Quantcast
Are you the publisher? Claim or contact us about this channel


Embed this content in your HTML

Search

Report adult content:

click to rate:

Account: (login)

More Channels


Showcase


Channel Catalog



older | 1 | (Page 2) | 3 | 4 | .... | 333 | newer

    0 0



    0 0

    ¡¡¡POR LA ORGANIZACIÓN INDEPENDIENTE!!!
    ¡¡¡BOICOT A LOS SINDICATOS TRAIDORES Y A LOS PARTIDUCHOS INSTITUCIONALES!!!
    ¡¡¡VIVA LA LUCHA OBRERA!!!



    0 0


    hugo_chavez_1011


    DECLARACIÓN DE PRENSA

    EL Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de Venezuela, con profundo dolor ante la desaparición física de nuestro Presidente Hugo Rafael Chávez Frías, líder indiscutible del proceso bolivariano en Venezuela, América latina y el mundo, desea expresar su firme convicción en continuar levantando las banderas de lucha de la revolución socialista y la unidad popular revolucionaria.

    El presidente Hugo Rafael Chávez Frías durante toda su vida dedicó esfuerzos y contribuyó en la construcción y defensa de la Patria, en procura de la conquista de una sociedad de justicia y libertad para el pueblo trabajador venezolano, latinoamericano y del mundo, enfrentando al imperialismo mundial y sus lacayos.

    Es indiscutible que nuestro camarada presidente asumió siempre con ejemplar disciplina y abnegación revolucionaria, la difícil y exigente tarea de conducir a nuestra Patria por los senderos de la construcción de una sociedad más justa, asumiéndola como un compromiso de vida.

    Desde el Buró Político del Partido Comunista de Venezuela condenamos las políticas de guerra mediática y manipulación que emprenden los sectores reaccionarios de Venezuela, con la orientación del imperialismo estadounidense, principal enemigo de la clase obrera y todo el pueblo trabajador.

    Llamamos al Pueblo Venezolano, a las fuerzas políticas y sociales revolucionarias a cerrar filas, a mantenernos alertas y vigilantes ante las pretensiones del imperialismo de crear caos y desestabilización en nuestro país. Por lo que debemos demostrar los altos niveles de organización y movilización disciplinada de nuestro pueblo, desde todas las instancias creadas durante estos últimos años.

    Hacemos llegar a sus seres más allegados y que en vida le amaron entrañablemente, nuestras expresiones de solidaridad y condolencias, muy especialmente a sus hijos e hija y demás familiares.

    El Buró Político rinde homenaje al camarada presidente HUGO RAFAEL CHAVEZ FRIAS, cuadro revolucionario que se eternizará en el imaginario colectivo de nuestra Patria como ejemplo de firmeza, entrega, valentía y grandeza revolucionaria.

    Hacemos un llamado al pueblo venezolano a continuar esforzándonos para que el valor, la fortaleza, el desprendimiento e infinito amor por la humanidad consustanciales a la conducta y acción revolucionaria del camarada presidente HUGO RAFAEL CHAVEZ FRIAS, sean ahora y siempre ejemplo para nuestro pueblo y las nuevas generaciones de luchadores por la vida.

    Caracas, 05 de marzo de 2013

    0 0
  • 03/17/13--20:00: Documental sobre Kosovo







  • 0 0

    Juan Manuel Olarieta


    El materialismo histórico es una concepción científica acerca de la sociedad y de la historia que, como cualquier otra, tiene sus propios conceptos, uno de los cuales es el fascismo, que fue acuñado por la Internacional Comunista sobre la base de las tesis que Lenin dejó establecidas acerca del imperialismo, y que él mismo resumió de la siguiente manera:

    "El viraje de la democracia a la reacción política constituye la superestructura política de la nueva economía, del capitalismo monopolista (el imperialismo es el capitalismo monopolista). La democracia corresponde a la libre competencia. La reacción política corresponde al monopolio [...]
    "Tanto en la política exterior como en la interior, el imperialismo tiende por igual a conculcar la democracia, tiende a la reacción. En este sentido resulta indiscutible que el imperialismo es la 'negación' de la democracia en general, de toda la democracia" (1).

    Naturalmente quienes están al margen del materialismo histórico no están de acuerdo con esa y otras tesis leninistas, ni utilizan los mismos conceptos científicos, ni son capaces tampoco de criticar a Lenin, Dimitrov y la Internacional Comunista, el núcleo de cuyas posiciones es que el imperialismo es la negación de la democracia.

    Una burda falsificación del parlamentarismo

    Además de legalidad, los Estados se rodean de legitimidad, tanto más en cuanto que la dominación de clase se impone sobre una base social muy estrecha, como es el caso de la burguesía monopolista, cuya legitimación reposa sobre la democracia. Por consiguiente, en la época imperialista la burguesía entra en contradicción con los propios fundamentos de su dominación y trata de esconderlos bajo diferentes disfraces que, en última instancia, como decía Dimitrov, son otras tantas falsificaciones burdas del parlamentarismo (2), es decir, del binomio pluripartidismo y elecciones, lo cual conduce a ese lema tan extendido de que "tenemos el gobierno que nos merecemos" (3). En definitiva, que la responsabilidad es nuestra, como siempre, porque no votamos a la opción correcta, que siempre suele ser reformista.

    Esas concepciones son intolerables. Derivan de la confusión de la legitimidad con la legalidad, que corre paralela con la del Estado y el gobierno, olvidando que lo que habitualmente se conoce como "cuestiones de Estado" están por encima de los gobiernos, los partidos y las elecciones. Es más, no cambian (casi) nunca y, sin embargo, no suelen ser objeto de atención. En palabras de Dimitrov, el fascismo no concierne al gobierno sino al Estado; no es un simple cambio de gobierno sino de la "forma estatal de la dominación de clase de la burguesía" (4).

    En 1935 Dimitrov tituló su informe a la Internacional Comunista como la "ofensiva del fascismo" porque en aquel momento ese era su rasgo más característico. Históricamente el fascismo nace por la manera brutal en que la burguesía enfrenta una situación de crisis provocada por el desafío del movimiento obrero tras la Revolución de Octubre. La ofensiva fascista de la burguesía supuso, correlativamente, la defensiva del movimiento obrero, por no decir su derrota y aplastamiento, con las conocidas secuelas represivas, campos de concentración, clandestinidad, exilio, etc.

    Esa situación explica los motivos por los que el fascismo nace históricamente, así como sus consecuencias, pero no la esencia del fascismo mismo como superestructura política del Estado burgués característica de la época del imperialismo. Por lo tanto, el fascismo no se identifica ni con aquella etapa, ni tampoco con alguna de las formas concretas que ha revestido en alguno de los países, por ejemplo, con el corporativismo italiano.

    Ahora bien, afirma Dimitrov, no se puede establecer un esquema general sobre el desarrollo del fascismo (5)y, en cualquier caso, el partido comunista debe prever el paso de las formas defensivas a las ofensivas (6). Con tanta más razón en aquellos países, como España y Portugal, en los que el fascismo ha tenido una historia larga, que no coincide con la experiencia política de otros países, como Alemania o Italia, donde fue derrotado en 1945, es decir, en donde la experiencia fue relativamente breve, lo que ha contribuido a su mixtificación al presentarlo como un régimen excepcional, un paréntesis político, tras el cual el Estado burgués vuelve siempre a su forma "normal", que es la democracia burguesa.

    Sobre la base de la experiencia de esos países, los oportunistas consideran que el materialismo histórico está equivocado y que la historia es reversible, que la tendencia general del imperialismo es hacia la democracia burguesa. Cuando Lenin habla de una "ley histórica", como el viraje de la democracia hacia la reacción política en la época del imperialismo, se refiere a una "tendencia" sobre la cual actúan fuerzas que operan ese sentido y fuerzas que operan en el opuesto y, aunque se pueden poner ejemplos opuestos, la tendencia dominante es la que Lenin, Dimitrov y la Internacional Comunista establecieron correctamente.

    El caso de España así lo demuestra y es inconcebible que el regreso a la democracia burguesa se traslade a nuestro país, en donde el fascismo ni ha sido derrotado, ni ha tenido una historia corta. Del mismo modo que Marx y Engels pudieron desentrañar la esencia del capitalismo en aquel país, Inglaterra, el que había tenido una trayectoria más larga, la naturaleza política del fascismo se debe analizar en países como España, que es su modelo más acabado y teniendo en cuenta, como exigía Dimitrov, su evolución a lo largo del tiempo, sus cambios históricos y, muy especialmente, la transición.

    ¿Obstaculiza el fascismo el desarrollo de las fuerzas productivas?

    En España el análisis del fascismo empieza con una vieja batalla ideológica contra las concepciones eurocomunistas de Carrillo, según las cuales el fascismo no le interesa a la burguesía, o al capital financiero, porque impide el desarrollo de las fuerzas productivas. Pero la evidencia histórica al respecto no puede ser más contundente: el fascismo es la más poderosa palanca de acumulación de capital porque somete al movimiento obrero a un régimen brutal de terror y a unas condiciones laborales leoninas. Así sucedió en España en la posguerra, donde miles de trabajadores fueron explotados en un régimen de semi-esclavitud y en donde tras el Plan de Estabilización de 1959 millones de campesinos tuvieron que emigrar, bien al exterior o bien a las ciudades. Los planes de desarrollo posteriores que el fascismo implementó convirtieron a España de un país semi-feudal a otro de capitalismo monopolista.

    A veces esa misma tesis revisionista presenta otro formato, según el cual el fascismo impedía el desarrollo de las fuerzas productivas porque en la Europa democrática no admitían el ingreso de un régimen fascista como España. Esto también es rotundamente falso. Para justificar su claudicación, Carrillo y los eurocomunistas invirtieron la relación causal. Según ellos la incorporación económica formal a la Unión Europea era la causa y no la consecuencia de la integración económica. Pero España ya formaba parte integrante del mercado europeo antes del ingreso de España en la Unión Europea. En 1959 el capitalismo español se incorporó plenamente al mercado mundial y, específicamente, al europeo. La transformación monopolista de los años sesenta fue acelerada precisamente por esa inserción de España en los mercados exteriores y, más exactamente, por tres palancas fundamentales: la emigración al exterior, las inversiones de capital extranjero y el turismo.

    Para llegar a dicha conclusión no es necesaria ninguna argumentación alambicada, porque es más que evidente que el capitalismo no aparca un buen negocio con un país por la naturaleza de su régimen político. Es sabido que los capitalistas de las democracias más relucientes no tienen escrúpulos en firmar sabrosos contratos con los criminales más sanguinarios, y lo mismo hizo la Unión Europea con el franquismo. Por ejemplo, el 29 de junio de 1970 la Comunidad Económica Europea, como se llamaba entonces, firmó con el gobierno franquista lo que se llamaba "un acuerdo preferencial".

    No se trata sólo del vínculo de España con Europa, sino con cada uno de los países europeos. Uno de los ejemplos más llamativos fue la construcción en 1969 de la central nuclear de Vandellós I, prevista para la fabricación de armas atómicas. El capital de la central no sólo era propiedad de una empresa mixta hispano-francesa, sino que su tecnología también era francesa. A un país capitalista como Francia, cuna de los derechos humanos, no sólo no le importaba la naturaleza fascista del régimen español sino que estaba dispuesto a dotarle de armamento nuclear.

    El fascismo es consecuencia de la crisis general del capitalismo

    Entre los rasgos con los que Lenin caracterizó al imperialismo destaca que en dicha fase el capitalismo entra en una etapa de crisis generalizada, que no sólo es económica sino también política. Le dedica un capítulo completo a analizar este fenómeno, que le parece "muy importante" (7). El parasitismo, la descomposición, el estancamiento, son otras tantas "tendencias" actuales del capitalismo a las que también se le pueden encontrar excepciones que confirman la regla. Las crisis económicas, como la actual, no son cíclicas, por lo que no van a encontrar salida dentro del propio capitalismo. El fascismo es la adaptación del Estado burgués a esa situación de descomposición y crisis general, es decir, tanto económica como política, que en España alcanza cotas de verdadera degeneración, como estamos comprobando a diario.

    La transición española fue uno de esos ejemplos de crisis general, a la vez económica y política, del sistema de dominación burgués que el franquismo pretendió resolver no suicidándose sino sucediéndose a sí mismo. La naturaleza de un régimen político, como cualquier fenómeno social y político, no se puede estudiar recurriendo a los tópicos seudo-marxistas sobre "hegemonía", "bloques de clases", "alianzas entre fracciones de clase" y demás. Ese tipo de recursos vacíos lo que pretenden es encubrir los hechos que hay que poner encima de la mesa: si España fue en un tiempo un régimen fascista y actualmente es democrático burgués es porque hubo un momento en el cual se produjo una modificación en la naturaleza Estado, tan profunda que se puede caracterizar como una excepción a las leyes del materialismo histórico, e incluso más: se puede decir que el materialismo histórico ha vuelto a equivocarse de nuevo y que la historia marcha en la dirección contraria de la prevista por Lenin, Dimitrov y la Internacional Comunista.

    Salvo los más recalcitrantes reformistas, hoy no hay ninguna organización antifascista -que yo sepa- que reivindique el Estado actual como una conquista propia, es decir, que afirme: "Desde 1939 nosotros estuvimos luchando por este Estado". Más bien lo que dicen es lo contrario: "Desde 1939 nosotros estuvimos luchando contra este Estado". Por lo tanto, el cambio producido durante la transición no fue una conquista de ninguna organización popular sino una maniobra interna del propio régimen. La historia no muestra el caso de un régimen político que se suicide, es decir, deje de ser lo que es para convertirse en otra cosa distinta. De ello se desprende que a partir de 1975 la reforma política la dirigieron los propios fascistas y que el objetivo que perseguían con ella no era el de debilitar su dominación sobre las masas populares, sino reforzarla. Por último, si los fascistas hicieron algún tipo de cambio no fue porque dejaran de ser lo que siempre habían sido, fascistas, sino porque se vieron obligados a ello por el movimiento popular que durante la transición les había puesto en una situación de crisis muy peligrosa.

    Al exponer quién estaba detrás del cambio y para qué hizo el cambio, con qué propósitos actuó, hay que descartar lo obvio: efectivamente, es verdad, hubo un cambio. Ante una crisis, el régimen dominante tiene que hacer algo para salir de ella, tiene que introducir innovaciones. Lo que se trata de saber es si esos cambios tuvieron una entidad cualitativa suficiente como para alterar la naturaleza política del Estado y, además, invertir la "tendencia" política del imperialismo hacia la reacción, la destrucción de las organizaciones de clase y la liquidación de las libertades. Eso es lo que tienen que mostrar.

    En ese sentido el posicionamiento de las organizaciones revolucionarias hacia la transición es significativo porque, si el materialismo histórico no se equivoca, deberíamos suponer que quienes consideran que la transición supuso una transformación cualitativa del Estado a la democracia burguesa es porque han analizado al detalle aquella época y pueden mostrar muchos ejemplos de que en España la historia se volvió del revés. Pero no es eso lo que está ocurriendo, sino más bien al contrario, la transición está fuera de la agenda de los grupos comunistas y antifascistas en España; incluso lo consideran algo superado y exótico y, por decirlo más claramente, para ellos la transición es un tabú. No han explicado lo que deberían.

    El materialismo histórico no admite vacíos ideológicos, y menos en la historia más reciente, porque favorecen la penetración de la ideología burguesa entre las filas del proletariado, que es lo que viene sucediendo actualmente en España. Al no replantear la transición, el movimiento antifascista en España ha asumido como propia la argumentación de la burguesía, que habla a través de los periodistas, los historiadores y sus políticos profesionales. No es que las organizaciones revolucionarias no tengan una posición propia sobre la transición, sino algo peor: han asumido y aceptado la de la burguesía. El discurso de unos (fascistas) y otros (antifascistas) coincide plenamente: durante la transición se produjo un cambio sustancial en la naturaleza del Estado.

    Esa coincidencia con la ideología dominante conduce al abandono de las armas antes de empezar el combate y le está sirviendo en bandeja a la burguesía española lo que para ella es lo más importante, su gran coartada. Los fascistas escuchan de los labios de sus enemigos de clase lo que querían oír: que son demócratas. Incluso algunos comunistas legitiman a un Estado como el español que carecía de legitimidad hasta la transición. Sin embargo, no son capaces de responder a la pregunta: ¿qué ocurrió durante la transición que fuera capaz de legitimar a un Estado que hasta entonces carecía de ella? ¿dónde está esa legitimidad? ¿en qué se fundamenta?

    Esas preguntas se multiplican con las recientes propuestas reformistas acerca de la necesidad de una "segunda transición", que seguramente pretenden que sea igual (de fraudulenta) que la primera. ¿No será que reivindican la segunda precisamente porque no ha habido una primera, es decir, porque nada cambió entonces y quieren que nada cambie tampoco ahora? El hecho es que la transición, que creían olvidada o que querían olvidar, retorna de nuevo. Está otra vez en las calles, donde se oyen cosas como "Lo llaman democracia y no lo es". Pues si España no es una democracia, ¿qué es entonces?

    La naturaleza de la represión fascista

    La asimilación del fascismo a la represión es otro estereotipo erróneo: un régimen no es democrático cuando reprime poco, ni es fascista cuando reprime mucho. En España este argumento tan absurdo es reiterativo en los momentos de represión intensa, como los actuales, o cuando saltan los casos de torturas. Parece que los días que no hay detenidos se puede hablar de democracia y cuando los hay lo que corresponde es tildar al régimen de "franquista" o protestar por el "regreso a la dictadura". Naturalmente es una frase retórica y oportunista cien por cien que demuestra que para ellos el fascismo es un arma arrojadiza, no un concepto fundamental del materialismo histórico. Como explicó Dimitrov, es un error calificar como fascismo cualquier medida reaccionaria de la burguesía (8).

    La identificación del fascismo por el volumen de represión nace del propio origen del fascismo como fuerza de choque de la burguesía en la época del imperialismo para frenar el auge del movimiento obrero y revolucionario. Dado que en algunos países esa primera ofensiva del fascismo fue derrotada en la Segunda Guerra Mundial, el fascismo se identifica con sus formas coyunturales originarias, especialmente con Hitler y Mussolini, los campos de concentración, las torturas brutales o la liquidación de los derechos fundamentales.

    Pero el fascismo no es consecuencia de la represión, sino al revés. Las formas de represión cambian con las formas de dominación. Hay tribunales, cárceles y policías en todos los Estados, de donde los oportunistas deducen que los tribunales, las cárceles y los policías funcionan de la misma manera. Es una opinión muy extendida que se apoya sobre comodines selectos, el principal de los cuales es la manoseada "naturaleza de clase del Estado burgués", que acude al empleo de una represión que, en ocasiones, es incluso brutal, a pesar del carácter democrático del Estado, como ocurrió tras la Comuna de París.

    Aquí hay un profundo error metodológico. El marxismo-leninismo es, como repitió Lenin, un análisis de lo concreto, de lo diferencial y, por lo tanto, de lo histórico. En todos los países capitalistas el capitalismo no es el mismo. El análisis empieza a partir del momento en el que se identifica a un país como capitalista y, sin embargo, se diferencia de otros países que también son capitalistas, es decir, cuando es capaz de establecer tanto la unidad como la diferencia de cada país.

    El materialismo histórico no conoce argumentaciones que estén por encima de la historia, es decir, que se refieran a cualquier país en cualquier época. Es lo que sucede con la represión, que en este país padece el mismo vacío ideológico que la transición: también está fuera de la agenda de las organizaciones comunistas, seguramente porque la represión pasa a su lado pero no va contra ellas. Consideran preferible discutir los planes quinquenales, la coexistencia pacífica o los koljoses en la URSS que la ley de seguridad ciudadana, la ley de partidos, la de videovigilancia, la doctrina Parot, el régimen FIES, Interpol, Schengen, Echelon o las órdenes europeas de detención.

    Cuando no se analiza la represión, no se analiza la historia. Donde hay una manifestación, al lado hay un policía antidisturbios. No se puede hablar de una cosa sin mencionar la otra. Una organización que no es capaz de analizar la represión, sus formas y su historia, no conoce al Estado contra el que pretende enfrentarse. Pero a esa organización no sólo le debería interesar conocer a fondo el contenido de la represión sino la naturaleza de la misma, las formas concretas que adopta porque, a veces, la represión es un acto extraordinariamente formalizado, mientras que otras los aparatos del Estado se sumergen en el funcionamiento paralelo, la tortura, las desapariciones y, en fin, los demás crímenes de Estado.

    Pondré un ejemplo: en 1956 se prohibió en la República Federal de Alemania al Partido Comunista, algo que parece idéntico a la prohibición en España del PCE(r) en 2003. Sin embargo, no hay paralelismo posible, ambos fenómenos tienen poco que ver entre sí; ni Alemania es España, ni 1956 es 2003. Como corresponde a dos acontecimientos distintos, las formas no son las mismas. El KPD se prohibió tras un largo juicio ante el Tribunal Constitucional, con la parafernalia propia del caso; el PCE(r) lo prohibió un auto, es decir, una decisión de ínfimo rango de un único juez, en el que no hubo ni juicio, ni defensa, ni recurso de ninguna clase. El KPD había sido legal y luego cambió sus siglas por las de DKP y recuperó su legalidad; el PCE(r) nunca ha sido legal. El KPD nunca tuvo detenidos ni presos; el PCE(r) ha tenido unos 3.000 aproximadamente. Al KPD no le han asesinado militantes; al PCE(r) le han asesinado unos 30 aproximadamente. En fin, la prohibición del KPD responde a una situación coyuntural; la del PCE(r) es definitiva.

    No creo necesario abundar en que para un comunista estudiar la represión es una práctica que consiste en luchar contra ella, y no sólo en denunciar su existencia. Tampoco me parece necesario repetir que para luchar contra un Estado hay que luchar también contra la represión de ese Estado.

    Notas:

    (1)Lenin, Sobre la caricatura del marxismo, Obras Completas, tomo 30, pg.98.
    (2)Dimitrov, Obras Escogidas, tomo I, pg.581.
    (3)"Los dirigentes que tenemos reflejan cómo somos", dice en una entrevista el grupo musical Deff con Dos, que titula un reciente disco "España es idiota": http://www.kaosenlared.net/component/k2/item/49241-entrevista-a-def-con-dos-%E2%80%9Clos-dirigentes-que-tenemos-reflejan-c%C3%B3mo-somos.html
    (4)Dimitrov, Obras Escogidas, tomo I, pg.581.
    (5)Dimitrov, Obras Escogidas, tomo I, pg.664.
    (6)Dimitrov, Obras Escogidas, tomo I, pg.604.
    (7)Lenin, El imperialismo fase superior del capitalismo, Obras Escogidas, tomo I, pgs.762 y stes.
    (8)Dimitrov, Obras Escogidas, tomo I, pg.666.


    0 0
  • 04/08/13--16:10: Vídeo del PCE (1937)


  • 0 0

    Es notorio que el acercamiento de cada vez más gente al comunismo y al antifascismo es paulatinamente menos selectivo, cosa muy lógica por otra parte, ya que también la represión lo es. Por eso no debemos de dejar de recordar conceptos que para nosotros están claros desde hace años, pero que sirven de aprendizaje para los nuevos militantes que se acercan al movimiento, o lo que es lo mismo y parafraseando al rapero comunista Pablo Hasel en una canción que tiene sobre la idea que quiero desarrollar en este artículo, "sé que a veces me repito, pero hay cosas que sabemos tú y yo, el resto no".

    Pues es para esa cantidad creciente de gente para la que hemos de repetir cosas que para nosotros estén más que claras, ya que les servirá de aprendizaje y concienciación.

    En este caso, me gustaría hablar de porqué es necesario la lucha por la amnistía de los presos políticos, y porqué está en el deber de amplios sectores populares (que no tienen porqué coincidir cien por cien con ellos ideológicamente) el luchar por conseguirla.

    Me gustaría decir una vez más que los presos políticos son personas que en su momento renunciaron a su vida (más o menos tranquila o asegurada) por un bien que no les iba a tocar directamente a ellos, por un bien que ni si quiera sabían si iban a poder disfrutar, por la obtención de derechos que muy seguramente a ellos les serían negados.
    Y lo hicieron en pro de la causa de una sociedad mejor, con igualdad de derechos para todos, sin "explotadores ni explotados", donde imperase la justicia social, es decir, por el advenimiento de una sociedad socialista.
    Es verdad que nadie se lo ha pedido, pero no es menos cierto que la sinceridad y generosidad que emanan de su ejemplo no puede dejar indiferentes a aquellos sectores que se han visto favorecidos por la lucha de estas personas (la mayoría social) ante el machaque sistemático que sufren por parte de las autoridades francesas y españolas.

    Nadie que se considere demócrata, con conciencia, antifascista, comunista, patriota de una nacionalidad oprimida, puede dejar de reconocer la justeza y el innegable valor ejemplarizante encarnado en la lucha de estos hombres y mujeres que pelearon por un mundo mejor y ahora están presos por ello.

    Ellos no se fijaron en quién iba a salir beneficiado con su lucha, porque su objetivo era (y es) que salga beneficiado el mayor número de gente posible, ya que es precisamente el mayor número de gente posible la que está explotada y a merced de este sistema.

    Así que es necesario que por encima de diferencias ideológicas se imponga lo que nos une sobre lo que nos separa en pro de los objetivos comunes, en este caso la amnistía. Da igual que seamos anarquistas, independentistas, comunistas, antifascistas, ecologistas, patriotas de las nacionalidades oprimidas, o simplemente demócratas. Lo que importa es que todos juntos luchemos por arrancar de las mazmorras de los estados español y francés a estos hombres y mujeres que de una forma desinteresada lo dieron todo para la mejora de nuestros derechos y condiciones.

    Un solidario. Euskal Herria.


    0 0


       
    14 ABRIL: Carmela y Ciete 
    en libertad el domingo 14, 
    desde la cárcel de Córdoba

    Tenemos el honor y la alegría de informaros que el 14 DE ABRIL, después de largos años de cárcel, salen de la prisión de Córdoba (Alcolea), Carmen Muñoz Martínez, "Carmela", y Leoncio Calcerrada Fornieles, "Ciete". Por la mañana iremos a la puerta de la prisión a recibirlos. A partir de las 12 estaremos en el Juan 23, donde haremos una fiestecilla de bienvenida. Es una muy buena ocasión para la SOLIDARIDAD. ALLI NOS VEMOS. Un abrazo

    0 0


                Por uno de esos azaresdel destino, ha venido a caer en nuestras manos un documento “interno” de los llamados Colectivos de Jóvenes Comunistas, titulado “El izquierdismo hoy: nuevas formulaciones, misma práctica”. En él, sus “ideólogos” se dedican, durante unas 25 páginas, a exorcizar los temores que en estos momentos parece que atenazan al revisionismo, y que vienen a sintetizarse en uno solo: los cabecillas del PCPE y de sus juventudes saben que, en un contexto de agudización de la crisis general del capitalismo como el que estamos viviendo, no tienen nada que ofrecer ni a la clase obrera ni a la juventud combativa y temen que en algún momento se produzca una desbandada en sus filas, ante el escoramiento a la izquierda que se está dando entre los sectores avanzados. Este documento, y la contrarrevolucionaria y cobarde crítica que en él dirigen a nuestro Partido (ni siquiera se han atrevido a hacerla pública, como correspondería a una auténtica organización comunista), son un intento desesperado por evitar esa desbandada, que no cabe duda que se producirá más pronto que tarde. Ningún comunista honesto puede permanecer por mucho tiempo en las filas del revisionismo.
               

    Una cuestión previa


    Antes de entrar en mayores honduras sobre el documento que estamos tratando, nos gustaría mencionar un pequeño detalle que nos ha llamado poderosamente la atención. No es otro que el sorprendente hecho de que los “teóricos” de los CJC pretendan respaldar sus posiciones recurriendo a varias citas de Stalin.


    Nos dicen que algunos jóvenes «sin la suficiente formación o información» se pueden ver atraídos por nuestro Partido. Pues bien, para que quienes militen o pretendan militar en el PCPE-CJC cuenten con la suficiente información y no vayan por el mundo a ciegas, como parece que les ocurre a los jóvenes que se acercan a nuestro Partido, nos gustaría aportar alguna información sobre estos comunistas de los pueblos de España, sobre cuáles son sus orígenes y hasta qué punto sus postulados no tienen nada que ver en absoluto con los que defendiera Stalin.


    El PCPE no surge, como surgimos otros, hace ya más de cuarenta años, en la lucha que en aquellos momentos se desató entre el revisionismo y el comunismo revolucionario. Surge bien entraditos los 80, por lo que comparten con los carrilistas no sólo todo el proceso de degeneración política e ideológica que se inició a partir de la adopción por el PCE de la política de reconciliación nacional, sino también lo que fue la culminación de ese proceso; es decir, la llamada transición, donde se plegaron hasta casi partirse el espinazo a los intereses de la oligarquía financiera y de los franquistas. El PCPE, en este sentido, es partícipe y cómplice del carrillismo en aquella farsa en la que se echó por tierra y se pisotearon décadas de la más heroica lucha antifascista.


    Por otra parte, el PCPE no nace como una escisión revolucionaria del PCE, sino que simplemente es una criaturita del ultradegenerado PCUS de los años 80. El PCE se había desmarcado de la URSS para abrazar el eurocomunismo, y, ante eso, el PCUS necesitaba crear un partido que continuara cumpliendo el papel de testaferro del revisionismo soviético en nuestro país. De aquí nace el PCPE, son éstos sus heroicos orígenes: mientras algunos continuamos manteniendo en alto la bandera de la resistencia y de la lucha por el socialismo (cuando esta bandera ya había sido arrojada al barro por la mayor parte de las organizaciones que se autodenominaban “comunistas”), otros se dedicaban a “trincar rublos” (como diría algún periodista), generosamente donados por la mafia que en aquellos momentos se había instalado en el gobierno, el partido y el Estado soviéticos. ¿Puede dar lecciones de marxismo-leninismo una organización semejante?


    El PCPE puede hacer todos los requiebros ideológicos que quiera; ha sido, es y será parte del campo revisionista.


    Y es aquí donde entra la cuestión de Stalin. Pocas organizaciones hay más ajenas a Stalin que el PCPE. Ni siquiera cabe aplicarles el concepto de jruschovistas. Su revisionismo no es ni siquiera el del XX Congreso del PCUS. Es algo mucho peor. El PCUS de los años 80, su alma mater, más que revisionista, era un semillero de agentes del imperialismo apenas disimulados. ¿A cuento de qué se dedican los peceperos a citar a Stalin? Su pretensión de hacerse pasar por “estalinistas” (entendiendo “estalinista” como sinónimo de marxista-leninista) resulta, más que cómica, patética. El PCPE representa un proyecto viciado en origen, emparentado con los Carrillo, los Gorbachov y elementos similares. Actualmente, no es más que el ala izquierda del revisionismo. Es más, resulta incomprensible que no opte por integrarse directamente en IU, coalición de la que fue miembro fundador. Desde la óptica de los comunistas revolucionarios, no se aprecian grandes diferencias entre el tal Carmelo Suárez y los Cayo Lara y Llamazares. Todos comparten la misma impronta ideológica, la que les viene del tronco común del carrillismo.


    Sobre el carácter del Estado, la República Popular y los lugares comunes del oportunismo.

                Parece que todas las variantes del oportunismo, de “izquierda” y de derecha, coinciden en los mismos elementos a la hora de hacer una crítica de la línea de nuestro Partido. Los peceperos no iban a ser  menos.


                Niegan que el Estado español tenga un carácter fascista. Dicen que «España, a la muerte de Franco y con la posterior “transición política” se equipara al resto de las democracias burguesas occidentales, quedando una serie de reminiscencias del antiguo régimen (tribunales especiales, corona, etc.) pero que en ningún momento condicionan la correcta caracterización de España como una democracia burguesa al uso. Además, una vez finalizada la dictadura fascista, España se incorpora de facto a la cadena imperialista europea».


                La última frase de esta cita resulta bastante incomprensible. ¿Es que España, antes de la farsa transicional, era un Estado antiimperialista y sólo después «se incorpora de facto a la cadena imperialista»? Por el tono que los ideólogos de los CJC utilizan a lo largo de este documento, da la impresión de que tienen un alto concepto de sí mismos en el plano teórico. Sin embargo, en ciertas afirmaciones, como ésta que mencionamos, demuestran tener graves carencias políticas e ideológicas y ser más unos diletantes que marxistas más o menos formados. El franquismo estaba incorporado a la cadena imperialista desde el 18 de julio de 1936.


    Por otro lado, hay algunos datos que se les olvida mencionar a los ideólogosde marras, aunque quizá no deberíamos tenérselo en cuenta, pues, ciertamente, el PCPE sí ha vivido en una democracia burguesa al uso, en el sentido de que estas más de tres décadas que han transcurrido desde la farsa transicional han representado para este partido un período extraordinariamente apacible, parafraseando a Mayor Oreja (que, al igual que los peceperos, también cree firmemente que vivimos en una democracia, y, en su momento, cuando desempeñaba las funciones de ministro del interior, se marcó el objetivo de convencernos a todos de ello, con lo medios más pedagógicos).


    Lo que olvidan mencionar nuestros jóvenes comunistas es que las reminiscencias del franquismo que arrastramos, no sólo consisten en la existencia de un tribunal especial o de la institución monárquica (que más que una reminiscencia franquista es una reminiscencia feudal), sino en otras muchas; a saber: la utilización de la tortura de forma sistemática en la represión de la disidencia política, la utilización del terrorismo de Estado y la guerra sucia (en fechas tan recientes como 2009 todavía el Estado secuestró, torturó, asesinó y desapareció a un militante antifascista, como es el caso del independentista vasco Jon Anza), la ilegalización de organizaciones políticas, el encarcelamiento de militantes políticos, cuyas condenas se cuentan por décadas (esas condenas que en este documento se consideran «ridículas desde el punto de vista militante»)... La democracia española al uso resulta en realidad muy sui generis, y mantiene tantas concomitancias con el franquismo que a algunos nos lleva a cometer el imperdonable error, propio de unos incorregibles izquierdistas, absolutamente ignaros de los principios del marxismo-leninismo, de considerar que vivimos bajo un Estado fascista. Pero es que nosotros vivimos en una realidad paralela... la que le toca vivir a las organizaciones revolucionarias. La realidad de los comunistas al uso que viven en democracias al uso es bien diferente.


    Y, a riesgo de resultar reiterativos, nos gustaría traer aquí una cita muy interesante, cuya procedencia revelaremos al final de la misma: «España es el Estado europeo donde más población reclusa existe, donde más duro es el Código Penal y donde las normas sancionadoras se aplican con menores garantías, respecto a otros Estados del continente.


    »Con más de un millar de presos políticos, con más de una veintena de organizaciones ilegalizadas o disueltas a base de persecuciones, con reiterados informes de los diferentes relatores de Naciones Unidas, constatando la práctica reiterada de la tortura durante las custodias de detenidos o presos, así como las escasas o nulas consecuencias penales para sus autores, merece la pena analizar la represión con especial hincapié.(...)»Tras las leyes de amnistía dictadas por las Cortes franquistas en 1976 y 1977, izquierdas y derechas parlamentarias han proclamado al mundo la plena consecución de las libertades públicas en España, así como la absoluta inexistencia de presos políticos en su territorio.
    (...)»En la medida en que la estructura política, económica y militar del Estado español quedó apenas intacta tras la promulgación de la Constitución de 1978, era evidente que volvería a haber presos políticos, y la realidad que hoy vivimos deja muy clara esta afirmación.»En el año 2002, los dos grandes partidos de la burguesía, PSOE y PP, lanzaban la promulgación de la conocida como Ley de Partidos, instrumento legal que ha sido indispensable en la conculcación de los derechos civiles de miles de personas en todo el Estado. En virtud de este texto, más de una veintena de organizaciones políticas, sociales, de defensa de los derechos humanos o culturales han sido ilegalizadas, y decenas de dirigentes y militantes encarcelados, así como de mucha gente que ha sido relacionada con organizaciones o movimientos sin ser parte de ellos, para poder condenarles sin ningún tipo de prueba real, bajo la argumentación de ser un instrumento legal con fines terroristas. Este tipo de condenas se han dado en procesos judiciales con múltiples irregularidades, mediante tribunales de excepción y sin las debidas garantías procesales. (...)»De una manera o de otra, los procesos penales que se han dado en los últimos 30 años contra la disidencia en todo el Estado, han sido denunciados por diferentes organismos internacionales por la total ausencia de garantías de los mismos: autoinculpaciones y confesiones obtenidas bajo tortura durante los días que la Ley Antiterrorista habilita para que el detenido no tenga medios de defensa, condenas formuladas en base a diligencias policiales y sin pruebas, o la existencia de tribunales de excepción como la Audiencia Nacional, son la base para una represión que afecta a militantes comunistas, anarquistas, independentistas, antimonárquicos y jóvenes inconformistas con este sistema en general (...).»Este marco represivo que, con unos medios de comunicación totalmente domesticados y el silencio general en la izquierda reformista, abre el camino para que se reabran viejas fórmulas represivas y el terrorismo de Estado, fórmulas que de hecho nunca fueron cesadas. Actualmente, existe un pacto de Estado sobre malos tratos y tortura, que involucra a jueces, que ni investigan ni condenan a fuerzas policiales; políticos, que dirigen en la sombra; policías y guardias civiles, que ejecutan; y medios de comunicación, que silencian o desacreditan las denuncias. (...)»Es igualmente ilustrativo el sistema carcelario español que, reconocido por sus propios mentores como uno de los más crueles de Europa, se configura no solamente como aparato de represión, sino que supone el medio esencial para la anulación física de las personas reclusas, donde la represión abarca todas sus formas. Torturas y aislamiento son los métodos habituales de trabajo del personal de prisiones.»

    Sólo cabe extraer una conclusión de estas líneas, y no es otra que la de la pervivencia del fascismo tras el tongo de la transición. ¿Qué otra conclusión cabe sacar cuando se dice que en «la medida en que la estructura política, económica y militar del Estado español quedó apenas intacta tras la promulgación de la Constitución de 1978, era evidente que volvería a haber presos políticos» o que prácticas como el terrorismo de Estado «nunca fueron cesadas»?


    ¿Y de dónde ha sido extraída esta cita? ¿Tal vez es un producto de nuestra ultraizquierdista y retorcida mente? Va a ser que no. Esta cita viene de otro lado. El título del documento, muy poético y combativo, es “La juventud a la ofensiva construyendo revolución”, y sus autores son... los propios CJC. Y no es un simple articulillo publicado por alguna oveja descarriada de estos colectivos, sino que viene a ser algo así como el informe político que se sometió a debate en el 7º congreso de las juventudes del PCPE. Sorprendente, ¿no?


    Y ahora lo que hay que analizar es cuál es la verdadera posición de los CJC: si la que se expresa en el documento “interno” “ultrasecreto” o el documento del 7º congreso. Nosotros consideramos que en ambos documentos se expresa la verdadera posición de los CJC (el oportunismo, siempre por encima del bien y del mal, puede permitirse el lujo de defender una cosa y la contraria). Y nos explicamos: con el documento del 7º congreso pretendían contentar al sector más combativo de sus militantes; y con el documento “ultrasecreto” lo que pretenden es neutralizar las tendencias revolucionarias de esos mismos sectores combativos. Hay una compatibilidad total entre ambos documentos, desde el punto de vista de la estrategia de los peceperos y de sus juventudes para retener a sus militantes, no vaya a ser que, faltos de «formación e información», se decidan a ir por otros derroteros políticos e ideológicos, alejándose para ya no volver de este producto de la perestroika que es el PCPE-CJC.


    Continuando con los lugares comunes en que suelen incurrir gran parte de las organizaciones oportunistas a la hora de criticar a nuestro Partido, debemos entrar en la cuestión de la República Populary qué papel juega en la estrategia y la táctica que defendemos.


    Los oportunistas suelen defender que nuestro Partido no lucha por el socialismo, sino que nos limitamos a defender un proyecto “populista” (en el sentido en el que el leninismo entiende este concepto), meramente democrático-revolucionario. Quienes hacen esta interpretación de nuestras posiciones, y no son pocos, o bien no saben leer o bien se dedican a acercar el ascua a su sardina y no entienden otro modo de atraer al personal a su organización que manipulando y falseando las posiciones de la competencia. Los CJC, a este respecto, dicen en su documento que nuestro posicionamiento sobre el carácter fascista del Estado español «tiene un único objetivo: rechazar la necesidad estratégica de la revolución socialista». A esto podríamos contestar que el posicionamiento de los peceperos sobre el carácter no fascista del Estado español tiene también un único objetivo: el de justificar su apego a la legalidad burguesa, al electoralismo y a los métodos de lucha no revolucionarios.


    Nuestro Partido, por activa y por pasiva, siempre ha dicho que la revolución pendiente en España sólo puede tener un carácter socialista. ¿Podría ser de otro modo en un país de capitalismo monopolista de Estado como el nuestro?


    Ahora bien, ¿cómo llegamos al socialismo? ¿Cómo nos acercamos al socialismo? ¿Es necesaria alguna fase intermedia? Nosotros creemos que sí.


    Partimos de la base de que toda revolución socialista, aunque se dé en un país imperialista, tiene, nos guste o no, un cierto componente popular. Esos purismos de “clase contra clase” tienen más que ver con el trotskismo que con el marxismo. Ciertamente, las clases determinantes en las sociedades capitalistas son la burguesía y el proletariado; son estas dos clases los principales actores en la lucha por el socialismo.


    Pero existen también los llamados sectores populares (trabajadores autónomos, pequeños propietarios, campesinos...), sectores no proletarios que los comunistas debemos saber ganarnos para la revolución o neutralizarlos en caso de que lo primero no sea posible, sencillamente porque, de no hacerlo, los tendremos enfrente, en el campo de la burguesía, del fascismo. Y hay que tener en cuenta que estos sectores no proletarios representan todo un ejércitoformado por millones de personas. Sería, desde luego, una política muy poco inteligente dejar que esta fuerza social se decantara hacia el campo de la reacción.


    No se puede derrotar a un Estado fascista, armado hasta los dientes y dispuesto a desencadenar, como ya ha demostrado en numerosas ocasiones (antes y después de 1978), la más sanguinaria y terrorista represión contra el movimiento revolucionario, sin forjar la más amplia unidad obrera y popular, que es a lo que nosotros denominamos como Movimiento de Resistencia Popular.


    Existen, además, algunas cuestiones democráticas que resolver, como es el caso de la opresión nacional; y, en relación con esto, debemos establecer relaciones de colaboración y entendimiento con las expresiones progresistas de los movimientos de liberación nacional de las nacionalidades oprimidas por el Estado español, cuyo componente de clase tampoco es precisamente proletario.


    Éste es el sentido de nuestras posiciones democrático-populares y ésta es la razón por la que consideramos que la revolución socialista deberá pasar por un breve período de transición (tal vez de sólo unos meses) que prepare las condiciones para iniciar el proceso de construcción del socialismo como tal. En nuestro programa, se expresa con bastante claridad: «Con la instauración de la República Popularse inicia el periodo que va desde el derrocamiento del Estado fascista e imperialista a la implantación de la dictadura del proletariado. Dicho periodo cubrirá una corta etapa de transición que puede ser considerada también como de comienzo de la reestructuración socialista».


    Nuestro planteamiento sobre la República Populary el gobierno provisional democrático-revolucionario encaja perfectamente con lo que Dimitrov, en el VII Congreso de la Internacional Comunista, definía, siguiendo a Lenin, como las «formas especiales de transición o de acercamiento a la revolución proletaria». Quien quiera encontrar contradicciones, ambigüedades o posiciones ajenas al marxismo-leninismo en un planteamiento como el nuestro, o es un manipulador o no entiende absolutamente nada de la teoría, de la práctica y de la historia del movimiento comunista. Encontramos un poco de todo esto en el documento de los jóvenes “comunistas”.


                No hay en nuestra posición ninguna innovación en lo que se refiere a la lucha por el socialismo. Todos los procesos de construcción socialista que se han dado a lo largo de la historia han tenido este componente popular: antes de la Revolución de Octubre se dio la revolución de febrero, y el gobierno surgido de Octubre no era un gobierno puramente obrero, sino un gobierno obrero y campesino; por no hablar del período de la NEP, en el que se estableció una alianza temporal no sólo con la pequeña burguesía campesina, sino también con la pequeña y mediana burguesía industrial y comercial. Ahí tenemos también la revolución china o los procesos que se dieron en las democracias populares de Europa del este. Y este componente popular, aunque en menor medida, dado el grado de desarrollo actual del capitalismo en todos los países, que tiende a simplificar al máximo el conflicto de clase (sin llegar a reducirlo totalmente a la purísima fórmula de burguesía versusproletariado), continuará jugando un papel en el futuro. Nuestro Partido cree que este papel debe ser tomado en cuenta y tener su reflejo en la táctica revolucionaria. Por el contrario, las organizaciones que pretendan soslayarlo, sólo estarán demostrando que tienen una concepción abstracta, puramente teoricista y metafísica de la lucha de clases y una manifiesta incapacidad para desenvolverse en el plano de la realidad, en el plano de lo concreto. 


    El “señuelo” de los presos políticos


                En otra parte del documento se dicen cosas como ésta: «Mediante su praxis, el PCE(r) busca en los frentes no la hegemonía, como debiera hacer un destacamento comunista, sino atraer a militantes a su organización utilizando por ejemplo la solidaridad hacia los presos políticos (...). Debido a esto, muchos militantes están en la cárcel cumpliendo condenas ridículas desde el punto de vista militante, lo cual es verdaderamente peligroso y resulta improductivo para el avance de las posiciones revolucionarias en el seno de la clase obrera».


                Al margen de la cuestión de los presos políticos, esta parrafada nos suscita un par de reflexiones. La primera es que nos vuelve a dejar estupefactos la capacidad que tienen nuestros críticos para decir tonterías a diestro y siniestro (más a diestro que a siniestro, teniendo en cuenta la organización en la que militan). Lanzan contra nuestro Partido la gravísimaacusación de que queremos atraer militantes a nuestra Organización, en vez de buscar la hegemonía.


    Nuestro Partido, como todos los partidos comunistas que son y han sido, tiene entre sus objetivos fundamentales el de atraer militantes a sus filas y fortalecerse orgánicamente. ¿Es que el PCPE  acude a los frentes de lucha buscando únicamente adhesiones morales? Y, por otro lado, ¿de qué manera se puede obtener esa hegemonía si no se cuenta con una organización fuerte, no sólo en lo político e ideológico, sino también en lo orgánico?


    Y, en la última parte de la cita, se lanza una advertencia a quienes pretendan tomar el camino de la lucha revolucionaria, intentando meterles el miedo en el cuerpo y demostrando cuál es el carácter del PCPE-CJC. Vienen a decir que hacerse militante del PCE(r) es algo «verdaderamente peligroso» (y no es propio de comunistas... al menos no lo es en el caso de los comunistas de los pueblos de España... correr peligros de ningún tipo) porque se puede acabar en la cárcel y, lo que es peor, terminar haciendo el ridículo, pues las condenas que se nos imponen son «ridículas desde el punto de vista militante». No sabemos qué se pretende expresar con esto de lo ridículo desde el punto de vista militante. Debe ser otra ocurrencia de nuestros aprendices de marxistas, que cuando no saben qué decir, salen por la tangente con frases rimbombantes de este tenor. Lo que ocurre es que, en este caso, les han traicionado los duendes del subconsciente y ha salido el contrarrevolucionario que llevan dentro.


    ¿Ridículas las condenas a los militantes del PCE(r)? ¿Deben considerar igualmente ridículas “desde el punto de vista militante” la muerte de José Ortín, de Sevillano, de Crespo Galende y de muchos otros presos políticos y militantes comunistas asesinados por el terrorismo de Estado?


    Los cabecillas del PCPE-CJC, aunque no lo manifiesten a menudo (si lo hicieran, buena parte de sus propias bases se los comerían vivos), profesan un profundo odio a nuestro Partido y a nuestros militantes, presos incluidos. Su documento “interno” es una clara prueba de ello. Y es bastante entendible este odio, en el que coinciden todos los reformistas y oportunistas: somos el espejo en el que se deben mirar y lo que ven no les gusta nada; somos el contrapunto a su claudicación, a su venalidad, a su inconsecuencia. Desean de todo corazón que desaparezcamos del mapa de una vez para siempre, pues, de ese modo, podrían hacerse pasar por revolucionarios ante la imposibilidad de establecer una comparativa entre los bolcheviques de postal, que tienen la completa seguridad de que dormirán cada noche en su casa -después de leer apaciblemente algún clásico del marxismo con la bata y las pantuflas-, y entre quienes creen que la lucha por el socialismo exige un grado de compromiso y de sacrificio que está a años luz del que están dispuestos a asumir estos señores. Los auténticos comunistas no tienen ningún complejo y no temen hacer el mayor de los ridículosdando con sus huesos en la cárcel si a eso les conduce su compromiso revolucionario; y el compromiso revolucionario, cuando es auténtico, suele tener la desagradable consecuencia de conducir a los militantes comunistas a los cuarteles, comisarías y mazmorras del fascismo.


    Y aquí enlazamos con la cuestión de los presos políticos, que según los peceperos no son más que el señuelo que utilizamos para captar militantes «sin la suficiente formación e información». Como siempre, y siendo consecuentes con la mezquindad política que rezuma el documento que estamos analizando, nuestros jóvenes diletantes interpretan las cosas de la peor manera, pretendiendo adjudicarnos sus propias cualidades morales.

    Nosotros no nos dedicamos a manipular a la gente (como hacen los CJC en su documento) ni utilizamos la cuestión de los presos políticos como un caramelito con el que embaucar a ningún pobre ingenuo (los peceperos parten de la base de que todos aquéllos que no militan en sus organizaciones están aquejados de la más profunda estupidez y falta de luces). Los presos políticos no son ningún señuelo; más bien son un testimonio. ¿Un testimonio de qué? Pues, sencillamente, son el testimonio de quiénes están dispuestos en este país a luchar hasta las últimas consecuencias.


    Sí, los presos políticos representan un polo de atracción para los militantes más honestos.  Pero no por los motivos que creen los peceperos, no por un humanista sentido de la solidaridad, no porque nos dediquemos a explotar la vena sensible del personal relatándoles compungidos la situación tan penosa en que están nuestros pobres presos. Éste no es nuestro estilo. En las charlas que dan nuestros ex-presos o en las cartas que escriben los que aún se encuentran dentro, se transmiten cosas muy diferentes a esta patética sensiblería. Se denuncia, como no podía ser de otro modo, la situación en que viven los presos, las palizas, el aislamiento, etc. (sobre lo cual el PCPE-CJC guarda en general, salvo honrosas y contadas excepciones, un sepulcral silencio, haciéndose con ello cómplice de los actos criminales del fascismo). Pero, sobre todo, se anima a continuar la lucha, a organizarse, a seguir combatiendo por el socialismo. Y esto es lo que valoran los jóvenes combativos y los sectores avanzados de la clase obrera: cómo en las condiciones más difíciles se pueden mantener la moral, el espíritu y los principios revolucionarios. Ya lo hemos dicho: un movimiento que cuenta con presos políticos demuestra que va en serio en esto de hacer la revolución. Y esto no es un señuelo de nada; es un hecho objetivo, tangible, que se explica por sí mismo. ¿Qué demuestra, por su parte, el PCPE-CJC? Con presentarse a las elecciones, obtener dos concejales en todo el Estado, practicar el más mezquino seguidísimo respecto a las mafias sindicales al servicio del capital (ya hasta hace sus mítines en la sede central de la UGT)  y enmierdar a las organizaciones revolucionarias de aquí a la India (la posición del PCPE respecto a los naxalitas dice mucho de la naturaleza contrarrevolucionaria de este partido) tiene suficiente. Y esto también se explica por sí mismo. ¿Alguien se va a extrañar cuando a la vuelta de no mucho tiempo no quede en este partido ni un solo militante honesto? Quedarán el tal Carmelo Suárez (insigne dirigente y “teórico” marxista) y los cuatro gatos de la extinta Unión Proletaria (dónde quedaron los buenos tiempos de “La Forja”, en que estos señores se presentaban como los sumos guardianes de las esencias del marxismo-leninismo, partidarios de la organización clandestina y de los métodos ilegales de lucha...). Si en este momento son algunos más, ello sólo se debe a que la represión se ha encargado durante cuarenta años de que en este país la alternativa auténticamente revolucionaria se haya visto imposibilitada de desarrollarse a un mayor nivel. Ésta es la razón de que organizaciones como el PCPE hayan adquirido alguna fuerza. Y, siendo así, resulta muy llamativo que los peceperos afirmen en su documento que el relativo desarrollo que en momentos de agudización de la lucha de clases se produce en lo que ellos llaman el “izquierdismo” se debe a «la ayuda que le brinda el Estado burgués a estos grupos para acometer lo que mejor saben hacer, dinamitar el trabajo del Partido de la revolución marxista-leninista». Una de dos: o los “ideólogos” del PCPE-CJC tienen serios problemas en el córtex frontal y perciben la realidad como les viene en gana o pretenden tomarnos a todos por imbéciles. ¿A quién ha ayudado el Estado burgués? ¿Al PCE(r), contra el que el Estado ha practicado todas las formas habidas y por haber de represión y terrorismo? ¿O al PCPE, “el-partido-de-la-revolución-marxista-leninista”, que lleva vegetando en la legalidad burguesa desde su mismo nacimiento?


    Animamos encarecidamente al PCPE-CJC a que continúe por esta línea, a que siga hundiéndose en la charca revisionista. La crisis y el colapso de esta organización son tan inevitables como la crisis y el colapso del propio capitalismo, por cuanto el proceso de destrucción del capitalismo está indisolublemente ligado al proceso de destrucción del revisionismo y el reformismo. Por nuestra parte, tenemos la certeza de que, a pesar de la represión y de la labor que los oportunistas de todos los colores desarrollan contra nosotros, seremos capaces de articular la alternativa revolucionaria que la clase obrera, los sectores populares y la propia situación política y económica están reclamando. No nos cabe duda de que aún nos quedan muchos golpes por recibir, de que aún debemos superar no pocas dificultades, de que aún tenemos por delante un ingente trabajo que realizar. Pero sabremos estar a la altura de las exigencias de la lucha revolucionaria. El futuro, ya lo hemos dicho muchas veces, es de los que persisten.


    0 0



    0 0


                En torno a la figura de Trotsky existe mucho mito y muy poca realidad. A esto ha contribuido de manera muy importante la propaganda imperialista. En la lucha contra el comunismo, y, particularmente, en la labor de destrucción y demonización de una figura histórica como la de Stalin, esta propaganda se ha valido, una vez más, del manido argumento de los buenos y los malos. Y si Stalin, como no se han cansado de repetirnos a lo largo de décadas y décadas, era el malo (y más que el malo, el propio diablo con cuernos y rabo), el bueno debía ser necesariamente Trotsky.

                La leyenda que sobre Trotsky ha inventado el imperialismo no es más que una fabulación al servicio de las campañas contra Stalin, vale decir contra el comunismo, por cuanto el antiestalinismo no es más que otra forma de denominar el anticomunismo. Existe una incompatibilidad manifiesta en reivindicarse antiestalinista y comunista a un tiempo. El antiestalinismo es una criatura del imperialismo. Y quien de un modo u otro comparte la propaganda negra sobre Stalin no puede bajo ningún concepto formar en las filas del movimiento comunista.

    Trotsky, el legítimo heredero de Lenin.


                Una de las grandes mentiras de la historiografía burguesa es la de que el legítimo heredero de Lenin no era otro que Trotsky.


                Dejaremos de lado, por el momento, lo que Lenin opinaba sobre Trotsky (aunque citaremos algunas de esas opiniones más adelante), para centrarnos en la relación que éste último mantuvo con el bolchevismo.


                Un solo dato sintetiza de la forma más clara la naturaleza de esta relación: Trotsky se hizo bolchevique sólo un par de meses antes de la Revolución de Octubre. Fiel a su inveterado oportunismo, supo subirse a tiempo al carro que más le convenía. Es seguro que si los bolcheviques no hubieran tenido posibilidades de tomar el poder, Trotsky ni se hubiera planteado integrarse en sus filas, como no lo hizo a lo largo de más de una década. De hecho, esperó hasta el último momento para hacerlo, cuando vio confirmado que eran la única fuerza política que podía permitirle hacer carrera como líder revolucionario. Desde febrero de 1917 hasta su incorporación a los bolcheviques, intentó, como siempre, nadar entre dos aguas, en la fracción de los llamados “interdistritales”, desde la que podía saltar a derecha o izquierda, según se desarrollaran los acontecimientos.


                La legitimidad que el trotskismo reclama sobre el bolchevismo no tiene, por tanto, ningún fundamento. Trotsky y el trotskismo han sido siempre completamente ajenos, y, de hecho, hostiles, al bolchevismo. Trotsky, en numerosas ocasiones, a lo largo de más de una década, criticó del modo más acerado a los bolcheviques, acusando a Lenin de querer imponer en el Partido un régimen cuartelero, de querer implantar, no la dictadura del proletariado, sino la dictadura sobre el proletariado. Pronunciamientos de este tipo los hizo por decenas, y no les pueden ser desconocidos a quienes estén mínimamente familiarizados con la trayectoria de este personaje. Se puede decir que los argumentos que utilizó contra Lenin antes de hacerse pasar por bolchevique fueron aproximadamente los mismos que utilizó posteriormente contra Stalin. Hay un hilo conductor que une la lucha de Trotsky contra Lenin antes de 1917 y la que desarrolló después contra Stalin, aunque, en este caso, desarrolló esta lucha, paradójicamente, apoyándose en el propio Lenin.


                En una carta a Nikolái Cheidze (líder menchevique) de 1913 (sólo cuatro años antes de la afiliación de Trotsky a los bolcheviques), decía cosas como ésta, cargadas del más radical odio a Lenin y al leninismo: «Los “éxitos” de Lenin no me provocan más preocupaciones. Ahora no estamos en 1903, ni en 1908… En una palabra, todo el edificio del leninismo en el momento presente se levanta sobre mentiras y falsificaciones y lleva consigo el inicio venenoso de su propia disolución. No hay ninguna duda: si el otro bando [los mencheviques] actúa de forma inteligente, en un futuro muy próximo se iniciará una cruel disolución entre los leninistas (…)».


                Y todavía al final de su vida, en la seudo-biografía que escribió sobre Stalin (y que no llegó a terminar, debido a un inoportuno accidente con un instrumento de escalada), le vuelve a salir la inquina antibolchevique y llega a afirmar que «lo que sigue siendo misterioso es cómo un Partido [el bolchevique] cuyo Comité Central se componía en sus dos terceras partes de enemigos del pueblo y agentes del imperialismo pudo vencer».


                Dos cosas resultan muy chocantes en esta afirmación, y sólo una conclusión clara sacamos de ella. La primera, que en esta misma “biografía” dice que «un revolucionario de la contextura y los arrestos de Lenin sólo podía estar al frente del partido más intrépido, capaz de llevar sus ideas y acciones a su lógica conclusión» o que la «dirección bolchevique hubiera llegado a encontrar el camino recto sin Lenin, pero despacio, a costa de fricciones y luchas intestinas». ¿En qué quedamos? ¿Era el Partido Bolchevique un partido dirigido por elementos contrarrevolucionarios y, por lo tanto, es un “misterio” que llegara a tomar el poder? ¿O era un partido tan intrépido y revolucionario que hubiera sido capaz de tomar el poder incluso sin el liderazgo de Lenin? Lo que es un “misterio” es como alguien puede ser tan oportunista -y tan estúpido, todo hay que decirlo- como para contradecirse de una manera tan flagrante en el proceso de redacción de un mismo texto.

                Por otro lado, no se entiende muy bien que Trotsky, quien reclamaba para sí la herencia bolchevique, hiciera afirmaciones como ésta o que la principal acusación que lanzara contra Stalin fuera la de que en los procesos de Moscú había exterminado a la mayor parte de la vieja guardia bolchevique. ¿Por qué se erigía en defensor de esa vieja guardia si él mismo, después de los procesos de Moscú, consideraba que se «componía en sus dos terceras partes de enemigos del pueblo y agentes del imperialismo»?


                Por último, la única conclusión clara que podemos sacar de estas palabras es que bajo el barniz de “bolchevique-leninista” (así se denominaban a sí mismos los trotskistas), Trotsky nunca dejó de ser un feroz antibolchevique y antileninista. Siempre vivió en esta esquizofrenia desde su afiliación a los bolcheviques. Por temperamento, por sus posiciones ideológicas, por su forma de entender la actividad política, tan aristocrática y elitista, no podía ser bolchevique. Pero debía hacerse pasar por bolchevique si quería cumplir algún papel en el movimiento comunista internacional. Finalmente, no consiguió ni una cosa ni la otra: no consiguió hacerse pasar por bolchevique; y el papel que cumplió respecto al movimiento comunista internacional no fue el de un líder, sino el de un enemigo.


                Pero regresemos al período anterior a la Revoluciónde Octubre. A lo largo de este período, Trotsky no fue ajeno únicamente al bolchevismo; lo fue también respecto al propio Partido Socialdemócrata ruso en su conjunto. En su afán por mantener siempre una posición propia (su personalismo rayaba en la patología), Trotsky no terminó de integrarse en ninguna de las diferentes fracciones socialdemócratas; basculó entre unas y otras, si bien con una cierta inclinación hacia los mencheviques. Esta indefinición, este oportunismo llevó a Trotsky a vivir durante años al margen de la disciplina de Partido, sin ninguna relación con el trabajo práctico que éste desarrollaba en el interior de Rusia, fundando periódicos en el exilio para poder dar rienda suelta a su conocida grafomanía y dedicándose a lo único que sabía hacer: a ejercer de charlatán a tiempo completo (en Trotsky, encontramos muchas similitudes con el revolucionario virtual actual, es decir, con aquéllos que se dedican a aleccionar al personal en la red sobre las verdades del marxismo, pero que no desarrollan ni tienen intención de desarrollar ninguna actividad práctica en relación con la ideología que dicen defender). Después de un breve período de militancia juvenil, de un no menos breve paso por prisión, su extrañamiento en Siberia y la posterior marcha al exilio, sólo se dejó caer por el interior de Rusia en los momentos álgidos, con el estallido de la revolución de 1905 (tras la que pasó otro período de prisión y de destierro en Siberia) y la de febrero de 1917. El trabajo gris y ciertamente heroico que desarrollaban los militantes prácticos socialdemócratas en el interior no le merecía la menor atención. Lo suyo eran los grandes mítines, la trascendencia histórica (con la que siempre estuvo obsesionado) y la literatura de altos vuelos. De ahí que sólo se dignara a bajar del pedestal de seudointelectual en el que tan cómodamente se hallaba instalado para realizar alguna actividad realmente relacionada con la lucha revolucionaria cuando dicha actividad consistía en darse un buen baño de masas en algún soviet de San Petersburgo.


                 Lunacharski (quien fue compañero de Trotsky en los “interdistritales”) manifestaba lo siguiente: «Trotsky está, indudablemente, más inclinado a retroceder y observarse a sí mismo. Trotsky atesora su papel histórico y es posible que estuviese dispuesto a realizar cualquier sacrificio personal, sin excluir el mayor de todos –el de la propia vida-, a fin de permanecer en la memoria humana rodeado de la aureola del genuino líder revolucionario.» (Lunacharski, artículo titulado “A diferencia de Lenin”)


                Podemos comparar esta trayectoria con la de quien la historiografía imperialista considera un usurpador del trono de Lenin. Hablamos, cómo no, de Stalin.


    Éste, al contrario que Trotsky, fue bolchevique desde el minuto uno en que se conformó esta fracción en el seno de la socialdemocracia rusa; hasta 1917, fue principalmente un militante práctico (sin excluir la labor teórica, como su folleto “El marxismo y la cuestión nacional”), poco amigo de los lucimientos personales, y siempre dispuesto a abordar cualquier tarea que le encomendara el Partido. Es en Stalin, al igual que en otros muchos militantes socialdemócratas, en quien vemos encarnado el auténtico espíritu bolchevique. En Trotsky, por el contrario, se encarnaba lo peor del intelectualismo pequeñoburgués, una innegable tendencia al exhibicionismo y un no menos innegable narcisismo.


                Trotsky, por cierto, tachaba a Stalin de estrecho de miras, de política e ideológicamente limitado, de aldeano, en suma. Lo cierto es que Stalin se sitúa muy por encima de Trotsky (como una secuoya respecto de una babosa), no sólo desde el punto de vista de la militancia práctica, sino también como teórico. Podemos contar a Stalin, sin ninguna duda, entre los más prominentes teóricos marxistas. Y podemos contarlo también entre los teóricos marxistas que con mayor sencillez y sentido pedagógico ha tratado las grandes cuestiones del pensamiento comunista. ¿Qué legado dejó Trotsky? Toneladas de frases altisonantes pero completamente vacías de contenido, un continuo desbarrar intelectual, pura morralla, en definitiva. Salta a la vista, para cualquiera que tenga un mínimo de conocimiento del marxismo, que Trotsky era una nulidad teórica absoluta. Hay que reconocerle una cierta habilidad literaria. Pero esto no le convierte en un teórico marxista. Saber escribir y hacer un correcto análisis de la realidad, son dos cosas muy diferentes.


                Su conocimiento de la economía política marxista era de lo más superficial. El materialismo dialéctico ni lo conocía ni, por supuesto, sabía aplicarlo (lo que explica muchas de sus tonterías sobre la “revolución permanente” y su incapacidad para entender en qué consiste una táctica auténticamente revolucionaria). Krupskaia, en una crítica que hizo de un texto de Trotsky titulado “Lecciones de Octubre”, dijo de él: «El análisis marxista nunca fue el punto fuerte del camarada Trotsky».

                Trotsky, sencillamente, no era marxista ni podía serlo. Fue un intelectual pequeñoburgués que se vio arrastrado hacia al marxismo, pero nunca pudo comprenderlo y aprehenderlo verdaderamente. De aquí su inadaptaciónen el seno de la socialdemocracia rusa, el rechazo más o menos velado o más o menos explícito que le profesaban la mayoría de los miembros de todas las corrientes socialdemócratas. De aquí que terminara por convertirse en el mascarón de proa del anticomunismo. Acabó donde tenía que acabar: en el campo de la reacción.


                En cuanto a su importancia histórica, Trotsky tampoco aguanta el tipo en la comparación con Stalin. Por un lado, tenemos a quien comandó de forma exitosa la primera experiencia de construcción socialista de la historia, al Ejército Rojo que derrotó, prácticamente en solitario, a los nazis, a quien contribuyó de manera decisiva a la instauración del socialismo en gran parte del globo. Por el otro, tenemos a un buhonero de la política, al líderde una fantasmal IV internacional, a una marioneta del imperialismo, de quien sólo conservamos recuerdo merced a la propaganda imperialista y merced al propio Stalin, en el sentido de que Trotsky no tiene entidad por sí mismo, sino únicamente como contrapunto a Stalin, como el ángel que el imperialismo necesitaba contraponer al diablo georgiano.

                Y, por cierto, en relación a la legitimidad o ilegitimidad de Trotsky o Stalin como herederos de Lenin, se suele sacar a colación el llamado Testamento de este último. Al margen del grado de autenticidad que se le pueda atribuir a este documento, Lenin se limitó a achacar a Stalin que era excesivamente brusco, caprichoso y otros calificativos similares. Pero no deja a Trotsky en mejor lugar, a quien dirige adjetivos poco halagüeños y todos relacionados con su presunción, su altanería y, curiosamente, con su tendencia al burocratismo. Y, en cualquier caso, en este pretendido testamento, no se designa a Trotsky como su heredero (si es que podemos utilizar un término como éste en el seno del movimiento comunista), sino que se descarta tanto a uno como otro como futuros secretarios generales del Partido. De modo que tampoco este documento respalda la teoría sobre el “hijo pródigo” que, según algunos (básicamente, según los cuatro trotskistas que aún continúan en la brecha y según los historiadores anticomunistas), sería Trotsky para Lenin.


                Para dejar las cosas bien claras, vamos a citar lo que dijo el propio Lenin sobre Trotsky.


                «Trotsky (…) no tiene precisión ideológica y política, porque su patente para el “no fraccionismo” (…) es simplemente una patente para volarlibremente, de acá para allá, de un grupo a otro».

                »(…) escudándose en el “no fraccionismo”, Trotsky defiende los intereses de un grupo en el extranjero, que carece particularmente de principios definidos y no tiene base en el movimiento obrero de Rusia».

                »(…) no es oro todo lo que reluce. Hay mucho brillo y mucho ruido, pero ningún contenido en las frases de Trotsky.» (Artículo de 1914, titulado «Ruptura de la unidad encubierta con clamores sobre la unidad»)

                «Trotsky era un ferviente “iskrista” en 1901-1903, y Riazanov describe su papel en el Congreso de 1903 como “garrote de Lenin”. A fines de 1903, Trotsky era un ferviente menchevique, es decir, se pasó de los “iskristas” a los “economistas”. (…) En 1904-1905 abandonó a los mencheviques y ocupó una posición vacilante, ora colaborando con Martov (el “economista”), ora proclamando su teoría absurdamente izquierdista de la “revolución permanente”. En 1906-1907 se acercó a los bolcheviques, y en la primavera de 1907 declaró estar de acuerdo con Rosa Luxemburgo».

                »En la época de la desintegración, después de largas vacilaciones “no fraccionistas”, se situó de nuevo a la derecha, y en agosto de 1912 formó un bloque con los liquidadores. Ahora ha vuelto a abandonarlos, aunque, en esencia, repite sus burdas ideas».
                »Jamás, ni en un solo problema serio del marxismo, ha sostenido Trotsky una opinión firme. Siempre se las ingenió para “deslizarse por entre las rendijas” de tales o cuales divergencias, y para pasar de un campo a otro». (“El derecho de las naciones a la autodeterminación”. 1914)

                En una carta a Kollontai, en febrero de 1917, expresa Lenin de manera aún más rotunda qué opinión le merece Trotsky: «¡¡Este Trotsky es un cerdo: frases de izquierda y un bloque con la derecha contra la izquierda de Zimmerwald!! ¡¡Hay que desenmascararlo (…)!!»


                Y en la misma línea y por las mismas fechas, esta vez en carta a Inesa Armand: «¡¡llegó Trotsky y este canalla se entendió en seguida con el ala derecha de Novi Mir contra los zimmerwaldistas de izquierda!! (…) ¡¡Ese es Trotsky!! Siempre fiel a sí mismo, se revuelve, estafa, posa de izquierdista y ayuda a la derecha (…)».


                Basta con estas pocas citas para que no quede ni asomo de duda sobre cómo valoraba Lenin a su hijo pródigo.


    Trotsky, el defensor de la democracia obrera y el antiburocratismo.


                Se ha solido presentar a Trotsky como el representante de la democracia obrera y como el antiburócrata por excelencia, una vez más, en contraposición a Stalin, el dictador sin escrúpulos y el paradigma del burocratismo. Y, una vez más, también nos encontramos ante una leyenda.


                En el debate que a principios de los años 20 se desarrolló en torno al papel que los sindicatos debían jugar en el proceso de construcción de la economía soviética, ya se puso de manifiesto hasta qué punto Trotsky era cualquier cosa menos un irreconciliable enemigo del burocratismo. Trotsky defendía que los sindicatos debían ser absorbidos por el Estado, que debían convertirse en parte del aparato administrativo de éste. Lenin y Stalin (el gran burócrata) se posicionaron contra este planteamiento. Consideraban que los sindicatos debían conservar una cierta independencia respecto al aparato del Estado, entre otras cosas, porque en aquel período ni siquiera se había iniciado la construcción socialista como tal, sino que apenas se estaban sentando las bases para hacerlo y, como es sabido, la NEP permitía, si bien dentro de unos límites, la economía capitalista, por lo que los sindicatos necesitaban de esa independencia para defender los derechos de los trabajadores. Trotsky, el antiburócrata, era partidario de la burocratización y hasta de la militarización de los sindicatos.


                Respecto a su concepción del Partido, unas pocas frases del artículo de Krupskaia anteriormente citado: «Trotsky habla mucho sobre el Partido, sin embargo, para él, el Partido son los líderes, los jefes.» «Trotsky no reconoce el papel desempeñado por el Partido en su conjunto, como una organización única y cohesionada. Para Trotsky, el Partido es sinónimo de dirección central».


                Stalin, por su parte, redundando en este mismo planteamiento, en su artículo “La fisonomía política de la oposición rusa”, dice: «Trotsky no comprende lo que es nuestro Partido. No tiene una idea cabal de nuestro Partido. Mira a nuestro Partido como el aristócrata a la plebe o como el burócrata a los subordinados».


                Krupskaia, que en algún momento parece que tuvo cierta cercanía con los postulados de la llamada Oposición Unificada en los años 20 (fracción encabezada por Trotsky, Kamenev y Zinoviev), consideraba a Trotsky en un sentido totalmente contrario a la mentirología que durante décadas nos han vendido: como un burócrata y como un antidemócrata.


                Sobre esto último, resulta muy esclarecedora la forma en que Trotsky ejerció el mando en el Ejército Rojo durante la guerra civil. Promocionó de manera excesiva a los antiguos oficiales del ejército zarista (y ésta fue una cuestión que enfrentó a Trotsky con Stalin, quien consideraba que era necesaria una mayor promoción de los mandos bolcheviques, aunque sin dejar de valerse de la experiencia militar de los oficiales zaristas, en espera de que fueran surgiendo nuevos cuadros militares) e incluso llegó a fusilar a varios oficiales bolcheviques, lo que originó una dura polémica en el seno del Partido.


                Trotsky, el perfecto demócrata, promocionaba a unos oficiales cuyo compromiso con la Revolución de Octubre era cuando menos dudoso, al tiempo que marginaba a los cuadros militares nacidos de esa revolución, cuando no los fusilaba.


                Por otro lado, cabe hablar del libro de Trotsky “Terrorismo y comunismo” (recientemente editado y prologado por Slavoj Zizek), libro del que los trotskistas parecen avergonzarse, habida cuenta de que rehúyen hablar de él como si fuera la peste. Por lo visto, el contenido de este libro desmontaría la imagen del Trotsky comprometido con la democracia obrera.


                En relación con este libro, lo que interesa analizar no es tanto lo que plantea política e ideológicamente como lo que Trotsky pretendía al escribirlo. Lo que éste pretendía es evidente: hacerse pasar por bolchevique. Pero, en su intento por ser más papista que el Papa, acaba desbarrando, como en él era habitual. Pretende hacer una defensa de la dictadura del proletariado y lo que consigue es caricaturizarla. Sitúa el foco de manera unilateral y excesiva en la dimensión represiva de la dictadura del proletariado. Y de aquí la caricatura.

                En este libro, queda patente la falta de sintonía de Trotsky con el bolchevismo. Pretende escribir una obra bolchevique, pretende hablar como un bolchevique, casi parece intentar imitar el estilo literario de Lenin en algunos pasajes. Pero todo suena a impostura. Y, además, no acierta a hacer una exposición correcta del concepto bolchevique sobre la dictadura del proletariado.


                Y que efectivamente este libro no es más que una impostura lo demuestra el hecho de que Trotsky, en el llamado “programa de transición” de la autodenominada IV internacional, no tiene empacho en defender todo lo contrario a lo que defendía en “Terrorismo y comunismo”. En este programa defiende la necesidad de que el socialismo se estructure en base a un sistema político multipartidista. Propone que, después del derrocamiento de la “casta burocrática estalinista”, los “partidos soviéticos” deberían ser legalizados, e ilegalizada esa casta burocrática. Lo hace en estos términos, cargados de prejuicios demócrata-burgueses: «es imposible la democratización de los soviets sin legalización de los partidos soviéticos.» ¿Cuáles serían esos “partidos soviéticos”? No pueden ser otros que el menchevique, el de los socialrevolucionarios y el propio partido trotskista. De forma que el proyecto trotskista respecto a la URSS consistía en legalizar a los partidos contrarrevolucionarios menchevique, socialrevolucionario y trotskista (los despojos de la revolución soviética, auténticos cadáveres históricos que no representaban a nada ni a nadie en la Unión Soviética) e ilegalizar a los bolcheviques, pues, por mucho que el imperialismo y el trotskismo digan lo contrario, no había en la URSS otro partido bolchevique que el que lideró Stalin.


                El proyecto trotskista era (y es) un proyecto, no sólo incoherente (capaz de defender una versión tan ridículamente radical de la dictadura del proletariado como la que se expone en “Terrorismo y comunismo”, para, unos años después, defender el sistema político multipartidista del llamado “programa de transición”), sino totalmente contrarrevolucionario.


    El “internacionalismo” de Trotsky: ¿posición revolucionaria o derrotismo menchevique?


                También se nos ha presentado a Trotsky como el acérrimo defensor del internacionalismo y la revolución mundial, y a Stalin como un estrecho nacionalista, fanáticamente aferrado a su teoría del socialismo en un solo país.


                Decía Stalin que el trotskismo era una desviación socialdemócrata (cuando el concepto socialdemócrata ya no tenía ningún componente revolucionario, pues los marxistas revolucionarios ya habían pasado a denominarse simplemente como comunistas) y que, detrás de su fraseología revolucionaria, no se escondía más que el planteamiento menchevique que consideraba imposible la construcción del socialismo en un país atrasado como la Rusiade principios del siglo pasado. Stalin tenía toda la razón. El “internacionalismo” trotskista no era más que una reformulación del derrotismo menchevique.


                Bajo el liderazgo de Stalin, no sólo pudo construirse el socialismo, sino que la Unión Soviética, en menos de dos décadas, pasó de ser un país extraordinariamente atrasado a la segunda potencia económica mundial. Esto avala sobradamente el planteamiento de Stalin sobre la construcción del socialismo en un solo país.


                Acerca de esta cuestión, no obstante, hay que hacer algunas puntualizaciones. Stalin jamás defendió que pudiera obtenerse la victoria definitiva del socialismo en un solo país. Esta victoria definitiva implica ya el paso al comunismo, y el comunismo sólo puede triunfar como revolución mundial. Aquí sí que no cabe la teoría de la “construcción del comunismo en un solo país”. Lo que Stalin defendía era que el socialismo podía construirse en lo fundamental en un país aislado, que era posible resistir el cerco capitalista por mucho tiempo y que, por lo tanto, era necesario centrarse en el fortalecimiento del socialismo en la URSS, pues este fortalecimiento era la condición necesaria para la extensión del socialismo a otros países. Una vez más, tenía razón: el campo socialista surgió bajo las premisas que defendía Stalin. Si se hubiera hecho caso del aventurerismo “internacionalista” de Trotsky y otros mencheviques camuflados, como Bujarin, que, en su período ultraizquierdista, defendía monstruosidades tales como que era concebible el sacrificio del Poder Soviético en aras de la revolución internacional, es seguro que la Unión Soviéticahubiera tenido una historia muy corta.


                Por otro lado, hay que decir que la Revolución de Octubre tuvo en sí misma la significación de una revolución internacional, teniendo en cuenta la extensión del territorio ruso y las decenas de nacionalidades que englobaba el imperio zarista. Rusia no era un pequeño país, falto de recursos y que pudiera ser estrangulado y pisoteado por cualquier potencia imperialista, sino un país muy rico en recursos, muy atrasado económicamente pero con unas posibilidades de desarrollo enormes (y el socialismo convirtió esas posibilidades en realidades concretas), con una extensión territorial que hacía imposible cualquier intento de invasión imperialista por un tiempo prolongado…


                No eran pocas las dificultades a que se enfrentó el Poder Soviético para construir el socialismo, pero negar la posibilidad de hacerlo era una posición totalmente reaccionaria, digna de un derrotista menchevique como Trotsky. Este último, a la hora de defender sus posiciones, solía remitirse a algunos textos de Lenin, en los que éste incidía en la idea de que la construcción del socialismo en Rusia sería un proceso muy complicado si no se veía respaldado por la revolución socialista en otros países. Pero que un dirigente revolucionario, antes de 1917 o en los primeros años de la revolución soviética (y Lenin sólo llegó a conocer los primeros años de la revolución), albergara dudas sobre la viabilidad del socialismo en un solo país, era algo completamente normal. El conjunto de la dirección bolchevique compartía esas mismas dudas en aquel período. Pero Trotsky, insistió en la inviabilidad del socialismo en un solo país, continúo con sus diatribas derrotistas, cuando la revolución soviética ya había alcanzado un grado de estabilidad importante e incluso durante la década de los años 30, en los que el proceso de construcción socialista había obtenido importantísimos progresos. De aquí lo reaccionario del “internacionalismo” de Trotsky.


                «¿Y qué hacer si la revolución internacional ha de demorarse? ¿Le queda a nuestra revolución algún rayo de esperanza? Trotsky no nos deja ningún rayo de esperanza, pues “las contradicciones en la situación del gobierno obrero… podrán ser solucionadas sólo… en la palestra de la revolución mundial del proletariado”. Con arreglo a este plan, a nuestra revolución no le queda más que una perspectiva: vegetar en sus propias contradicciones y pudrirse en vida, esperando la revolución mundial.»(1)


    Una marioneta del imperialismo.                 


                «Mis actividades son incomparablemente más peligrosas para Stalin que para Hitler.» Ésta es una de las frases que aparecen en una carta que Trotsky dirigió en 1940 al fiscal general de México. Sintetiza de manera muy clara, y de su propia pluma, qué papel desempeñó Trotsky en la lucha contra el comunismo. No estoy hablando de que Trotsky fuera formalmente un agente del imperialismo o que formara parte de la nómina de alguna agencia de espionaje o de seguridad de este o el otro país capitalista, si bien existen investigaciones que van en esta línea. Pero no es mi intención centrarme en esta cuestión.

                Lo que pretendo analizar es a quién beneficiaba, objetivamente, la actividad de Trotsky. La respuesta es bastante clara: beneficiaba al imperialismo, servía al anticomunismo. La frase citada conduce precisamente a esta conclusión: las actividades de Trotsky  eran «incomparablemente más peligrosas» para la Unión Soviética y para el PCUS que para un dictador fascista, para un representante (y qué representante) del capital monopolista alemán.


                No puede caber ninguna duda respecto a que Trotsky se convirtió en una marioneta en manos del imperialismo y de que esta condición no parecía molestarle, a tenor de que, a sabiendas de las consecuencias que tenía su labor, continuó desarrollándola en la misma dirección y de modo cada vez más acusado, hundiéndose hasta el cuello en la charca de la colaboración con los capitalistas.


                Esta carta al fiscal general de México no sólo contiene la perla anteriormente citada, sino que es todo un compendio de delación e intoxicación sobre el movimiento comunista tanto internacional como mexicano. La idea central que pretendía transmitir Trotsky era que los partidos comunistas de todos los países no eran en realidad más que sucursales de lo servicios de información soviéticos, señalando nombres y apellidos de militantes y dirigentes comunistas. También defendía la absurda idea de que estos servicios de información colaboraban estrechamente con los nazis.


                Todos conocemos que la excusa del espionaje ha sido siempre una herramienta que se ha utilizado en los países capitalistas para perseguir al movimiento comunista. Podemos recordar el caso de Ethel y Julius Rosenberg, matrimonio comunista ejecutado en la silla eléctrica en EEUU, en 1953, acusados precisamente de espionaje. Podemos contar a Trotsky entre quienes colaboraron con estas campañas represivas y de intoxicación.

                
                De esta carta podemos extraer pasajes como el que sigue: «Antes que nada, es esencial establecer categóricamente que la actividad de la GPU [organismo soviético de seguridad] está estrechamente ligada a la de la Comintern, o más específicamente de su apara­to, de sus elementos dirigentes y sus hombres de confianza. La GPUnecesita una cobertura legal o semilegal para su actividad y un marco favorable para el reclutamiento de sus agentes; este marco y protección los encuentra en los llamados partidos "comunistas".

                »La GPU y la Gestapo están conectadas de alguna manera; es posible y probable que para casos especiales ambas dis­pongan de los mismos agentes. (…)

                »Como miembro del Comité Central, el representante de la GPUen el país tiene la posibilidad de relacionarse de manera plenamente legal con todos los miembros del partido, estudiar sus características, confiarles comisiones y arrastrarlos poco a poco al trabajo de espionaje y terrorismo, a veces apelando a la lealtad partidaria y otras al soborno. (…)

                »Res­pecto a los Estados Unidos, Krivitski informó que la hermana de Browder, secretario general del partido, se convirtió en agente de la GPUpor recomendación de su hermano.

                »Para encontrar a los agentes mexicanos com­prometidos en la corrupción, el soborno y la preparación de los actos terroristas hay que buscar en el Comité Central del Partido Comunista y en la periferia de este Comité Central.
                »No cabe la menor duda de que los anteriores y los actuales jefes del Partido Comunista saben quién es el director local de la GPU. Permítaseme suponer también que David Alfaro Siqueiros, que participó en la guerra civil española siendo un activo estalinista, debe saber tam­bién quiénes son los miembros más importantes y activos de la GPU, españoles, mexicanos y de otras nacionalida­des, que vienen a México repetidamente, especialmente vía París. Interrogar al ex y al actual secretario general del Partido Comunista, y también a Siqueiros, ayudaría mucho para descubrir a los instigadores del atentado [un pretendido intento de ejecución de Trotsky] y junto con ellos a sus cómplices.»


                Las pruebas del colaboracionismo con la reacción de Trotsky las encontramos por decenas. Toda su obra de hecho se orienta en la misma dirección. Antes de 1917, no se dedicó más que a generar problemas en el seno de la socialdemocracia rusa y a combatir a su fracción revolucionaria, a los bolcheviques. Después de octubre de 1917 y de su sorprendente conversión al bolchevismo, continuó generando problemas al Estado soviético desde el minuto uno: es muy conocido cómo, en 1918, en las negociaciones de paz que la Rusiasoviética entabló con Alemania, y en las que Trotsky fue el representante del gobierno soviético, se saltaba a la torera los acuerdos del entonces llamado Consejo de Comisarios del Pueblo y actuaba por libre, creando una situación, con su absurdo planteamiento de “ni paz ni guerra”, en la que los soviéticos se vieron obligados a firmar con Alemania un acuerdo de paz aún más deshonroso y perjudicial que el que Trotsky rechazó en un primer momento.


                En política económica, se alineó con los sectores ultraizquierdistas, cuyos planteamientos, de haberse aplicado en el momento en que se propusieron, hubieran provocado una desafección absoluta por parte de los campesinos hacia el poder soviético y la consiguiente caída de los bolcheviques, habida cuenta de que el campesinado era la clase ampliamente mayoritaria en Rusia en 1917 y durante los años veinte.


                Por no hablar de sus constantes actividades fraccionalistas en el seno del Partido, terminantemente prohibidas, pero que él continuó desarrollando sin ningún problema.

                Se acusa a Stalin de haber sido un represor sin escrúpulos. Sin embargo, si uno lee la propia autobiografía de Trotsky, se extrae una conclusión bien diferente. Stalin tuvo demasiada paciencia, un exceso de paciencia respecto a Trotsky. En esta autobiografía, titulada “Mi vida”, este sujeto se jacta alegremente de sus actividades como dirigente del gobierno y el partido soviéticos. Y estas actividades, en un contexto como el que se daba entonces, con la Unión Soviéticasometida al más feroz cerco capitalista, le deberían haber conducido al paredón muy poco después de la Revolución de Octubre. La justicia revolucionaria se demoró en exceso respecto a Trotsky. Ramón Mercader llegó con al menos 20 años de retraso.


                Y tras su expulsión de la Unión Soviética, las actividades contrarrevolucionarias de Trotsky, continuaron in crescendo. Entre los hitos de estas actividades, nos encontramos que estuvo a punto de acudir como testigo en los procesos del llamado Comité Dies o Comité de Actividades Antiamericanas de la Cámara de Representantes del Congreso de EEUU, cuyo objetivo era investigar las actividades de las redes de espionaje extranjeras o de los llamados “partidos extremistas”, incluyendo bajo esta denominación tanto a nazis como a comunistas, si bien se centró principalmente en la investigación de estos últimos, siendo precursor de lo que más tarde se conoció como el macarthismo. Trotsky finalmente no pudo prestar declaración en este comité -aunque, literalmente, ardía en deseos de hacerlo- porque, en el último momento, se le denegó el visado de entrada a EEUU.


                En un texto titulado “Por qué acepté presentarme ante el Comité Dies”, Trotsky dijo que no tenía intención de colaborar a los objetivos reaccionarios de este comité. Pero si tenemos en cuenta el contenido de la carta al fiscal general de México anteriormente citada, podemos imaginar que Trotsky hubiera servido muy bien a esos objetivos reaccionarios y que, incluso, hubiera superado con creces las expectativas de dicho comité; el anticomunismo no hubiera podido contar con un mejor colaborador para criminalizar al movimiento comunista estadounidense.

                Por otra parte, casi en la víspera de la agresión hitleriana contra la URSS, y prácticamente desde su expulsión del país, se dedicaba un día sí y otro también a llamar a la insurrección contra lo que él llamaba “la casta burocrática” o los “termidorianos”, es decir, contra el partido y el gobierno soviéticos. Ahí está la “Carta a los obreros de la URSS”, publicada en abril de 1940. En 1939, además, se posicionó también en favor de la independencia de Ucrania de la URSS, coincidiendo en esto con la extrema-derecha ucraniana, cuyo filonazismo era bien conocido. Y todo esto guarda mucha relación con lo que los trotskistas hicieron durante la guerra civil española. Hablo, cómo no, del POUM, partido que, si bien no estaba formalmente afiliado a esa fantasmal IV internacional y mantenía algunas diferencias con Trotsky, ideológicamente debe ser adscrito al trotskismo.


                En mayo de 1937, este partido, estando la II Repúblicaen una situación ciertamente complicada, con las tropas franquistas y sus aliados italianos y alemanes avanzando en gran parte de los frentes, orquestaron en Barcelona un golpe de estado contra el gobierno del Frente Popular. Es decir, el gobierno del Frente Popular debía combatir en el frente contra los fascistas y en la retaguardia contra los trotskistas. Los trotskistas ejercían de manera efectiva de quintacolumnistas del fascismo. Una muestra más de que el trotskismo no es una variante del marxismo, ni un hijo descarriado del movimiento comunista, sino que siempre ha servido a los intereses del imperialismo, sea por acción, por omisión, por izquierdistas, por derechistas, por aventureros, por pura estupidez o porque estaban manejados de un modo u otro por las potencias imperialistas.

               
                En relación con los famosos procesos de Moscú, que tienen todo que ver con esto que estamos hablando, a la luz de todos estos datos, las acusaciones de traición y terrorismo que se imputaron a personajes como Bujarin, Zinoviev o Kamenev, todos ellos aliados de Trotsky, aunque en algunos momentos tuvieran discrepancias con él (la ya mencionada autobiografía de este último revela algunas cosas sobre las relaciones entre estos sujetos), resultan totalmente creíbles. Debemos recordar que a estos procesos asistió el por entonces embajador de EEUU en la URSS, Joseph E. Davis, quien no siendo sospechoso en absoluto de connivencia con Stalin, reconoció que estos juicios no le resultaron el montaje que después se dijo que habían sido. Reflejó su opinión en un libro titulado “Misión en Moscú”, y lo hizo con las siguientes palabras: «“[El proceso] reveló las grandes líneas de un complot que estuvo muy cerca de lograr el objetivo de derrocar al gobierno soviético actual.  (…)

                »El testimonio extraordinario de Krestinski, de Bujarin y de los otros parecería indicar que los temores del Kremlin estaban bien fundados. Porque parece hoy evidente que existía a comienzos de noviembre de 1936 un complot para ejecutar un gope de Estado dirigido por Tujachevski para el año siguiente. Aparentemente la decisión estaba tomada y estaban decididos a ejecutar el golpe de Estado.

                »Pero el gobierno ha reaccionado con mucho vigor y rapidez. Los generales del Ejército Rojo han sido eliminados y toda la organización del partido ha sufrido una purga y una limpieza completa. Apareció inmediatamente que a varios dirigentes les había picado el virus de la conspiración para derrocar al gobierno y trabajaban en connivencia con los agentes de los servicios secretos de Alemania y Japón.

                »Este hecho explica la actitud hostil del gobierno respecto a los extranjeros, el cierre de diversos consulados extranjeros en el país, etc. Francamente, nosotros no podemos condenar a la gente en el poder por haber reaccionado como lo han hecho si estaban persuadidos de lo que el proceso revela actualmente.»


                La propaganda imperialista y los trotskistas (siempre en comandita) se han dedicado durante años a difundir la idea de que estos juicios no contaron con ninguna garantía, que fueron una farsa, que incluso se drogó a los acusados o que se les sometió a un efectivísimo proceso de manipulación psicológica para que declararan lo que declararon. Y se ha terminado por aceptar esto como una verdad incontrovertible (como los millones de víctimas de la represión estalinista). Pero resulta que estos juicios no se realizaron a puerta cerrada, sino de forma pública, con la presencia de periodistas y personal diplomático de los países capitalistas y parece ser que la opinión de quienes asistieron a las sesiones difiere ostensiblemente de la falacia que nos han vendido siempre.


                Y, por cierto, fue gracias a estos procesos, y esto sí que es una verdad innegable, que la URSS pudo afrontar la agresión hitleriana en unas condiciones adecuadas, con una estabilidad y una unidad de voluntad en lo militar, en lo político y en lo social imprescindibles para afrontar un conflicto y un drama como el que vivió la URSSen la II guerra mundial. En este sentido, los procesos de Moscú no sólo fueron conformes a derecho, como diría algún avezado jurista, sino una imperiosa necesidad. Por otro lado, quien esté interesado en procesos judiciales manipulados, en falsificación de pruebas, en imputaciones de delitos inexistentes, no hace falta ni que se vaya a Moscú ni que se retrotraiga 70 años atrás en el tiempo. En la calle Génova, imparten cátedra sobre estas cuestiones casi cada día.


                Y, en relación con el carácter de marioneta del imperialismo que sin duda fue Trotsky, un último apunte: ¿qué dirigente soviético rehabilitó a Trotsky, y con Trotsky, a Bujarin, Zinoviev y otros? No fue otro que el agente de la CIA Gorbachov, el máximo responsable de la destrucción de lo que quedaba de la URSS y del campo socialista. Esto, por sí mismo, es suficientemente esclarecedor. El imperialismo los crea y ellos se juntan.


                Otra de las grandes contribuciones de Trotsky a la causa anticomunista es la del concepto de totalitarismo y la equiparación del nazismo con el “estalinismo” (pongo estalinismo entre comillas porque éste no existe como corriente diferenciada del leninismo). La teoría de los “monstruos gemelos”, el nazismo y el comunismo, bajo el epígrafe de “totalitarismos”, tiene su origen en Trotsky, es un desarrollo de las posiciones que éste defendía. Son numerosos los artículos en los que incidió en esta idea (“Stalin es todavía el satélite de Stalin”, “Stalin, el comisario de Hitler”, “El acercamiento entre Stalin y Hitler está a la vista”, “Los astros gemelos: Hitler-Stalin”, la carta al fiscal general de México, ya citada en este artículo, y otros muchos textos), la cual fue perfeccionada más tarde por otros agentes imperialistas como la sionista Hannah Arendt; y, desde entonces, llevan machacándonos incansablemente con la cantinela de que los “extremos se tocan”, los nazis y los comunistas son lo mismo y otras tonterías reaccionarias similares. Por lo tanto, el trotskismo, volvemos a insistir, no es una variante del marxismo; existe un nítido hilo conductor que lo une con la forma que la ideología burguesa ha adoptado en las condiciones del imperialismo de los últimos 70 años en su lucha contra el movimiento comunista; Trotsky elaboró en buena medida los fundamentos en los que se basa el anticomunismo.


    Las causas de la demonización de Stalin. Las razones de su reivindicación.


                Ya hemos dicho que la leyenda inventada sobre Trotsky por la propaganda imperialista no tenía otro objetivo que la demonización de Stalin. Analizar la figura de Trotsky implica la necesidad de analizar las causas de la demonización de Stalin.


                ¿Por qué esa inquina contra Stalin, por qué este empeño en destruirlo política, ideológica e históricamente a cualquier precio, imputándole todo tipo de crímenes que, por su magnitud, por su exageración, por su perversidad, resultan del todo increíbles y no pueden ser tomados en serio por ninguna persona cabal (hasta del asesinato de Lenin o de su propia esposa se le ha acusado)? Si diéramos por buenos los datos que los historiadores burgueses reportan sobre la represión “estalinista”, para los que Trotsky y los trotskistas han sido toda una inspiración, nos encontraríamos con que la URSSprácticamente hubiera quedado despoblada después de la II guerra mundial, teniendo en cuenta los 25 millones de soviéticos que perdieron la vida en aquel conflicto y los no sabemos cuántos millones más que exterminó Stalin en su “locura asesina”.


                Soljenitsin, eminente premio Nobel, cuyos únicos méritos para obtener este galardón son su ultrarreaccionarismo y su anticomunismo visceral, hablaba, como apunta Olarieta en su artículo “El mito del gulag”, de que en la URSS, desde 1917 hasta la muerte de Stalin, se habrían exterminado por una u otra causa a 110 millones de personas (ahí es nada); Robert Conquest, como también apunta Olarieta en este mismo artículo, es más contenido en sus cifras: apunta unos 26 millones de muertos. En fin, de ser ciertas estas cifras, aparte de que en la URSS después de la muerte de Stalin debieron quedar cuatro gatos y un tambor, nos encontraríamos con que todo el territorio de la antigua URSS vendría a ser una fosa común gigantesca, por la que no se puede dar un paso sin tropezar con algún resto humano. La falsedad de todos estos datos, que no son fruto sino de la imaginación de cuatro “historiadores” que no saben lo que es salir de su despacho y de algún disidente filofascista como Soljenitsin, empeñados durante años en un “¿quién da más?” en cuanto a las cifras de la represión soviética o las famosas hambrunas, se pone de manifiesto por el simple hecho de que los archivos de la seguridad soviética fueron abiertos por Gorbachov en el año 89, y nada aparece en ellos que se acerque ni de lejos a lo que plantean estos “historiadores”. Por otro lado, si las cifras fueron tan elevadas, no sería difícil encontrar los restos de esas decenas de millones de víctimas. Aquí, en España, donde las cifras de la represión franquista fueron de en torno a un cuarto de millón de personas, aparecen fosas un día sí y otro también. Nada de esto ha ocurrido en el territorio de lo que fue la URSS.


                El genocidio de los nazis está sobradamente respaldado por todo tipo de documentos y testimonios. El “genocidio” de la URSSes como una verdad revelada, como un dogma católico que no necesita someterse a ningún criterio objetivo, que no necesita de ninguna base material y que se ha dado por bueno por gran parte de la opinión pública de todos los países merced a un machaque constante durante siete décadas, en las que una mentira se ha sobrepuesto a otra y así ad infinitum. Viene a ser como los rumores de ciertos pueblos, que se inician con un “fulanito es homosexual” y, en el devenir de ese rumor, se acaba diciendo que fulanito está liado con el cura del pueblo. El pueblo en este caso tiene dimensión planetaria y la exageración, la manipulación de la verdad y los añadidos creativos son aún más exagerados. Y si a esto se suma el interés del imperialismo por destruir el movimiento comunista internacional y a sus más importantes dirigentes, la magnitud de la mentira alcanza proporciones inconmensurables.

                Para entender todo este montaje contra Stalin y contra el movimiento comunista internacional, necesitamos retrotraernos a lo que el dirigente soviético representaba después de la II guerra mundial, que es cuando la campaña anticomunista adquiere mayor intensidad, para no remitir ya nunca.

                Stalin consiguió que la URSS, en apenas dos décadas, pasara de ser un país muy atrasado a la segunda potencia mundial en lo económico, en lo militar y en lo político, debido esto último a su ascendencia entre los trabajadores de todos los países. La URSS, bajo el liderazgo de Stalin, derrotó prácticamente en solitario a los nazis. El famoso desembarco de Normandía no jugó apenas ningún papel en la derrota de los hitlerianos, teniendo en cuenta que el espinazo del ejército alemán ya estaba roto. Lo rompió la URSS en su contraofensiva, con un coste humano absolutamente brutal; como ya hemos dicho, 25 millones de soviéticos perdieron la vida en la II guerra mundial. Las llamadas potencias occidentales, lejos de colaborar a la derrota nazi, contemporizaron, en espera de que los nazis y los soviéticos se destruyeran entre sí, y así reforzar su propia posición. Se equivocaron en sus cálculos. La Unión Soviética salió de aquel conflicto más fuerte que nunca. Los imperialistas no esperaban este desenlace y temían seriamente por la supervivencia del sistema capitalista ante la pujanza de los comunistas.


                Bajo el liderazgo de Stalin, surgió el campo socialista. Y la admiración que la figura de Stalin despertaba en millones de trabajadores de todo el mundo, representaba un fenómeno desconocido hasta entonces.


                Todos estos elementos resultaban muy peligrosos para el capitalismo mundial. Era necesario desatar una campaña para acabar con la amenaza comunista. Y es a partir de ese momento que el antiestalinismo, estrechamente imbricado con la llamada “guerra fría”, se torna más agresivo. Había que destruir la figura de Stalin porque era la forma de destruir el movimiento comunista. Y para conseguir este objetivo valía y sigue valiendo todo; no hay crimen que no se le haya imputado a Stalin. Existe tal grado de exageración, que todo resulta caricaturesco y falso. Es inconcebible un ser humano con un grado de maldad y de crueldad como el que se le achaca a Stalin; parece ser que no hubo ni un minuto en su vida en que no estuviera planeando la destrucción o asesinato de algún adversario, cuando no de los miembros de su propia familia.


                No tengo intención de entrar en una guerra de cifras sobre la represión en la URSS contra los elementos contrarrevolucionarios. No hay duda de que esa represión fue enorme y que no podía ser de otro modo. La Unión Soviéticahubo de enfrentarse a una situación extremadamente conflictiva desde su mismo nacimiento. La Unión Soviética nace al calor de la I guerra mundial e inmediatamente se ve arrastrada a una guerra civil absolutamente cruel entre el nuevo poder surgido de la Revoluciónde Octubre y los elementos del viejo régimen, respaldados éstos por las potencias imperialistas, que también destacaron tropas en territorio soviético. Se ve sometida al más asfixiante cerco capitalista. El sabotaje de la economía soviética y las conspiraciones internas y externas contra el poder soviético fueron constantes. Tuvo que enfrentarse a la agresión hitleriana.


                No pretendo hacer, sin embargo, una defensa acomplejada de la figura de Stalin, como las que suelen hacer ciertos “estalinistas”, en el sentido de que el pobre Stalin se vio obligado a hacer lo que hizo, o caer en las concesiones a los prejuicios burgueses diciendo aquello de que “yo defiendo a Stalin, pero hay que reconocer que se cometieron desmanes”, que es una forma absolutamente vergonzante y vergonzosa de defender al gran dirigente soviético.


                He definido, en líneas muy generales, el contexto en el que se desarrolló la construcción del socialismo en la URSS y he intentado explicar los porqués de la represión soviética. Pero, eso, he intentado explicar, que no justificar esa represión soviética, pues los comunistas no debemos justificar nada ni mucho menos justificarnos ante la burguesía, casi pidiendo perdón por existir. Los comunistas nunca hemos defendido aquello de que “el fin justifica los medios”. Las justificaciones son para los curas y los moralistas. Los comunistas nos guiamos por un principio mucho más sencillo y menos hipócrita: el fin determina los medios.


                En la URSS, se hizo lo que dictaban las circunstancias de la época. Ni más ni menos. Los comunistas no elegimos las condiciones en que se debe hacer una revolución. Éstas vienen dadas. Evidentemente, lo ideal es que el proceso revolucionario sea lo más incruento posible. Pero, en el terreno de la realidad, nos encontramos con que las revoluciones se desarrollan siempre en unas condiciones muy difíciles. Y esto determina que las revoluciones se hayan desarrollado y se habrán de desarrollar de forma cruenta. La lucha de clases determina este carácter cruento.


                En el período que va de 1917 al XX congreso del PCUS (momento en que se produce el giro revisionista, también sobre la plataforma del antiestalinismo), no todo debió ser perfecto, ni tampoco podía serlo (toda actividad humana es necesariamente imperfecta). Pero todo marxista-leninista debe reivindicar este período. Y quien se muestre titubeante en esta reivindicación, quien recurra a argumentaciones tangenciales, quien caiga en los “sí, pero…”, lo único que estará demostrando es que los prejuicios burgueses, la propaganda imperialista y anticomunista con la que nos han machacado en todo tiempo y desde todos los frentes, se le ha introducido hasta el tuétano; y esto, en tanto no sea superado, le incapacitará para militar en el movimiento comunista.


                No hago, desde luego, un llamamiento a aceptar de forma acrítica ninguna conclusión respecto a aquel período. Esto tampoco es propio de comunistas. Si por un lado tenemos a los “estalinistas” acomplejados, por otro también tenemos a quienes reivindican a Stalin, de un modo que podríamos definir como talibánico, sabiendo muy poco o nada sobre su papel histórico o sobre su obra teórica y práctica. Los primeros son incapaces de desprenderse totalmente de los prejuicios burgueses; los segundos padecen exactamente del mismo mal, pero lo ocultan bajo una pose de puros y duros estalinistas; y suele ocurrir que estos superestalinistas terminan en no pocas ocasiones yendo a dar con sus huesos en el revisionismo y en las peores formas del oportunismo político.


                No hay que caer, por tanto, ni en posiciones acomplejadas ni en el talibanismo. Hay que hacer siempre un análisis profundo de todas las cuestiones. Ahora bien, no hay que hacer nunca este análisis desde la óptica de la ideología burguesa, nunca desde los prejuicios que nos han sido inoculados por el capitalismo.


                Por último, del mismo modo que las razones por las que la propaganda imperialista ha engrandecido a un sujeto tan despreciable como Trotsky son las razones que deben llevarnos a señalarlo como un enemigo del movimiento comunista, las razones por las que esa misma propaganda ha demonizado a Stalin son las que obligan a cualquier comunista consecuente a reivindicarle y a restituirle en el lugar que le corresponde en la historia y en el movimiento comunista internacional. No hay ningún dirigente político que haya sido más denostado que Stalin. Nos corresponde a los comunistas desmontar las mentiras que sobre él se han construido. La rehabilitación de Stalin es parte fundamental de la lucha contra la ideología burguesa; es parte, por tanto, de la lucha por la reconstrucción del movimiento comunista. El antiestalinismo, ya lo hemos dicho, no es sino otro de los nombres que adopta el melifluo anticomunismo. Y como tal debemos combatirlo.


    (1) Stalin. “La Revoluciónde Octubre y la táctica de los comunistas rusos”. Diciembre de 1924.


    0 0

    Juan Manuel Olarieta


    La naturaleza y la sociedad no conocen el reposo. Todo cambia, evoluciona y se desarrolla. Pero el materialismo dialéctico no sólo afirma la existencia del movimiento en todos los fenómenos de la naturaleza y la sociedad sino que describe la forma en que ese movimiento se produce.

    La ley de la transformación de los cambios cuantitativos en cualitativos explica que el movimiento de la materia, de la historia, de las sociedades y del pensamiento, su evolución y su desarrollo, se produce por cambios que son tanto cuantitativos como cualitativos, y que la acumulación de cambios cuantitativos conduce necesariamente a cambios cualitativos.

    Esta ley es dialéctica o, como decía Engels, recíproca (1), es decir, que los cambios cualitativos también conducen a cambios cuantitativos. A veces este último aspecto no se tiene en cuenta suficientemente. La distinción entre lo cuantitativo de lo cualitativo es relativa. Los cambios cualitativos lo son en comparación con otros, que son meramente cuantitativos. Frente a los otros, los cambios cuantitativos se caracterizan por ser graduales, e incluso imperceptibles, mientras que los otros son esenciales, cardinales, hasta el punto de que se califican de saltos, que son las explosiones rápidas y revoluciones que cambian una situación en muy poco tiempo.

    Los cambios cuantitativos no se pueden menospreciar porque son tan importantes como los cualitativos. La ley afirma que sin pequeños cambios no hay grandes cambios y sin pequeñas luchas cotidianas no hay grandes combates históricos. No obstante, hay personas que no acuden a las manifestaciones porque creen que "no sirven para nada". Tampoco acuden a las reuniones por el mismo motivo. Para ellos ninguna movilización tiene utilidad alguna. Las pequeñas escaramuzas les fatigan y arrojan la toalla. Quizá suponen que al día siguiente de una manifestación contra el desempleo, el desempleo debe desaparecer. La ley de la trasformación de los cambios cuantitativos en cualitativos afirma, por el contrario, que para que se produzca cualquier cambio social importante las masas deben acumular multitud de pequeñas e insignificantes experiencias por medio de las cuales se templan y organizan de forma cada vez más consistente.

    El movimiento, decía Engels, es una contradicción (2); es a la vez continuo y discontinuo, producción y reproducción. Uno se divide en dos (cambio cuantitativo) y dos forman uno (cambio cualitativo). No es sólo crecimiento o aumento cuantitativo sino, además, la aparición de lo nuevo y la desaparición de lo viejo, en donde lo nuevo surge de su opuesto: lo viejo. El desarrollo reproduce lo ya existente y produce lo que antes no existía. Es a la vez conservador y revolucionario. La evolución de la materia y de las sociedades produce novedades, crea o genera nuevas cualidades y propiedades, al mismo tiempo que crece cuantitativamente, multiplica lo ya existente, reproduce lo anterior, surgiendo varios ejemplares distintos partiendo un mismo original.

    En el movimiento aparece tanto la continuidad como la discontinuidad. Por ejemplo, la reproducción biológica de una especie no es un puro mecanismo cuantitativo, de multiplicación de varios seres iguales partiendo de un mismo ancestro, sino cuantitativo y cualitativo a la vez. Los descendientes no son iguales a sus ascendientes sino que los imitan, es decir, se parecen y no se parecen al mismo tiempo, se parecen en algunos rasgos y difieren en otros.

    Lo mismo sucede con la evolución humana, a lo largo de la cual el cerebro creció cuantitativamente, aumentó de tamaño, dando lugar a un salto cualitativo: su lateralización. El cerebro humano, a diferencia del de los simios, está dividido en dos hemisferios, cada uno de los cuales está especializado en el cumplimiento de determinadas funciones. Así, el hemisferio derecho controla la parte de la izquierda del organismo, mientras que el hemisferio izquierdo controla la parte derecha del organismo. Los seres humanos son diestros o zurdos, mientras que no ocurre lo mismo con los simios porque su cerebro no está lateralizado.

    Un principio básico del materialismo afirma que lo nuevo no surge de la nada: "ex nihilo nihil fit". En palabras de Lucrecio, "nada puede a la nada reducirse, ni cosa alguna hacerse de la nada" (3). Lo nuevo surge de su contrario: de lo viejo. Algo tiene que morir para que nazca vida.

    Los movimientos materiales más importantes se pueden clasificar en cuatro tipos: físicos, biológicos, sociales e intelectuales. Cada uno de ellos tiene características que son propias, es decir, que no se pueden reducir los unos a los otros. Cuando los fenómenos biológicos se tratan de explicar recurriendo a las leyes propias de la física, o cuando los movimientos sociales se intentan reducir a leyes biológicas, se incurre en el mecanicismo, que es una variante errónea del materialismo.

    La vida también es una forma de movimiento de la materia y, por lo tanto, una contradicción cuya contrapartida es la muerte: "La vida, por tanto, es también una contradicción presente en las cosas y los hechos mismos, una contradicción que se pone y resuelve constantemente; y en cuanto cesa la contradicción, cesa también la vida y se produce la muerte" (4). A lo largo de la evolución el surgimiento de unas especies ha supuesto la extinción de otras, como los dinosaurios.

    En otra obra Engels reiteró la misma idea: "Ya no se considera científica ninguna fisiología si no entiende la muerte como un elemento esencial de la vida, la negación de la vida como contenida en esencia en la vida misma, de modo que la vida se considera siempre en relación con su resultado necesario, la muerte, contenida siempre en ella, en germen. La concepción dialéctica de la vida no es más que esto. Pero para quien lo haya entendido, se terminan todas las charlas sobre la inmortalidad del alma. La muerte es, o bien la disolución del cuerpo orgánico, que nada deja tras de sí, salvo los constituyentes químicos que formaban su sustancia, o deja detrás un principio vital, más o menos el alma, que entonces sobrevive a todos los organismos vivos, y no sólo a los seres humanos. Por lo tanto aquí, por medio de la dialéctica, el solo hecho de hablar con claridad sobre la naturaleza de la vida y la muerte basta para terminar con las antiguas supersticiones. Vivir significa morir" (5).

    Los dos aspectos contradictorios del movimiento son, pues, indisociables. No existen cambios cualitativos que no hayan sido preparados por otros de tipo cuantitativo, del mismo modo que no hay cambios cuantitativos que no conduzcan, tarde o temprano, a cambios cualitativos.

    Los movimientos no son lineales; no crecen indefinidamente ni en una única dirección. Son esencialmente discontinuos porque en ellos aparecen rupturas. Por ejemplo, según el principio de Paracelso, la ingesta de una misma sustancia tiene consecuencias distintas en el organismo según la dosis cuantitativa. Incluso provoca efectos opuestos: a pequeñas dosis una medicina es saludable mientras que una pequeña cantidad adicional resulta letal para quien la ingiere.

    Esta ley comprende el concepto decisivo de transición, que es el punto a partir del cual uno se transforma en su contrario. Las transiciones son las conexiones de una cualidad con otra. Los cambios cualitativos o saltos no se producen en el vacío sino en forma de transiciones más o menos dilatadas en el tiempo. A estas transiciones Engels y Lenin las llamaron, a veces, "puntos de inflexión". Son los momentos de ruptura en los que un fenómeno se transforma en su contrario. Es relativamente fácil observar la diferencia entre un fenómeno y su contrario, decía Lenin, pero no la transición entre ambos, "y eso es lo más importante" (6). La transición es la esencia del cambio:

    "El cambio es, a la vez, en esencia, la transición de una calidad a otra o, en forma más abstracta, del ser a la no existencia; y ello contiene otra definición diferente de la gradualidad que es sólo una disminución o un aumento, y un aferramiento unilateral a la magnitud" (7).

    En este punto los errores posibles son dos. Por un lado, los materialistas vulgares sólo tienen cuenta los cambios cuantitativos, algo muy corriente entre algunos científicos que consideran que su tarea consiste sólo en medir, que sólo hay ciencia sobre los cambios cuantitativos: "se aferran unilateralmente a la magnitud", como dice Lenin.

    Pero hay también quienes sólo tienen en cuenta lo cambios cualitativos. Por ejemplo, cuando los comunistas indican las formas de transición del capitalismo al socialismo los trotskistas les acusan de "etapismo" porque consideran que el nuevo modo de producción es un salto súbito que es posible recorrer de la noche a la mañana. En realidad el socialismo es también una etapa en el recorrido hacia el comunismo que, a su vez, se compone de varias fases. Cada una de ellas se puede recorrer más o menos velozmente, e incluso en determinados países alguna de ellas no será necesaria o en una misma etapa se podrá realizar simultáneamente el programa que corresponde a otra. Pero no todo el programa se puede llevar a cabo al mismo tiempo porque ninguna revolución es un acto sino un proceso.

    Engels expuso numerosos ejemplos extraídos de la realidad para ilustrar el funcionamiento de la ley de la transformación de los cambios cuantitativos en cambios cualitativos. El más socorrido de ellos es la transformación del agua del estado sólido al líquido con el descenso de la temperatura, o al vapor con su aumento. Pero en las ciencias existen muchos otros fenómenos que ilustran la universalidad de esta ley, como los siguientes:

    El punto de Curie

    Las propiedades magnéticas de los metales no son inherentes a ellos sino que cambian en razón inversa a la temperatura. Los metales ferromagnéticos van perdiendo su cualidad a medida que la temperatura aumenta. Para cada metal magnético existe una determinada temperatura, llamada punto de Curie, a partir de la cual se transforma en su contrario, en paramagnéticos (no magnéticos).

    Por ejemplo, para el hierro el punto de Curie es de 770 grados centígrados. Por debajo de dicha temperatura el hierro funciona como un imán porque comportamiento magnético predomina frente al comportamiento térmico. Por encima de esa temperatura, el hierro pierde su capacidad magnética porque las propiedades térmicas prevalecen.

    La velocidad Mach

    Con el aumento de la velocidad un avión encuentra una resistencia aerodinámica que crece más que proporcionalmente, hasta que llega un punto, llamado velocidad Mach, que coincide con la velocidad del sonido (1.029 metros por segundo, 3.705 kilómetros por hora), a partir del cual la resistencia aerodinámica se transforma en su contrario: no aumenta sino que se reduce.

    El cambio de la atmósfera terrestre

    La química conoce dos procesos opuestos, la reducción y la oxidación, según el átomo gane o pierda electrones. Durante millones de años de evolución del planeta, la primitiva atmósfera terrestre pasó de ser reductora, es decir, carente de oxígeno, a su contrario, a ser oxidante.

    La cuadratura del círculo

    Para ilustrar la ley de la transformación de lo cuantitativo en lo cualitativo, entre otros ejemplo, Engels toma de Nicolás de Cusa (8) la contradicción entre lo recto y lo curvo, que procede de la milenaria polémica matemática sobre la "cuadratura del círculo" que ha subyugado a numerosos pensadores a lo largo de la historia. La relación entre la circunferencia (una curva) y su diámetro (una recta) da lugar a un número de distinta naturaleza ("número sordo" o número real) que se describe con la letra griega п (pi) y que aparece por los rincones más insospechados de la matemática para demostrar que no se puede "cuadrar" un círculo, es decir, que dada la longitud del diámetro no es posible calcular exactamente el área del círculo. Los números reales representaban la continuidad; los enteros la discontinuidad.

    La expresión "cuadratura del círculo" ha pasado luego al lenguaje corriente para expresar la esencia de la contradicción, algo imposible de realizar.

    El postulado de continuidad de Arquímedes

    Arquímedes (287-212 a.n.e.) fue uno de los primeros científicos que explicó matemáticamente la ley de la transformación de los cambios cuantitativos en cambios cualitativos al introducir el postulado de continuidad. Según Arquímedes una magnitud que evoluciona de un valor a otro, a lo largo de su recorrido toma todos los valores intermedios entre ambos. Arquímedes aludía a dos valores extremos, siempre con el sobreentendido tácito de que tales extremos son comparables, es decir, que sólo se diferencian cuantitativamente y, por tanto, se puede recorrer el trayecto entre uno y otro. Una magnitud es comparable a otra si es proporcional, si está construida a escala suya, como los planos o las maquetas respecto del original.

    El postulado de continuidad es, además, un postulado también de la discontinuidad. A partir de entonces la matemática habla de magnitudes arquimedeanas (o no arquimedeanas) en referencia a si se pueden comparar o no. Entre unas magnitudes y otras no sólo hay diferencias cuantitativas sino también cualitativas de manera que, precisamente a causa de ello, no se pueden poner en relación ni comparar. Las arquimedeanas se pueden comparar porque son homogéneas, pero hay otras incomparables, como el punto y la recta porque un punto no añade nada a una recta. Del mismo modo, hay magnitudes que nada añaden a aquellas otras a las que se unen y se las puede despreciar. En las magnitudes no arquimedeanas no se pueden introducir las medias (aritmética, geométrica, armónica).

    La teoría del límite de Cauchy

    En el siglo XIX Cauchy afinó el concepto de límite, que es una aplicación del postulado de Arquímedes al análisis matemático que define el concepto de salto, de cambio cualitativo.

    La morfogénesis de los embriones

    En el desarrollo de cualquier embrión, la multiplicación cuantitativa de las células da lugar a su especialización cualitativa. Al dividirse una misma célula produce tejidos completamente distintos, como el riñón o la oreja. Las células se desarrollan, pues, de manera divergente. No sólo se crean más células sino células distintas pertenecientes a órganos también distintos. Lo diferente surge de lo idéntico, lo genérico se diversifica, la cantidad se transforma en cualidad, lo uniforme se convierte en multiforme. En los embriones de determinadas especies, como las estrellas de mar, las células que se multiplican no se amontonan de una manera abigarrada sino en torno a ejes de simetría (arriba y abajo, izquierda y derecha, delante y detrás). El proceso sigue fases contrapuestas: unas, predominantemente multiplicativas (cuantitativas), son imprescindibles para aquellas otras predominantemente diferenciales (cualitativas).

    La teoría del equilibrio puntuado

    En la teoría de la evolución hay otra larga polémica entre los partidarios de una explicación fundamentada exclusivamente sobre los cambios cuantitativos, como Lamarck y Darwin, frente a otros que, como Cuvier y los actuales defensores del "equilibrio puntuado", como Stephen Jay Gould, ponen el énfasis en los cambios cualitativos, las catástrofes y explosiones repentinas. Ambas tesis son unilaterales. En la evolución de las especies hay tanto continuidad como discontinuidad.

    La crítica leninista de las paradojas de Zenón

    Las cuatro paradojas de Zenón de Elea (495-435 a.n.e.) dieron lugar a otra de las polémicas más importantes de la historia del pensamiento humano. El objeto del ataque de Zenón era el movimiento, ya que defendía una concepción metafísica del universo, inmutable y estático.

    Para defender su teoría Zenón consideraba el movimiento de una manera discontinua, por etapas, como una suma de estados de reposo o, como decía Lenin, describiendo el resultado del movimiento pero no el movimiento mismo: "No podemos imaginar, expresar, medir, describir el movimiento sin interrumpir la continuidad, sin simplificar, hacer más tosco, desmembrar, estrangular lo que está vivo. La representación del movimiento por medio del pensamiento siempre hace más grosera, mata –y no sólo por medio del pensamiento, sino también por la percepción sensorial, y no sólo del movimiento sino de todos los conceptos" (9).

    Las paradojas de Zenón ponían de manifiesto que no se puede concebir lo discreto sin lo continuo ni lo finito sin lo infinito, que el movimiento es una unidad de contrarios: "El movimiento es la esencia del espacio y el tiempo. Dos conceptos fundamentales expresan dicha esencia: la continuidad infinita y la 'puntualidad' (=negación de la continuidad, discontinuidad). El movimiento es la unidad de la continuidad (del tiempo y el espacio) y de la discontinuidad (del tiempo y el espacio). El movimiento es una contradicción, una unidad de contradicciones" (10).

    Notas:

    (1)Engels, Dialéctica de la naturaleza, Madrid, 1978, pg.203.
    (2)Engels, Anti-Dühring, México, 1968, pg.111.
    (3)Lucrecio: De rerum natura, §855.
    (4)Engels, Anti-Dühring, cit., pg.112.
    (5)Engels, Dialéctica de la naturaleza, cit., pg.235.
    (6)Lenin, Cuadernos filosóficos, Obras Completas, tomo 29, pgs.124-125.
    (7)Lenin, Cuadernos filosóficos, Obras Completas, tomo 29, pg.108.
    (8)Nicolás de Cusa, La docta ignorancia, Barcelona, 1981, pgs.52 y stes.
    (9)Lenin, Cuadernos filosóficos, Obras Completas, tomo 29, pgs.245-246.
    (10)Lenin, Cuadernos filosóficos, Obras Completas, tomo 29, pg.244.


    0 0
  • 05/13/13--07:26: Acto solidario en Sevilla


  • 0 0

    (Traducción a la ligera)
    Fuente: http://www.secoursrouge.org/Suisse-Notre-Secretaire


    Andrea “Andi” Stauffacher, miembro de la organización “Revolutionärer Aufbau Schweiz” (RAS), del Socorro Rojo de Suiza y de la secretaría internacional del SRI entró ayer en la prisión de Winterthur. Andi fue condenada en noviembre de 2011 a diecisiete meses de prisión por el tribunal penal de Bellinzona por “daños a la propiedad y empleo de explosivos con propósito delictivo”. Se trataba de uso de fuegos artificiales por los ataques que causaron perjuicios al consulado español en Zúrich (acción realizada en solidaridad con una huelga de hambre de los presos revolucionarios en España) y contra un inmueble que alojaba locales de policía.
    Una huella parcial de ADN encontrada en el lugar correspondería a su perfil de ADN tal y como había sido establecido en 2002, pero, según la ley, ese perfil anterior no debería haber sido conservado durante tanto tiempo. El tribunal federal dio la razón a los abogados en este punto: la prueba era ilegal. Pero finalmente el tribunal ha confirmado la condena declarando que si la policía hubiera procedido legalmente (realizando nuevas consultas de ADN), el resultado habría sido el mismo… Un nuevo recurso ha sido archivado, pero, a diferencia del anterior, no es suspensivo y por tanto han encarcelado a nuestra camarada.


    0 0

    Juan Manuel Olarieta


    Eligio Hernández, alias "El Pollo del Pinar", fue magistrado, delegado del Gobierno en Canarias y fiscal general del Estado, entre otras muchas cosas. Actualmente es abogado en ejercicio.


    Cuando los crímenes de los GAL llegaron a los tribunales, en 1992 el PSOE le nombró fiscal general para que intentara tapar la podredumbre de aquel asunto. Sólo hubo un "pequeño problema", el primero de dos "pequeños problemas" y es que para ser fiscal general del Estado son necesarios 15 años de ejercicio. "El Pollo del Pinar" no tenía ese currículo, así que su nombramiento era ileGAL.


    Pero no fue sólo una ileGALidad cometida por el gobierno. Resulta que en abril de 1992 el Consejo General del Poder Judicial dijo que aquel nombramiento ileGAL era en realidad plenamente leGAL.


    En este país, ¿a quién le importa la leGALidad? El caso es que la tarea del fiscal general del Estado es precisamente la de velar por el cumplimiento de la leGALidad, o sea, que pusieron al zorro a cuidar de las gallinas y también de los "Pollos". Aquí desde 1936 todo es ileGAL.


    "El Pollo del Pinar" mantiene extraordinarias relaciones con la prensa colonial de las islas. En 2012 en una entrevista en el periódico La Provincia dijo que cuando fue delegado del Gobierno en Canarias se convirtió en el artífice del regreso de Antonio Cubillo desde Argel.

    Como buen protagonista de casi todo, en aquella entrevista “El Pollo” hablaba en primera persona: “Yo le pedí luz verde [a Barrionuevo] y me la dieron”.


    No obstante, el delegado reconoció que hubo otro "pequeño problema judicial" que pudo solucionar gracias a sus enchufes en la Audiencia Nacional, donde había ejercido como magistrado:


    “Me fui a Madrid y se lo pedí a Barrionuevo, que era ministro del Interior. Él, delante de mí, llamó al fiscal jefe de la Audiencia Nacional, porque había una causa en el Juzgado de Instrucción número 1 central contra Cubillo, en la cual tenía decretada la prisión. Si venía, había que meterlo en la cárcel y eso había que evitarlo”.


    El fiscal se oponía a levantar la orden de prisión que había contra Cubillo, así que el delegado del Gobierno pidió permiso a Barrionuevo para operar por su cuenta: “Yo le pedí que me diera luz verde para tomar la iniciativa por mi cuenta. Y me la dio. Inmediatamente, crucé la calle Génova y me fui a ver al juez de instrucción del Juzgado número 1 de la Audiencia Nacional, Ismael Moreno, que había sido compañero mío. Él sacó el sumario, que estaba perdido en las estanterías... y me dijo que se le podía poner en libertad con una fianza de 300.000 pesetas”.


    Luego la periodista le hace una pregunta clave: ¿Por qué era la causa que se seguía contra Cubillo en la Audiencia Nacional? "El Pollo" responde: “Por una de las bombas que pusieron. Estaba procesado por inductor, pero los autores materiales habían sido absueltos. No tenía sentido”.


    Pues a Manuel Pérez le ha ocurrido lo mismo: está condenado a 17 años de cárcel como inductor de la colocación de unas bombas en las que tampoco aparecen los autores materiales.



    ¿No habrá algún lector que conozca a un delegado del gobierno con enchufe en la Audiencia Nacional para hacer lo mismo? A ser posible que rebaje la fianza de 300.000 pesetas a unos 2.000 euros, o así. Que se ponga en contacto con su abogado lo más rápidamente posible. Es un poco urgente porque el Tribunal Supremo no ha admitido el recurso contra la sentencia de la Audiencia Nacional que le condenó por lo mismo por lo que otros nunca llegaron ni a sentarse en el banquillo de los acusados.


    0 0

    Maquetado por el blog y extraído de las Obras Escogidas que en su día publicó digitalmente Bolchetvo. Un magnífico escrito que Lenin dedicó a la lucha contra el oportunismo, el reformismo y el revisionismo y que, creemos, está muy a la orden del día, especialmente atendiendo a las actitudes, tanto prácticas como teóricas, de algunos partidos autodenominados comunistas. No dejará indiferente a nadie.


    Lenin nos legó la antorcha. Ahora nos toca cogerla a nosotros.


    0 0

    Óscar Miguélez


    Alguien con el seudónimo de I. Larrea ha publicado un artículo en euskara sobre Chechenia (Txetxenia, herri madarikatu hori; Chechenia, ese pueblo maldito) en el sitio de Euskal Iraultza Sozialista que, con la excusa de la opresión nacional, se arroja a los brazos del imperialismo, lo cual viene siendo algo característico de ciertas corrientes independentistas en Euskadi, Catalunya y Galicia desde la caída de la URSS, por lo menos.


    La difusión que tienen artículos como éste, reproducidos por numerosas páginas, supuestamente de izquierda (Red Roja, Insurgente, Pintxo Gorria), demuestra la facilidad con la que el imperialismo justifica sus crímenes y por ello merecen una crítica a la altura, no sólo del artículo sino de los medios y grupos que lo difunden.


    Aquí vamos a suponer su buena fe, es decir, vamos a escribir como si pensáramos que, simplemente, están equivocados, cuando lo cierto es que en nuestro fuero interno estamos convencidos de que no son más que altavoces del imperialismo. Larrea cree que hay alguna clase de divergencia entre dos puntos de vista "en el campo de la izquierda" y pretende unir esos dos puntos de vista de "una manera integral".


    No hay más que un único punto de vista. Nosotros sólo hablamos de la lucha contra el imperialismo y consideramos que ellos no forman parte de esa lucha sino del propio imperialismo. Aunque por pura cortesía les concedamos el beneficio de la duda, deben tener presente que no discutimos con ellos sino que estamos en su contra. Con el imperialismo no se discute sino que se combate.


    Dichas corrientes se defienden afirmando que quienes nos oponemos al terrorismo de los grupos fundamentalistas chechenos y a su política de alineamiento a favor del imperialismo, somos unos "alucinados" que consideramos que la Rusia actual es la "reencarnación" de la vieja URSS e incluso que Rusia se enfrenta al imperialismo, el cual es el enemigo principal y otras concepciones parecidas. Se equivocan otra vez: somos nosotros quienes venimos diciendo que la URSS desapareció hace mucho tiempo, más del que ellos suponen y, además, no creemos en la reencarnación.


    En Chechenia el problema fundamental es el imperialismo, no el fundamentalismo, ni el tráfico de drogas, que no son más que sus consecuencias, como sabemos al menos desde el asunto Irán-contra. El problema es que ellos (EIS, Red Roja, Insurgente, Pintxo Gorria) no entienden el imperialismo de la misma manera en la que lo entendemos los leninistas. Por ello mismo, tampoco encajan la opresión nacional dentro del imperialismo, como hacemos los leninistas.


    Al no entender lo que es el imperialismo, tampoco entienden lo que es el nazismo, por lo que ingenuamente Larrea dice cosas como que durante la II Guerra Mundial "el Gobierno rebelde checheno pide a la población que dé la bienvenida a los nazis si estos se comprometen a respetar la independencia chechena". Es realmente asombroso que en plena etapa de expansión a sangre y fuego alguien sea capaz de imaginar que los nazis fueran capaces de respetar la "independencia" de ningún país. ¿Es sólo ingenuidad por su parte o algo peor?


    Aquellos nazis acababan de pisotear un pacto de no agresión con la URSS y aún existían sobre la faz de la tierra incautos dispuestos de seguir firmando pactos parecidos con ellos. ¿Quiénes eran esos "incautos"? Nada más y nada menos que esos que Larrea califica de gobierno "rebelde", un adjetivo que hay que matizar porque su "rebeldía" se dirigía contra el imperialismo sino contra la URSS o, dicho de otra forma, que no era otra cosa que un títere del imperialismo y que todo lo demás es consecuencia de eso, hasta el punto de que, como no podía ser de otra forma, estaba dispuesto a firmar un tratado con sus padrinos nazis para cobijarse bajo su tutela. Es a eso a lo que algunos llaman "independencia".


    Naturalmente, todos los demás decimos: estamos en contra de eso que llamáis "independencia" y para evitar vuestras ingenuidades os aclaramos el asunto un poco más: no es que estemos en contra de la independencia de Chechenia, ni ahora ni antes. Es más, a nosotros nos viene muy bien hablar de independencia para demostraros que sois precisamente vosotros los que no estáis a favor de ella sino de cambiar de amo, que es la pretensión ingenua de todos los esclavos: piensan que hay otro negrero mejor que el que ahora les fustiga con su látigo.


    Dado que hay varios imperialismos, Larrea pregunta, otra vez con la misma ingenuidad: "¿Cuántos imperialismos hay?", y se responde a sí mismo: "Tantos como naciones oprimidas", lo cual confirma la raíz de su error. No se puede hacer de la opresión nacional el motor de la historia, es decir, analizarlo todo desde el punto de vista nacional y, en particular, el imperialismo no se define por la opresión nacional sino al revés, la opresión nacional es consecuencia del imperialismo y, por lo tanto, para resolver la cuestión nacional hay que luchar contra el imperialismo, lo cual a su vez exige saber lo que es el imperialismo, en singular: no hay varios imperialismos sino un único imperialismo que, según Lenin, es la fase superior del capitalismo y se caracteriza, entre otras cosas, porque varias grandes potencias se disputan la hegemonía.


    Lo característico del imperialismo no es, pues, la hegemonía de una potencia sino el hecho de que las grandes potencias rivalizan por ella, se la disputan y una de las maneras de hacerlo ha sido siempre la instrumentalización de la opresión nacional.


    Ahora bien, para reconocer esa circunstancia, que conocemos desde que Marx y Engels lo denunciaron en 1849, hay que entender que no se puede convertir la cuestión nacional en algo absoluto porque siglo y medio de lucha de clases demuestra que las pequeñas naciones han sido históricamente utilizadas como forma de dominación y expansión de las grandes potencias, lo cual se intensificó desde la entrada del capitalismo en su fase imperialista, es decir, hacia 1900.


    No se acaba con la esclavitud buscando un patrono que pegue menos, ni con la explotación con uno que pague más. La liberación nacional, en Chechenia y en Euskadi, no puede tener como objetivo cambiar de bando, aliarse con unos imperialistas para oponerse a los otros sino acabar con ellos.


    Una vez que se entiende la opresión nacional como una (no la única, ni la principal) de las consecuencias del imperialismo, las demás preguntas de Larrea se responden por sí mismas. No sólo porque no todos los movimientos de liberación nacional son idénticos, sino porque algunos ellos forman parte del mismo imperialismo. Entonces los leninistas no podemos proceder, como Larrea, metiendo en el mismo paquete a todos los movimientos islamistas (Palestina, Afganistán, Líbano) porque ni el islamismo ni la liberación nacional son nada en sí mismos, al margen de las clases y de la lucha de clases.


    El punto de vista de la clase obrera no es otro que el punto de vista de la lucha contra el imperialismo, el cual nos impide confundir a los imperialistas con los antiimperialistas, es decir, que en Chechenia no hay ninguna lucha contra el imperialismo sino un enfrentamiento entre las potencias imperialistas que se disputan la hegemonía en una región estratégica. Los grupos de criminales chechenos son uno de los tentáculos del imperialismo estadounidense.


    A quienes se prestaban a los manejos del zarismo en Europa central, Lenin los calificaba como "puestos de avanzada" del zarismo. A quienes se prestan hoy a los manejos del imperialismo en el Cáucaso hay que calificarlos, pues, como "puestos de avanzada" del imperialismo, es decir, como una parte del mismo imperialismo, no como algo contrario a él.


    0 0

    Son 78 en total. Creo que están todos los que hay publicados por internet. Si alguien cree que ya dispone de todos habiéndose descargado un paquete de ellos de otro sitio web, se equivoca, puesto que dicha recopilación la llevé a cabo yo. Por lo tanto, esta es la más completa y aquí la dejo a vuestra disposición. 

    Para descargar en formato pdf:






    Nació en Barakaldo (Bizkaia) en 1955. Estudió Derecho y Ciencias Económicas, incorporándose al ejercicio activo de la abogacía desde entonces hasta ahora mismo de forma ininterrumpida. Siempre, en la defensa de las y los presos políticos de diferentes organizaciones revolucionarias.Sufre su primera detención y encarcelamiento en 1977, y desde entonces ha sido detenido en al menos 10 ocasiones, la última en enero de 2008 y por la que estuvo en prisión hasta abril de ese año. Se encuentra ahora en libertad provisional a espera de juicio.En 1992 obtuvo el Premio de la revista del Colegio de Abogados de Madrid por un artículo científico sobre conflictos jurisdiccionales.Ha publicado un libro “Los jueces en el banquillo. Antejuicio e impunidad judicial: El caso de las sentencias bondadosas”, de Kaydeda ediciones, 128 pág., 1991.Firma numerosos artículos jurídicos, políticos y científicos, en varias web y prensa, estatal e internacional.




    0 0


    José María Sánchez Casas, Vargas

    Antorcha, núm. 4



    La confusión y el desconcierto campean desde hace décadas en el terreno de las artes plásticas, al igual que ocurre con la literatura, el cine o el cada vez más moribundo teatro.


    El arte burgués, con careta o sin ella, adolece de una grave enfermedad y camina hacia su desaparición.


    En medio de este panorama, la mayoría de los artistas y literatos se refugian en el intimismo más desolado y lleno de angustia, siendo el desencanto y el pesimismo las musas que los llevan de la mano. El artista se aleja de la realidad de la calle, intenta olvidar lo que día a día ocurre: los sentimientos, los padecimientos y las esperanzas y luchas de los pueblos, aislándose en su torre de egoísmo.


    Los mismos que ayer aún cantaban a la esperanza, hoy lo ven todo oscuro y tormentoso sin vislumbrar ninguna salida.


    Estos intelectuales y artistas nos quieren hacer pasar de matute su micromundo y desengaño como la realidad que asola a toda la humanidad.


    Pero ¿qué ocurre realmente?, ¿no existen ya causas justas por las que luchar y partir una lanza?, ¿no hay injusticias que denunciar ni pueblos a los que cantar por el heroísmo de su resistencia?, ¿se acabaron esos grandes temas que movieron plumas como la de un Cervantes, un Maiakovski, o pinceles como los de Goya, Siqueiros, Daumier y tantos y tantos otros?


    Basta echar una mirada a la prensa diaria para convencernos que más bien han aumentado.


    Entonces, lo que debe ocurrir es que esos artistas e intelectuales se han acobardado e, incapaces de adoptar una postura de compromiso con su época, se han atrincherado tras la manoseada gran duda a la que han elevado a escaños filosóficos, convirtiéndose en unos seguidistas de las cambiantes modas del momento; a pintar o escribir por encargo y, sobre todo, a agradar a los que detentan el poder buscando su favor y la recompensa correspondiente.


    La verdad es que esta caterva de oportunistas jamás creyeron en el pueblo, y si alguna vez pareció que estaban a su lado, se trataba sólo de que por aquellos años vestía llevar el disfraz de revolucionario y antifascista, pero hoy, con todo lo que ha ocurrido en nuestro país, tras la muerte del dictador y la defenestración de las efímeras esperanzas que todos ellos pusieron en el llamado cambio, o bien cínicamente se han apoltronado al lado del poder recogiendo las migajas que les han querido pagar por su venta, o han sido barridos y, ante el hundimiento de su mundo burgués que indudablemente ya no tiene ninguna salida, han caído en el pesimismo más mortal.


    Por fortuna, y no podría ser de otra forma, no todos han terminado en esa infecta charca y, valiente minoría siguen sacando a la luz lo que las leyes establecidas pretenden ocultar, denunciando los crímenes y abusos del poder.


    Por otro lado tenemos a una sana juventud que no pasa de nada y que cada vez muestra mayor disconformidad y rebeldía contra el mundo que le pretenden imponer.



    No cabe duda quede ahí saldrán -están surgiendo ya- los artistas e intelectuales comprometidos con su época y su gente.


    Ladinamente, los que más atados y faltos de libertad están por su compromiso con lo establecido, tachan de seguidistas a los que libremente escogen el camino de la rebeldía y la denuncia. Ellos, que escriben y pintan al dictado, acusan de no ser libres a los que con total albedrío se han puesto al lado de su pueblo. Los que han sacralizado el más engañoso intimismo y la duda permanente, tachan de panfletarios a los que defienden una idea y tienen la osadía de exponerla sin cortapisas.


    Hay que tener en cuenta una cosa, que el que pinta para sí mismo no hace arte, al igual que no lo es el adaptarse a las modas del momento o pintar para agradar a los poderosos, ensalzando las leyes y costumbres establecidas. Eso no es arte, es simplemente trabajo mercenario, encubierto por una vacía palabrería de un hermetismo tal que impida ver su engaño y ramplonería. No puede tener valor artístico la obra de la que el propio artista dice que sólo puede entenderla él y algunos exquisitos especializados en la materia.


    Para comprender una obra artística es totalmente falso que haya que tener conocimientos pictóricos o estar iniciado en la técnica, esas cosas te las puede explicar cualquier guía de museo y no es ni con mucho lo más importante de una obra.


    Una parte fundamental de la obra de arte es el espectador, pues a él en definitiva está dirigida. Y el momento cumbre de la misma es cuando se enfrenta a él, cuando se produce la comunicación. Tiene muchísimo más valor la vivencia comunicativa espectador-obra que cualquier efímera búsqueda de un lenguaje capaz de transmitir con fuerza la idea que pretende expresar y hacer llegar al espectador. Está claro que éste no debe ser sólo un elemento contemplativo, sino por el contrario debe adoptar una postura indagadora exigente y de participación activa.


    Cada espectador tiene su propia vivencia, sus propios problemas y experiencia, así que habrá muchas formas de ver la obra de arte. La clase social a la que pertenece influirá de manera definitiva en su punto de vista.


    Recuerdo que cuando allá por los años sesenta dirigía el grupo de Teatro Quimera, en Cádiz, nos ocurrían con las representaciones cosas muy significativas y contradictorias, según el lugar donde representábamos.



    Con Una libra de carne, de Cuzzani, recibí la siguiente opinión de un grupo perteneciente a la pequeña burguesía: Lo que has hecho es un panfleto, se entiende toda. Se entiende toda, sí señor, ése era el gran problema. Había que elaborar un lenguaje oscuro y cerrado al que no tuvieran acceso más que las minorías exquisitas. Por el contrario, cuando la obra fue llevada a los barrios de la ciudad, la representación produjo rápidamente el que al final de la obra y al iniciarse el coloquio surgieran una serie de opiniones, no sobre la obra en sí, sino sobre problemas candentes y del momento que padecían los habitantes de aquella zona y que nuestra representación había hecho recordar y sacar a la luz.


    Para mí ésa es la meta fundamental de toda obra artística, su gran riqueza, la de ser capaz de producir en el espectador una conmoción y dar lugar a esas mil y una interpretaciones que posiblemente en principio y conscientemente el artista no se propuso, pero que en el encuentro espectador-obra de arte nacen, dando un nuevo impulso a la obra y enriqueciendo al artista con ella.


    La originalidad es otra palabreja que se estima mucho en esos mundillos de excelsos artistas. Pero el artista no es ningún ser privilegiado que se saca las ideas como por arte de magia de su cabeza, no le vienen por inspiración de ningún espíritu santo. El artista se nutre de toda la experiencia anterior a él, de los hechos que ocurren a su alrededor, no inventa nada, sino que sólo se limita a reflejar lo que hay en su entorno, dándole su propia interpretación.


    Hay que rechazar tajantemente la falsa idea del artista como un hombre por encima de los demás y del que milagrosamente nace la genialidad. Grandes y comprometidos artistas han sido Goya, que supo trasladar al cartón y al lienzo la crónica de su tiempo y tuvo la valentía de denunciar y satirizar a los detentadores del poder, o Daumier que fustigó bravamente la corrupción y las lacras de una sociedad caduca, poniéndose al servicio de su pueblo. Y más cercano a nosotros, Helios Gómez, militante comunista que durante la Guerra Nacional Revolucionaria del 36 al 39 tuvo que hacer un arte de urgencia entroncado con el momento histórico por el que atravesaba nuestro pueblo.


    Ese arte de urgencia sigue siendo necesario aquí y ahora. No es nada nuevo, ¿qué otra cosa eran, si no, las sangrantes caricaturas y denuncias de Grosz, Jossot y tantos otros? En la actualidad, con la necesidad de llegar a miles de sitios a la vez y la posibilidad de poderlo conseguir, gracias a los medios que la tecnología pone en nuestras manos, la llamada obra única queda relegada al olvido, adquiriendo carta de naturaleza la multiplicación de la obra artística, y esto no va en demérito de la misma, sino por el contrario que ésta se conozca por miles de personas, acabando con la egoísta y arcaica costumbre del cuadro para contemplar sólo por unos pocos de agraciados que se apropiaban de ella debido a su posición económica.


    La obra de arte salta a la calle y toma partido; el cartel, la prensa independiente, la revolucionaria, son algunas de las muchas plataformas desde las que puede lanzar su grito de denuncia y de esperanza. La juventud rebelde crea sus propios órganos para contrarrestar la información tendenciosa y oficialista: los fanzines, las radios libres, ahí también hay un hueco para el artista. El arte abandona los palacios dejando de ser patrimonio de cuatro elegidos para lanzarse a los barrios populares y ser de todos.


    Mis dibujos están hechos desde esa perspectiva y ese compromiso. Compromiso con mi clase, con mi gente. Esas son las únicas ataduras, libremente elegidas, que tengo.


    Descargar artículo en formato pdf: El arte de urgencia sigue siendo necesario


    0 0

    “Entrevista realizada a Manuel Pérez Martínez, secretario general del PCE(r), por Vitorino Diéguez, director de la revista “Área Crítica”, en Octubre de 1992. La detención del mencionado periodista cuando regresaba de París de realizar la entrevista, y el secuestro por parte de la Policía de la misma así como del número de la revista en la que iba a ser incluida hicieron imposible su publicación hasta estos momentos casi un año después de ser realizada. A pesar del tiempo transcurrido y de los diversos acontecimientos políticos que han ocurrido en nuestro país entre las dos fechas, incluida la celebración de nuevas elecciones al Parlamento español, nos ha parecido que las declaraciones de Manuel Pérez Martínez mantienen un relevante interés. Se trata de una entrevista a tumba abierta en La que ninguno de los dos interlocutores se corta; ni el uno preguntando, ni el otro respondiendo.  En cerca de dos horas se da un repaso a todos aquellos acontecimientos políticos de importancia, tanto en aquel momento como en el actual. Desde la situación política internacional, hasta la más particular de España, incluyendo un extenso repaso a las peculiaridades políticas de Euskadi.
    La entrevista no ha sido editada, y por lo tanto se ofrece tal cual fue realizada. Sin quitar ni poner nada. Si por una parte esto significa una mayor duración, por otra las intervenciones de Manuel Pérez Martínez tienen la frescura de las conversaciones coloquiales en directo donde nada esta preparado previamente. Estamos seguros de que quienes la escuchéis no os sentiréis defraudados. Encontrareis una exposición política clara y amena desde la perspectiva de este partido revolucionario del que tanto se ha hablado en los medios de comunicación durante los últimos 18 años, aunque solo haya sido para vilipendiarlo y desvirtuar su ideario político. Esperamos que la divulgación de este documento sirva para dar a conocer de una forma objetiva tanto sus posiciones como la personalidad de sus militantes.”

    Para escuchar online:


    Primera parte:

    Segunda parte:



    Para descargar:


    Primera parte:

    Segunda parte:


older | 1 | (Page 2) | 3 | 4 | .... | 333 | newer