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    Los kurdos escoltan a las tropas del Pentágono
    A petición de los kurdos, el ejército regular sirio está apoyando discretamente los movimientos de las milicias de YPG en la frontera con Turquía. El contingente de 10.000 milicianos kurdos que defiende Afrin frente a los ataques turcos es insuficiente y está padeciendo importantes pérdidas.

    Para reforzar sus posiciones, YPG necesitaba trasladar sus fuerzas desde Kobane y otras regiones centrales de Rojava, lo cual era imposible hasta ahora ya que debían atravesar territorio controlado por el ejército turco o por el sirio.

    Ahora el traslado es posible gracias a un acuerdo con el gobierno de Damasco, que ha accedido a abrir una ruta de tránsito. Además, YPG está trasladando a sus heridos a hospitales sirios para que sean atendidos. El aprovionamiento de sus combatientes también recorre territorio bajo control del ejército regular, e incluso procede de fuentes gubernamentales.

    Al mismo tiempo Estados Unidos sigue suministrando armamento pesado a las milicias kurdas. En la madrugada de ayer el canal de televisión Kurdistan 24 Türkçe y el diario turco Daily Sabah informaron de que un convoy de ayuda militar estadounidense estaba atravesando la frontera de Irak con destino a Siria, a través de la región del Kurdistán irakí.

    El apoyo seguirá complicando las relaciones entre Estados Unidos y Turquía, ambos socios de la OTAN, no solamente en el cantón de Afrin sino, sobre todo en Manbij, donde se pueden producir enfrentamientos armados entre el ejército turco y las tropas especiales del Pentágono asentadas en la ciudad del norte de Siria, dice Newsweek (1).

    Estados Unidos sigue engañando a Turquía con promesas. No muestra ninguna intención de dejar de rearmar a YPG y, desde luego, no va a retirar el armamento que ya está en poder de los kurdos, como ha prometido en repetidas ocasiones al gobierno de Ankara.

    Por momentos la situación parece complicarse y puede acabar en una guerra de todos contra todos. En Idlib un convoy militar turco se instaló en Al-Eis, al sudeste de Alepo, escoltado por fuerzas de Al-Qaeda, mientras otro similar fue atacado con misiles, muriendo un soldato turco y resultado heridos otros cinco.

    El ataque parece proceder de posiciones sostenidas por fuerzas regulares sirias e iraníes. Desde que el ejército sirio ha desplegado nuevas defensas antiaéreas en Afrin, Turquía ha cesado los ataques aéreos e incluso los drones turcos evitan el espacio aéreo sirio. Turquía ha perdido así una parte importante de su capacidad de reconocimiento y ataque en la región. A causa de ello las tropas turcas se han quedado aisladas en Al-Eis y sin apoyo aéreo pueden ser aniquiladas en cualquier momento.

    El ejército turco argumenta que Al-Eis es un punto de observación aprobado en los acuerdos de Astana. Los rusos les han dado la razón a los turcos. Pero, al mismo tiempo, quien derribó el sábado el caza ruso fueron los misiles portátiles Manpad de Al-Qaeda, de fabricación estadounidense.

    Ahora los rusos investigan quién entregó el misil a Al-Qaeda, que sólo pudo proceder de los arsenales de Turquía o de Jordania, según admitió en febrero de 2014 el Wall Street Journal (2), que ya advirtió de que hay una “cantidad importante” de misiles portátiles Manpad en poder de los yihadistas.

    La entrega de ese tipo de armamento sofisticado y el adiestramiento de los diferentes grupos yihadistas en su empleo, fue uno de los motivos que decidió a Rusia a intervenir en la Guerra de Siria en 2015 y el derribo del caza ruso ha sido una llamada de “advertencia” por parte de Washington a Rusia, dice el Washington Times (3). “El Rubicón de los Manpad ya se ha cruzado en Siria”, dice el periódico estadounidense, que resume así sus propias cábalas:

    a) quien ha entragado los Manpad a Al-Qaeda ha sido la Casa Blanca
    b) lo ha hecho recientemente
    c) el objetivo es provocar una guerra con Rusia
    d) también ha entregado esos mismos misiles a Ucrania para llegar al mismo objetivo en el Donbas

    Es casi seguro que la respuesta es aún más simple: la batalla de Afrin trata de romper la alianza de los kurdos con Estados Unidos. El avance de Turquía en Afrin es lento porque no tiene ninguna prisa. Su objetivo no es apoderarse del cantón kurdo y sólo ha enviado milicianos y fuerzas muy limitadas a la zona.

    Tras la derrota yihadista, la Guerra de Siria ha entrado en su propio laberinto, donde esos “rebeldes sin causa” aparecen una y otra vez al lado de sus padrinos, que no siempre son los mismos: Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Arabia saudí, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Turquía...

    Esa “cantidad importante” de misiles portátiles Manpad en poder de Al-Qaeda y otras mesnadas ingobernables de Idlib, lo mismo sirven para derribar un caza ruso que... un avión comercial de 350 pasajeros, por poner un ejemplo. ¿No creen?, ¿se lamentarán luego?, ¿llorarán lágrimas de cocodrilo?, ¿condenarán los atentados terroristas?

    ¿Alguien lleva la contabilidad de los aviones civiles que han tenido “accidentes aéreos” en los últimos años?

    (1) http://www.newsweek.com/us-military-will-not-leave-city-about-be-attacked-turkey-syria-794134

    (2) http://www.wsj.com/articles/no-headline-available-1392425634
    (3) http://www.washingtontimes.com/news/2018/feb/4/manpad-rubicon-passed-syria/

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    El rasgo diferenciador más significativo de la represión fascista es su militarización. En todo el mundo, la represión se encomienda a cuerpos militares o militarizados que actúan con procedimientos típicamente castrenses. Es una tendencia ancestral que, no obstante, se consolida tras el surgimiento de la “doctrina de la seguridad nacional”, la “guerra contra las drogas” de los tiempos de Nixon, los decretos argentinos de aniquilamiento de 1974 y la “guerra contra el terrorismo” de Bush de 2001.

    La represión típicamente fascista convierte a un detenido en un enemigo, lo que ha cambiado el papel de la policía, de los fiscales, los abogados, los jueces, los juicios y las cárceles. Los ejércitos de las grandes potencias se convierten en policías y los policías en militares. La policía se militariza y la represión se encomienda a cuerpos militares, como la Guardia Civil (España), Carabineros (Italia) y la Gendarmería (Francia).

    Es una vuelta al III Rech, a los tiempos del juez Roland Freisler y el llamado “derecho penal del enemigo”. La transición está engendrando toda suerte de paradojas que los juristas no siempre son capaces de resolver, justificar y legitimar como se espera de ellos.

    El lunes el centro “Programa sobre Extremismo” de la Universidad George Washington publicó un informe sobre sobre los 64 estadounidenses detenidos en Irak y Siria cuando combatían en las filas yihadistas. Desde 2014 en Estados Unidos ha habido 153 personas acusadas por dicho motivo.

    Recientemente, en setiembre, saltó otro caso tras la detención en Raqqa de un ciudadano estadounidense que se rindió a las FDS.

    Saltaremos por encima del aspecto conspiranoico de la cuestión: dichos detenidos son, al menos en parte, agentes de la CIA, la NSA y el ejército de Estados Unidos que dirigían a las huestes yihadistas sobre el terreno.

    Esa sería un posible explicación de que no haya ninguna acusación formal en su contra y de que lo único que se sepa del último de los detenidos es que está encarcelado en una base militar estadounidense en Irak y nada más. Es una situación perfecta. Nadie sabe su nombre. Nadie le acusa de nada. No tiene derechos, ni abogado, ni defensor, ni juicio...

    Su estatuto legal es el de “combatientes enemigos”, un tipo de acusación diferente a las de quienes han participado en atentados dentro de Estados Unidos. Se creó en tiempos de Bush en 2001.

    En 2004 el Tribunal Supremo de Estados Unidos se pronunció en el caso de otro ciudadano estadounidense, Yaser Hamadi, que fue criado en Arabia saudí, capturado cuando combatía en las filas de los talibanes en Afganistán y trasladado a Guantánamo, detenido indefinidamente sin juicio... ¡Cómo no! El Tribunal Supremo decretó que su situación era perfectamente legal. A pesar de ello el lío judicial se solucionó con un cambalache al más puro estilo gringo: te liberamos y te enviamos a Arabia saudí si renuncias a la nacionalidad estadounidense. Dicho y hecho.

    El cuadro legal se puede complicar cuanto sea necesario teniendo en cuenta que también hay estadounidenses detenidos por combatir en las filas yihadistas en países como Turquía, cuya situación real es aún más confusa. O aquellos capturados por fuerzas que ni son estadoundenses ni colaboran con ellas. Hay varios centenares de presos, de los que no se sabe si realmente luchaban contra Estados Unidos o se trata de colaboradores de Estados Unidos. Algunos han sido liberados a petición del Pentágono o en canjes de prisioneros, por lo que se supone que se trataba de peones y espías suyos. Para saber algo más sobre el resto habrá que esperar aún.

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    España no olvida la mayor tragedia sufrida por los migrantes que intentan llegar a las costas de la frontera sur en toda su historia. Ocurrió el 6 de febrero de 2014. Bordeando a nado el malecón de Tarajal, un espigón construido en Ceuta para separar Marruecos de España, casi 200 subsaharianos tantearon alcanzar la playa aquella oscura noche. El desenlace fue desolador. Sus brazadas frenéticas chocaron con un amplio contingente de guardias civiles equipados con material antidisturbios dispuestos a repeler su llegada.

    Las imágenes y testimonios de aquel suceso dejó lugar a pocas dudas y, desde entonces, la polémica no se ha disipado. Los gritos de pavor a pocos metros del arenal se entremezclaban con el fragor de las armas en una secuencia de 10 minutos que se hacen interminables. Se habla de 14 muertos aunque nunca se sabrá el número exacto de fallecidos. Varios de ellos se hundieron en las aguas del Mediterráneo tras recibir el impacto de proyectiles disparados desde tierra. Todas las organizaciones humanitarias que trabajan en la febril frontera hispanomarroquí calificaron aquel suceso como “crimen” y pidieron responsabilidades. Sin embargo, hace pocos días, la jueza que lleva el caso cerró el sumario argumentando, entre otras cosas, que no había pruebas testificales suficientes. Lejos de lograrlo, el Comité Español de Ayuda al Refugiado (CEAR) acaba de presentar un recurso para reabrir el proceso.

    Las aportaciones al sumario han sido innumerables pero ayer se difundió una desconocida, la de un joven camerunés que logró sobrevivir a la violenta carga. Su nombre es Hervé y su declaración testifical de seis minutos pone los pelos de punta. Narra que aquel 6 de febrero de 2014 se lanzó al mar sin saber nadar, pero pensó que merecía la pena arriesgarlo todo para llegar Europa. “Cuando estábamos nadando, en territorio marroquí, comenzaron a tirarnos  gas lacrimógeno que producía espuma en contacto con el agua”, relata en un video que ha sobrecogido al país. Después llegarían los disparos de balas de goma “a metro y medio” y los golpes con palos desde la lancha neumática de la Guardia Civil.

    El impacto de su testimonio ha sido mayúsculo. Radios, televisiones y prensa escrita, que siempre han censurado el extremo celo con el que en ocasiones se emplean las fuerzas de seguridad españolas en la frontera más concurrida de Europa, mostraron ayer una prueba que pone en cuestión la versión de que “los agentes no dispararon indiscriminadamente sino que trataron de auxiliar a las víctimas” sostenida hasta ahora por el gobierno español. Un video de los hechos publicado hace menos de un año echaba por tierra esta declaración oficial.

    La frontera del Tarajal, en Ceuta, está sometida a fuertes tensiones desde hace décadas. Los datos oficiales indican que cerca de 4.000 personas cruzan cada día por este paso para comerciar en la ciudad española de Ceuta, un enclave costero español en suelo marroquí. Los controles son cuantiosos y metódicos a ambos lados de la valla metálica que separa ambos países pero, en ocasiones, como ocurrió hace dos semanas, se producen avalanchas humanas que provocan fallecidos, la mayoría mujeres que trabajan como mulas para organizaciones ilegales de mercancías.

    Este fue el motivo principal que ha empujado a 125 entidades sociales de toda Europa a solicitar ayer, coincidiendo con el aniversario de la tragedia del Tarajal, que las instituciones de la UE reconozcan oficialmente el 6 de febrero como “Día Europeo de las Víctimas de las Fronteras”. Lo formalizaron a primera hora de ayer, bajo un frío helador, en la oficina que el Parlamento Europeo tiene en Madrid. Ahora, dicen, deberán esperar al menos un mes para su propuesta pueda ser sometida a votación por el plenario de la cámara de Estrasburgo.

    https://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/mundo/8/tragedia-del-tarajal-aniversario-de-la-muerte-de-14-migrantes-a-manos-de-la-guardia-civil

     

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    El ELN anunció que entre el 10 y 13 de febrero cerrará carreteras y rutas marítimas; advirtió a los transportistas y pasajeros que se abstuvieran de viajar.

    En medio de una tensión creciente, la guerrilla ha anunciado mediante volantes y en las redes sociales que desde el próximo 10 de febrero, a las 6:00, y hasta el día 13 del mismo mes, se realizará un paro armado en toda Colombia.

    De acuerdo con el comunicado, divulgado por el comandante Uriel, quien en Twitter se identifica como “La voz editorial del Frente de Guerra Occidental Omar Gómez - ELN”, el paro armado se adelanta por la “continuidad del terrorismo de Estado y el incremento de la persecución a los dirigentes populares y la judicialización de la protesta social; como también la negativa del gobierno para darle continuidad al Quinto Ciclo de conversaciones en Quito”.

    En los paros armados, la guerrilla suele restringir el desplazamiento de vehículos por carreteras y la movilidad de las personas, amenazando con ataques a quienes transiten por las vías de una determinada región.

    El paro armado será efectivo en las carreteras y ríos, como en el mar y las rutas aéreas. Las órdenes de operaciones se ejecutarán teniendo en cuenta los protocolos de seguridad y protección de la población, y advierten: “Hacemos el llamado a los transportistas y pasajeros para que se abstengan de viajar y evitarse inconvenientes”.

    La publicación del comunicado deja entrever que en el interior del ELN se ha producido una escisión. En una entrevista con El Espectador, Carlos Velandia, antiguo comandante del ELN y actual gestor de paz, señal de que “los sectores mayoritarios del ELN no encuentran argumentos para convencer a los grupos más pequeños y por eso se registran las divisiones”.

    El senador Iván Cepeda, autorizado por el gobierno para buscar fórmulas que permitan que las negociaciones continúen, indicó que durante la primera etapa del alto al fuego, el ELN demostró que tiene unidad de mando. “Por eso, creo que, pese a las diferencias, la unidad en el interior de esa guerrilla se puede lograr”.

    Las negociaciones que se iniciaron con el gobierno colombiano en febrero de 2017 en la capital ecuatoriana, pasan por su peor momento. El ELN dice que no avanzarán bajo amenazas. El presidente Santos, quien dejará el poder en agosto, las congeló el 29 de enero, tras una tregua de 101 días.

    El ELN es el último grupo guerrillero activo en Colombia. Inició la lucha armada contra el Estado en 1964 y el enfrentamiento se recrudeció tras el final de la tregua. La fuerza pública mató o capturó a decenas de guerrilleros desde el fin del alto al fuego, según el comandante de las Fuerzas Armadas, general Alberto Mejía.

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    Elliot Rodger, un fascista perturbado
    Elliot Rodger, el joven que mató a seis personas e hirió a 14 más en Isla Vista, California, en 2014, para después suicidarse, formaba parte de una organización fascista, según una investigación del Southern Poverty Law Center (*).

    Rodger, quien tenía 22 años cuando cometió los crímenes, habría sido el primer perpetrador de un grupo de 12 asesinos fascistas cuyas acciones dejaron un saldo de 43 muertos y más de 60 heridos desde 2014.

    La matanza de Isla Vista se produjo cerca del campus de la Universidad de California en Santa Bárbara cuando el fascista apuñaló a tres jóvenes varones en su apartamento. Abandonó el lugar en su coche, condujo a una casa de hermandad, donde disparó a cuatro personas afuera, hiriendo fatalmente a dos estudiantes femeninas. Se dirigió a una tienda de comestibles cerca y disparando a muerte a un estudiante varón que estaba dentro. Luego corrió a través de Isla Vista, disparando a los transeúntes y golpeando a cuatro personas con su coche.

    Antes de la matanza, Rodger subió a internet un manifiesto de 137 páginas sobre sus motivaciones, que contenía numerosas referencias misóginas y contra las parejas interraciales, así como un video que insertó en Youtube, titulado “Retribution”.

    Después de subir el vídeo, Rodger envió por correo electrónico un largo manuscrito autobiográfico a una docena de conocidos y familiares. El documento, que tituló “My Twisted World”, se puso a disposición en Internet y llegó a ser ampliamente conocido como su “manifiesto”. En él, describe su infancia, los conflictos familiares, la frustración por no ser capaz de encontrar una novia, su odio a las mujeres, las parejas interraciales, y sus planes para cometer la matanza.

    Eran otras tantas cortinas de humo para encubrir crímenes de naturaleza política. La investigación del Southern Poverty Law Center documenta 12 ataques, de los cuales nueve fueron cometidos el año pasado, el más sangriento del movimiento fascista.

    (*) http://www.uniradioinforma.com/noticias/sandiego/512130/asesino-de-california-formaba-parte-de-un-movimiento-de-ultraderecha.html

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    Como estaba previsto, el Comité Olímpico Internacional (COI) no se apea del burro porque las sanciones por dopaje no van dirigidas contra unos u otros atletas rusos sino contra Rusia, es decir, porque el COI no es un organismo deportivo sino político que sigue las normas de bloque impuestas por Estados Unidos.

    Ya lo hemos dicho en otra entrada: ningún atleta tiene derecho a participar en unos Juegos Olímpicos por sus marcas sino gracias a una “invitación” generosa del COI, que hace de su capa un sayo y por eso no invitará a los Juegos Olímpicos de Pyeongchang a 13 atletas rusos y dos entrenadores, a pesar de que el Tribunal de Arbitraje Deportivo anuló sus sanciones vitalicias.

    En un comunicado publicado el lunes, el COI anunció que rechaza por unanimidad invitar a 15 atletas y entrenadores, a pesar de que todos ellos forman parte del grupo de 28 deportistas rusos cuyas acusaciones de dopaje han sido retiradas.

    El documento del COI es de risa: “Después de un análisis detallado realizado por la Comisión, sus miembros indicaron la presencia de elementos y / o pruebas” que no habían podido estudiar antes porque no tienen acceso a todos los datos y, en especial, a un información adicional sobre el laboratorio antidopaje de Moscú, restos de sustancias prohibidas y pruebas que demuestran la existencia de manipulación, entre otros.

    En otras palabras: aunque el Tribunal de Arbitraje Deportivo diga que no, nosotros creemos que sí.

    El año pasado el Comité Olímpico Internacional retiró a varios deportistas rusos las medallas que ganaron en los Juegos Olímpicos de Sochi 2014 basándose en la investigación de una comisión encabezada por Denis Oswald. Este órgano llevó a cabo una verificación de datos recogidos sobre el dopaje y la manipulación de las muestras de sangre en los Juegos Olímpicos de la ciudad rusa del Mar Negro.

    Esta verificación no mostró la presencia de sustancias prohibidas en las pruebas de dopaje de los atletas rusos. Sin embargo, en los tubos de análisis se detectaron arañazos, así como elevados niveles de sal en algunas de las muestras. A partir de estos hallazgos, la comisión de Oswald concluyó que los tubos de ensayo habían sido manipulados.

    Como los ogros rusos son así de retorcidos, no basta con analizar las muestras de sangre de los atletas sino también los recipientes que las contienen, no sea que el microscopio detecte que tienen arañazos, o sal, o...

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    Acceder a un servicio tan básico como la luz se ha llegado a convertir en un lujo. Dentro de un territorio considerado del Primer Mundo se han creado fuertes desigualdades que llevan a diversas personas a vivir en situaciones de tal precariedad que tan solo pensar en si puede llegar a existir un estado de bienestar agota.

    Proporcionalmente, España cuenta con una de las tarifas eléctricas más altas de toda Europa, lo que significa que sí sería posible reducir esas altas facturas que cada invierno generan sustos y nuevos planes de ahorro en cada familia.

    En Asturias, para sobreponerse en cierta medida a ello, desde hace más de un año se creó la Plataforma contra los Abusos de las Eléctricas, un grupo repartido por la región cuyo objetivo es ayudar e informar a la población en riesgo y, en caso de que fuera necesario, ejercer presión política para que no se vean en un situación de pobreza energética. A ellos acudió la protagonista de esta historia, una asturiana de 44 años a la que se le otorgará el seudónimo de Laura para respetar su anonimato.

    Laura vive en una situación de precariedad desde hace al menos diez años. Todo empezó con un episodio de malos tratos al que tuvo que enfrentarse sola. “Los inicios fueron muy, muy duros. No me sentí ayudada ni apoyada por nadie. Cuando me pasó lo de mi exmarido mi madre estaba enferma, poco después falleció, y me tuve que mover. Me tocó luchar, no me quedó otra”. Superó las agresiones de su expareja gracias a la acción del 016. Entonces conoció a una abogada “muy competente que me comentó todo lo que tenía que hacer para conseguir ayudas”.

    Al principio, comenta, la asistenta social no le propuso soluciones. “Tuve que mandar un escrito al ayuntamiento y así conseguí que me ayudaran, porque, como te ven sin hijos, creen que puedes tirar tú sola por la vida”. Después de varios años de solicitudes denegadas, consiguió que le otorgaran el salario social, “pero con eso no se vive”, asegura.

    Con unos ingresos mínimos, Laura se vio en la tesitura de decidir: tener luz o comer, y optó por pagar las facturas. Y tiene buenas razones para ello: “Tú tienes una cantidad mínima de dinero y con eso tienes que pagar. Lo que sobre, para comer. No hay más. Porque si debes, después, ¿cómo pagas el doble o el triple? Además, si te quitan la luz, volver a engancharla es carísimo y tampoco te lo puedes permitir”.

    Este febrero, que ha llegado con una fuerte caída de las temperaturas y nieve en buena parte del Principado. “La calefacción es algo que ni te planteas, es imposible”, mantiene. En una ocasión, movida por la necesidad de paliar el frío, Laura recurrió a una bolsa de agua caliente que le explotó encima. “Me he tenido que operar, tengo injertos”, sostiene. Tras esta experiencia, ahora se vale de “mantas, chaquetas, más chaquetas y tomar agua caliente. No hay más, toca aguantarse; tengo muy metido que es así”.

    La ayuda a la energía, que facilita a personas de bajos recursos una cuantía anual para hacer frente a los gastos de luz y gas, para Laura son insuficientes. “No te dan tanto, te dan un tanto”, cuenta. En general, se otorga una cuantía proporcional al consumo de cada individuo. Laura explica que “te piden el historial de la luz y te hacen un descuento sobre el kilometraje que tu consumas, no sobre el total con impuestos incluidos, que es donde sube realmente, por lo que solo cubre algo de la luz. La calefacción ya ni de broma”. Esta situación puede resultar en diversos problemas pues, si el individuo no está al día en todos los pagos quedará fuera del proceso. “Por eso yo decido no comer para pagar y que me puedan ayudar un poco”.

    https://www.lavozdeasturias.es/noticia/asturias/2018/02/07/decidi-comer-poder-pagar-factura-luz/00031518008437281515252.htm

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    Kurdos escoltan un convoy imperialista
    Ayer el ejército de Estados Unidos anunció un ataque de sus tropas contra el ejército regular sirio que causó más de 100 muertos pero aún más repugnante que la agresión es la explicación que ha ofrecido de ella, poniendo a los kurdos como coartada.

    Según el Pentágono, sus tropas no han salido en defensa propia sino de las Fuerzas Democráticas Sirias, cuya sede fue atacada previamente “sin motivo” por el ejército regular.

    Como es natural, los imperialistas no explican qué entienden ellos por “motivos” para un ataque del ejército de un país que está en guerra dentro de sus propias fronteras a causa de una invasión.

    En un lenguaje característico, los militares estadounidenses aseguran que en el momento del ataque se encontraban “militares de la coalición [imperialista] que colaboran con asesoramiento, asistencia y acompañamiento”, junto con lo que califica como “socios de las Fuerzas Democráticas Sirias”.

    El supuesto ataque del ejército regular, en el que participaron unos 500 efectivos, se produjo a 8 kilómetros al este de la línea acordada de prevención de conflictos en el río Éufrates. El ataque fue apoyado por artillería, tanques y sistemas de cohetes.

    “Después de que entre 20 y 30 proyectiles de artillería y tanques impactaran a menos de 500 metros de locación de la sede de las FDS, las FDS apoyadas por la Coalición respondieron a los atacantes con una combinación de ataques aéreos y de artillería”, agrega el portavoz oficial de los imperialistas.

    Durante el ataque no se registraron bajas entre los soldados estadounidenses y que un uniformado de la coalición resultó herido.

    En diciembre del mes pasado, el Ministerio de Defensa de Rusia denunció en un comunicado que Estados Unidos se dedicaba a obstaculizar las acciones de las fuerzas del gobierno sirio hasta bombardear directamente sus posiciones en Deir ez Zor.

    El Ministerio ruso de Defensa acusó a Estados Unidos de la destrucción de Raqqa con bombardeos masivos de la población civil residente y de haber permitido al núcleo del Califato Islámico abandonar libremente la ciudad siria y unirse a otros militantes del grupo terrorista en Deir Ezzor, una información confirmada recientemente por el Pentágono y el diario New York Times que, no obstante, negaron que Estados Unidos hubiera alcanzado un pacto con los yihadistas.


    El PKK/YPG es la quinta columna del imperialismo en Oriente Medio

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    La Armada española dirigirá la Operación“Sea Guardian” de la OTAN contra el “terrorismo” en aguas del Mar Mediterráneo con la fragata “Navarra” junto a otros dos buques de Italia y Bélgica.

    La agrupación estará al mando del capitán de fragata Francisco Javier Vázquez Sanz, Comandante de la fragata “Navarra” (F-85), basada en la Base Naval de Rota (Cádiz). Además la formarán la italiana “Eolo” y la belga “Louise-Marie”.

    Cartagena será el punto de encuentro de estas unidades que conforman la agrupación para la operación, que está bajo el Mando del Cuartel General Marítimo de la OTAN en Northwood.

    La misión tiene asignados tres cometidos principales de seguridad marítima: la contribución al Mantenimiento del Conocimiento del Entorno Marítimo, la lucha Contra el Terrorismo y el apoyo a actividades de Construcción de Capacidades en el Ámbito Marítimo.

    Aprovechando la ocasión, la fragata “Navarra” estará atracada en el muelle de Alfonso XII de Cartagena del día 9 al 13 de febrero y estará abierta al público durante el fin de semana.

    La “Navarra” es la quinta de una serie de seis fragatas construida en Ferrol y entregada a la Armada en 1993. Tiene una eslora de 138 metros y más de 4.000 toneladas de desplazamiento. Está equipada con sensores y armas que le permiten desarrollar sus cometidos principales como buque de escolta oceánico.

    Su dotación está formada por 210 marinos. Ha participado en numerosas misiones, entre las que destacan como las más recientes la Operación “Sophia” y la lucha contra la piratería en las costas de Somalia con la Operación “Atalanta”.

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    “Nosotras llamamos a la huelga a todas las mujeres desde la interseccionalidad, es decir, a mujeres, bolleras y trans, no a más gente. ¿Cuál es el papel de los hombres? Cubrir los servicios mínimos. Van a tener que ir al trabajo igualmente. Porque nosotras no vamos a valorar el éxito de la huelga si se paralizan tantas fábricas, porque la mayoría de nosotras no estamos en las fábricas. Estamos en otro montón de sitios, en el sector de los servicios, en los cuidados”.

    Esas fueron las palabras de Carlota Álvarez Maylín, miembro de la Comisión 8 de Marzo durante un debate celebrado el día 3 de este mes titulado “¿Qué es una huelga feminista?” (*) para dejar muy claras dos cosas: que quien convoca tal acto es la burguesía y que dicha clase social secuestra las palabras del proletariado porque una “huelga feminista” no es una huelga sino todo lo contrario: “apartheid”.

    Hace ya décadas que la burguesía, especialmente desde las universidades de Estados Unidos, viene presionando para reconvertir el movimiento feminista en una parte de su rompecabezas característico, creando un archipiélago de algaradas aisladas entre sí e inofensivas cada una de ellas, por más que adopten todos ademanes del radicalismo infantil.

    Naturalmente, el “feminismo” burgués nunca tuvo nada que ver con el proletario, que originariamente fue el primero y el que fundó el 8 de marzo como Día de la Mujer Trabajadora, que es un día de toda la clase obrera, lo mismo que el Primero de Mayo, y no sólo de una parte de ella.

    Sin embargo, como es natural, cuando el “feminismo” burgués habla de “la mujer” se refiere a su propia clase social, y eso es lo que pone en evidencia la Comisión 8 de marzo desde que hizo su primer llamamiento a la huelga. Por lo tanto, nadie ha convocado a una clase social y los hombres y mujeres de la clase obrera nada tienen que ver con la huelga del 8 de marzo.

    Cualquiera que sea su clase social, los hombres no sólo no pueden solidarizarse con esa“huelga” sino que están condenados a ejercer de esquiroles, es decir, a sabotearla: aunque estén a favor deben actuar en contra de las “huelguistas”.

    La burguesía “feminista” hace un ridículo espantoso y tira piedras contra su propio tejado porque los sindicatos no podían dejar de sumarse, como estaba previsto, a tamaña farsa, si bien reconvirtiéndola en una huelga “general”, lo cual impide comprobar (“visibilizar”) lo que la burguesía pretende: que sin la actividad de las mujeres el mundo se para.

    “Lo que queremos es visibilizar que si paramos nosotras se para el mundo. Si quisiéramos otra cosa llamaríamos a una huelga general de todo el mundo”, dijo Justa Montero en el debate al que nos referimos. Es otro de los rasgos de clase típicos de la burguesía, que no puede luchar contra sí misma, contra el capitalismo, sino contra “el mundo” que, por lo demás, lo definen también a la manera de la burguesía: es el mundo privado, el hogar, la familia, la pareja... Eso es lo que hay que cambiar, no el modo de producción, la dominación de clase o el Estado.

    La burguesía aún no ha aprendido que tanto“el mundo” privado como el público sólo lo puede parar una clase social, el proletariado, y en las huelgas y paros de la clase obrera no se admiten ninguna clase de esquiroles, ni tampoco de servicios mínimos (ni de hombres, ni de mujeres).

    Tampoco admite ningún tipo de “apartheid”.

    (*) https://www.elsaltodiario.com/huelga-feminista/que-deben-hacer-los-hombres-papel-huelga-feminista-cuidados-8-marzo-trabajo

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    China está analizando la posibilidad de construir una base militar en Badajshan, en Afganistán. El vicepresidente de la Comisión Militar Central China, Xu Qiliang, dice que se espera que la construcción de esta base esté terminada para este año.

    Las discusiones sobre los detalles técnicos comenzarán pronto. Las armas y el equipo serán chinos, pero la instalación será operada por personal afgano. Los vehículos y el equipo se transportarán a través de Tayikistán. Los instructores militares chinos y otros expertos también irán a entrenar y asistir a las misiones.

    El año pasado los talibanes capturaron temporalmente los distritos de Ishkashim, Zebak y Badakhshan. El gobierno afgano no ha mantenido una presencia militar suficiente para garantizar la seguridad. Se había llegado a un acuerdo con los comandantes locales sobre el terreno, que les había proporcionado una parte de la producción de lapislázuli, a cambio de un alto el fuego.

    Sin embargo las disputas internas socavaron la frágil paz entre los grupos locales, y los talibanes aprovecharon la oportunidad para intervenir. Preocupa especialmente la presencia del Califato Islámico en la región.

    Los intereses de China en la región son lo suficientemente fuertes como para justificar un compromiso militar fuera de sus fronteras. La seguridad fronteriza es una cuestión de suma importancia para Pekín. ¿Hasta dónde está dispuesta a llegar China? Hasta ahora ha limitado sus actividades militares a las patrullas por el corredor de Wakhan. Una base militar en Badajshan demostraría la disposición de Pekín a ampliar su presencia en Afganistán para reemplazar a Estados Unidos.

    China tiene un activo que le falta a Estados Unidos: sus buenas relaciones con Rusia y Pakistán. Pekín representa a la OCS, la Organización de Cooperación de Shanghai, que incluye a actores como Turquía, Irán, India, Pakistán y los países de Asia central.

    El año pasado Putin relanzó el trabajo del Grupo de Contacto de la OCS sobre Afganistán. Las actividades habían sido suspendidas en 2009. Rusia aboga por la apertura de conversaciones directas entre el gobierno afgano y los talibanes lo antes posible. Pekín también apoya esta idea. Ambas naciones están en el mismo barco. Moscú dijo que estaba lista para acoger una conferencia sobre Afganistán.

    La provincia afgana de Badajshan limita con la región autónoma uigur de China, Xinjiang. Antiguamente formaba parte de la Ruta de la Seda que unía a oriente con occidente. Hoy en día, la carretera está siendo relanzada como parte de la iniciativa china OBOR (“One Belt One Road”), que implica la construcción de importantes infraestructuras en Afganistán y Asia central para relanzar el interés por la región.

    China es el mayor inversor y socio comercial de Afganistán, que alberga importantes fuentes de materias primas que China quiere importar. El gobierno de Pekín ha invertido 55.000 millones de dólares en Pakistán y planea construir un corredor económico que se extienda hasta el Océano Índico. El OBOR impulsará la economía mundial y también beneficiará a Afganistán.

    El narcotráfico es el único tipo de negocio que prospera allí. La estabilidad de Afganistán le interesa a China, pero hay pocas esperanzas de que Estados Unidos pueda proporcionársela. Después de todo, desde 2001 Washington no ha logrado ningún avance en esa dirección. Se han producido ataques y retiradas repentinas, cambios en las tácticas y estrategias, y muchos estudios sobre cómo revertir la tendencia de la guerra, pero los talibanes siguen siendo fuertes y la economía afgana está en ruinas.

    Hasta ahora, el gobierno de Trump aún no ha presentado su esperada estrategia para Afganistán, a pesar de que hay por lo menos 8.400 tropas estadounidenses en el país, y su número aumentará pronto.

    Las relaciones entre Estados Unidos y otros actores relevantes, como Pakistán, son muy tensas. Washington ha suspendido recientemente su asistencia militar a ese país.

    La inestabilidad en Afganistán amenaza el corredor económico chino-pakistaní, una parte importante del OBOR. China actúa como mediador, tratando de conciliar las diferencias entre los protagonistas regionales. Las relaciones afganas y pakistaníes se deterioraron en 2017 cuando se acusaron mutuamente de prestar apoyo a los yihadistas que operaban en las zonas fronterizas. Pekín se esfuerza en mejorar las relaciones bilaterales. Organizó una reunión tripartita de todos los Ministros de Asuntos Exteriores en 2017. Uno de los resultados de los debates fue la creación de grupos de trabajo para promover la cooperación en diversos campos de actividad. Está previsto celebrar otra reunión este año en Kabul.

    En Afganistán opera el Movimiento Islámico de Turkmenistán oriental, una organización uigur, nacionalista e islámista. Los milicianos uigures adquieren experiencia de combate luchando codo a codo con los talibanes y otros grupos guerrilleros. Pekín no quiere que esos uigures regresen para participar en actividades terroristas en su territorio.

    Rusia y China han intensificado la asistencia militar a los Estados de Asia central. Consideran que la OCS puede aportar una contribución sustancial a una solución pacífica. Ambos países están intentando tejer una red regional de Estados.

    La OCS puede transformar el proceso de paz en un auténtico esfuerzo multilateral. Esto debilitará el peso de Estados Unidos en la región, pero aumentará las posibilidades de encontrar una solución al conflicto. La cooperación y la diplomacia podrían abrir un nuevo capítulo en la historia de Afganistán.

    https://www.strategic-culture.org/news/2018/01/30/china-builds-military-base-in-afghanistan.html



    Niños afganos de la región de Badajshan, en la frontera con Tayikistán, Pakistán y China

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    Wim Dierckxsens

    En Costa Rica el candidato de los medios de comunicación “Enlace” ganó la primera ronda de las elecciones presidenciales y el Partido Liberación Nacional, la socialdemocracia, no se salió con la suya.

    La señal de televisiva “Enlace”, que transmite en 120 países y también en todos los cantones de Costa Rica, fue factor decisivo en el triunfo del candidato evangélico Fabricio Alvarado del Partido Restauración Nacional (1). En dicha página se puede ver y escuchar una entrevista del fundador de Enlace con el candidato ganador y su esposa (2). No por casualidad, la hija de una predicadora de Enlace fue la candidata a la vicepresidencia.

    No estamos hablando de un proyecto televisivo nacional. El socio mayor de Enlace es “Lakewood Church”, una megaiglesia en Estados Unidos con 50.000 asistentes semanales en Houston (3). Es también la iglesia fundada por Joel Osteen del “Evangelio de la Prosperidad”, una iglesia fundamentalista al igual que lo es el neoliberalismo, que juntó una fortuna de unos 50 millones de dólares. Enlace acepta hasta tarjeta de crédito para ofrendar (4).

    Esta millonaria maquinaria de organización mediática del cristianismo protestante evangélico fundamentalista, con oficinas en todo el continente, estaba detrás de la campaña de Fabricio Alvarado con su no esperado impacto en todo el país. Ese impacto de su campaña ganó mayor terreno a partir del momento en que, justo antes del día de las elecciones, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (IDH) ordenó a Costa Rica garantizarles a las parejas del mismo sexo todos los derechos existentes en la legislación, incluido el derecho al matrimonio, sin discriminación alguna frente a las parejas. Este pronunciamiento se dio a raíz de una consulta del gobierno de Luis Guillermo Solís, considerado un triunfo para su Partido Acción Ciudadana (PAC).

    La misma decisión fue una bandera de lujo para ser levantada por el candidato evangelista y su Partido Restauración Nacional (PRN) para hacer campaña justamente en contra de este fallo, predicando la importancia de conservar la “Sagrada Familia” y difundiéndolo por todos los rincones del país. De este modo el PRN ganó de manera decisiva en las provincias periféricas. El PAC, al llevar la bandera progresista de estar a favor de un estado laico y el matrimonio entre personas del mismo sexo, ganó en las provincias de la Meseta central donde está empadronada más del 80 por ciento de la población votante del país. Esta ventaja no fue suficiente para obtener el primer lugar a nivel nacional, pero si dio los votos suficientes para dejar al partido de Liberación Nacional en tercer lugar, el gran perdedor en estas elecciones.

    Lo que llama la atención es que Liberación Nacional, la social democracia, está en retroceso en Costa Rica como lo está en el mundo entero. Lo está al abandonar su misión social e histórica con la clase trabajadora, al pasar a apoyar más bien las medidas globalistas y neoliberales en las últimas décadas, las cuales que han erosionado los derechos económicos y sociales de la clase trabajadora y provocaron una creciente desigualdad económica en el en el mundo occidental entero y así también en Costa Rica.

    Los “socialdemócratas” apostaban a que Liberación Nacional quedaría en segundo lugar para poder triunfar en segunda vuelta [...] El PRN y el PAC irán a segunda ronda. A la“socialdemocracia” le salió el tiro por la culata ya que el PAC logró el segundo lugar [...]

    (1) www.enlace.org/oficinas
    (2) www.enlace.org/aqui-entre-nos-fabricio-alvarado-candidato-a-la-presidencia -de costa-rica
    (3) www.lakewoodchurch.com
    (4) www.enlace.org/ofrendar

    http://mariwim.info/?p=81

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    La desbandá (1)

    Eran entonces niños o adolescentes. Hace once años dejaron su testimonio vital en el documental “Febrero 1937. Memoria de una Huida”, producido por Sur. En el 81 aniversario de aquel éxodo ocurrido durante la Guerra Civil, recuperamos sus vivencias.

    Consuelo Torres. Huyó con 10 años. “Los aviones nos ametrallaban. Éramos niños, mujeres y viejos”.

    El recorrido. La familia de Consuelo –su padre Juan Torres, su madre Consuelo Fernández y su hermano Juan (11 años)- sale la madrugada del 7 al 8 de febrero hacia Almería. De allí partirá en tren para Barcelona. La madre seguirá con sus hijos hacia Marsella y Casablanca. El padre no puede acompañarles porque está herido y acabará en un campo de concentración en Francia para fallecer finalmente a su llegada a Málaga. Consuelo Torres no regresa a Málaga hasta la muerte del general Franco. Nunca volverá a ver a su padre.

    Su historia. Los continuos bombardeos sobre la capital durante los siete meses de asedio no hacen más que reafirmar a la madre de Consuelo de que hay que huir. Pero Juan, su padre, se niega una y otra vez, convencido de que no va a ocurrir nada malo. La mañana del domingo 7 de febrero, nueve aviones sobrevuelan la ciudad, pero esta vez no bombardean. Consuelo los observa desde la zona de El Ejido en la capital.

    “Los aviones lanzaron programas en los que se podía leer: ‘Nosotros no somos lo que dicen los rojos; no os vamos a hacer nada; quedaros tranquilos; no salgáis de Málaga. Nosotros nos quedamos en mi casa”. Pero por la tarde el pánico se apodera de la ciudad. Los nacionales están a punto de entrar y el terror a las tropas moras que los acompañan es imposible de contener.

    “Llegó la noche, eran las 10.30 o las 11. Estábamos acostados y mi madre escuchó muchos llantos, muchos gritos. Salió para preguntar que qué pasaba. ‘Que vienen los moros. Que ahí vienen, que vienen’, decían”. La madre de Consuelo le reprocha al marido no haber marchado antes y empieza a hacer el equipaje para salir. “Mi padre quedó en casa. Por la mañana iba a ir a cerrar una pensión que teníamos cerca de la cárcel de Málaga. Mi madre le dijo que ella iba a bajar al Centro con mi hermano Juan y conmigo y que ellos dos ya se reencontrarían en un sitio que habían previsto”.

    La madre de Consuelo baja por la calle de la Victoria convencida de que a esas horas de la noche podrán encontrar un taxi, pero la escena que contemplan cuando llegan a la altura de la Aduana y de la calle Larios les sobrecoge.“Eso fue terrible, venía la gente de todos los pueblos de Málaga y venían corriendo. Mi madre dijo: ‘¿Pero esto qué es? Si aquí no hay taxi ni nada’. Y entonces nosotros seguimos por donde marchaban todos sin saber adónde íbamos”. Mientras avanzan por el Parque, la madre se encuentra con un vecino que va en carro hacia El Ejido para recoger a su familia y le pide que avise a su marido para que lo deje todo y les siga. Pocas horas después se reencuentran en el camino.

    “Al principio íbamos andando porque no bombardeaban, pero, al amanecer, ya se veían los aviones. Ya no íbamos andando, ya íbamos corriendo”. Cualquier equipaje pasa a ser accesorio y empiezan a tirar los bultos en el camino. “La carretera era como una serpiente. Mucha gente se caía. Eran gritos, eran llantos, eran lamentos. El que quedaba herido, ése se desangraba. Ahí no había nadie que pudiera acudir. Yo, que tenía 10 años, vi a un matrimonio con un niño de pecho que se estaba muriendo. Hicieron un hoyo en la carretera y lo enterraron. Eso lo vi yo”.

    Los cañoneros Cervera, Canarias y Baleares son implacables y siguen a la caravana desde la costa. “De noche nos deslumbraban. A veces tiraban contra la montaña; las rocas se desplomaban y había gente que quedaba allí”. La desbandada durante cada bombardeo provoca continuos extravíos entre la multitud. “Entonces mi madre y mi padre se pusieron de acuerdo. Mi madre le dijo que se iba a ocupar de mí y que él estuviera pendiente del niño. Pero mi padre fue a las cañas de azúcar y mi hermano le dijo que se venía con nosotras. En ese momento, llegaron los aviones y ahí es donde mi hermano se pierde”.

    Abatida, la madre de Consuelo no quiere seguir andando. Cada vez que llega a un pueblo empieza a buscar al pequeño Juan con desesperación. “Había muchos niños perdidos y, cuando la gente los encontraba, los cogía y, por la noche, los metía en casas vacías. Mi madre iba allí preguntando por mi hermano y tocando a los niños que estaban dormidos o muertos. Se encontraba a niños llorando y llegó a recoger a cuatro, que vinieron con nosotros hasta Almería”.

    Las cañas de azúcar, que les producen ampollas en los labios, se convierten en el único sustento. “En un monte vimos un chotillo. Un hombre salió corriendo y lo mataron a pedradas. Mi madre, que era muy dispuesta, fue a coger algo. Le dieron una pata y la limpió con un trapo. Se puso a buscar algo para hacer fuego, pero no encontró nada. Como teníamos hambre, chupábamos la carne cruda”.

    El río Guadalfeo, de noche, resulta inabordable. Aun así, la gente se lanza sin temor a ser arrastrada por la corriente. “Vino un camión y dijeron que no cruzáramos; que esperáramos a que pasara y que siguiéramos justo por donde fuera el camión”.

    Al día siguiente, una combate entre dos aviones sorprende a los que avanzan. Uno de los aeroplanos es abatido y cae en la playa junto a la carretera. “Sacaron a dos hombres rubios. La gente se fue a coger trapos porque estaban heridos. Ahí, como fuimos a ver eso, ahí encontramos a mi hermano. Un miliciano lo recogió en la carretera”.

    El agotamiento es general. Consuelo avanza con los pies liados en trozos de tela porque se le han deshecho las suelas de los zapatos. “La planta del pie daba a la gravilla. Esa carretera era toda de gravilla”.

    Desesperada por el cansancio de sus hijos, la madre le pide a dos milicianos que marchan a caballo que se los lleve y que los dejen en el siguiente pueblo. “Pero el caballo no llevaba montura y a mí me sangraban las piernecitas. Nos dejaron en un pueblo, pero se vino la noche.

    Mis padres no venían y empezamos a llorar. La gente nos preguntaba si queríamos irnos con ellos, pero les decíamos que no, que nos habían dicho que esperáramos allí. Al final, de madrugada, los vimos”.

    Nada más entrar en Almería, a los ochos días de la partida, la madre entrega a los niños que había encontrado en la carretera a unos milicianos por si los busca su familia. Unos conocidos les aconsejan que no se queden en la ciudad; que vayan directamente a la estación porque está a punto de salir un tren. “¡Madre mía lo que había en la estación!. Todos los refugiados de Málaga estaban allí. Nos metieron en una tartana. No sabíamos hacia dónde iba.

    Mi madre preguntó cuál era el destino y le dijeron que Barcelona”. El estadio de Montjuic de la Ciudad Condal se llena de refugiados. Hombres y mujeres duermen en plantas diferentes, sobre el suelo. En la oscuridad de la noche, el padre cae por las escaleras y tiene que ser hospitalizado. La madre decide marchar con los hijos para Marsella y después para Casablanca. Consuelo no volverá a España hasta 50 años después. Su padre partirá para el exilio, donde le espera un campo de concentración y fallecerá en Málaga.

    Nunca volverá a verlo.

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    La Desbandá (2)

    Carmen Ruiz. Huyó con 5 años “Lloraba: ¡Mamá, mamá! Mi hermana no podía consolarme”.

    El recorrido:  La madre de Carmen, Concepción García, decide subir a sus hijos en un autobús escolar hacia Almería. A Carmen le acompañansus hermanos Teresa (14 años); Juan (12); Conchi (4 años) y Rafael (18 meses). Su otro hermano, Pepe, (16 años) permanece en Málaga con su madre. Su padre, José Ruiz Jurado, tras conocer la decisión de la madre, decide marchar también hacia Almería para buscarlos. Se reencontrará con ellos en Valencia.

    Su historia. Carmen no ha olvidado su nombre. Se llamaba Leopoldo, era el director de un colegio de huérfanos por la zona de Pedregalejo y le gustaba que le llamaran camarada. Él fue el que convenció a su madre para que embarcara a sus hijos en un autobús hacia Almería. “Mi madre estaba colocada allí, donde planchaba y cosía. El director le dijo: ‘Concha, va a pasar una cosa muy grave porque los moros vienen matando a los niños y a las mujeres. Nosotros nos vamos a llevar a todos los niños que tenemos aquí”. Concepción no se lo piensa; sin consultárselo a su marido, recoge a sus hijos más pequeños en casa y acude al colegio, donde les espera un autobús amarillo. Teresa, de 14 años, será desde entonces la responsable de cuidar de sus hermanos Juan (12), Carmen (5), Conchi (4) y Rafael, de tan sólo 18 meses.

    Cuando el padre y el hijo mayor, Pepe, vuelven de trabajar les sorprende la noticia. “A mi padre le dio un desfallecimiento. Mi hermano Pepe empezó a llorar y decía: ‘Mamá, ¿qué has hecho con los niños?’ Y ella le decía que lo que quería es que no nos mataran”. El padre, pescador de profesión y de ideología socialista, decide coger su bote y, pegado a la orilla, comenzar la búsqueda de sus hijos. José Ruiz llegará así hasta Almuñécar, donde debe abandonar el barco y continuar andando. No encontrará a sus hijos hasta 10 meses después.

    Carmen y sus hermanos hacen la mitad del camino en autobús. “La carretera iba llena de personas, de burros. La gente llevaba máquinas, muebles, muchos bultos de ropa. Se querían subir en el autobús y allí no cabíamos ni los que íbamos dentro”. Para aquel grupo niños, la peor parte del trayecto comienza en Motril. Al intentar cruzar el río Guadalfeo, que va muy crecido, el autobús queda encallado. “Por allí iban caballos, personas, bultos... El profesor nos quitó de allí porque aquello era horroroso de ver y nos llevó para el monte”. Hace frío y ha llovido, pero los niños permanecen tumbados bocabajo en una loma, mientras los barcos insisten en su cañoneo. Algunos, incluso, se quedan dormidos. “El maestro, de vez en cuando, hacía recuento y se ponía con mucha pena: ‘Hoy faltan tres; hoy faltan dos’. No podía asistir a tantos, porque había tanta gente... Y los niños, si se asustaban, corrían y se metían entre las cañas de azúcar y, si no salían a tiempo, nos íbamos y allí se quedaban”.

    Teresa, la hermana mayor, quiere evitar por todos los medios que alguno de sus hermanos se extravíe. “Se le ocurrió una idea muy buena. De tanto trapo como había por el suelo, hizo tiras una sábana; nos amarró a todos por la cintura y ella se quedó con los cabos en la mano”.

    También se encarga de tranquilizar a sus hermanos. “Yo lloraba y decía: ¡Mamá, mamá, mamá!. La pobrecita de mi hermana ya no sabía cómo me iba a consolar. El hermanito de 18 meses también preguntaba por ella e inclusive pedía pecho porque todavía mamaba. Andábamos un tramo y le decía mi hermana:‘Detrás de aquel monte, allí está mamá’. Y llegábamos y mamá no estaba. Y llorar y llorar y de hambre, porque el angelito tenía mucha hambre; era muy chiquitito y lo que hacía mi hermana era que le machacaba cañadú y se lo ponía como si fuera un chupe para que chupara el caldito”.

    Los niños avanzan sin zapatos y con la ropa hecha jirones de tirarse al suelo para resguardarse de las bombas. “Hacía mucho frío. Siempre íbamos mojados porque llovía y estábamos metidos en las cañas o tirados en el monte. Mi hermana me lió los pies porque los llevaba llenos de cortes de ir descalza sin zapatillas”.

    Ya cerca de Almería, un grupo de milicianos les recogen con una furgoneta y los dejan en una plaza en la capital. “Nos dijeron que no nos moviéramos, y allí nos quedamos porque estábamos todos lacios; no nos podíamos mover aunque quisiéramos”.

    El destino de los cinco hermanos es Macastre, en Valencia, adonde llegan tras un viaje de dos días en autobús. Allí residen en un internado con otros niños, sin noticias de sus padres. Pero un anuncio colocado en un periódico local por su hermana Teresa en el que cuenta que los cinco están vivos recibe una insospechada respuesta. “Una noche, a las 12, llegó un hombre preguntando por sus hijos. Cuando le dijo nuestros nombres, la muchacha que lo recibió se quedó de piedra. Mi padre no tenía manos para coger a tantos niños”.

    Terminada la Guerra Civil, regresan a Málaga. El padre consigue entrar con un salvoconducto que le ofrecen unos conocidos en el que se asegura que es falangista desde el año 23. “Mi madre se quedó sin conocimiento cuando nos vio. Tuvieron que llamar a la casa de socorro”.

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    La Desbandá (3)

    José Ginés. Huyó con 23 años “Eso fue un crimen. No tiene otro nombre. La guerra no tiene nada que ver con la población civil”.

    El recorrido: José lucha en el frente que está defendiendo Málaga el mismo día 7 de febrero. A la mañana del día siguiente, cuando ya las tropas nacionales están en la capital, consigue salir de la ciudad. Tras su llegada a Almería, luchará en el frente de Motril hasta el final de la guerra.

    Su historia: José Ginés nace en Cuevas de San Marcos en 1913, en una familia con un arraigada ideología de izquierdas. De padre agricultor, en su casa siempre se lee el diario ‘El Socialista’. Por eso, cuando estalla la Guerra Civil, José no duda en ir a defender la causa republicana en el frente de Ardales. En febrero de 1937, está sirviendo en el cuartel de Capuchinos de la capital. El 7, cuando apenas queda un día para que las tropas nacionales ocupen la ciudad, salen a combatir al Monte Coronado . “Estuvimos allí todo el día pegando tiros, pero cuando llegó la noche, el teniente Pérez nos dijo que nos fuéramos, que por la mañana estábamos copados”.

    José decide hacer noche en una posada en la capital. Ya en la mañana del día 8, sale a la calle vestido de miliciano ante el estupor de un conocido. “Me dijo: ‘Pero tú que haces aquí, pero coño, si están entrando los fascistas por la calle Cuarteles”. El joven cabo se une a otros dos militares procedentes de Marbella y los tres deciden marchar de la ciudad. “Salimos con mucha dificultad de Málaga, ya huía muy poca gente. Desde las ventanas salían muchos tiros e íbamos pegados a las paredes”.

    Una hora después, comienzan los cañoneos de los barcos desde la costa. Un tajo en una cantera les sirve para resguardarse. “Optamos por salir de la carretera durante el día, porque allí no se defendía uno ni de la aviación ni de los barcos”. El pequeño grupo avanza raudo y va adelantando a las familias que encuentra por el camino. Al día siguiente, José y sus compañeros de viaje ya están en Nerja. “Aquello era una lástima. Había niños, había viejos y enfermos, embarazadas, había de todo... en esa situación, corriendo, pero corriendo sin tranquilidad por el miedo a los aviones y a los barcos”.

    A la altura de una fábrica de papel en los acantilados de Maro, José no soporta la sed y baja al río de la Miel a beber agua. En ese momento, aparece la aviación. “El arroyo estaba muy profundo. Se presentaron bombardeando, uno, otro... hasta cinco aviones. Cuando salí al puentecito a lo alto de la carretera... no hay palabras para describirlo. Eso no se puede describir más que viéndolo... de muertos... de heridos”. No volverá a ver a sus compañeros de viaje, ni siquiera en el cuartel cuando llega a Almería.

    José continúa, solo, hasta Salobreña. Algunos refugiados empiezan a gritar que las tropas nacionales están justo detrás y cunde el nerviosismo. En ese momento, escuchan una gran explosión. “Habían volado el puente que pasa por el río Guadalfeo para impedir el paso momentáneo de los franquistas”. La lluvia de los últimos días o la apertura de una pequeña presa hace que el caudal vaya muy subido. José no se atreve a tirarse al agua. “Allí quedaron muchas personas y lo último que uno hace es suicidarse”. Más arriba encuentra un camino para pasar a la otra margen.

    La sola visión de los camiones de las Brigadas Internacionales en la recta de Adra le llena de tranquilidad. “Me dije, ya estamos salvados, éstos vienen a retenerlos”. José entra en Almería desarmado, como todos los milicianos que van llegando. Es una ciudad caótica, que ha duplicado su población en apenas unos días. “No se podía andar por la calle. Había camiones repartiendo pan. Recuerdo que esa noche en el cuartel me pusieron lentejas.Por más que comía, quería más, no me hartaba”.

    Él es uno de los milicianos que relevan a las Brigadas Internacionales en el frente de Lújar, en Motril, donde lucha hasta el final de la guerra civil. “Cuando acabó todo, yo ya era suboficial; escondí la pistola en el monte y me quité los galones”. Una orden de un requeté amigo suyo, Paco Gutiérrez, consigue sacarlo de un campo de concentración en Caparacena (Granada), bajo la condición de que se presente en el cuartel de Capuchinos para que comprueben su ficha y decidan si han de encarcelarlo. José prefiere marchar para el cuartel de su pueblo, donde le obligan a presentarse a diario. Él consigue eludir la prisión, pero no su madre. “A ella la pelaron y la encarcelaron un año tras un enfrentamiento con un familiar. La culparon de leer ‘El Socialista’”.

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    La Desbandá (4)

    Ana María Jiménez Palomino. Huyó con 16 años.

    El recorrido: Marcha con su madre, Pepa, y sus hermanas María, Candelaria y Antonia. También les acompañan Eduardo, el esposo de María, y Alfonso, el novio de Candelaria y dos amigas del barrio de Capuchinos. Todos consiguen llegar a Almería, de donde parten en tren hacia al pueblo tarraconense de Torre del Español, de donde regresan terminada la Guerra Civil. Durante todo este tiempo su hermano Eduardo, de 10 años, permanece acogido en casa de una tía en Málaga.

    Su historia. Entre las pretensiones de Ana María ese 7 de febrero de 1937 no estaban precisamente huir hacia ningún sitio. Recuerda que aquella mañana estaba aseándose y que su hermana Antonia, dos años mayor que ella, entró aterrorizada. “Mi familia estaba en la puerta de mi tía, desde donde se veían los Montes de Málaga. Yo estaba en mi casa muy tranquila lavándome los pies. En eso llegó mi hermana: ’Ana María, venga, sécate los pies, vámonos’, me dijo mi hermana. ‘¿Adónde nos vamos?, le pregunté. ‘Que están tirando bombas, que ya vienen los moros por ahí. De la puerta de la tita se ven los cañonazos y las luces. Y Alfonso ha dicho que nos vayamos y mamá no quiere, pero él le ha dicho: ‘Pepa, que tiene usted cuatro hijas, que vienen los moros!’”.

    Pero su madre se resiste. Su hijo Eduardo está recuperándose en un sanatorio en Torremolinos de un pequeño accidente jugando a la pelota y no quiere marcharse sin él. Sus yernos deciden buscar una cabina para llamar al hospital y allí le dan una fatal noticia. “Nos dijeron que el niño se lo habían llevado a Rusia”.

    Desolada, la madre consiente en abandonar la ciudad y, ya por la tarde, marchan todos en una pequeña camioneta que se queda sin gasolina a la altura de Rincón de la Victoria. “Mi cuñado entonces paró a uno que llevaba otro camión y le dijo que mi madre era una persona mayor y si se la podía llevar y dijo que sí”.

    El resto del grupo prosigue caminando. “Con lo dormilona que era yo, yo creo que iba andando e iba dormida, porque yo iba que ya no podía”. La necesidad de comida se hace acuciante, pero Ana María recuerda especialmente la falta de agua. “Hubiera dado la vida por el agua; me dicen que con esa agua me voy a morir y me tomo el agua, porque es lo me faltaba, la comida es lo de menos. Encontramos queso de bola, seco, pero ni ganas de queso teníamos”.

    En el paso del río Guadalfeo, Ana María contempla impactada cómo la corriente se lleva ante sus ojos a un niño de poca edad. “Se le cayó a una mujer el niño y la mujer quería cogerlo, pero el agua se lo llevó al angelito, tenía dos o tres años; y uno le dijo: ‘Señora, se va usted a ahogar también, deje usted a su hijo, déjelo, Dios ha querido que se lo lleve’. La mujer siguió adelante llorando”.

    Los momentos más dramáticos de la huida los vive ya cerca de Almería. Los cañonazos hacen que el grupo se disperse y ella se adentra en el campo, donde le sorprende la noche. “Yo iba sola y empecé a andar. No se veía nada y yo andaba, pero no sabía por dónde andaba y me preguntaba que cuándo se iba a hacer de día. Estuve toda la noche andando y casi al amanecer me encontraron unos muchachos de la Cruz Roja que me echaron la linterna porque escucharon pasos y me dijeron: ‘Pero niña, ¿qué haces por aquí? ¡Si vas de vuelta para Málaga!”. Yo  llevaba todas las piernas heridas de pinchos y me las curaron”. Los voluntarios de la Cruz Roja la acompañan a la carretera y se hacen cargo de ella hasta que llegan a Almería. Allí, justo en la entrada de la ciudad, se encuentra con Eduardo y Alfonso, sus dos cuñados.

    “Yo llegué un día después que ellos a Almería, sin comer, sin beber, sin nada. Mi madre cuando me vio se desmayó. ¡Natural, si iba toda vendada! Y fue llegar a Almería y tirar bombas. No vi más que los escalones del Teatro Cervantes, que era donde estaba mi familia”. Allí, descubren que su hermano Eduardo no está en Rusia, sino en casa de una tía en Málaga. No volverán a verlo hasta después de la Guerra Civil.

    Tarragona es la próxima parada en el camino de la familia, adonde llega apiñada en un tren de mercancías. En un pueblo de esta provincia, en Torre del Español, residirán hasta 1939, cuando deciden regresar a Málaga. “Llegamos sin un céntimo, pero nada de nada y sin casa, porque la habían ocupado otras personas”.

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    Benito García Blanco. Huyó con 21 años.

    El recorrido: Huyó con otros compañeros del batallón del Ejército de la Malagueta hasta llegar a Almería. Allí recibió instrucción en el
    campamento de Viator y luchó en el frente de Madrid hasta el final de la guerra. Toda su familia huye también a Almería y de allí a Alicante. Al terminar la guerra, regresan a Málaga.

    Su historia: El domingo 7 de febrero Benito lo pasa todo el día en el cuartel. Está en un batallón del Ejército en La Malagueta, donde recibe instrucción. Al anochecer, con las tropas naciones e italianas cercando la ciudad, reciben nueva orden de sus superiores. “Formaron el batallón y tiramos para El Palo. No había consigna ninguna, sólo que había que huir. Pasamos El Palo, tiramos para Torre del Mar y allí ya se deshizo el batallón y cada uno tiró para un lado”.

    Benito recorre todo el camino vestido de miliciano y armado; al igual que otros seis compañeros que le acompañan. Cuando llegan a Vélez Málaga, se encuentran el pueblo desolado. “La mayoría de las casas ya estaban abandonadas. Las familias se iban y las dejaban abiertas”. Los refugiados entran en ellas para buscar algo de comida. “Conseguir alimento estaba muy difícil. A veces encontrabas cosas por el camino. Un día encontramos en un cortijo una tinaja llena de aceite; era tan alta como una habitación. Cuando yo llegué, ya estaba casi por la mitad.

    La gente cogía el aceite para hacer tortillas con harina. Pero el aceite estaba tan bajo que no se podía coger con cubos porque no teníamos soga. Entonces, nos turnamos para que cada 20 minutos uno se dejara coger por los pies con la cabeza para abajo y subiera el aceite”.

    Optan por avanzar de noche por la carretera, mientras que, de día, prefieren hacerlo campo a través para evitar los cañonazos de los barcos y las bombas de los aviones. “A veces no nos dejaban ni dormir un poco porque las tropas nacionales venían atrás zumbando y teníamos que salir corriendo”. El grupo de hombres jóvenes adelanta con facilidad al resto del grupo, la mayoría, familias con niños. “Las mujeres se liaban las piernas con sábanas porque, de tanto andar, las llevaban hinchadas. Algunos hombres tampoco podían andar. Yo, como era joven, seguía”.

    En ocasiones, se producen enfrentamientos entre los mismos refugiados. “Había grupos que discutían por cualquier tontería”. Los animales de carga se convierten en un bien codiciado, hasta el punto de que son el origen de peleas o objeto de robo. “Un día vimos un caballo que llevaba a dos hombres y a una mujer encima. Era un caballo que habían cogido por la carretera. Salieron unos cuantos de un grupo que iba junto al nuestro y querían que se bajaran para que descansaran otros que iban andando. Los que estaban subidos se negaron y se liaron a tiros. Nosotros llevábamos armas porque éramos militares, pero había gente que no lo era, y que también llevaba. Al final, los que iban en el caballo resultaron heridos y se subieron otras personas”.

    En aquella ocasión, Benito no llega a desenfundar su arma, pero sí lo hace más adelante, a la altura de Salobreña. Allí, les sorprenden los nacionales. “Se formó un tiroteo, pero se aguantó. Después se retuvieron ellos y nosotros salimos corriendo”.

    A la entrada de Almería, después de siete días de camino, les obligan a despojarse de todo el armamento. Durante tres meses, Benito recibe instrucción en el almeriense campamento de Viator, de donde parte para defender el frente de Madrid. “Cuando cae Madrid, a mí me pilla en un hospital porque resulté herido en una pierna durante un bombardeo”. Los nacionales le cogen prisionero y permanece un corto periodo de tiempo recluido en un edificio hasta que le dejan en libertad bajo la orden de que vuelva a Málaga. Él, sin embargo, marcha hacia Alicante, donde le espera su familia, que también había huido por la carretera de Almería. “Allí estuve mes y medio. Al final, regresamos a Málaga. En la estación, me detuvieron y me metieron en un campo de concentración en los callejones del Perchel”. Después de tres meses, pasa a un campamento de refugiados militares en Torremolinos, de donde sale por buena conducta. Benito asegura que no se tomó ninguna otra represalia contra él, es más, llegó a hacer el servicio militar una vez terminada la guerra.

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    Joaquín Fernández. Huyó con 10 años.

    El recorrido: Salieron hacia Almería su padre Joaquín y su madre Encarnación, sus hermanos Eugenio (4) y Carmela (6 años), así como toda la familia por parte del padre, incluida una abuela de 70 años. Su hermano Salvador, de 16 años, salió días antes hacia Almería y luchará en un frente hasta el final de la guerra.

    Su historia: “Nos fuimos con lo puesto. Había mucho miedo. La gente pasaba y decía que iba para la carretera de Almería; Salimos el día 7 a las 7.30 de la tarde. Era ya de noche”.

    Joaquín camina con unos zapatos negros de charol. “Acabé andando con los pies. De los zapatos, sólo quedó la envoltura. En lo único que pensábamos eran en andar y en quitarnos de en medio”. Al día siguiente, a la altura de Torre del Mar, comienzan los bombardeos. Su hermano Salvador, de 16 años, ha salido días antes hacia Almería. De él ha aprendido que, cuando lanzan bombas, es mejor no meterse en ningún agujero o alcantarilla. “Me tenía dicho que me quedara al aire libre; que me tumbara en las zanjas que hay en las huertas para sembrar, porque así, si la metralla arrasa, te pasa por encima”. Es lo que hace cada vez que aparecen los cañoneros Canarias y Cervera en la costa o cuando sobrevuelan los aviones. “En uno de los tramos de la carretera apareció la aviación. Cada uno salió para un lado para esconderse y yo me tiré en una hondonada del terreno. Llevaba una taleguilla con un poco de ropa. A pocos metros había un carabinero que fue lanzado por una de las bombas. El pobre murió en el acto. A mí vino un trozo de metralla que dio en la taleguilla y que he tenido guardado hasta hace poco”.

    La muerte se hace presente en cada tramo del camino, pero Joaquín no se amedrenta. “Había niños asustados, otros eran más fuertes. Yo era un niño fuerte, no conocía el miedo”. Por eso, cuando la gente comienza a gritar que una bomba ha volado un autobús lleno de personas, se asoma para comprobar que no hay dentro ningún familiar. “Aquello era para cerrar los ojos”.

    En el trayecto, Joaquín pierde a su hermana Carmela, de su cuyo cuidado está a cargo. Entre el tumulto la pequeña, de seis años, se extravía. La familia se inquieta y empieza a buscarla entre los cientos de personas que huyen. “Íbamos despavoridos, chillando. ¡Carmela! Menos mal que pudimos recuperarla y seguir todos juntos”.

    La carretera está atestada. Los refugiados avanzan pegados y la desesperación se desata cada vez que pasa un vehículo. “Iban las camionetas cargadas de criaturas, apiñadas... Yo he visto cómo una madre lanzaba a su hijo, de unos tres años, a una camioneta para que se lo llevaran”.

    En el camino, comienza a ocurrir algo extraño y Joaquín se percata de ello. “A la altura de Nerja, empecé a ver a hombres motorizados con cazadoras de cuero. Avanzaban por la carretera, parecía que exploraran el camino. Eran militares”. Son los soldados de las tropas italianas, que cortan el paso a los refugiados que van en la cola del grupo. Cunde la decepción. “Para nosotros fue un jarro de agua fría. Después de tanta lucha, de tantas angustias... Todo el mundo se quedó pasmado”.

    Aquella noche será la primera de los cuatro días de trayecto que pueden dormir. Pero al día siguiente, hay que volver a andar, esta vez, de vuelta, de regreso a Málaga. Allí les espera su casa, en el número 6 de la calle Miraflores, que sigue intacta, porque la familia que no salió hacia Almería se ha encargado de protegerla.

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    José Martos. Huyó con 6 años.

    El recorrido: La familia de José llega hasta Salobreña, donde deciden regresar. Huyeron su padre Antonio Martos, su madre, Ana Rodríguez y sus hermanos Antonio (9 años) y Francisco (6 meses). Otro hermano, Diego, se queda con una tía de la madre en la barriada de La Araña.

    Su historia. Yo tenía seis años, pero era consciente de que huíamos de los fascistas”. Aquella tarde del 7 de febrero, el barrio de pescadores de La Malagueta se echó a la calle. “Todo el mundo tiró para delante”. Un petate con una sábana es lo único que llevan, pero la comida empieza a escasear pronto. “Ya a la altura de Rincón empezamos a comer cañadú. A mi madre, del susto, se le había perdido el pecho. Para dar de comer a mi hermano pequeñito, cogía, masticaba cañadú y mi hermano, como un pajarito, chupaba de la boca de mi madre. Así lo alimentaba”.

    “A mi madre, del susto, se le retiró la leche. Cogía, masticaba cañadú y mi hermano chupaba de la boca de mi madre. Así lo alimentada”

    La familia avanza unida, sin separarse. Los niños van cogidos a la ropa de los adultos y el bebé, a horcajadas sobre el cuello del padre. “Eso era una marea, de banda a banda de la carretera. La gente se llamaba: ‘¡Juan!, ¡Pedro!, ¡Antonio!... ¡¡No te pierdas!!!, ¿Dónde estás?’ Así por toda la carretera, todo el mundo. Niños, niñas, mayores... y, aún así, se perdían”.

    A medida que recorren el camino, van encontrando más muertos a su paso. En Maro, un cuerpo bocabajo les llama la atención. “No sé si fue por la ropa o por las hechuras, pero mi padre le dice a mi madre: ‘¡Ana!. Parece Joaquín. Mi padre le dio la vuelta y era mi tío. No sé si fue la metralla”.

    Aún les queda por delante la etapa más dura del trayecto. Los bombardeos de los barcos Cervera, Canarias y Baleares se vuelven encarnizados a la altura de La Herradura. “Cuando llegamos a esa cuesta, vimos allí el panorama más grande encima de la Tierra. Estaba todo lleno de muertos. En el centro de la carretera encontramos muchos bultos y, encima había una niña de no más de tres años llorando. Alrededor estaba su familia, a la que habían matado. Como mi madre no había tenido niñas, que ha tenido siete hijos, quería cogerla, pero mi padre dijo que no. ¿Dónde metemos a la niña? Cuando llegamos a Almuñécar comentamos lo ocurrido a otras personas y uno de ellos la enseñó; ellos la habían recogido”.

    Es precisamente en este pueblo donde interrumpen momentáneamente su avance para pasar unos días con la familia de la madre. Esas jornadas perdidas les impedirán llegar a Almería. Cuando deciden retomar el camino y una vez pasado el río Guadalfeo, los adultos deciden regresar. “Llegaron los italianos y uno de los jefes, uno de los mandos, que tenía la voz cantante nos dijo que no temiéramos, que la guerra no existía, que había terminado: ‘No teman ustedes que no va a haber represalias, ni nada de nada. Ustedes van a ir en unos camiones para Málaga”.

    De vuelta a La Malagueta, la familia Martos pudo retomar su vida normal, aunque nunca olvidó aquellos días huyendo hacia Almería.

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    Francisca y Remedios Macías.Huyeron con 14 y 13 años.

    El recorrido: La familia, integrada por los padres, seis hermanos, cuatro sobrinos y la abuela, parte de Marbella hacia Churriana y, de allí, hacia Almería. Pasarán tres años entre Castellón y Murcia, de donde regresan al terminar la guerra para rehacer una vida nueva en Málaga capital.

    Su historia: El 17 de enero cae Marbella en manos de las tropas nacionales, que avanzan por la costa. Días antes, la familia Macías comienza su peregrinar hacia Málaga. El grupo está compuesto por la madre, Manuela León, el padre, Francisco Macías, y cinco de sus hijos menores (María –17-, Francisca –15-, Remedios –14-, Ana María –12- y Francisco –9-); así como por cuatro sobrinos, la hermana mayor, Manuela, a la que acompaña su marido, Francisco. También va con ellos una de las abuelas, de 81 años y el novio de María.

    Al llegar al río Fuengirola, deciden tirar hacia el norte, pero se encuentran con el frente nacional y han de bajar de nuevo. Finalmente, se instalan en Churriana. “Venía gente de todos sitios, de los pueblos, de Cádiz, de la Línea...”, recuerda Remedios. A medida que pasan los días, la situación se hace insostenible y ya parece inevitable la caída de la capital. “Llegamos a Málaga por la noche, buscábamos a una familia de mi madre, pero ya se había ido. Málaga estaba desierta, no había luces, no había nada. Mi madre dijo, buenos nenas, ¿qué hacemos aquí? Pues vámonos y que sea lo que Dios quiera”.

    La familia no duerme la primera noche y consigue cubrir el trayecto hasta Vélez-Málaga, donde les sorprenden, al amanecer, los primerosbombardeos de los cañoneros Cervera, Canarias y Baleares. Se esconden en los cañizales o en las alcantarillas.

    “Llegamos a un sitio que eran unos olivos –relata Francisca. Entonces allí ya no eran los barcos; allí llegó la aviación. Llegaron cuatro o cinco aviones. Mi madre dijo de descansar sentaditas debajo de un olivo y empezaron a bombardear. Tiraban las bombas a los olivos porque sabían que estaban las criaturas allí. No quiero ni acordarme. Sentí los chillidos y los lamentos. Lo que había allí, aquella sangre, yo no lo vi porque no quería verlo”.

    Francisca no puede contener los nervios. No quiere sentarse para descansar ni quiere probar bocado. “No pude comer por todo el camino. La gente comía caña de azúcar, pero yo no. Yo sólo quería seguir adelante. Recuerdo que llevaba una cafetera roja en la mano y que la gente decía: ‘¡Esa niña! ¡Que esconda la cafetera que nos van a ver!”. Tampoco hay demasiado tiempo para tomar la escasa comida que encuentran en el trayecto. “La gente, si nos veía sentarnos para tomar, a lo mejor, un poco de arroz que habíamos encontrado nos decía: ‘Qué hacéis, para delante, para delante, que allí vienen’”.

    A veces, avanzan de noche, casi sin ver el suelo que pisan. En una de las ocasiones que están en el campo, deciden bajar a la carretera. “Entonces, el marido de mi hermana Manuela nos tiró por un barranco. Primero tiró a mi hermana Remedios. Y mi madre chillando: ‘Ay mi niña, que ha caído al mar’. Porque el mar estaba tan cerca que, de noche, no se distinguía de la carretera. Luego me tiró a mí y me desolló la espalda. Aquello estaba muy alto y tenía picos. Nosotros no le decíamos nada a mi madre para que no sufriera: ‘No mamá, no nos hemos hecho nada, que estamos bien’”.

    En la Herradura, la abuela les pide que la abandonen porque no puede seguir. “Decía: ‘Ay, dejadme aquí, dejadme aquí, que ya no puedo más, no puedo más...’ Entonces la dejamos en una casita. Allí había una mujer que nos dijo que la dejáramos allí, que ella no se iba a ir y que no le iba a pasar nada”.

    En el trayecto se les suma una vecina de Marbella, que acaba de dar a luz y que marcha agotada. Todos juntos llegan al río Guadalfeo. Un hombre a caballo les aconseja que no crucen, y que le sigan, que hay un puente más arriba por el que pueden atravesar. “En esos momentos no pensábamos en nada, sólo en Almería, creíamos que Almería era la salvación”.

    A la salida de Adra, Remedios se encuentra un niño de unos dos años en la cuneta, liado en una toquilla. “Era rubio, muy blanco. Estaba allí como dormidillo y lo cogí. Se lo conté a mi cuñado y él empezó a preguntar entre la gente que de quién era el niño y nadie decía nada. Nos lo llevamos, y una señora por la carretera nos dijo que era de una mujer que iba delante. La alcanzamos y, me acordaré toda la vida, iba con los pies muy liados de tenerlos destrozados y estaba en estado. Llevaba un niño chico en brazos y otro tirándole del vestido. Mi cuñado le preguntó si el pequeño era de ella y le dijo que sí. ‘Mire usted es que no puedo más, mire usted cómo llevo las piernas es que no puedo más’. Mi cuñado entonces le dijo que se instalara por allí, que ya no había peligro y que la iba a esperar a la entrada de Almería y, que si llegaba sin el niño, la iba a denunciar”.

    El día 16 de febrero llegan a su destino. Todos los lugares para alojarse están llenos y los vecinos no les abren las puertas. “Llegamos a aquel almacén donde había muchísimas personas. Los piojos nos los quitábamos por millares. No teníamos ni donde lavarnos ni donde ponernos más ropa”.

    A la semana son evacuados hacia Castellón en un tren de mercancías. “Pasamos por Valencia. El personal se volcó allí. Salían las muchachas de las fábricas a comerse el bocadillo y nos lo echaban por las ventanillas del tren e igual las naranjas, sacos de naranjas...”

    Su periplo durante los dos próximos años les llevará también a un pueblo de Murcia y, al final de la guerra, de vuelta a Málaga, donde deciden no regresar a Marbella e iniciar una nueva vida. Ya en la estación de Málaga, separan del grupo a Francisco, novio de María, que está embarazada. Posteriormente, será juzgado y fusilado. “Cuando llegamos, no teníamos nada para vivir y mi madre empezó a trabajar y nos metió a nosotras internas para poder comer”, concluye Remedios.

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