al grado de conciencia política y combatividad de las masas, etc., donde se debe situar la lucha de resistencia frente al fascismo, el capitalismo y el imperialismo y por la obtención de verdaderas mejoras económicas, sociales y políticas de carácter democrático para las masas populares. El Partido plantea la lucha por esas reivindicaciones, tales como las libertades políticas, de expresión, asociación y manifestación, los derechos sindicales y sociales de los trabajadores, el derecho de autodeterminación de las naciones oprimidas por el Estado español, la amnistía para los presos y exiliados políticos, etc., como parte de su táctica orientada a poner aún más al descubierto y aislar al régimen fascista y ofrecer un programa de lucha común que permita la unidad o el reagrupamiento de las fuerzas populares. A tal fin habrá de contribuir también la lucha armada de resistencia, así como el boicot activo y sistemático a los partidos, sindicatos y mascaradas electorales organizadas por el régimen. Estos son, en resumen, los objetivos, las tareas, el programa y las consignas que corresponden a este momento, y el Partido debe luchar por ellos con firmeza y ahínco, en la seguridad de que están en el camino justo.


    Notas:


    (1)Lenin: Apéndice III del libro Quiénes son los amigos del pueblo y cómo luchan contra los socialdemócratas.
    (2) Lenin: Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo.
    (3) Lenin: Carlos Marx.
    (4) Lenin: Marxismo y revisionismo.
    (5) Lenin: Carlos Marx.
    (6) Lenin: El Estado y la revolución.
    (7) Lenin: Tesis de Abril, 29 (11) de Marzo de 1917.
    (8) Lenin: Cartas sobre táctica.
    (9) Lenin: Cartas sobre táctica.
    (10) Stalin: Cuestiones del Leninismo.
    (11) Lenin: Obras completas, tomo XXV; citado por Stalin en Cuestiones del Leninismo.


    El artículo se puede descargar en formato pdf desde aquí:


    0 0

    Los camaradas de Espai Alliberat nos han remitido a nuestra dirección estos textos tan valiosos y que tan cuidadosamente han maquetado ellos. Desde aquí les felicitamos por este gran trabajo y por la fantástica labor que desempeñan con el blog. 
    ¡Un afectuoso saludo!



    Informe Político presentado al I Congreso del PCE(r)

    Informe Político presentado al II Congreso del PCE(r).

    Informe Político al III Congreso del PCE(r).

    Informe Político presentado al IV Congreso del PCE(r).

    Biografía política del Secretario General del PCE(r) Manuel Pérez Martínez “Camarada Arenas”.


    0 0

    El mejor homenaje: continuar la lucha

    Los revisionistas españoles tratan de ocultar la vigencia de la Resistencia Antifascista


    Juan Carlos Delgado de Codes, Secretario General provisional del PCE(r)

    (Sobre el comunicado de hoy de los CJC recordando a las 13 Rosas Rojas. Memoria selectiva)


    En 1939, Roberto Conesa fue partícipe del asesinato de las 13 rosas. En 1979, participó en el asesinado de Delgado de Codes, Secretario General del PCE(r).

    ¿Diferencias?

    Las 13 Rosas Rojas eran heroínas ejemplares de la resistencia contra el fascismo, mientras Juan Carlos Delgado de Codes era un blanquista y pequeñoburgués. O eso al menos nos enseñan los CJC a través de sus comunicados. 

    Los CJC son la muestra más exaltada del bipolarismo. Defienden a unos antifascistas y a otros los mandan a la hoguera, que nada se sepa de ellos.

    Tan pronto están “homenajeando” a la resistencia antifascista, como más tarde están denunciando como terroristas a aquellos que continuaron esa resistencia. Esa resistencia antifascista no continúa, porque para ellos ya no hay nada a lo que resistir. 

    Nuestros revisionistas dicen querer que nombres como los de la 13 Rosas Rojas no se borren. Es decir, que no quieren sepultar esos nombres de la resistencia obrera y popular contra el fascismo en este país de 1936 a 1975. 

    ¿Y quién quiere borrar los nombres de la resistencia antifascista? El fascismo, sin duda. ¿Y qué es lo que le permite al fascismo deshacerse de esta? El cuento de la transición. Del que ellos son cómplices a través de su silencio. 

    Realmente sin el caramelo de la transición ni siquiera hay motivo para hablar de la memoria del movimiento antifascista. Más que nada porque no habría ningún pretexto por el cual esa resistencia hubiese finalizado. Esa resistencia antifascista tendría que ser continuada. No sería una memoria a la que “homenajear” (a través de blogs de internet), sino sería el presente. La resistencia antifascista continuaría hoy hasta alcanzar su fin: la ofensiva contra el fascismo y la posterior derrota de este. 

    Pero para los CJC la historia deja ciertos vacíos, como el niño que coge un lápiz para dibujar y en medio del dibujo lo suelta para ver la televisión. Los hechos se muestran incompletos.

    Los revisionistas establecen una línea histórica de la resistencia antifascista española desde 1936. Pasan por las batallas más importantes de nuestra Guerra, luego por la lucha republicana en la resistencia francesa y en la defensa de la URSS. Nos hablan del maquis en España, las agrupaciones de guerrilleros, sus enlaces, la lucha clandestina de las organizaciones obreras y populares, la organización en el exilio etc... Y toda una historia de guerrillas urbanas y de un temple de acero de aquellos que sufrieron las consecuencias de esta lucha: como Julián Grimau. Incluso nos hablan del gran papel que jugó el PCE de José Díaz, al que ellos pretenden continuar, eso sí, folclóricamente, no continuando su papel como dirigente del movimiento antifascista. 

    Porque los CJC “homenajean” a todos y a cada uno de estos combatientes y exigen que se les recuerde. Lo que pasa es que no cuentan que ellos son los propios culpables del olvido de la resistencia antifascista.

    Si seguimos el hilo histórico del que estamos hablando, nos daremos cuenta que en 1975 se produce un parón. Ya no hay hilo. La historia de resistencia antifascista no continúa. Se queda ahí, se detiene para siempre: queda para el recuerdo, para la memoria, para los “homenajes” a través de Internet. La Guerra Popular Antifascista queda entonces como motivo de homenaje e historietas, una mera estética... lo mismo han hecho con la revolución bolchevique. 

    A partir de entonces nuestros revisionistas no quieren saber nada de la historia. El niño ha dejado de dibujar y se ha puesto a ver la televisión. Y toda la lucha obrera y popular duerme hasta 2009 cuando el PCPE descubre que hay una crisis capitalista y que ya no queda otra alternativa que la Revolución Socialista (a diferencia de antes que propugnaban la República Antimonopolista y el Frente de Izquierdas). España empieza de nuevo en el 2007, con la crisis sistémica. ¿Lo demás? ¿Lo que hay entre 1975 y 2007? Como si no hubiera sucedido. Quizás porque durante esas fechas sus dirigentes estaban bailándole el agua a la socialdemocracia reformista y en consecuencia, al régimen. 

    1. España es un ente abstracto. 

    Como España ha perdido su historia y su sentido, no hay ningún elemento nacional que incorporar a la línea revolucionaria en España. Solamente la mera importación de consignas universales. Es decir, que sirven para España, para Portugal, para Grecia y para Alemania: la lucha de la clase obrera contra el monopolismo. 

    Si bien esta consigna es correcta, no puede quedarse en una mera abstracción. Habrá que explicar muy bien que forma toma, por ejemplo, el monopolismo en España y esto no podemos hacerlo sin el materialismo histórico, sin la historia. Y tendremos que darnos cuenta de que los que hacen posible que el monopolismo se instaure en nuestro país son los que se levantan contra la República Popular en 1936. Si no, nos quedaríamos en abstracciones internacionales, pero sin línea particular. 

    El Camarada G. Dimitrov acertadamente identifica este error:


    “La teoría revolucionaria es la experiencia condensada, generalizada del movimiento revolucionario; los comunistas deben utilizar cuidadosamente en sus países no sólo la experiencia de las luchas pasadas, sino también, la de las luchas actuales de otros destacamentos del movimiento obrero internacional. Pero, utilizar acertadamente esta experiencia, no significa, en modo alguno, trasplantar mecánicamente, en forma acabada, las formas y los métodos de lucha de unas condiciones a otras, de un país a otro, como se hace con harta frecuencia en nuestros Partidos. La imitación escueta, el limitarse a copiar los métodos y las formas de trabajo, aunque sean los del mismo Partido Comunista de la Unión Soviética, en países donde todavía impera el capitalismo, puede, con las mejores intenciones del mundo, dañar más que favorecer, como ha ocurrido en realidad no pocas veces. Precisamente, la experiencia de los bolcheviques rusos debe enseñarnos a aplicar de un modo vivo y concreto la línea internacional única de la lucha contra el capital a las particularidades de cada país, extirpando implacablemente, poniendo en la picota, entregando a las burlas de todo el pueblo las frases, los patrones, la pedantería y el doctrinarismo. ”

    Hoy en día podemos escuchar decir incluso a los más reaccionarios reformistas que la transición fue una falacia. Lo dicen incluso periodistas del El País y de los medios que precisamente no destacan por ser los más revolucionarios. Lo dicen en La Tuerka, lo dice Julio Anguita e incluso los más variopintos filósofos apolíticos. ¿Quién se cree la historia oficial de los fascistas?

    ¿Quién puede negar hoy que la transición no fue más que una maniobra del fascismo? ¿Quién puede negar que no fue más que una reforma de un régimen monopolista en crisis? ¿Cuáles eran las tareas del movimiento antifascista ante esta situación?

    G. Dimitrov y la III Internacional, que son los que  desarrollaron el concepto marxista-leninista de fascismo, es decir, le dieron un significado y un estudio científico (a través del materialismo histórico), ya avisaron de lo que podía suceder en un Estado fascista en crisis, que era la situación en la que se encontraba el fascismo español en los años 70 (donde empieza ese vacío histórico de nuestros revisionistas). 

    “En unos países, principalmente allí, donde el fascismo no cuenta con una amplia base de masas y donde la lucha entre los distintos grupos en el campo de la propia burguesía fascista es bastante dura, el fascismo no se decide inmediatamente a acabar con el parlamento y permite a los demás partidos burgueses, así como a la socialdemocracia, cierta legalidad. En otros países, donde la burguesía dominante teme el próximo estallido de la revolución, el fascismo establece el monopolio político ilimitado, bien de golpe y porrazo, bien intensificando cada vez más el terror y el ajuste de cuentas con todos los partidos y agrupaciones rivales, lo cual no excluye que el fascismo, en el momento en que se agudezca de un modo especial su situación, intente extender su base para combinar -sin alterar su carácter de clase- la dictadura terrorista abierta con una burda falsificación del parlamentarismo.”

    ¿Acaso la incorporación del PSOE y del PCE al régimen fascista en los 70, no es un pilar fundamental para el cuento de la transición? ¿Es esto una democracia burguesa con tintes fascistas o es, al contrario un Estado fascista con tintes democrático-burgueses?

    Los CJC no responden a esta pregunta. Porque no quieren hablar de la transición. Porque no quieren hablar de la historia. No saben explicar cómo desaparece el fascismo en España y solo pueden hacerlo mediante teorías abstractas, como siempre. Por ejemplo que el fascismo y la democracia burguesa son formas de dominación de cualquier Estado burgués y mientras más autoritarismo y represión hay, se están usando formas de dominación fascistas y mientras más aperturismo y democracia se están usando métodos democráticos burgueses. Teoría falsa puesto que la democracia-burguesa y el fascismo son formas de dominación, por lo tanto son siempre represivas y autoritarias. La cuestión está en que unas son formas de dominación correspondientes a la etapa premonopolista del capitalismo y las otras a la etapa imperialista. Esto es lo que dicen los comunistas de la III Internacional, es decir, los que se enfrentaron a sangre y fuego con el fascismo. 

    Pero como decimos, ni PCPE, ni PCOE ni ninguna banda revisionista quiere hablar de los 70, porque ellos en los 70 o estaban en el PCE o estaban escondidos debajo de las piedras cuando el régimen impuso el terror por todo el país. O estaban con los que besaron la bandera de Franco y la Corona del Rey designado por Franco o estaban con el rabo entre las piernas. 

    Claro, luego ellos rompieron con el PCE en los 80, no por motivos de la traición de Carrillo a la clase obrera y al pueblo español, no, sino por motivos de la traición al prosovietismo que estaban haciendo los eurocomunistas. Como vemos, España y su historia nunca les han interesado. Solo la URSS, las banderas rojas y el folclore socialista (que en ese momento representaban sus hermanos del este, sería una vergüenza llamarlos soviéticos). “Cuando la URSS cayó, cavamos una trinchera y nos resguardamos en ella”, decía Carmelo Suarez (Secretario General del PCPE) hace unos meses. 

    En cuanto a los del PCOE, también manifestaban ese prosovietismo capitulador. Incluso hoy en día se les puede ver rescatando ese mote de “¡pro-chinos!” (qué era como los revisionistas llamaban a los que se oponían a la traición jruschevista) cuando intentan atacar a los comunistas. 

    El PCOE se funda antes de la transición, de la reforma del régimen, de la mentira que perpetuo el monopolismo en este país...¿Y qué hizo para detenerlo? 

    Por cierto, en aquella época el PCOE defendía la “democratización de España”. Ese “etapismo” del que les gusta hablar últimamente a todos estos grupos, es el que ellos profesaron por mucho tiempo. De todos modos, “etapistas” o no, hay una regla general en el revisionismo: quedarse solo en los papeles. 

    2. El Movimiento Antifascista del 36 se difumina en los 70 sin motivo aparente

    Como revisionistas, como burguesía disfrazada dentro del movimiento obrero, nos reproducen en la teoría y en la práctica todas y cada una de las chapuzas historiográficas del fascismo: España dejó de ser fascista y pasó a ser un Estado democrático-burgués, el Rey ni pincha ni corta y no importa nada que un país sea monárquico o republicano y la Guerra “Civil” y la posterior resistencia antifascista son cosas del pasado y no hay que reabrir viejas heridas.

    No hay que reabrir viejas heridas, estas fueron cerradas en la transición. La Resistencia contra el fascismo, que era el movimiento revolucionario de la clase obrera y el pueblo, acaba en 1975 (cuando Carrillo se casa con el Borbón) y no hay nada más que hablar. Siguen la máxima de la ideología burguesa del carpe diem. Vivamos el presente y no hablemos del pasado. 

    Historiografía burguesa y revisionismo se unen. No es raro. Unos son los enemigos externos y otros los enemigos internos, dentro de las propias filas del proletariado. 

    Sin embargo vemos como en todas las manifestaciones y concentraciones que se dan a lo largo y ancho del país, salen jóvenes con la bandera republicana, la bandera de la resistencia. Vemos como cada día hay decenas de personas que condenan el golpe de Estado del 18 de Julio, que no quieren que esto quede como una derrota. Por eso hablan de la III República. Pero hay un vacío creado intencionadamente, como decimos, para no ligar el presente con el pasado y para así no darle forma a la línea revolucionaria en este país. 

    Si el enemigo de 1936 era el mismo que en 1940, el mismo que en 1950, el mismo que en 1965, el mismo que en 1975 y, como se ve cada día, el mismo enemigo que lo fue en 1980 y lo es en 2013 (el monopolismo y sus formas de dominación fascistas), la resistencia antifascista también tiene que tener una continuidad: una historia paralela. Y es que efectivamente la hay. 

    Porque el PCPE y el PCOE nos cuenten que hay un vacío histórico desde 1975 hasta hoy, no significa que esto sea así. Por mucho que, al igual que los burgueses, tengan la total libertad para difundir esto en su propaganda, en sus webs y ante nuevos jóvenes que intentan captar. 

    Por tanto, si los socialdemócratas están aceptando incluso que en la transición se da una reforma del propio Estado. ¿Cuál debería haber sido la tarea principal del movimiento antifascista que nació en 1936? Denunciar la farsa. ¿Había otra alternativa?

    3. Nuestros revisionistas mienten, la resistencia que ellos traicionaron: continúa. 

    El PCPE y el PCOE no lo cuentan, pero hubo organizaciones antifascistas de todo tipo que denunciaron la maniobra del régimen. Por ejemplo: el Partido Comunista de España (reconstituido), los Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre, el Socorro Rojo, la Organización Democrática de Estudiantes Antifascistas, la Unión de Juventudes Antifascistas, Pueblo y Cultura, Mujeres Antifascistas etc... En definitiva, una serie de organizaciones que denunciaron la farsa hasta las últimas consecuencias (a las cuales se le impusieron la persecución y la ilegalidad).

    Estamos hablando de hombres y mujeres que no salieron de la nada. Muchos venían de organizaciones traidoras y claudicadoras, incluso del mismo PCE. Y en un proceso que duró años, intentaron retomar la dirección e impulsar ese movimiento antifascista traicionado.

    La represión fascista recayó entonces sobre su enemigo natural: los antifascistas que no se vendieron. Los legítimos continuadores de las 13 Rosas Rojas y José Díaz. No eran legítimos porque lo dijesen los papeles, no, sino porque lo demostraron con hechos, en la calle. 

    Al final hay que darle la razón a Roque Dalton cuando decía: 

    “La política se hace jugándose la vida o no se habla de ella. Claro, se  puede hacerla sin jugarse la vida, pero uno suponía que sólo en el campo enemigo.”

    Y es cierto, por supuesto, que el movimiento antifascista perdió a una gran parte de su fuerza durante la transición. ¿Pero quién tiene la culpa?

    ¿De quién es la culpa de que hoy en día no se hable de la actualidad de la resistencia? ¿De los propios antifascistas? ¿O de los que defienden y propagan el cuento de la transición? O sea: de los que le hacen el juego al fascismo. 

    No será la culpa de los 31 asesinados o de los 1300 encarcelados de las anteriores organizaciones citadas (de los cuales algunos continúan en las cárceles). Ni tampoco del Movimiento de Liberación Nacional Vasco y parte del Catalán y Gallego que siguieron la lucha (con decenas de muertos y centenas de presos actualmente, recordemos). Mucho menos culpa de los 600 muertos durante la transición en las manifestaciones contra el régimen.

    Gracias a nuestros revisionistas el movimiento obrero y popular en este país no se encuentra a sí mismo, porque le han robado su historia. Le han aturdido. Y el movimiento obrero y popular tiene que reencontrarse con su pasado para entender su presente. Su significado: la lucha contra el mismo enemigo.

    En las manifestaciones por toda Europa, aún resuenan consignas como el “No pasarán”. La consigna del pueblo madrileño se ha internacionalizado, pero el movimiento que la engendró ha sido traicionado. 

    ¿Cómo hablarles a los progresistas venezolanos de su lucha sin Bolívar y la independencia del Imperio Español? ¿Cómo hablarles a los revolucionarios cubanos sin la lucha en el Bayamo contra el colonialismo a finales del siglo XIX? ¿Y a la resistencia francesa contra el nazismo sin 1789? Es imposible.

    Porque el Movimiento Antifascista en este país no solamente nace como expresión del movimiento obrero y popular contra el fascismo y el monopolismo, sino que, además, tiene unos objetivos muy claros: la recuperación de la República Popular que los fascistas nos robaron para así poder realizar la tarea histórica del socialismo. Por el carácter monopolista de este Estado, ya no caben medias tintas. Sin la Dictadura del Proletariado no se puede hablar de una República Popular y sin República Popular no podemos hablar de la Dictadura del Proletariado. No hace falta decir que la lucha por el derecho de autodeterminación del pueblo vasco, catalán y gallego va estrechamente unido a los objetivos estratégicos de la resistencia antifascista.

    El silencio intencionado del revisionismo deja estos objetivos como inconclusos. Para ellos la historia de la resistencia antifascista se pierde en los 70 para siempre, solo porque ellos, los del PCPE y el PCOE, no hicieron nada en los 70 para parar la reforma del régimen. 

    La burguesía no considera a la Historia como una ciencia porque a través de ella su chiringuito se cae a pedazos en todo el mundo. 

    Aquel 20 de Abril de 1979, cuando Juan Carlos Delgado de Codes se encontraba en la puerta del metro de Lavapiés, fue rodeado por tres policías. Uno de ellos acercó la pistola a la sien de Juan Carlos (que estaba desarmado) y disparó. Su delito: continuar la resistencia.
    Decíamos al principio que el responsable de su asesinato fue el mismo que el de los fusilamientos de las 13 Rosas Rojas. Casualmente 40 años después. Es decir, que cuando los revisionistas del PCPE dicen que nuestro país ya había dejado atrás el fascismo y se había incorporado a las magníficas bendiciones y derechos de la democracia-burguesa (aunque no expliquen cómo se da este proceso), la misma bota que aplastaba antes a los revolucionarios, seguía haciéndolo.

    Para el revisionismo hay héroes de la resistencia antifascista que son de primera y héroes de segunda (o tercera o incluso olvidados y silenciados). Mientras más alejados en el tiempo están, mejor, así no tendrán que ser consecuentes y responder con actos a aquellos que denuncian.

    En definitiva: la Resistencia Antifascista en España no es ninguna memoria que llorar, señores de los CJC, está más viva que nunca y cumplirá el papel por el cual nació. Hablamos de su “homenaje” a las 13 Rosas Rojas entre comillas porque no hacen ningún homenaje.

    El mejor homenaje: continuar la lucha.



    Emilio Moyano Aguado



    0 0

    Juan Manuel Olarieta


    Hace unos días un militante de UJC del barrio de Tetuán (Madrid) fue agredido en la estación del metro de Estrecho. Parece ser que el agresor, que exhibía una estética nazi-fascista, arremetió a golpes contra el joven comunista por ir vestido con una camiseta con el lema “Antifascista Siempre”.

    Otro militante de la misma organización ya fue agredido hace unas semanas durante las fiestas de Leganés (Madrid) por militantes de las juventudes del PP. No sabemos si llevaba la misma camiseta u otra diferente. Es un detalle importante para saber si nos encontramos en presencia de una guerra estética, es decir, si en la estética también han empezado las guerras, lo cual sería una novedad en la historia que habría que tomar en consideración para incorporarla al materialismo histórico.

    El comunicado que con motivo de esta guerra estética ha difundido UJC es como el muro de las lamentaciones de Jerusalén, donde los creyentes introducen papelitos con sus buenos deseos entre las grietas de las piedras.

    Primero UJC se lamenta de que el fascista atacante pudiera darse a la fuga sin que los guardias de seguridad hicieran nada por impedirlo. Luego también se lamenta de que las autoridades no pongan los medios necesarios para atajar "este tipo de situaciones", que es una manera con la que posiblemente se quieran referir a "este tipo de crímenes". O por lo menos eso creo yo, porque no me imagino que la propia organización afectada por el crimen haya querido disminuir deliberadamente la importancia del ataque, rebajándolo a la condición de mera "situación".

    Como no podía ser de otra forma, en el comunicado llega finalmente esa retórica de las "condenas" que se ha impuesto en España de un tiempo a esta parte. Es como cuando te asaltan en la calle para que firmes un comunicado de condena. Yo siempre firmo, pero no porque esté en contra de todo, no, sino porque no hay nada más gratificante que sentirte en la condición de juez (independiente, claro, por encima del bien y del mal), que es como un pequeño dios que se dedica a investigar, juzgar y sentenciar los crímenes porque así es como acaba con ellos, condenándolos, o sea, enviándolos al infierno.

    La "condena" es un tipo de lucha no violenta que me entusiasma especialmente. ¿Condenas la violencia de género? ¿Y al fascismo? ¿Y la tortura? ¿Y el terrorismo? ¿Y el paro? ¿Y los recortes? Si los problemas se resolvieran con comunicados de condena, España sería el paraíso. El problema es que nunca han hecho caso a nuestras "condenas", que yo sepa, y es algo muy serio porque a veces se trata sólo de una condena vulgar y corriente, pero la mayor parte de las veces, como en el comunicado de UJC, expresan su "más firme" condena; nada menos. Si yo fuera una autoridad pública estaría muerto de miedo. Pero las autoridades de este país, según parece, son unos valientes y no tienen miedo de ir al infierno después de tantas condenas como se emiten a diario.

    La retórica del comunicado de UJC prosigue como es habitual en estos casos: con el exabrupto del "fascismo", que se ha puesto de moda otra vez en España. La UJC dice que el fascismo ha vuelto a actuar impunemente en las calles de Madrid, donde vuelve a mostrar su cara más violenta. ¿De veras esa es la cara más violenta del fascismo o es la más violenta que conoce UJC? Yo conozco otras muchas que son aún peores. Les harían poner el grito en el cielo y redactar muchos más comunicados para expresar su "más firme condena".

    Todo se aclara cuando UJC habla de "estética nazi-fascista" o califica al fascismo como una "ideología criminal". Que se lo digan a su camarada apalizado. ¿Realmente los golpes se los propinó una estética? ¿Una ideología quizás? ¿Fue también la II Guerra Mundial cuestión de estética o de ideología? Y la guerra civil española, ¿tenía algo que ver con la estética o la ideología? Dicho de otra manera: ¿qué le dolió más al joven comunista: los golpes o la estética y la ideología de su agresor? Por ejemplo, si los golpes se los hubiera propinado alguien con estética UPyD, ¿le hubieran dolido menos?

    Pero la sangre no llega al río. El exabrupto "fascista" sólo aparece en este tipo de comunicados cuando la cosa se pone fea, cuando hay agresiones, torturas, etc. Cuando eso no ocurre, todo vuelve a la normalidad, que es siempre la democracia, las elecciones, el pluripartidismo, las libertades y los derechos humanos. El fascismo es de quita y pon, típico de un Estado camaleónico, demócrata por la mañana y fascista en cuanto el sol se pone.

    Si eso es así, si este Estado es camaleónico, no cabe duda de que el lema que el joven comunista llevaba en su camiseta, eso de “Antifascista Siempre”, es un error porque no es camaleónico, es decir, no está a tono con este país. Debería poner: “Soy antifascista sólo a partir de las 8 de la tarde”. No tiene sentido serlo por las mañanas.

    Lo mismo podemos decir del agresor que, seguramente, es otro camaleón, uno de esos demócratas de las juventudes del PP. Lo que ocurre es que su estética y su ideología, que son fascistas, le incitan a cometer ese tipo de ataques.

    Otro de los papelitos que UJC mete en el muro de las lamentaciones de Jerusalén es su deseo de que las autoridades atajen estas "situaciones" tan condenables. Pero, ¿a quién reconoce UJC como "autoridad" en este país? ¿Considera UJC que la "autoridad" es algo distinto del mamporrero del barrio de Estrecho que vestía con estética nazi-fascista?

    Es un error que ya cometieron Stalin, Voroshilov y compañía cuando los fascistas empezaban a atacar: no sólo no emitieron un comunicado para expresar su "más firme condena" sino que, además, tampoco acudieron a la autoridad de la Sociedad de Naciones para atajarlo. Así nos luce el pelo.

    Si UJC va a recoger firmas, desde ahora les digo que cuenten con la mía (pero sólo a partir de las 8 de la tarde) y quedo a la espera del siguiente comunicado de condena.

    El artículo se puede descargar en pdf aquí:

    Recordamos a los lectores del blog que los artículos de Olarieta pueden descargarse aquí:


    0 0

    Juan Manuel Olarieta


    — el artículo apareció publicado originariamente aquí — 


    En mayo de 2012 se destapó una red de espionaje, el caso Pitiusa, que manejaba un ingente volumen de información sobre los ciudadanos de este país. Policía, Guardia Civil, Ejército, Servicios Secretos y empresas privadas aparecen confabulados en una trama, la mayor conocida hasta la fecha, que no va dirigida contra ningún país extranjero, ni tiene tampoco objetivos militares.


    La conexión del CNI con este entramado es obvia. El imputado clave de la trama es Matías Bevilacqua-Brechbuhler, que trabaja para el CNI, según ha confirmado a la policía el propio servicio de espionaje. De origen argentino, Bevilacqua empezó su carrera como pirata informático y en Barcelona organizó la empresa CF Labs por cuenta del CNI. Fue director técnico de la plataforma esCERT, encargada de coordinar el Proyecto Europeo EISPP, financiado con fondos comunitarios.


    CFLabs participa en el Laboratorio de Protección Cibernética de Infraestructuras Críticas, una de las empresas adjudicatarias del Centro Nacional de Excelencia de Ciberseguridad. No es más que una subcontrata del Ministerio del Interior. La Comisión Europea adjudicó el proyecto a dicho Ministerio, al Instituto de Ciencias Forenses y de la Seguridad (ICFS) y a varias empresas privadas asociadas al mismo.


    El Centro Nacional de CiberSeguridad es el primer centro de espionaje informático español creado tras el Programa de Infraestructuras Críticas (PEPIC) aprobado por la Unión Europea con el objetivo de ”proteger la seguridad nacional del ciberterrorismo y el espionaje industrial”, una necesidad creciente como consecuencia de la rivalidad entre las grandes potencias imperialistas y entre las grandes multinacionales. Tiene su sede en el campus de la Universidad Autónoma de Madrid donde reside el ICFS y está dotado con una subvención de más de 700.000 euros concedidos por la Comisión Europea.


    Durante su detención a Bevilacqua le fueron intervenidos 140.000 euros en metálico, que justificó a la policía diciendo que era el pago de unos trabajos realizados para el CNI, si bien la policía maquilló su declaración, reemplazando las siglas del espionaje por “Defensa”. Su caso es parecido al de Hellín, otro asesor de los aparatos represivos del Estado. Impartía numerosos cursos de formación a jueces, fiscales y miembros de la policía y la guardia civil.


    Bevilacqua fue quien capturó los correos electrónicos de Urdangarin, que fueron luego difundidos por Diego Torres, su antiguo socio en Noos. El abogado de Urdangarin pagó 7.000 euros a CF Labs para recuperar los correos electrónicos del disco duro de la agencia que llevaba las cuentas del Instituto Noos.


    El pirata era omnipresente. También trabajaba para dos de los detectives implicados en la trama Pitiusa, Sara Dionisio y Juan Manuel Olivera. Este último era propietario de Vertex, la empresa que espió a Ignacio López del Hierro, marido de María Dolores de Cospedal. Ambos habían coincidido en la empresa Cybex con Bevilacqua antes de que éste fundara CF Labs.


    El administrador de Cybex es el detective Juan de la Torre, de la agencia Intelligence Bureau y en ella trabajaba también Sergio Córcoles, policía local de Santa Maria de Palautordera, que era propietario de un apartamento en un complejo de cala Portinatx, en la costa ibicenca. Nadie se preocupó nunca por la fuente de ingresos de aquel modesto policía municipal que disfrutaba de tan lujoso chalet.


    Tradicionalmente Baleares ha sido el núcleo de operaciones de espionaje. En este caso el jefe del CNI en las islas ha tenido que prestar declaración en la causa.


    El CNI puso a Bevilacqua a trabajar para el gobierno de Chávez en materia de seguridad informática, aunque la prensa escribió la noticia al revés: "El imputado Matías Bevilacqua ha asesorado en materia de seguridad informática al Gobierno de Hugo Chávez", titulaba el ABC el 31 de julio del pasado año.


    Las multinacionales son uno de los nichos de información y de negocio del espionaje moderno. Yolanda Menal, directora de recursos humanos de la multinacional Unilever en España, ordenó a Bevilacqua espiar tanto a proveedores como a empresas de la competencia. Pero además controló el correo electrónico de sus propios subordinados sin que se enterasen para afianzar su propio poder y utilizaba los datos para despedir a los trabajadores. En otras ocasiones Unilever los utilizaba para el chantaje. A través de las conversaciones telefónicas intervenidas se demuestra que ofrecían a los trabajadores permisos retribuidos como salida menos mala y, ante notario, le revisan su ordenador para dar así cobertura legal a las informaciones que habían extraído previamente del ordenador de forma ilegal.


    Con el mismo fin de represión laboral, la multinacional Du Pont también intervino los ordenadores de tres trabajadores a los que quería despedir. Quien encargó las investigaciones en esta ocasión fue el director del gabinete jurídico, José Luis Badia, que tiene su despacho en Ginebra. El volumen de datos incautados en los discos duros de los correos alcanza los 13 gigas de documentación. Los informes que obran en el sumario son contundentes: los pinchazos de los correos electrónicos de los empleados se realizan para “motivar los despidos” ante los tribunales.


    Bevilacqua también pinchó el ordenador del consejero delegado de Minas de Río Tinto, Carlos Estévez, por encargo de la competencia: “Pinchamos en Outlook, lo conectamos vía Imap, hacemos una réplica en local, podemos probar a descargarlo desde el despacho y, si funciona, ya no tenemos que hacer nada más”.


    También fue citado a la comisaría de policía Eduardo Garriga, el antiguo director gerente de la compañía de seguros Mutua Universal.


    En una de las conversaciones telefónicas grabadas por la policía al detective Aitor Gómez y a un tal Tino, un guardia civil le dice al detective: "Si vienen los del centro [CNI] es para dar cobertura al informante, no para organizar ellos nada [...] Es simplemente de protección, porque no se fían de la Guardia Civil, que es lo que me dijiste".


    Lo bueno de montar estos tinglados, además de financiar el CNI, es que cuando se destapa presentan el asunto como si algún desaprensivo estuviera comerciando con datos privados para su provecho particular. Así es como presentaron el año pasado a la trama Método3 que espiaba a los futbolistas del Barcelona. En el caso Pitiusa son nada menos que 80 las agencias de detectives implicadas.


    Ningún particular ni red privada es capaz de organizar algo así. El caso Pitiusa es la trama de criminal más importante organizada en Europa desde los tiempos de los GAL. Sólo Gladio es comparable. Han sido capaces de infiltrarse en el Inem, Hacienda, juzgados o policía y han accedido a todo tipo de información sobre cualquier persona que vive en este país. Contaban con tan buenos informantes que incluso algún soplón les alertó en diciembre de 2011 de que la policía estaba tras sus pasos.


    Además del CNI formaban parte de su trama de colaboradores una red de funcionarios que se extendía por Hacienda, la Policía Nacional, la Guardia Civil, el INEM, el catastro, la Seguridad Social, Sanidad, Hacienda vasca, Tráfico, Registro de la Propiedad, juzgados, entidades bancarias, compañías eléctricas, empresas de alquiler de coches, agencias de viaje, compañías aéreas, Movistar, Orange, e incluso estaban a punto de conseguir un infiltrado en Visa y otros monopolios similares.


    Para entender este tipo de entramados hay que entender que en su nuevo estatuto de personal el CNI está captando a sus espías entre directivos de multinacionales españolas y extranjeras. Para financiarse el CNI, vendía luego los datos a los bancos, preocupados por la solvencia de sus clientes, devoradores de un listado de nombres, teléfonos e historias laborales que crecía mes a mes.


    Aunque el sumario tiene ya 60 tomos, no hay ningún cálculo sobre el volumen de datos e informes con los que ha traficado esta red a lo largo de los años que llevaba operando. Tampoco constan las personas que han sido espiadas. No se ha cuantificado la magnitud del delito, ni en dinero, ni los datos robados, ni las personas afectadas. La desconfianza hace pensar en la capacidad de la red para poder robar datos médicos y vendérselos a empresas aseguradoras, o a los mismos bancos en cuyas hipotecas incluyen seguros de vida.


    Desde sus inicios el número de imputados ha pasado de los 70 iniciales a los 183 actuales. La progresión geométrica con la que aumenta indica que se trata solo de la punta del iceberg.


    En la oficina del Inem de Badalona los funcionarios no solo atendían a los trabajadores que buscaban empleo, sino que también horneaban galletas, preparaban empanadillas, fabricaban camisetas y hacían fotocopias. Con esas palabras en clave se entendían los funcionarios de la oficina y Francisco García Pérez, "Paco El Conseguidor", funcionario jubilado que había trabajado en ella y seguía ejerciendo como intermediario de la red. En el sumario consta que una pareja de informadores, Ana Xicola y Eduard Ferrer Torres, pasaban cada mes "hasta 2.500 y 3.000 consultas" a Paco.


    En la trama se han visto implicados todos los cuerpos del Estado (agentes judiciales, policía nacional, guardia civil, militares), todos ellos encabezados por los únicos que tienen patente de corso: los chicos del CNI. Las ramificaciones del caso salpican a ministerios como los de Trabajo e Interior, al CNI y un sin fin de jueces, militares y policías.



    Ninguno de los 183 implicados está en prisión.


    El artículo puede descargarse en PDF aquí:


    0 0

    Nos ha llegado un correo con lo siguiente:

    Envío algunos números de marzo de 1939 escaneados de "La Voz", periódico de la tarde de Madrid. Mas que nada para hacerse una idea del clima que reinaba tras la derrota de las fuerzas republicanas ante las fuerzas de Casado, Mera y compañía. Interesantes, por lo que sucedió tres días después , las mentiras vertidas por Mera-Casado-Besteiro ("no dejaremos gobernar a una minoría despótica": los comunistas, claro. Los nacionalistas eran, al fin y al cabo, patriotas que querían la paz, como ellos), la noticia de la detención de Ascanio, de Luis Barcelo Jover, la bilis y el odio contra el PCE, que sustituyó en las cárceles a los fascistas, etc. Fue el necesario prólogo a los fusilamientos en masa. Espero que lo consideréis de interés. Saludos

    He aquí los números de La Voz que hemos recibido:
    https://mega.co.nz/#F!HUIxhDoY!GAiDiz5-La4yo0nCasDlrg


    0 0

    Óscar Miguélez

    Marx y Engels no pudieron elaborar una línea general capaz de orientar al proletariado en su lucha contra la opresión nacional, aunque entre sus escritos abundan las aproximaciones concretas, inspiradas por las circunstancias particulares de cada país. El motivo es que entonces las naciones estaban en periodo de formación, lo que bajo el Imperio Austro-Húngaro se conoció como la "primavera de los pueblos", en referencia a la revolución de 1848. En tales condiciones no era posible que el proletariado tuviera un programa propio al respecto que, naturalmente, no puede ser idéntico al de la burguesía.


    A pesar de ello, abundan los oportunistas que partiendo de cartas y apuntes al vuelo han tratado de deducir conclusiones generales, válidas para cualquier nación y cualquier momento histórico. Esos intentos son tanto más infructuosos en cuanto que no tienen en cuenta algunas circunstancias, que son muy importantes:


    a) en la primera mitad del siglo XIX el capitalismo estaba en su fase de expansión

    b) los escritos de Marx y Engels sólo ocasionalmente van más allá de Europa

    c) Europa estaba en proceso de formación, su mapa político era bien diferente del actual

    d) los movimientos nacionales en Europa formaban parte de la revolución democrático-burguesa


    Esas condiciones desaparecieron. En la actualidad la cuestión nacional está ligada a algo mucho más general, el imperialismo, una fase superior del capitalismo que Marx y Engels no conocieron. A diferencia de aquella época, en la actualidad, la cuestión nacional no sólo forma parte de la revolución socialista sino, además, de otra serie de cuestiones, tales como el colonialismo, el indigenismo o la cuestión racial.


    Sólo al llegar esta nueva fase el proletariado pudo disponer de una perspectiva más amplia, verdaderamente internacional, para elaborar una línea política de igual dimensión, una tarea que llevaron a cabo Lenin, Stalin y la Internacional Comunista. Bajo el imperialismo, los principios elaborados por los comunistas para resolver la cuestión nacional, sirven también de fundamento para resolver las demás cuestiones conexas a ella: colonial, indígena, racial, etc.


    Durante la primera etapa del capitalismo Marx y Engels no pudieron adoptar una postura única ante unas u otras naciones, de manera que mientras hoy unos oportunistas se aferran a un repertorio de citas literales, los otros se apoyan en otro diferente, e incluso opuesto. Traídas a la actualidad, la mayor parte de esas referencias están fuera de contexto y constituyen otras tantas manipulaciones históricas del pensamiento de Marx y Engels, que en unos casos parece que eran independentistas, como en sus conclusiones sobre Irlanda o Polonia, mientras en otros son furibundos unionistas, como en el caso de los eslavos del sur.


    A ello hay que añadir que su criterio con respecto a algunas naciones, por ejemplo Irlanda, cambió con el tiempo, como reconoció el propio Marx, entre otros escritos, en una carta a Engels de 2 de noviembre de 1867. Lenin no sólo analizó aquel giro de Marx sino que explicó sus dos motivos:


    a) la posición hegemónica del imperialismo británico en el mundo a lo largo del siglo XIX y la formación de la aristocracia obrera en Inglaterra


    b) que Marx no hacía de los movimientos nacionales algo "absoluto", algo con entidad por sí mismos, al margen de las clases y de las luchas entre ellas


    Es importante retener este segundo motivo: los movimientos nacionales no son nada en sí mismos, sino movimientos de las clases sociales. Ahí Stalin reconocía la "esencia de clase de la cuestión nacional" (1) y en uno de sus primeros escritos lo explicó así: "La cuestión nacional sirve en las distintas épocas a distintos intereses y adopta distintos matices según la clase que la promueve y la época en que se promueve" (2).


    Los escribanos de bajos vuelos han creído encontrar aquí contradicciones, incoherencias o incongruencias. Aún no han entendido que la cuestión nacional cambia con la situación de las clases sociales o el momento histórico o, por decirlo de otra manera, la cuestión nacional, como cualquier otra cuestión, hay que analizarla en concreto, es decir, hay que llevar a cabo un análisis concreto de la situación concreta.


    Hay un segundo aspecto en las cartas de Marx sobre Irlanda que desarticula uno de los tópicos más manoseados (y falsos) del materialismo histórico, según el cual Marx y Engels se equivocaron porque ingenuamente creyeron que la revolución empezaría en los países más adelantados. Siempre que los escribanos lanzan estos tópicos absurdos nunca mencionan sus fuentes. ¿En que obra defendieron esa tesis? La lectura de los apuntes de Marx sobre Irlanda demuestra más bien lo contrario: Marx no sólo dice que la revolución puede empezar en un país atrasado, como Irlanda, sino que sería conveniente que así fuera:


    "Durante mucho tiempo creí que sería posible derrocar al régimen irlandés por el ascenso de la clase obrera inglesa [...] El estudio más profundo ahora me ha convencido de lo contrario. La clase obrera inglesa nunca logrará nada antes de que se haya liberado Irlanda. La palanca debe ser aplicada en Irlanda. Es por ello que la cuestión irlandesa es tan importante para el movimiento social en general"


    Introducir dentro de la agenda de la Primera Internacional la lucha contra la opresión nacional fue una de tantas batallas libradas contra el falso "internacionalismo" de los proudhonistas. En 1870, en una comunicación confidencial que remitió a la Primera Internacional, Marx propuso formalmente a la organización internacional del proletariado la aprobación del siguiente programa: "La actitud de la Asociación Internacional en el problema de Irlanda es absolutamente clara. Su primer objetivo es acelerar la revolución social en Inglaterra. Con tal fin es preciso asestar el golpe decisivo en Irlanda" (3).


    Pero el programa del proletariado no es un brindis al sol sino, ante todo, una práctica y por eso el 24 de octubre de 1869 la Primera Internacional convocó en Londres una manifestación exigiendo la amnistía para los presos políticos irlandeses, una preocupación sobre la que Marx insistió en varias reuniones de la dirección de la Internacional.


    Los hechos volvieron a dar la razón a Marx y Engels: la revolución estalló primero en Irlanda. Pero eso no es más que una parte de la cuestión: cuando ellos dijeron que lo más conveniente era que la revolución empezara en Irlanda, ¿a qué se referían exactamente? ¿A Irlanda? No. Se referían al proletariado inglés (y secundariamente también al irlandés). Por eso la manifestación en defensa de los presos políticos irlandeses no se convocó en Dublín, sino en Londres.


    Esa es la esencia clasista de la cuestión nacional. No se trata de dejar la lucha contra la opresión nacional circunscrita dentro de los límites de la nacionalidad oprimida sino, ante todo, de llevarla a la nacionalidad opresora y, en última instancia, al proletariado internacional. Ahora sólo queda que los comunistas españoles empiecen a pensar seriamente en celebrar en Madrid la Diada Nacional de Catalunya o en convocar manifestaciones por la liberación de los presos políticos vascos.


    En consecuencia, a pesar de la singular casuística de cada nación y cada momento, Marx y Engels abordaron el problema nacional sobre criterios de clase, partidistas. En 1917 Stalin dejó muy clara la disyuntiva en la VII Conferencia del partido bolchevique sobre el mismo asunto: "Existe un movimiento por la independencia en Irlanda. ¿Con quién estamos nosotros camaradas? O estamos con Irlanda, o estamos con el imperialismo inglés".


    Puesto que los movimientos nacionales son movimientos de las clases sociales, Marx y Engels aportaron el punto de vista de la clase obrera al respecto. A diferencia de los proudhonistas y anarquistas actuales, que se desentienden de la cuestión nacional porque dicen estar en contra de las naciones y las fronteras, que son asuntos propios de "burgueses", los marxistas siempre los hemos incluimos dentro de nuestro programa.


    Sin embargo, hoy algunos que se llaman marxistas siguen defendiendo ese criterio nihilista, justificándose con aquello de que son "internacionalistas" y que "el proletariado no tiene patria". Son apartidistas y, por consiguiente, ajenos al marxismo. Se les olvida la segunda parte de esa frase del "Manifiesto Comunista": la lucha del proletariado es internacional por su contenido pero nacional por su forma. Stalin lo explicó de una manera muy precisa y elegante en un discurso pronunciado en 1925:


    "Proletaria por su contenido, nacional por su forma: tal es la cultura universal hacia la que marcha el socialismo. La cultura proletaria no suprime la cultura nacional, sino que le da contenido. Y, por el contrario, la cultura nacional no suprime la cultura proletaria, sino que le da forma" (4).


    Al proletariado le interesa, pues, abordar la cuestión nacional, tiene que incorporarla a su propio programa aunque, lógicamente, en ningún caso puede incurrir en el seguidismo respecto a la burguesía, es decir, el programa nacional del proletariado no es el mismo que el de la burguesía. Puede coincidir en parte con el de la burguesía, pero no puede ser idéntico a él.


    Notas:


    (1) Stalin, Informe al XII Congreso

    (2) Stalin, Cómo entiende la socialdemocracia la cuestión nacional

    (3) Marx, Extracto de una comunicación confidencial a la dirección de la Internacional
    (4) Stalin, Sobre las tareas políticas de la Universidad de los Pueblos de Oriente


    0 0

    Óscar Miguélez

    En plena celebración de la Diada el Diario Octubre publica un infame artículo de Eduardo J. García titulado nada menos que "Los fachalanes" en donde arremete sin el más mínimo pudor contra el independentismo catalán. El encabezamiento ya deja claro que, según García, el fascismo no está entre los opresores sino entre los oprimidos. A partir de ahí cualquier cosa es posible y para comprobarlo no hay más que tener estómago para digerir el artículo en su integridad.

    En las tres décadas y media transcurridas desde la transición y, a pesar de la creación del Estado de la Autonomías, las contradicciones nacionales en España no se han amortiguado, sino todo lo contrario. Los centralistas tienen la impresión de que han cedido inútilmente, reaccionan para disimular que la opresión nacional sigue existiendo y pasan a la ofensiva lanzando el siguiente argumento: durante la transición España se transformó en un Estado democrático, prueba de lo cual es que concedió las más amplias competencias a las autonomías (naciones). ¿Qué más quieren los independentistas?

    Son insaciables y no se conforman con nada. En la argumentación centralista no sólo la opresión nacional ha desaparecido, sino incluso la propia Catalunya, "un país que no ha existido jamás", según García. Entonces la duda es lógica: si no hay opresión nacional, ¿de qué se quejan los independentistas? Y lo que es aún más extraño: ¿cómo es posible que el nacionalismo no sólo no haya sido desactivado, sino todo lo contrario, haya multiplicado sus fuerzas? ¿Cómo puede crecer un problema que ya está solucionado?

    El artículo de García que publica el Diario Octubre, como tantas otras publicaciones fascistas, no reconoce la existencia de una situación oprobiosa de hecho, el sometimiento nacional de Cayalunya, sino sólo un problema subjetivo, que son los nacionalistas (la burguesía nacionalista) o, dicho de otra manera, los nacionalistas (la burguesía nacionalista) están creando un problema donde no lo hay.

    La maniobra no puede ser más repugnante. Constituye un alineamiento descarado con el Estado fascista en contra de los oprimidos, afirmando que el verdadero problema son ellos. Los que realmente están oprimidos son los fascistas y su España (una, grande y libre). En este país el oportunismo sigue despeñándose por los abismos de la más descarada degeneración moral e intelectual, presentando al viejo falangismo con un nuevo rostro de "izquierda". La UCE no es más que un ejemplo, de los que hay varios. A García y el Diario Octubre se les ha quedado pegado al paladar hasta el lenguaje fascista, cuando califican de "batasunos" a los miembros de la CUP.

    Los oportunistas son al comunismo lo que el inglés a Ana Botella. Pretenden que es algo consustancial al comunismo crear "grandes Estados", o que la unidad del Estado (por las buenas o por las malas) garantiza la unidad de la clase obrera, o que son los imperialistas (extranjeros) quienes pretenden dividir a la sagrada patria (que es España), lo mismo que hicieron en los Balcanes.

    Cuando en España se habla de nacionalismo el subconsciente nos traslada mecánicamente a Galicia, Euskadi o Catalunya. Fuera de ahí no hay nacionalismo; los españoles no son nacionalistas, un término que hoy, en los tiempos del Banco Mundial, la UE y la OTAN se ha convertido en sinónimo de terrorismo, violencia, intolerancia, etc. Además de arcaico, el nacionalismo es hoy contraproducente... siempre que se trate del nacionalismo de los demás, el de los oprimidos, porque el propio no necesita presentarse como tal nacionalismo, sino todo lo contrario. Más bien alardean de internacionalismo y cosmopolitismo.

    Para justificar su alineamiento con la opresión, los nuevos falangistas de "izquierda", además de recordar la naturaleza burguesa del nacionalismo, exponen el amplio repertorio de "trapalladas" que cometen a cada paso en sus respectivos cortijos. Pero, ¿qué esperaban de la burguesía? A cada paso los falangistas (de derechas y de "izquierdas") nos recuerdan el victimismo de los independentistas. Es verdad, el victimismo existe, pero no es ficticio. Sus "trapalladas" son reactivas: se alimentan de las que proceden de Madrid que, por cierto, permanecen en un segundo plano.

    Es el propio centralismo fascista el que durante 35 años ha estado alimentando el crecimiento del independentismo en Catalunya y demás naciones oprimidas. A lo largo de las últimas décadas la burguesía catalana ha demostrado verdadera maestría política a la hora de explotar todas y cada una de las torpezas que proceden de Madrid. Pero algunos, como García y el Diario Octubre, siguen sin querer enterarse: los pequeños ejércitos ganan las guerras aprovechando los errores de los grandes.

    Aunque ese es un principio importante, no es en absoluto lo principal en este asunto. Lo que le está permitiendo a la burguesía catalana una hegemonía sin precedentes en su cortijo es la inhición, la absoluta torpeza de los que le hacen el caldo gordo al fascismo. Lo llamamos falangismo de "izquierda" pero la III Internacional lo calificó como "socialfascismo": socialistas de palabra y fascistas de hecho. Eso es lo que mejor define a García y a medios como al Diario Octubre, que se mantienen dentro de círculos insignificantes mientras las fuerzas de los "batasunos" crecen cada día.

    (*) Eduardo J. García: Los fachalanes (The catalan Way)

    0 0

    Juan Manuel Olarieta


    Foto policial de Fernand Iveton
    En 1956 Fernand Iveton trabajaba en la fábrica de gas Hamma de Argel, donde era el delegado sindical de la CGT. Su madre, Encarnación, era española y su padre había nacido en una inclusa.


    Lo mismo que Yahia Briki y Abdelkader Guerroudj, Iveton era militante del Partido Comunista argelino en la clandestinidad. Los tres formaban parte de la organizacion militar del Partido que operaba en la capital argelina integrada dentro del Frente de Liberación Nacional. Su responsable era Benaceur Toufik, que dirigía el comando.


    Para sabotear la empresa de gas, Iveton trató de detonar una bomba, pero fue detenido y torturado en la comisaría central de Argel durante tres largos días. En noviembre de 1956 un tribunal militar le condenó a muerte. Al pronunciar su veredicto, el público asistente irrumplió en aplauasos. Los colonialistas querían sangre. Eran los tiempos de la guerra fría; los comunistas estaban detrás de todo, incluso de las luchas anticoloniales.


    A pesar de la farsa de juicio, el recurso de Iveton fue rechazado por el entonces Ministro de Justicia, el fascista y socialista François Mitterrand. Fue guillotinado en febrero del año siguiente. Otros dos militantes del FLN, Mohamed Lakhneche et Mohamed Ouennouri, padecieron la misma suerte. Los tres se abrazaron inmediatamente antes de morir. Fue el encuentro de dos continentes. Demostraba que el proletariado no tiene patria.


    Pero la memoria es frágil. En 1965, cuando sólo habían transcurrido ocho años del asesinato, Mitterrand se presentó como candidato unitario de la izquierda (socialistas y "comunistas") en las elecciones presidenciales. Más de uno ya no se quería acordar de Iveton. En Argel los comunistas habían sido terroristas, pero luego en París estaban enfangados en el legalismo más estúpido.


    Las cosas empezaban a oler a podrido. "Los asesinos somos todos", escribió Sartre para definir aquel crimen y a la red de complicidades y silencios.


    Iveton fue un moudjahidine, un ejemplo de la activa participación de los comunistas (los de verdad) en los movimientos de liberación nacional de la época. Fue el único europeo entre los 198 presos políticos guillotinados durante la guerra de Argelia. Dos días después de la ejecución también detuvieron al abogado de oficio que le defendió, junto con otros 14 abogados más. Permaneciendo preso dos años sin juicio.


    Hace un par de años la Universidad de Bouzareah rendía un emocionado homenaje en el que participó aquel abogado, junto con Félix Colozzi, un camarada de Iveton, que volvió a recordar entre lágrimas a quienes, como Iveton, habían dado su vida por la independencia de Argelia.


    En el barrio obrero de El Madania, en Argel, donde vivía Iveton, una calle honra su memoria.

    Se puede descargar el artículo en pdf aquí: 
    https://mega.co.nz/#!mIRBBTRa!f2-uLT458tDzz3eqD5PNOV38Z7pE2rh7jvB_uiLzKYY


    0 0

    Juan Manuel Olarieta


    Dentro de la historia del pensamiento humano, la figura de Marx sobresale y se agiganta a cada momento. La lenta y laboriosa recopilación de las Obras Completas de Marx y Engels sigue siendo un filón inagotable de muchas cosas, pero sobre todo de sorpresas. Marx es un iceberg. No le conocemos, y los marxistas -con poquísimas excepciones- menos que nadie.


    A Marx le está ocurriendo como a Aristóteles, a quien llegamos a través de Tomás de Aquino y la Escolástica. También Marx tiene a sus propios escolásticos empañados en falsificar cada línea de su pensamiento. Con su insustancial retahíla de citas literales creen que ya está todo dicho, cuando en realidad todo está por decir y -sobre todo- por hacer.


    Así lo prueba la publicación, por vez primera, de los apuntes de Marx sobre geología, que datan de 1878, con anterioridad a sus investigaciones etnológicas sobre las sociedades primitivas no occidentales.


    Lo más sorprendente es que el interés de Marx por la geología no fue nada episódico ya que los manuscritos ocupan más de 650 páginas en letra impresa.


    Al morir Marx los papeles pasaron a manos de Engels y de ahí fueron a los archivos de la socialdemocracia alemana, que a mediados de los años veinte entregó una parte al Partido Bolchevique, previo pago de una cantidad importante de dinero. Pero se quedaron con otra parte y en 1933 los nazis se apoderaron de ella, yendo a parar a Copenhague y luego de vuelta a Londres. Se intentaron editar en 1980, pero el proyecto se paralizó ocho años después, volviéndose a reanudar la recopilación en 2003.


    Los editores han tardado una década en llevar los manuscritos a la imprenta y esperemos que no transcurra otro tanto para leer la traducción.


    También hay que esperar que la estupidez característica de la intelectualidad burguesa no vuelva al tópico falaz de que la burocracia stalinista escondió estos manuscritos en un cajón, como hicieron con los de economía y filosofía o con los de matemáticas...


    ¿Por qué le interesaba a Marx la geología? En principio para asentar su tesis sobre la renta de la tierra, que formaba parte del último tomo de El Capital. Es característico del estilo marxista exhaustivo, que sus discípulos -con poquísimas excepciones- no han seguido. En la exhaución marxista destaca la unión entre la naturaleza y la sociedad que ya aparecía en los manuscritos sobre filosofía y economía, que echa por tierra la separación entre ciencias naturales y ciencias sociales, y entre ellas y la filosofía, que es tanto como decir entre la teoría y la práctica: "Algún día habrá una sola ciencia", pronosticó Marx (1)y lo que hizo fue ponerse a la tarea, lo mismo que Engels, cuyos manuscritos sobre la Dialéctica de la naturaleza(2)son otra de las joyas del pensamiento científico de todos los tiempos.


    Pero hay un aspecto en los apuntes sobre geología de Marx que Martin Hundt pone acertadamente de manifiesto: la metodología científica (3), uno de los más tergiversados por su discípulos. Un tópico de la intelectualidad burguesa acostumbra a comparar (por no decir equiparar) al marxismo con el evolucionismo, pero se olvidan de la geología. En 1852 en la Contribución a la crítica de la Economía Política Marx el propio Marx ya había comparado a la geología con la historia. Las reflexiones de Marx sobre la metodología científica en la misma obra, ("El método de la economía política") tampoco se publicaron en su momento, y el ponerlas por escrito no ha cambiado la situación: siguen siendo ignoradas, quizá porque el método aparece al final como un apéndice, y no al principio, a diferencia del pensamiento burgués. Quizá el lector llega al final ya muy fatigado por la lectura. O quizá porque...


    ... porque una parte de esa metodología son los geniales añadidos de Engels, que fue uno de esos poquísimos que no sólo entendió a Marx sino que fue él quien le llevó de la mano desde que se conocieron. Poco antes de morir, en su carta inconclusa a Vera Zasulich Marx volvía de nuevo sobre esa sorprendente comparación entre la geología y la historia (4).


    A lo largo del tiempo los modos de producción se suceden en una forma análoga a los estratos del suelo (ley de Steno). Pero lo mismo que el geólogo cuando perfora la tierra, el historiador no investiga los hechos cronológicamente sino que empieza por el final. En la superficie de la tierra las capas más superficiales son las más recientes. Excavar es remontar en el tiempo. En la historia, escribió Marx, "la última forma considera a las formas pasadas como grados que conducen a ella" (5).


    Otro aspecto importante que Hundt apunta también con agudeza: la geología está en el origen de la teoría de la evolución, porque no sólo las especies vivas cambian, sino también la geografía, la atmósfera, el suelo y los océanos. Lo que hasta entonces se consideraban objetos "inanimados" no lo eran tanto. Nada permanece, todo está en continuo desarrollo, hasta las piedras.


    Pero eso no es todo. En geología el tiempo, los cambios y las diferentes etapas se miden en eones, una unidad indefinida del orden de miles de millones de años. Dios no pudo crear el mundo en seis días, ni su duración podía ser de sólo 4.000 años, como decía la Biblia. En fin, la geología descubrió el tiempo, que es la quintaesencia de la dialéctica, y aún más: que ese tiempo no era reciente sino de auténtico vértigo.


    Referencias:


    (1)Marx, Manuscritos, economía y filosofía, Alianza, Madrid, pgs.152 y 153.
    (2)Engels, Dialéctica de la naturaleza, Akal, Madrid,
    (3) The Connection of Mind and Nature: Marx’s 1878 Notebooks on Geology (http://marxismocritico.com/2013/10/18/the-connection-of-mind-and-nature-marxs/)
    (4) Marx y Engels: Obras Escogidas, Progreso, Moscú, 1978, tomo III, pg.163.
    (5) Marx y Engels: Contribución a la crítica de la economía política, pg.275.

    Para descargar el artículo:
    https://mega.co.nz/#!3dpjAChR!TnV4Rxlbp3ymw-h7lxyZ1kC1Rj5Kl1UuoR0KmeHFNi4


    0 0

    El club de los hijos de puta

    Juan Manuel Olarieta


    Ha transcurrido medio siglo del asesinato de Kennedy. El 22 de noviembre de 1963 el presidente promocionaba la renovación de su candidatura con un paseo en coche por las calles de Dallas, en Texas. Eran las 12,30 del mediodía cuando alguien ataviado con una camisa se subió a un banco frente a la caravana de vehículos y levantó un letrero escrito con esmalte negro: "Señor Kennedy, lo desprecio a usted por sus ideas socialistas".


    Inmediatamente después sonó un primer disparo, apenas audible entre el ruido de la caravana de coches. Acto seguido se escuchó otro disparo que hirió a Kennedy en la garganta. Un tercer disparo hizo blanco en la cabeza del presidente, pero aún hubo más disparos, en los que fueron heridas otras personas, como el gobernador de Texas, Connally, sentado delante de Kennedy.


    - "¡Oh! ¡Dios mío! ¡Ellos han matado a mi marido! ¡Jack! ¡Jack!", gritó Jacqueline, que desde el primer momento demostró conocer la identidad de los asesinos. Pero, ¿quiénes eran "ellos"? Sin duda se trataba de lo que Kennedy había llamado pocas semanas antes el "SOB Club" (Son of a Bitch Club), el Club de los Hijos de Puta. Pero, ¿de quién se trataba?


    La versión oficial dijo entonces que el autor de los disparos fue Lee Harvey Oswald, quien actuó en solitario. No había, pues, ningún club. Pero a día de hoy lo único que se sabe con certeza es que la vesión oficial es falsa. Lo normal en estos casos. No hay más que recordar el recorrido histórico que va del hundimiento del Maine en 1898 al 11 de setiembre de 2001. Estados Unidos es un país agobiado por las mentiras oficiales como pocos.


    Pero lo de menos es que el informe oficial sea mentira, 26 tomos de mentiras exactamente. Lo realmente serio es que la verdad del caso está tan enmarañada con un cúmulo de medias verdades, intoxicaciones e hipótesis que es imposible orientarse entre tan enorme volumen de información.


    Cuando Oswald, el supuesto asesino, fue asesinado por Jack Ruby dos días después, cundió la sospecha de que el crimen estaba muy lejos de ser la obra de un hombre solitario, sino que había sido orquestado por los "señores de la guerra", el "big bussines", los grandes monopolios que contrataban con el Pentágono, la CIA, los gusanos cubanos y la Mafia, entre otros. Eran ellos los que integraban el SOB Club.


    Para acallar los rumores, el vicepresidente Johnson creó la Comisión Warren. Fue como poner al zorro a cuidar de las gallinas.


    Entre los integrantes de dicha Comisión estaba Allen Dulles, antiguo director de la CIA, al que Kennedy destituyó en 1961 por el fracaso del desembarco en Playa Girón. Pero cambiar al director no es cambiar a la CIA, máxima responsable del crimen. Allen Dulles no estaba en la Comisión Warren para investigar nada sino para impedir cualquier investigación.


    Otro miembro de aquella farsa fue Gerald Ford, entonces diputado y luego presidente en sustitución de Nixon. Fue incluido en la Comisión porque era el soplón de Hoover. Una vez en la presidencia, Ford tomó dos decisiones que resultan otras tantas claves del enredo: puso a Bush al frente de la CIA e indultó a su antecesor Nixon por el escándalo Watergate.


    Hay que hacer un inciso con Nixon. Es posible que sea uno de los hijos de puta más reconocidos del pasado siglo, pero quizá no sepamos hasta qué extremos. Uno de sus vínculos inmediatos con Kennedy fue la competencia mutua en las elecciones presidenciales de 1960.


    Otro fue John J. McCloy, asesor financiero del gobierno de Mussolini y, junto con Allen Dulles, directivo del banco de Prescott Bush que estaba financiando a Hitler. En 1936 a McCloy se le solía ver en Berlín reunido con Rudolf Hess o Hermann Goering. Las fotos le muestran también sentado en el palco de Hitler viendo las Olimpiadas. Fue abogado del monopolio alemán IG Farben que fabricaba el gas utilizado en los campos de concentración para masacrar a los antifascistas presos. Al terminar la guerra, como comisario en la Alemania ocupada, McCloy protegió a los criminales de guerra, entre ellos a Klaus Barbie, el Carnicero de Lyon. Formaba parte de la Operación Paperclip, un plan para integrar a los agentes nazis en la CIA.


    El presidente de la Comisión que daba nombre a la misma era Earl Warren, también presidente del Tribunal Supremo. En 1942 Warren fue elegi­do gobernador de California gracias a la financiación de los monopolios petroleros. Hablar de Dallas, el escenario del crimen, y de petróleo es una redundancia.


    Al año siguiente del asesinato, la Comisión emitió un informe inverosímil que encubría hasta las evidencias más estridentes. Si al matar a Oswald se cerraron las puertas, el informe de la Comisión le echó el cerrojo. Es como si Kennedy hubiera sido asesinado dos veces.


    Basta repasar las biografías de estos -y otros- zorros de la Comisión Warren para darse cuenta de quiénes eran los hijos de puta a los que se refería Kennedy, empezando por el vicepresidente Lyndon B.Johnson, un tejano que había competido con Kennedy por la nominación del partido demócrata para las elecciones de 1960.



    El club de los hijos de puta no estaría completo sin mencionar que en el asesinato de Dallas aparecen implicados los cuatro presidentes de Estados Unidos que sucedieron a Kennedy: Johnson, Nixon, Ford y Bush. Los presidentes eran "todos los hombres del Presidente".

    El artículo puede descargarse desde aquí:

    https://mega.co.nz/#!nQBThKTa!cGb0SErmwVjlFrZ08nKy9g30j0IXATZFk9STuPzx_a8


    0 0

    De la alta sociedad a los bajos fondos

    Juan Manuel Olarieta

    En 1959 Fidel, el Che y los demás habían llegado a La Habana e inmediatamente Eisenhower puso en marcha la Operación 40 para derrocar a los gobiernos progresistas del mundo y, más concretamente, al de la Isla caribeña. La Operación estaba dirigida por 86 mercenarios de la CIA encabezados por el vicepresidente Nixon, Allen Dulles y George H. W. Bush. No era una fuerza de choque sino el equipo de limpieza que después de derrocar al gobierno de turno estaba destinado a encargarse de los asesinatos, las torturas y las desapariciones de los revolucionarios.

    Entre aquella camada negra estaba Félix Rodríguez Mendigutía, alias "El Gato", quien poco antes de la revolución cubana, había sido uno de los policías más próximos a Batista. Cuando éste fue derrocado y huyó a Miami, Rodríguez le acompañó y se unió a la CIA para organizar la invasión de la Isla. Años después también participó en el asesinato del Che en Bolivia.

    La relación de Rodríguez con George H. W. Bush fue siempre muy estrecha. En 1976, un año después de ser nombrado director de la CIA, Bush condecoró a su viejo compañero de armas en una ceremonia solemne. No importó que Rodríguez hubiera sido detenido poco antes, en 1972, por su participación en el caso Watergate. Casi era un mérito añadido.

    Entonces a Rodríguez le detuvieron en compañía de Frank Sturgis, que participó tanto en Playa Girón (1961), como en el asesinato de Kennedy (1963), como en Watergate (1972). Sturgis vivió en Cuba desde 1956, donde mantuvo relaciones con Marita Lorenz, una joven alemana que trabajaba para la CIA y que, poco antes de la revolución, se había convertido en pareja sentimental de Fidel Castro. Según reconoció Fidel, Sturgis era "el mejor y más peligroso agente de toda la historia de la CIA". A Fidel se le olvidó añadir que Sturgis, cuyo nombre originario era Frank Angelo Fiorini, también era un mafioso. En La Habana Sturgis era un asiduo de los casinos de Sam Giancana, Santo Trafficante, Meyer Lansky y los demás.

    Sturgis puso a Lorenz disposición de la CIA para asesinar a Fidel. En noviembre de 1977 la alemana concedió una entrevista al "New York Daily News" en la que afirmaba varias cosas interesantes: que Sturgis y Oswald estaban en contacto, que ambos eran miembros de la Operación 40 y que estaban envueltos en un plan para asesinar tanto a Kennedy como a Fidel.

    Otro de los mercenarios de Operación 40 era E. Howard Hunt, presente en los tres momentos: Playa Girón, Dallas y Watergate. E.H.Hunt exigió un millón de dólares a Nixon por tener la boca cerrada. A Hunt le pagó Bill Liedtke, socio de Bush.

    Blanco y en botella: los mismos que participaron en la invasión de Playa Girón, participaron también en el asesinato de Kennedy y el robo de Watergate. Eran el último eslabón del club de los hijos de puta al que se refería Kennedy, los mercenarios y los pistoleros.

    Formaban parte del doble juego. Por arriba y por abajo el Estado burgués necesita ejecutivos pulidos y ejecutores de baja estofa, la alta sociedad y los bajos fondos; jueces con toga, policías de uniforme tanto como sujetos tabernarios, sin escrúpulos. ¿Qué clase de pegamento unía a toda esa gentuza en un mismo propósito? Es lo que la película "Todos los hombres del presidente" explica al principio cuando la policía le pregunta a uno de los mercenarios sorprendidos en Watergate con la manos en la masa "¿Cuál es su profesión?", y el detenido le responde: "Soy anticomunista".

    Ellos, no el presidente de Estados Unidos, eran quienes tenían el poder, tanto que no sólo le mataron sino que su crimen quedó impune.

    El artículo puede descargarse desde aquí:

    https://mega.co.nz/#!XJQzQZjR!XJZ0IQsJzkYCTA_foe-OdQUp9QllCkBaC35mlJbXLts


    0 0

    José Guillén

    Hace unos días llegó a mis manos, después de mucha insistencia y hasta persecución por parte de un militante del PCPE, su archiconocido periódico “Unidad y Lucha”, periódico que en las próximas fechas realizará una folclórica fiesta en el madrileño barrio de Vallekas celebrando no sé muy bien el qué, será que el movimiento comunista español ha dado un salto cualitativo y hay motivos para realizar celebraciones con cantidades ingentes de banderitas, canciones y demás, en vez de estar a pie de calle organizando la resistencia popular contra el Estado español, pero este no es el tema al que pretendo ceñirme en este texto. Una vez dispuse de un momento de tranquilidad y sosiego, le eché un ojo a la publicación en cuestión. No iré artículo por artículo porque me parece que tiene poco sentido, además de que no valen tampoco mucho la pena, pero hubo uno de los artículos que me llamó la atención nada más verlo, por la pomposidad de su título y a posteriori por su contenido que es lo que pretendo criticar en este artículo, el título era: “República Socialista: ¿Opción o necesidad?” En dicho artículo a primera vista, lo que parece entenderse es que la intención del PCPE/CJC es criticar el etapismo del PCE y su revisionismo explicando que el partido en cuestión no quiere llegar al socialismo sino quedarse en una fase intermedia, “la III República”, hasta aquí estoy de acuerdo con ellos, el PCE no es ni un partido revolucionario, ni lucha por el socialismo, pero a partir de aquí comienzan los problemas y se demuestra como el PCPE/CJC no tiene una línea política para conseguir el poder político en el estado español, su falta de memoria histórica, y que además obvia y pasa de largo el desarrollo histórico particular y propio del Estado capitalista español, yendo a rebufo de los análisis generales del capitalismo y limitándose a repetir consignas como: “Llegado el momento, esta misma burguesía podría acceder a la república sin que ello supusiera ningún quebranto de su sistema de dominación” o “Los revisionistas y oportunistas llaman a convocar a la ciudadanía para instaurar un régimen republicano a imagen y semejanza de la república del 31”.


    Para nuestros buenos amigos del PCPE/CJC, parece ser que la monarquía no les afecta, y que se han tragado el cuento de la transición, del rey como florero que no pinta nada en las decisiones del Estado. Parece ser que cargarse la monarquía en este Estado no serviría de nada, todo y eso cuando tenemos la experiencia de dos repúblicas, la del 1873 y la de 1931, que han sido los momentos de mayor efervescencia revolucionaria en este Estado y donde mayor movimiento popular y democrático ha habido, hasta que a través de golpes de Estado se ha vuelto a los regímenes anteriores reaccionarios. Pero claro, esto a PCPE/CJC les da absolutamente igual. Para ellos una república española es lo mismo que una república francesa, que una italiana y que una alemana. Una buena clase de historia no les vendría mal: fíjense que ni el propio fascismo, en su momento de mayor contrarrevolución en los años 40 y 50, fue capaz de tumbar la institución monárquica, debido a la influencia que tenía dentro del propio Estado. Curioso es también que después de tumbar a la institución monárquica en el 31, todo el sistema caciquil se viniera abajo y se instaurara la primera y hasta ahora única etapa donde se respetaban y se daban derechos democráticos a las masas. Pero claro, tirar a una institución no tumba un Estado, claro que no, por eso la figura en la que el fascismo español se apoyó para perpetuarse y hacer que su Estado aguantara fue en el rey, y por eso el rey es el jefe del Ejército español. Vaya... ¿a que va a resultar que la monarquía tiene más importancia de la que dicen? En definitiva dejar claro, que si, en esencia la república española en sus puntos generales sería igual que cualquier república actual, pero en su contenido particular, ese matiz revolucionario que tienen las repúblicas en nuestro país, y que la historia ha demostrado, no lo tendría ninguna, porque el baluarte sobre el que se apoya el fascismo en este país y todo sus mecanismos represivos estatales, se centran en la figura de la monarquía y es indispensable para ello. Todo el terrorismo de Estado o el golpe de Estado del 23-F ha pasado por las manos de la monarquía previamente. El Ejército le debe lealtad a esta institución y la lucha por el socialismo en este país no puede ir separada de la lucha republicana y antifascista, tumbar a la monarquía con todo el peso que tiene en el aparato estatal español no es algo que sea precisamente fácil para los capitalistas (que ya lo intentaron en su momento) porque en España la palabra república va ligada a revolución, va ligada a democracia y va ligada a socialismo, por eso el monopolismo español no puede defender la república, porque sería estar defendiendo su propia sentencia de muerte. Esto los revisionista del PCPE/CJC es algo que no alcanzan a comprender, sencillamente porque caen un mecanicismo simplista, no hacen uso del materialismo histórico, es decir, no se paran un momento a analizar nuestro desarrollo histórico, sino a repetir palabrería que bien valdría tanto para España como para Grecia, Italia, Turquía o Kazajistán… es necesario explicar a la gente lo que es la monarquía y lo que fue la transición, aunque acabará pasando que las masas serán la que se lo acaben explicando a este partido que se autoconsidera la “vanguardia”.


    Debemos extender la organización y resistencia contra el Estado fascista, no debemos olvidarnos de nuestras propias experiencias históricas, sino usarlas de fuente para el análisis, para saber valorar el desarrollo particular que tiene el Estado español como Estado capitalista, que si en lo general coincide con el resto de Estados (gobierno de la burguesía, existencia de la propiedad privada de los medios de producción, explotación del proletariado, campesinado y capas populares, etc.), en lo particular lo hace totalmente único. Y para poder conseguir la toma del poder, se deben analizar también esas cuestiones particulares y no universales. Saber entender la historia de un Estado es imprescindible para poder elaborar una línea política contra él. Claro que no quedan fases intermedias, porque España ya es un Estado imperialista, y que el único camino es el socialismo, pero para ello debemos combatir al Estado y por ende a la monarquía, no subordinarla a un segundo plano, porque es indispensable acabar con ella para llegar a la república popular y el socialismo.

older | 1 | 2 | (Page 3) | 4 | 5 | .... | 333 | newer